Viajar por la vida con un vocabulario limpio es una opción personal, pero en este país te convierte automáticamente en alguien un poco peculiar. En mi familia, como en la mayoría de las casas, la gente se comunica con normalidad y educación, pero nadie sufre ningún trauma si en un momento de enfado legítimo o de pasión futbolística se le escapa un taco. Es una válvula de escape que todo el mundo maneja con soltura. Todos menos yo. Por alguna extraña carambola de la naturaleza, soy el único de toda la casa que no suelta una palabrota ni por recomendación médica. No es una postura moral, ni pretendo ir de puritano con medalla; es sencillamente una cuestión de fábrica: no me salen, no me nacen y siento que no me pegan nada.
En mi día a día, el listón del enfado es bastante inocente. Mis herramientas de combate se limitan a un vaya por Dios, un caramba o, si la tecnología me tiene hasta el gorro, un discreto a tomar por saco dirigido al ordenador que nadie escucha porque estoy solo. Para mí eso ya es rozar el abismo. Los tacos en mi boca suenan tan ajenos que me da apuro la sola idea de articularlos en voz alta, como si el idioma me hubiera instalado de serie un filtro parental y alguien hubiera perdido la contraseña para desactivarlo.
El verdadero problema surge el día en que el vaso se desborda, y siempre viene provocado por un cabreo de los gordos. Hablo de esos momentos en que la vida te manda un hachazo sin previo aviso: pillarte el dedo con una puerta o, lo que la ciencia debería reconocer como el dolor más injusto conocido por el hombre, propinarle un golpe seco con la esquina de la mesa al dedo chico del pie en pleno día, en mitad del salón y con público. En ese instante de furia ciega, donde el dolor te nubla el juicio, el cerebro determina que la situación exige cruzar la línea roja.
Es ahí cuando abres la boca dispuesto a soltar el taco gordo de tu vida. Cierras los ojos, acumulas el aire de décadas de contención y disparas una palabrota mayúscula, esperando que las paredes tiemblen y que tu familia guarde un respetuoso silencio ante lo que acaba de salir de tus pulmones. Buscas respeto. Solidaridad. Quizá un poco de miedo.
Lo que no esperas es lo que ocurre a continuación: los tuyos se quedan un segundo congelados, mudos, intentando asimilar el milagro, y entonces estallan al unísono en la mayor carcajada colectiva que se recuerda en la casa. Nadie se asusta. Al contrario: es el momento en que empieza el desfile. "Vaya, el que nunca dice tacos." "Si llegas a decirlos ni te cuento." "Anda, que menudo vocabulario tiene el señor." "Y encima se ha puesto colorado."
Tu momento de máxima tensión se convierte automáticamente en el chiste del año, y escucharte soltar una palabrota tiene tan poca credibilidad que pareces un osito de peluche intentando rugir como un león. Un osito con el dedito del pie morado, encima.
Y lo peor es que la mofa se convierte en patrimonio familiar. Esa palabra que se te escapó pasa a ser la anécdota oficial de la estirpe, lista para ser recordada y parodiada en cada comida de Navidad hasta el fin de los tiempos. El cabreo se te pasa de golpe al comprobar que tu gran catarsis de rabia solo ha servido para animar la tarde a los demás.
Visto el panorama, tengo clarísimo que no me compensa salirme de mi registro. Es mucho más efectivo mantener la compostura y echar mano de una ironía bien dirigida. Esa no la ven venir y te ahorra tener que aguantar que los tuyos se rían de ti. Al fin y al cabo, para cortar el ambiente a veces basta con una mirada. Y la verdad es que no sé si envidiarles o no. Porque soltar un taco gordo de vez en cuando tiene una pinta estupenda. El problema es que a mí, sencillamente, no me sale.
Para poner en práctica cuando me entren ganas de decir tacos.
Es de admirar que utilices siempre la corrección en la forma de comunicarte.
ResponderEliminarYo me comunico poco, más por escrito que oralmente.
Por escrito es más fácil guardar la compostura. El tiempo que hay entre lo que tecleas, como ahora mismo, y el enviar permite reflexionar, repasar y meditar sobre el mensaje que vas a enviar.
