Con los años uno empieza a darse cuenta de la cantidad de batallas invisibles que hay alrededor. Hace unos días quedé con un amigo para tomar un café porque quería hablar conmigo. Pensé que sería una mala época o algún problema puntual. Pero conforme fue hablando empecé a entender que llevaba años sosteniendo una situación difícil sin que casi nadie alrededor supiera cómo estaba.
Mientras lo escuchaba, lo que más descolocaba no era solo lo que contaba, sino la manera de hacerlo. Hablaba de años difíciles dentro de casa con una tranquilidad rara, como si después de tanto tiempo ya se hubiera acostumbrado a convivir con todo aquello. Y yo allí, escuchando en silencio, casi sin saber qué decir mientras seguían apareciendo problemas y situaciones que llevaba demasiado tiempo soportando solo.
Además no era la primera vez que me ocurría algo parecido. Con los años otras personas también me han terminado contando situaciones duras en conversaciones que empezaron de la forma más normal del mundo. Y cada vez me convenzo más de que casi todos guardamos algo que apenas compartimos con nadie. Problemas, agotamientos, heridas o miedos que aprendemos a disimular durante años hasta que un día ya no podemos más y necesitamos sentarnos delante de alguien para soltarlo de una vez.
Creo que una de las sensaciones más frustrantes de la vida adulta aparece cuando alguien te confía un dolor largo y descubres que cualquier respuesta parece inútil. Da igual lo bienintencionado que estés. Hay situaciones tan erosionadas por el tiempo que las palabras sirven de muy poco. En esos momentos entiendes hasta qué punto nos hemos acostumbrado a responder automáticamente ante el sufrimiento ajeno. Buscamos una frase rápida o algún consejo que permita salir de la conversación con la sensación de haber ayudado un poco. Pero hay heridas que no conceden esa tranquilidad.
Además vivimos rodeados de discursos muy pobres sobre la felicidad, la superación y la actitud correcta ante la vida. Todo parece solucionarse cambiando la mentalidad o aprendiendo a gestionarse mejor. Basta abrir las redes sociales cinco minutos para encontrarse frases que parecen tratar el sufrimiento humano como si fuera algo fácil de ordenar. Y cuanto más escucho ciertas historias, más falsa me parece esa visión de la vida. Hay personas que no necesitan motivación. Necesitan descansar. Necesitan respirar un poco. Necesitan levantarse un día sin sentir encima el mismo problema de siempre.
Lo más impresionante es que mucha de esta gente continúa haciendo vida normal. Van a trabajar. Acuden a reuniones familiares. Preguntan a otros cómo están. Incluso bromean algunas veces. Y mientras tanto continúan conviviendo con situaciones muy duras que probablemente romperían a más de uno en pocos meses.
Creo que por eso me producen tanto respeto quienes deciden vivir estos dolores sin convertirlos en un espectáculo permanente. Hay mucha dignidad en esa forma de proteger la propia intimidad. No porque quieran aparentar fortaleza, sino porque saben que gran parte del mundo escucha el sufrimiento ajeno durante cinco minutos y luego sigue con su vida. Prefieren guardar silencio antes que convertirse en tema de conversación o en objeto de una compasión rápida que desaparece al día siguiente.
Después de escuchar determinadas historias cuesta volver a mirar igual a la gente. Sales a la calle y empiezas a preguntarte cuántos de los rostros que pasan a tu lado estarán sosteniendo algo parecido. El hombre que espera el autobús mirando al suelo. El compañero de trabajo que cada vez habla menos. Personas corrientes, mezcladas con el ruido de cualquier mañana, conviviendo con problemas enormes sin hacer partícipe al mundo entero de ello.
También he pensado muchas veces que el verdadero desgaste no siempre nace del golpe más fuerte, sino de su duración. Lo que termina agotando es comprobar cómo pasan los meses, los años incluso, y la situación continúa ahí. Y aun así toca seguir levantándose, pagar facturas, cuidar de otros y mantener cierta normalidad para que todo no termine de romperse.
Supongo que por eso algunas conversaciones dejan una sensación incómoda cuando terminan. Uno vuelve a casa pensando en la cantidad de gente que lleva demasiado tiempo peleando cosas enormes mientras alrededor casi nadie sospecha nada. Y sinceramente, cuanto más veo ciertas historias, más respeto me producen quienes siguen adelante sin venirse abajo. Porque bastante mérito tiene continuar cuidando de otros cuando uno lleva años intentando no derrumbarse por dentro.
