Entradas

Una fe pensada y elegida

Imagen
Desde dónde escribo cuando hablo de fe | Siete en Familia Antes o después tenía que escribir algo así. No para convencer a nadie, sino para dejar claro desde dónde hablo cuando hablo de fe. Hablar de fe no siempre es cómodo. A veces incomoda a otros y a veces me incomoda a mí mismo. Este texto no nace para convencer ni para discutir, sino para situarme: desde dónde escribo y con qué intención comparto lo que creo y lo que vivo. Desde hace un tiempo están apareciendo caras nuevas por el blog. Muchas han llegado a través de ese ir y venir entre blogs, de visitas que uno hace y que otros devuelven con amabilidad. Me alegra de verdad. Muchas comentan con respeto, incluso cuando discrepan, y algunas me obligan a releer lo que he escrito. Eso siempre es sano, sobre todo cuando uno tiende a pensar que ya lo ha explicado todo bien. Cuando el tema toca la fe ocurre algo distinto. En los comentarios suele haber diálogo. Pero por correo me llegan a veces men...

Lo que a mi me pasa con Marzo

Imagen
Lo que a mí me pasa con marzo | Siete en Familia Marzo siempre me ha hecho sentir algo que no sé explicar del todo. Entre plantas, almendros, recuerdos y alguna que otra risa, este mes aparece cada año y a mí me cambia el ánimo casi sin darme cuenta. No tengo una teoría elaborada ni una razón profunda. Me gusta y punto. Desde siempre. No sé si será la luz o ese aire distinto que empieza a notarse, pero algo cambia. Las plantas espabilan, las flores aparecen donde antes solo había ramas secas y uno se descubre mirando árboles como si no tuviera nada más urgente que hacer. Y lo curioso es que, durante un rato, de verdad no lo hay. El ánimo mejora solo, sin que tengas que proponértelo. Podría quedarme un buen rato mirando cómo asoman los brotes y cómo el verde vuelve poco a poco, hasta que alguien recuerda que también hay que arrancar el día, que los recibos siguen llegando y que la vida no se detiene porque haya sol. Las plantas y las flores siempr...

Cuando nos ponemos estupendos

Imagen
Cuando nos ponemos estupendos Elegir parece una cosa pequeña. Hasta que un día descubres que casi todo lo importante salió de ahí. Hay algo que me cansa profundamente. No el error, ni la caída, ni la incoherencia puntual. Eso lo entiendo porque lo practico con bastante regularidad. Lo que me cansa es ese momento en el que todos nos ponemos estupendos. Ese en el que hablamos como si nunca hubiéramos hecho justo lo que estamos criticando cinco minutos antes. La hipocresía moral no llega de puntillas. Llega dando portazos. Y aun así hacemos como que no la oímos. La escena es casi siempre la misma. Da igual si es una comida, una charla o un grupo de WhatsApp: alguien se coloca en el sitio del que sabe, del que tiene claro cómo deberían hacerse las cosas. Todo muy firme, muy seguro, muy digno. Lo curioso es que hace no tanto esa misma persona hizo justo lo contrario, pero esa parte del recuerdo se ha evaporado. La memoria moral es muy selectiva, sobre todo...

¿Te consideras sociable?

Imagen
¿Te consideras sociable? Quizá no se trate de cuántas personas hay en el círculo, sino de cuántas te permiten estar dentro del tuyo sin actuar, sin justificarte y sin hacer malabares. Siempre digo que cuando entras en el mundo de internet te encuentras con una auténtica marabunta de datos. Estudios, cifras, porcentajes, rankings que aparecen y desaparecen en segundos. La mayoría los lees y siguen su camino. Pero de vez en cuando aparece uno que se te queda rondando más de la cuenta. Y ese es el que me ha hecho escribir hoy. Decía así, casi de pasada, que el círculo social medio de una persona está formado por unas 150 personas. Ciento cincuenta. Lo lees rápido… hasta que algo dentro empieza a hacer números. ¿Te consideras sociable? Es una pregunta con trampa. De esas que uno responde con cierta seguridad y que, dos segundos después, te obliga a matizar mentalmente la respuesta. Porque claro, 150 exactamente qué. ¿Personas a las...

Todo el mundo lo hace

Imagen
Todo el mundo lo hace Cuando algo se repite lo suficiente, acaba pareciendo incuestionable. Hay una frase que usamos casi sin pensar y que, aun así, nos resuelve demasiadas cosas. Es breve, suena razonable y suele cerrar cualquier debate antes de que empiece: “todo el mundo lo hace” . La hemos dicho más de una vez, y casi siempre en momentos en los que, si somos sinceros, no teníamos demasiadas ganas de complicarnos. A veces aparece de forma directa y otras disfrazada de costumbre o de sentido común, pero el mensaje es el mismo: no hace falta darle más vueltas. Es práctica, eficaz y, bien utilizada, casi infalible. El problema es que esa frase no afirma que algo esté bien, afirma algo mucho más cómodo: que no merece la pena revisarlo. No se usa para defender una convicción sino para apagar una duda. Si todo el mundo lo hace, la responsabilidad deja de sentirse personal y se reparte entre muchos. Y cuando se reparte, pesa menos. No porque estemos conv...

Cuando lo fácil se nos hace cuesta arriba

Imagen
Pequeñas perezas cotidianas que todos tenemos (y que siempre dejamos para luego) Hay pequeñas cosas que no cuestan nada y, aun así, se nos atragantan como si fueran una mudanza. Gestos mínimos, excusas absurdas y una habilidad infinita para dejarlos “para luego”. No es pereza. Es que ahora mismo no es el momento… otra vez. Ha empezado la Cuaresma y, entre propósitos, reflexiones y ganas sinceras de cambiar algo, hay un terreno mucho más cotidiano que casi nunca miramos: el de esas perezillas traicioneras que se cuelan en el día a día y que, sin saber muy bien cómo, suelen ganarnos por goleada. No hablamos de grandes sacrificios ni de retos heroicos, sino de gestos mínimos, al alcance de cualquiera, que de repente pesan como si fueran una hazaña épica. Con una buena dosis de humor, la idea es mirarlas de frente, reírnos un poco de ellas y ver si somos capaces de ganar alguna ronda. Comparto las que a mí más me cuestan. Colocar los cojines despu...

El día sigue. La ceniza se queda

Imagen
Qué es el Miércoles de Ceniza y para qué sirve Un poco de ceniza en la frente basta para recordarte que no eres eterno, aunque el día parezca uno más. La Cuaresma vuelve. Otra vez. Llega mientras seguimos con la agenda llena y la cabeza en mil sitios. El miércoles algunos nos acercaremos a recibir la ceniza y otros seguirán como si nada. Nadie pasa lista. El tráfico seguirá igual, el pan creo que aún no habrá subido de precio y el grupo de WhatsApp seguirá enviando memes. Y, sin embargo, la Iglesia marca el inicio no con discursos, sino con un gesto. Con un símbolo sencillo que quiere recordarnos algo esencial. No es una imagen poética. Es polvo real. Restos de unas palmas que hace un año agitábamos con entusiasmo. Lo que fue celebración termina reducido a nada, y esa transformación sencilla ya contiene más verdad de la que parece. No hace falta investigar demasiado para saber cuánto tarda un cuerpo en dejar de ser lo que era. La respuesta es incómoda...