En mis conversaciones orales ya me desmando un poco más dependiendo del tema.
Y en el fútbol... ufffff, ahí sí que a veces suelto tacos como una ametralladora ante por ejemplo un gol fallado, que yo sin duda hubiera materializado jajjaaa, o una decisión arbitral auspiciada, sin duda alguna jajajajaa, por el árbitro sobornado... por no hablar de cómo me gustaría que acabaran ingresados de por vida en traumatología de algún hospital perverso aquellos defensas criminales que osan lesionar a mis jugadores preferidos, jajjaaa
Uff, tampoco soy futbolero así que... pero bueno en casa cuando hay partido yo me pongo los auriculares y a escuchar una buena obra operística, porque alguno de mis hijos y yernos tienen una buena colección
EliminarCorroboro, como hija tuya, que se hace rarísimo escucharte decir alguna palabra "fuera de tono" De hecho, creo que cuando se te escapa alguna nos quedamos todos un poco en shock, porque sabemos que no es lo habitual.
ResponderEliminarY lo mejor es que, cada vez que pasa, nos dejas una anécdota para recordar y repetir hasta el infinito jeje Tú intentas desahogarte y nosotros conseguimos entretenimiento para años.
Así que entiendo perfectamente que prefieras mantener tu " vaya por Dios" y poco más… porque visto desde fuera, parece que cada palabrota que dices tiene que venir con su correspondiente conmemoración familiar incluida jeje
Jaja, que sorpresa verte comentar, va bien saber que al menos os saco unas buenas carcajadas y buenas veladas. Un besote
EliminarYo tampoco soy de decir tacos pero algunas personas los empalmar en la conversación sin ningún sentido, blasfemias incluidas. El otro día oí a una señora de mi edad. Un beso
ResponderEliminarBueno ya sabes Susana, duele pero una buena oración de reparación nos devuelve la paz.
EliminarBuenos días Ángel, buen humor siempre va bien yo soy de pocas palabrotas pero reconozco que de vez en cuando alguna si que se escapan.
ResponderEliminarBueno pues de vez en cuando soltemóslos, así no nos toman por especie rara
EliminarCoincido con tu exposición, en otro tiempo nos decían que todas la palabrotas eran pecado y nos acostumbramos a no decir palabras ofensivas o insultos.
ResponderEliminarEn mi caso en raras ocasiones he soltado alguna palabrota malsonante, como mucho algún taco inofensivo.
Madre mia que interpretación ad libitum la de los pecados, claro así los frutos de aquellas interpretaciones en la actualidad, un dñia tendrán que dar cuenta de ello. En mi caso es que lo llevo innato desde pequeño, nunca me salió.
EliminarEsta bien eso de hablar bien. Los jóvenes de hoy en día soltamos un par de tacos por oración pronunciada, resulta compulsivo ya y a veces ni nos damos cuenta porque son palabras completamente normalizadas en nuestro vocabulario.
ResponderEliminarPilar te aseguro que está muy bien, lo de hablar bien, es que me ha hecho gracia la forma en que lo has dicho . E insisto que cuando suelto alguno lo bien que me quedo, pero no me siento yo cuando lo suelto. Gracias
EliminarCoincido contigo, Angel...A mi tampoco me salen los tacos; en mi familia tampoco los oído cuando era pequeña... ahora en casa si los oigo, hay caracteres más fuertes, pero, lo cierto es que, se oyen por todas partes sin límite...No sé si por timidez o prudencia, pero siempre cuido la palabra, quizá también influye...que escribo más que hablo, ja,ja..
ResponderEliminarInteresante y ciertamente divertido tu post...Tu ironía sigue ahí como algo genuino y personal.
Mi abrazo admirado por tu variedad y calidad de temas, Angel.
Por fin se arregló la lista de lectura y todo vuelve a la normalidad, ya era hora...
Gracias, intento aprovechar los jueves para poner humor a mi vida y a la delos demás, así que un día descubrí que en las mil anécdotas que vivimos en ella siempre hay una nota de humor, así que me vino de perlas como inspiración, o sea hablo de mis experiencias reales. Un beso
EliminarYo no es que suelte tacos
ResponderEliminartodo el día, los evito, pero
cuando una situación me
deja remontado, lo siento,
ahí va , la primera del día,
y siempre espero no tener
que volverlo a hacer,
saludo.