Hay verdades que pasan años encerradas dentro de una vida hasta que una conversación cualquiera termina dejándolas salir.
Decia Rober Bresson "dos personas que se miran a los ojos no ven sus ojos sino su mirada.
ResponderEliminarLa mirada es el único puente donde dos interiores se tocan sin necesidad de materia. Cuando Bécquer habla del beso en la mirada, o Weiss del reflejo del alma, apuntan a lo mismo: la capacidad del ser humano de reconocer al otro sin intermediarios.
Mirar verdaderamente exige valentía. En un mundo acostumbrado a la prisa y a las apariencias, sostener el contacto visual con alguien implica desarmarse, dejar que el interior quede expuesto. Porque no vemos la forma ni el color del ojo, sino la intención, el estado de ánimo, la vida que habita detrás.
Tal vez por eso la mirada conmueve tanto: porque en ella la soledad se interrumpe por un instante. Es el espacio exacto donde la conciencia se reconoce en otra conciencia, recordándonos que no estamos tan aislados como a veces creemos.
Un abrazo
Yo cada vez soy más prudente con lo que creo saber de los demás. Puedes tener mucho trato con alguien y no enterarte de lo que le está pasando. Por eso agradezco que una persona se sienta a gusto conmigo para contarme algo difícil, aunque luego me cueste encontrar qué decirle. Me preocupa más hacerla sentirse incómoda con una respuesta torpe que quedarme un rato callado. Muchas gracias por tu excelente reflexión. Un beso
EliminarYou just learn to live accustomed to the suffering especially if life has always been heaping it onto you. The trick is not to let it make you wooden and bitter and that is a very, very difficult task to fulfill and achieve and I am not even sure if it is fully achievable. All the criminals and bad people are just deeply wounded people with unhealed and untreated wounds and dark lives they were exposed too willingly or unwillingly. For some suffering lasts all life long.
ResponderEliminarI’m sorry you’ve had to endure so much, my friend. I wish I could sit with you for a while instead of trying to find the right words from here. You don’t have to be cheerful with me or worry about being good company. I care about you when we’re joking about films, and I care just as much when you need to say how tired you are. I wish there were more I could do.
EliminarAngelo, qué texto tan humano y tan necesario. Con los años uno descubre que hay muchas más batallas silenciosas de las que imaginaba, personas que siguen trabajando, sonriendo o preocupándose por los demás mientras sostienen un peso que casi nadie ve. Me ha gustado especialmente que pongas el foco no en encontrar soluciones rápidas, sino en algo mucho más difícil: escuchar, permanecer y acompañar.
ResponderEliminarTambién comparto esa desconfianza hacia las fórmulas fáciles para el sufrimiento. Hay dolores que no necesitan discursos ni motivación, sino descanso, comprensión y tiempo. Y quizá por eso conmueve tanto pensar en quienes siguen adelante sin convertir su dolor en un escaparate, simplemente haciendo lo que pueden para no derrumbarse. Un texto lleno de empatía, respeto y verdad.
Un fuerte abrazo, Angelo.
A mí me cuesta aceptar que puedo estar muy pendiente de alguien y aun así no tener manera de arreglar lo que le pasa. Dan ganas de decir algo que le sirva, pero tampoco quiero prometerle que todo irá bien cuando no lo sé. Prefiero admitir esa impotencia y que pueda seguir contándome lo que le preocupa, sin tener que tranquilizarme también a mí.
EliminarImagino que pasaria si nos sacaramos esa coraza con la que enfrentamos la vida, ya que solo algunas veces y travez de una fisura dejamos ver las debilidades, es la manera que tenemos de sobrevivir.
ResponderEliminarA mí me gustaría que nos resultara más fácil decir que no podemos con todo. Pero entiendo que no basta con querer hablar: también hace falta sentirse a gusto con quien tienes delante y saber que no va a juzgarte.
