Seamos sinceros. Nadie dice “no voy porque no me apetece”. Eso sería demasiado fácil y, encima, queda fatal. Lo nuestro es más fino. Lo nuestro es cultura, es tradición, un patrimonio que se hereda de padres a hijos y que en este país hemos perfeccionado hasta un nivel que ya quisieran los suizos. Para saltarse un plan hay que tener categoría, cara de palo y un buen arsenal de clásicos.
Aquí no se improvisa; se ejecuta con maestría. Si quieres bajarte del barco a última hora como un profesional, estos son los siete mandamientos del escaqueo:
“Se me ha complicado el día.” El rey indiscutible. No dice nada, pero suena a persona ocupadísima. Da igual que lleves toda la tarde tirado en el sofá, buscando el mando de la tele que tienes en la mano. Lo mandas y pareces un ministro. Nadie pregunta. Y si lo hacen, activas el escudo de “ya te cuento”, que no compromete a nada.
“No me encuentro muy bien.” La joya de la corona. Un búnker contra cualquier réplica. En cuanto lo sueltas, el otro se frena, te dice “cuídate” y asunto cerrado. Da igual que estés en el salón más a gusto que un niño con paga, con la mantita y la serie puesta. Encima te gana la simpatía del personal. Magia pura.
“Uy, no me había llegado.” El protocolo de emergencia para ese WhatsApp que llevas tres días ignorando. Requiere ensayar cara de sorpresa genuina frente a la pantalla. Si te pilla valiente, puedes tirar del clásico “pensaba que te había contestado”. Lo dices con tanta convicción que el otro acaba dudando de si realmente leyó algo o no.
“Tengo una cosa de familia.” El comodín sagrado para cuando el problema es que no quieres ver a una persona concreta. Las excusas médicas no sirven porque saben que estás sano, así que sacas la carta de la familia. Nadie suele preguntar más. Te desean suerte y tú te quedas a lo tuyo.
“Justo ese día no puedo, pero la semana que viene me dices.” Una obra maestra. La gracia está en que no estás diciendo que no; solo lo estás dejando para más adelante. Y muchas veces, con suerte, el tema se enfría solo.
“A ver si nos vemos.” La reina de las frases de compromiso. Se suelta sobre la marcha, acelerando el paso para que no te enganchen y con una sonrisa enorme. Lo maravilloso de ese “a ver” es que deja el encuentro en el aire sin cerrarle la puerta del todo.
“Me ha pillado el toro.” La excusa del tiempo elástico. Sirve tanto si vas media hora tarde como si ya no vas a llegar nunca. Suena a que has luchado contra los elementos y el tráfico, aunque en realidad te acabes de meter en la ducha.
Lo más curioso de este teatro es que cuando te la pegan a ti, la ves venir a tres kilómetros. Pero cuando la mandas tú, te suena de lo más razonable y justificada. No es que no te apetezca, es que “hoy no encajaba”. La misma bola, distinto narrador y la misma cara de cemento armado.
El único problema llega el día en que de verdad se te complica la tarde o te pones malo en serio. Mandas el mensaje, el otro te contesta con un “vale, tranquilo” seco, y sabes perfectamente que no se ha creído ni una sola palabra. Es lo que tiene el karma.
Seguro que mientras leías esto te ha venido a la mente ese mensaje que mandaste la semana pasada o la última historia que te encasquetaron a ti. ¿Cuál es la excusa más surrealista que os han puesto para daros el plantón? ¿O esa que usáis vosotros cuando queréis escaquearos con estilo? Si os apetece, podéis contarla abajo en los comentarios, que aquí estamos entre amigos y no vamos a criticar a nadie.
Yo a este concierto no pondría excusa para acudir.
Si os apetece, echadle un ojo al compendio de comentarios del post anterior. Ha quedado una charla muy interesante entre todos.
ResponderEliminarMi mejor excusa es la migraña. Un beso
ResponderEliminar