Bueno, veo que en esta comunidad hay mucho control en la lengua , así que no soy tan raro. Gracias
EliminarEn tu lugar repetiría de vez en cuando alguna exclamación, tu familia lo festeja a lo grande y repite las anécdotas, es buena la carcajada en reuniones familiares, Angelo, ahí tu hija te lo agradece! Muy gracioso el muchacho haciendo gala del ritmo en un aula con pizarrón, buena lección, un abrazo!
ResponderEliminarSi, querida amiga tendré que complacerlos más a menudo
Eliminar¡Qué entrada más divertida y con qué verdades tan como puños, Angelo! Nos has retratado a la perfección a todos los que llevamos ese "filtro parental" instalado de fábrica.
ResponderEliminarEs desternillante la escena del golpe en el dedo chico del pie —ese dolor universal e insoportable— y cómo la reacción de la familia convierte un momento de máxima furia en la comedia del año. Es totalmente cierto: cuando alguien que nunca dice un taco suelta uno por necesidad, pierde toda la autoridad porque suena tan forzado que es imposible no sonreír.
Me ha encantado la conclusión. La ironía y una buena mirada a tiempo siempre tienen muchísima más fuerza y elegancia que cualquier exabrupto improvisado. Una lectura magnífica para empezar el día con una sonrisa.
¡Un fuerte abrazo!
Bueno Enriqe no te veo a ti muy de tacos , con toda la delicadeza que siempre hablas y hablas de los demás, me da que eres uno de esos hombres elegantes también en el hablar. Gracias por tu comentario
EliminarA veces también se me escapa alguna palabrota, por supuesto donde menos se necesita, pero ya sabes, las mujeres siempre nos las arreglamos en todas partes :)))
ResponderEliminarLo importante es que arreglaron Blogger, ahora funciona perfecto, desde los comentarios hasta la lista.
¡Saludos para ti!
Uyyy a saber el nivel de palabrotas porque hay palabrotas y palabrotas muy en mayúsculas, me suena que las tuyas deben ser minúsculas. Un placer sentir tu parecer
EliminarWhich naughty word did you scream out loud when you hit your toe? I am very interested to hear LOL Was it something very juicy? My father swore regularly almost daily and he used the type of bad language you think would put a curse upon the whole family once it is uttered out loud, it was that nasty and bad. Due to that I was mostly disgusted by it so I have never used much swearing myself, but far from it that I am immune to it, I do curse sometimes, but nothing overly wild. Most bad words in my language include words for genitalia and since I do not find genitalia offensive but beautiful, why would I use them in swearing? LOL I will often say "Feckity feck" like the Irish do, even though I am very much British.
ResponderEliminarWhat a wonderfully refined dilemma you’ve brought to the table. When it comes to the inevitable clash between one’s pinky toe and a stubborn piece of furniture, I must admit that traditional poetry falls painfully short.
EliminarI entirely share your view on human anatomy: using perfectly respectable body parts as slurs has always struck me as a tragic lack of lexical imagination. However, when acute physical agony threatens to separate soul from body, academic prose proves disturbingly useless. No one in the history of humankind has ever relieved a bruise by exclaiming, "Oh, what an unfortunate turn of events!"
In those precise moments of painful enlightenment, I favor the art of the purely phonetic burst, something loaded with sharp consonants to expel the tension of pain without summoning a family curse or tarnishing human anatomy. Your British-Irish "Feckity feck" is a stroke of diplomatic genius, a remarkable way to maintain impeccable decorum while undergoing a private little earthquake inside.
Es muy cómico escuchar a quien no acostumbra a decirlos. Pero todos podemos tener alguna situación de vulnerabilidad en que no se ocurre otra alternativa más liberadora, jajaja. El inconsciente auxilia hasta al más propio en su hablar y responde con violencia, ante lo sorpresivo o doloroso, por instinto de conservación.
ResponderEliminarUn abrazo.