EliminarDecís «Supongo que por eso algunas conversaciones dejan una sensación incómoda cuando terminan. Uno vuelve a casa pensando en la cantidad de gente que lleva demasiado tiempo peleando cosas enormes mientras alrededor casi nadie sospecha nada.» Se juntaron dos cosas en ese momento: su valentía (impulsado, tal vez, por el cansancio) y tu hombro. El saberse escuchado sin esperar nada, ni siquiera una palabra de consuelo o apoyo. Y el que te contó sus cosas guardadas bajo siete llaves, después de hablar con vos se va, liviano y sobre todo, comprendido.. «Y uno se va de novio con la vida -dice el poema de Hamlet Lima Quintana- desterrando una muerte solitaria, pues sabe que a la vuelta de la esquina, hay gente como vos, tan necesaria».
ResponderEliminarTe mando un abrazo.
A mí me cuesta irme sin saber si he servido de alguna ayuda. Quizá espero poder hacer más de lo que está en mi mano y por eso me queda esa impotencia. Pero también creo que se puede agradecer mucho ese rato, aunque el problema siga ahí. Te agradezco el cariño con el que lo has escrito. Otro abrazo fuerte para ti y encantado de volverte a ver
EliminarHe renunciado a saber la verdad en todo.
ResponderEliminarEn lo que desconozco y también en lo que conozco.
No sé si es por precaución, por miedo, por vergüenza o por otros motivos pero la gente no es sincera.
La gente actúa, disimulan, viven en un postureo "full time".
Yo ya desisto.
He intentado con algunas personas acercarme a la verdad y es casi imposible, incluso cuando parece que se sinceran no lo hacen totalmente.
Ojo, no es un reproche, es una constatación.
Ese ha sido uno de los motivos por los que he acabado alejándome de todo el mundo.
No los critico, tienen todo el derecho a preservar su intimidad pero claro... a mí no me interesa relacionarme con gente que no es sincera.
Yo sí creo que hay personas con las que puedes hablar sabiendo que lo que les cuentes se queda ahí. Personas que se preocupan por ti y quieren echarte una mano, sin sentirse por encima ni pretender arreglarte a su manera. Entiendo que cueste confiar cuando los intentos anteriores te han dejado tan pocas ganas de volver a probar.
EliminarCreo que para ser alguien así hay que admitir primero que uno tampoco puede con todo y que se equivoca bastante. Eso ayuda a tener paciencia con lo que al otro le cuesta contar. No sale solo, ni siempre sale bien, pero se puede aprender. Los años y lo que hemos pasado también pueden servir para ayudar, siempre que dejemos al otro decidir qué le sirve de nuestra experiencia. Haber pasado por mucho no nos da derecho a dirigir a nadie. Ojalá un día encuentres a alguien con quien te sientas a gusto de verdad, sin tener que andar preguntándote cuánto hay de cierto en lo que te dice. Te envío un abrazo.
Puedo dar fe por mi vida misma. Y siempre como si no pasara nunca nada. De puertas afuera , todo normal, todo bien. Y mi vida fue un verdadero calvario un verdadero infierno. Mujeres en casa, palizas, mentiras, robarme mi propio marido la herència de mi padre, en fin. Todas estas vivencias me han servido para darme cuenta de la clase de persona que soy. Un "Tente tieso" y no pasa nada, y asi me transcurrio 43 años. Però Dios me hizo fuerte para poder resistir. El que te falte la madre a los 11 años te hace valiente. Como siempre, te felicito. Un abrazo
ResponderEliminarTe agradezco de corazón la confianza que has tenido al contar aquí algo tan doloroso. Me cuesta encontrar qué decirte después de leerte. No quiero pasar por encima de lo que has contado con unas palabras amables y seguir como si nada. Merecías cariño, respeto y poder estar tranquila en tu propia casa. Me duele pensar cuánto te ha faltado de eso.
EliminarTambién quisiera agradecerte que hayas hablado de tu fe. Entiendo que para ti ha sido una ayuda muy importante cuando tenías tan poco a lo que agarrarte. Desde fuera no puedo saber lo que te ha costado llegar hasta aquí, y no voy a fingir que lo comprendo todo.
Ojalá ahora puedas recibir los cuidados y el afecto que tanto has necesitado. Que puedas decir cuándo estás mal, pedir compañía y no tener que demostrar que eres capaz de aguantar más. Me alegra que hayas encontrado aquí un lugar donde contarlo. He leído con mucho respeto cada palabra. Un fuerte abrazo.
Hola Angel solo decirte que es de lo mejor que has escrito solo decirte gracias
ResponderEliminarMe alegra mucho que te haya llegado así. Creo que casi todos llevamos algo que nos duele y que no sabemos muy bien cómo contar. Al escribirlo tampoco sabía cuántos os ibais a sentir cerca de lo que decía.
