El día que murió mi madre, los autobuses salieron a su hora. Los bares abrieron, la gente fue al trabajo, el telediario habló de lo mismo de siempre. Eso es lo primero que te golpea cuando pierdes a alguien: todo sigue igual, la sensación de que algo enorme acaba de ocurrir y, sin embargo, nadie se ha enterado.
Todo continúa con una precisión fría, como si nada. Y con el tiempo, si te atreves a mirarlo sin protegerte demasiado, entiendes que esa misma ley también te incluye a ti. Que el mundo no se va a detener cuando faltes. Que nunca fuiste tan imprescindible como te gustaba pensar. Y que eso, aunque al principio escueza, termina teniendo algo de alivio.
Esa idea, sin embargo, tarda en aterrizar. Porque mientras tanto, uno lleva años construyéndose una identidad justo en la dirección contraria.
Nos vamos metiendo en papeles sin darnos cuenta. El que resuelve, el que organiza, el que está pendiente de todo, el que no falla nunca. Eso que empieza siendo casi un gesto natural se convierte, poco a poco, en una forma de estar en la vida. Te acostumbras a que cuenten contigo, a que te busquen, a que si no estás parece que algo se queda cojo. Pero también te encierra. Porque cuando te acostumbras a ser el que tira del carro, parar no parece una opción. Ni siquiera cuando nadie te lo está pidiendo.
Hay un momento, antes o después, en el que no estás. No puedes, o no te toca. Y entonces pasa algo muy sencillo: las cosas salen igual. Se organizan, encuentran otra manera, tiran adelante. Incluso lo hacen bien. Recuerdo una vez que estuve fuera unos días y volví esperando encontrar algún frente abierto, algo pendiente, alguna señal de que había hecho falta. No había nada. Todo estaba resuelto. Me alegré, claro. Pero me quedé un segundo ahí parado, con la maleta todavía en la mano, intentando encajar lo que acababa de ver. No es que me hubieran apartado. Es que no era tan necesario como pensaba.
Durante años hemos mezclado dos cosas distintas: ser querido y ser necesario. Y cuando se juntan, uno empieza a medirse por lo que hace, por lo que aporta, por lo que sostiene. Pero querer bien no va por ahí. No va de que el otro no pueda sin ti. Va de que puede, y aun así cuenta contigo. No es lo mismo, aunque durante mucho tiempo nos haya parecido que sí.
Hay etapas en las que esto se nota más que en otras. Cuando los hijos empiezan a resolver solos cosas que antes te consultaban, y el mundo no se acaba. Cuando el grupo, el proyecto, la familia, sigue funcionando en tu ausencia con una normalidad que sorprende. Ahí aparece algo que incomoda: hay días en los que nadie te necesita. Y no pasa nada. Y uno se queda pensando qué hace con ese rato que antes siempre estaba ocupado. Con ese hueco que antes ni veías porque siempre había algo que meter dentro.
Llega un momento en que dejas de llevar la cuenta. No hay decisión ni fecha. Te das cuenta de que llevas un rato sin apuntar nada, y que todo ha seguido funcionando.
Al final, lo que queda no es haber estado en todas partes ni haber resuelto todo lo que se cruzó. Es otra cosa más difícil de medir: cómo estuviste, cómo trataste, qué dejaste en los demás sin proponértelo. Eso no depende de que hicieras falta. Depende de que estuvieras presente.
El mundo no se detuvo el día que murió mi madre. Tampoco se detendrá cuando faltes tú. Y aun así, habrá alguien que un día, sin venir a cuento, se acuerde de ti en mitad de cualquier cosa. Y eso es lo que permanece.
Una despedida tranquila que recuerda lo poco que controlamos y lo mucho que queda cuando ya no estamos.
Los problemas nuestros, no
ResponderEliminarson los del resto, los del resto,
no son los nuestros, la conclusión
a la que llegó, es esa , saludo.
Uy Angel, cada vez lo tengo más asumido y más claro que todo seguirá igual cuando ya no esté. A veces, incluso me planteo, si alguien me echará de menos, puede que sí en cuanto a que cuando tiran de mi porque me necesitan, saben que siempre estoy dispuesta incluso renunciando a mi propio ocio, o descanso u cualquiera otra ocupación que pueda ser pospuesta, pero poco más, de verdad que lo pienso mucho.
ResponderEliminarY bueno, tampoco pasa nada, mientras se acuerden de mi de vez en cuando y sea un buen y agradable recuerdo… que mi paso por esta vida haya dejado una huella bonita… no aspiro a mucho más.
Que la vida siga sin hacer un drama por mi ausencia me parece estupendo porque es lo que tiene que ser… y lo que hay que hacer.
Un abrazo fuerte y muchas gracias!
Memories of us is all that remains. You described the sentiment wonderfully, Angelo. The feeling can also be used on work, you work hard, you strive to be perfect, you fulfill your duties, do an exemplary work, maybe even go above and beyond yourself for your employers, but then one day simply realise that they will and can replace you the moment you leave. It is very sad. But what I always work for is for my clear conscience.
ResponderEliminarUna hermosa reflexión, yo siento un dolor profundo cuando pienso que podrían necesitarme y yo no poder responder por circunstancias de la vida. Mis listas de quehaceres también se van eliminando o reduciendo y la vida fluye. E la nave va...Besos
ResponderEliminarAsí es.
ResponderEliminarVamos ejerciendo diferentes roles a lo largo de la vida... y el de ahora, al menos el mío, es difícil de aceptar.
En mi caso he tenido una vida laboral muy tensionada, con muchas responsabilidades y también dirigiendo gente y no es fácil aceptar que ahora eso lo hacen otros y que ya no soy necesario. Lo único bueno fueron los últimos años de mi vida laboral que certificaron aquello de "no hay mal que por bien no venga" y que me permitieron hacer una transición más suave y asequible.
Ahora soy consciente de mi rol y creo que lo voy llevando bastante bien.
Saludos.
Pues aunque el mundo siga girando, yo siempre voy a llevar una parte de ti en mi forma de ver la vida y de entender las cosas 🩷
ResponderEliminarmariarosag814@gmail.commariarosag814
ResponderEliminarI did see the video of the interview with Johnny Cash in English. He knew he didn't have much time left. Yes, people are born, and people die. It is the reality of life. And it is quite natural to grieve for those we love when they die, but we need to pick ourselves up and move on. Focusing on the positive things such as the good times you shared with the person, their humour, etc., helps us to appreciate the time we had with them and helps us to move on.
ResponderEliminar