A mí, Sara, ni en esos momentos me sale. Me pego un buen golpe y, cuando a cualquiera se le escaparía un exabrupto, yo suelto un ruido raro que no impone nada. En vez de respeto, risas. Habrá que nacer con ello, y a mí me tocó sin. Un abrazo.
EliminarYo digo alguno de vez en cuando, siempre que estoy muy enfadada por algo. Sirven de desahogo, aunque no solucionen nada, pero queda más elegante no decirlos, claro.
ResponderEliminarUn abrazo, Angelo
Yo ni eso consigo Me enfado de verdad, quiero soltar el taco para quedarme a gusto y nada, no me sale. Así que me aguanto y a otra cosa. Un abrazo.
EliminarHay palabras contundentes que no estan en la lista de las palabrotas, mi padre que a veces soltaba un taco, manejaba dos, nos enseñaba palabras que podían herir de dos maneras por lo que decían y tambien herían la cultura si no las entendían. Mi yerno que no conoció a mi padre tambien enseña palabra a sus hijas que no son malsonantes. Lo has expuesto muy bien, prefiero oir hablar bien que de manera vulgar. Un abrazo
ResponderEliminarA mi la verdad que fuera del humor que he queridoo poner en mis jueves habituales, me desagrada mucho el oírlas pienso además que tenemos un idioma con preciosas palabras que son las que en general deberiamos usar, incluso cuando nos enfadamos o nos desahogamos. Hay palabras con una fuerza y un carácter increíbles que transmiten esa misma rabia o sorpresa sin caer en lo vulgar. El español es demasiado rico como para reducir nuestras emociones a cuatro tacos repetitivos
EliminarÁngelo, me hiciste reír con tu historia, no soy de decir palabrotas pero un día me agarre el dedo de la mano con la puerta del auto y el grito que pegue vino acompañado de una palabrota que después sentí vergüenza de haberlo dicho, el dedo se inflo, primero rojo después morado hasta que se me cayo la uña, es un dolor que no se lo deseo a nadie.
ResponderEliminarAcá en Argentina en mis tiempo de juventud decir boludo era feo, hoy esta de moda y los chicos se llaman así, Boludo vamos a bailar, o Boluda que te vas a poner para el baile.
Lo que no ayuda es que los políticos que hablan para el pueblo se van de boca y dicen cosas muy feas y los chicos asimilan lo que oyen.
Ángelo, gracias por sacarme una sonrisa.
Besitos y te dejo todo mi cariño, que pases un día maravilloso
Me deja pensando lo que cuentas sobre cómo una palabra que antes era un insulto grave termina convertida en una simple muletilla diaria. Da la impresión de que nos vamos volviendo perezosos con la lengua y terminamos aceptando lo chabacano solo por moda.
EliminarAl final, mantener el cuidado en cómo nos expresamos en el día a día también es una forma de respeto. Gracias por tu aportación
Angel, debe ser muy cómodo creeme pasar de un taco, aqui en Chile eso es una necesidad casi patológica, es parte de una idiosincrasia nacional, no sorprende ni escandaliza y creo que lo contrario, pero debo confezar que el buen hablar es para mi motivo deadmiracion y porqué no decirlo de envidia, sigue esa ruta lingüística que aqui no hay critica sino admiración
ResponderEliminarGracias, la verdad es que me encuentro muy cómodo sin necesidad de palabrotas y me invita a mejorar a diario mi vocabulario, jeje pero de vez en cuando si quiero soltar alguno que la experiencia me dice que me viene muy bien
EliminarUn taco de cuando en cuando, sobre todo cuando las circunstancias invitan a ello de forma casi natural, tampoco es nada del otro mundo. Otra cosa es aquellos que parece que no saben expresarse de otra manera.
ResponderEliminarPues yo si suelto mis tacos aunque sea en voz baja. Me descarga la tensión.😂😂
ResponderEliminarHay momentos del día que una está tan saturada que no hay más remedio.
Un osito de peluche intentando rugir como un león: esa imagen me ha hecho reír mucho, Angelo. Tu solución de recurrir a la ironía y a una buena mirada me parece de lo más elegante, y admito que la familia se ha ganado una anécdota para todas las Navidades. Gracias por empezar el día con una sonrisa, y un abrazo.
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