EliminarHola, Ángelo.
ResponderEliminarCuánta verdad hay en estas palabras:
"Lo más impresionante es que mucha de esta gente continúa haciendo vida normal. Van a trabajar. Acuden a reuniones familiares. Preguntan a otros cómo están. Incluso bromean algunas veces. Y mientras tanto continúan conviviendo con situaciones muy duras que probablemente romperían a más de uno en pocos meses"
Deberíamos reflexionar más sobre esto.
Ya sabrás que las listas de lectura no se actualizan, pensaba que solo me pasaba a mí.
Te invito también a mi espacio con una nueva entrada.
Un abrazo, amigo.
A mí me preocupa lo fácil que es dar por hecho que alguien está bien porque no nos ha dicho lo contrario. Después te enteras de lo que está pasando y te preguntas cómo no lo habías notado. Intento tenerlo presente antes de sacar conclusiones sobre nadie. Gracias también por avisarme de lo de Blogger y de tu nueva entrada. Hay que seguir teniendo paciencia
EliminarEn los años difíciles tenía una amiga que sabía escuchar, ella no tenía palabras de consuelo, sabía que solo necesitaba estar ahí para que me sintiera acompañada, un abrazo Angelo!
ResponderEliminarYo también he tenido personas que me han sabido escuchar, y sé cuánto se agradece poder hablar sin tener que medir cada palabra. No siempre podían ayudarme a resolver lo que me pasaba, pero me hacía bien saber que podía contar con ellas. Me alegra que tú tuvieras a esa amiga en aquellos años.
EliminarNo se .... soy de guárdame
ResponderEliminartodo, para que contar?, si
luego uno escucha lecciones
que no se aplica nadie, a veces,
me dan ganas de mandar al
carajo a todo el mundo, saludo.
Yo sigo creyendo que sí hay personas coherentes, que procuran vivir como dicen y saben tratar con respeto lo que les confías. Entiendo que después de ciertos encuentros se te quiten las ganas de intentarlo otra vez. Pero me gustaría que no descartaras a todo el mundo: todavía puedes conocer a alguien con quien hablar a gusto, quizá cuando menos lo esperes. Puedes ir despacio, sin contar más de lo que te apetezca, y ver cómo responde esa persona. Ojalá tengas pronto una sorpresa que te haga recuperar un poco la confianza.
EliminarTodos llevamos una historia detrás pero no podemos esperar que los demás lo adivinen. Un beso
ResponderEliminarYo creo que ahí está una de las dificultades: necesitar ayuda y no encontrar cómo pedirla. Me gustaría que pudiéramos hacerlo antes de estar al límite, aunque entiendo que para algunas personas ese primer paso cuesta muchísimo.
EliminarCuánta razón tienen tus palabras y qué reflexión más buena has hecho. Siempre he admirado a esas personas que llevan sus preocupaciones y problemas sin derrumbarse, con valentía y sin hacer alarde de ello. Es una actitud que les honra muchísimos. ¡Cuántas personas hay así que viven en el anonimato! El ser humano está necesitado de hablar, y muchas veces lo único que pedirían esas personas es tener alguien al lado que sencillamente les escuche. Pero vamos demasiado deprisa y solo nos interesa lo nuestro, por eso con unos minutos de escucha pensamos que es suficiente y en seguida pasamos a otra cosa.
ResponderEliminarTus palabras son muy acertadas y hacer que se remueva el pensamiento.
Un gusto leerte
Abrazos
A mí me preocupa que demos por hecho que quien siempre ha podido seguir va a poder una vez más. Incluso podemos acabar pidiéndole más cosas sin preguntarnos cómo está. Me gustaría que esas personas también pudieran tener un mal día y decir que hoy no pueden, sin sentirse mal por ello. Por mucho respeto que me produzca lo que hacen, ojalá no tuvieran que exigirse tanto.
EliminarGracias por la información, Angelo.
ResponderEliminarNo es que tenga muchas esperanzas, pero bueno al menos responden, a ver si lo solucionan pronto
EliminarAngelo, también yo creo que es uno de los mejores posts que nos has dejado y he leído varios...Has tocado el alma de cada uno de nosotros. Todos tienen o tenemos nuestra historia... La sociedad actual materialista frívola, desconfiada y e indiferente nos ha obligado a todos a guardar los sentimientos, a protegernos,, a disimular, a fingir que todo va bien...Y hay mucha gente que muere cada día en silencio, aguantando trabajos, traiciones, maltratos y abandonos...Podría decir que muchos se están ganando el cielo en vida...Ahora mismo en nuestra España hay gran sufrimiento en la sociedad por la falta de valores de nuestros gobernantes, que no atienden al pueblo como debieran...Ceuta nos duele a todos.
ResponderEliminarOjalá que todos encuentren un hombro en el que llorar y un corazón que escuche, comprenda y alivie el sufrimiento...Gracias por tu profunda solidaridad, Angelo.
Mi abrazo entrañable, amigo.
Yo también quisiera que pedir ayuda resultara menos difícil. Me preocupa que alguien llegue a callarse por vergüenza o por pensar que va a molestar. Quisiera saber hacerle sitio incluso cuando no sepa explicarse bien o necesite volver sobre lo mismo. Es fácil tener buena disposición un día; estar disponible cuando aquello se alarga cuesta más, y ahí también tengo mucho que aprender.
EliminarHola Angelo, en cierta manera todos cargamos nuestra mochila, y a veces aprendemos o nos acostumbramos a cargar con ese peso, y hasta normalizamos las cosas que nos suceden. Y pienso que cuando uno vive algo así, se valora mucho un oido atento, que escuche y no juzgue, un hombro que acompañe y empatice, eso es mas que suficiente. Cuesta mucho abrirse y sacar ciertas cosas, pero el alivio que se siente es invaluable.
ResponderEliminarUn abrazo
Me da pena pensar que alguien llegue a creer que no merece un trato mejor porque lleva demasiado tiempo viviendo así. Supongo que hablar también puede ayudar a darse cuenta de que no tendría por qué soportarlo todo. Por eso me parece tan delicado responder cuando por fin alguien se anima: quisiera que pudiera continuar a su ritmo, sin arrepentirse de haber empezado.
EliminarA la hora de dar consejos sobre asuntos como estos llenos de elucubraciones y perdidos en el tiempo, es difícil de acertar y como tu bien dices la mayoría de ellos caen en un saco roto, por lo que yo les diría a estos perennes sufridores: mira amigo, a rey muerto rey puesto, y verás que pronto dejas de sufrir, y yo también dejaré de ser tu pañuelo de lágrimas.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, amigo Angelo.
A mí me cuesta ver tan clara la salida desde fuera. Hay decisiones que implican quedarse sin casa, separarse de los hijos o empezar de nuevo cuando ya quedan pocas fuerzas. No sé cómo actuaría yo en esas circunstancias. Entiendo las ganas de que esa persona cambie algo y deje de sufrir, pero me parece que necesitaría saber bastante más antes de decirle qué hacer. Gracias por tu aportación
EliminarLa vida es muy bella y podría ser también muy fácil ser felices. Pero los seres humanos la complicamos con nuestros defectos. No hemos aprendido a
ResponderEliminaramar.
Un abrazo!
A mí me da pena que, pudiendo hacernos tanto bien, acabemos haciéndonos daño incluso entre personas que nos queremos. Creo que nos falta tener más en cuenta al otro en las cosas de cada día. Ahí es donde me gustaría que se nos notara más el cariño.
EliminarÁngelo, me gusto tu post.
ResponderEliminarPienso que todos guardamos algo que nos oprime el pecho y es hermoso cuando cuentas con personas que te escuchan y sin decir nada te abrazan, soy de contar todo, lo que queda dentro hace daño y también lo sufre el cuerpo.
Con mi vida podrías hacer una gran novela y gracias a Dios siempre tuve a mi lado gente buena humilde que me sostuvieron cuando caía.
La vida no es color de rosa, la vida es la rosa con sus espinas.
Un placer encontrarte y poder leerte. que pases un hermoso y feliz fin de semana.
Besitos y te dejo todo mi cariño
Me alegra recibirte por aquí y que en tu primera visita hayas querido contar algo de ti. Después de todo lo que das a entender que has pasado, me alegra especialmente que sigas teniendo ganas de acercarte a otras personas. Eso también permite que nos ocurran cosas buenas, como conocernos hoy a través de lo que escribimos. Gracias por llegar con tanto afecto. Espero que te encuentres a gusto y podamos seguir conversando.Gracias
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