Hace unos días salí a caminar y, casi sin darme cuenta, me encontré pensando otra vez en decisiones antiguas. En escenas del pasado, en conversaciones que quizá tendría que haber tenido de otra manera y en palabras que, vistas desde hoy, parecen más fáciles de colocar de lo que fueron realmente. No es algo nuevo. Me ha pasado muchas veces. Durante bastante tiempo he pensado que ya había dejado de pelearme con ciertas cosas, pero últimamente empiezo a sospechar que uno nunca termina del todo ese trabajo.
He pasado años revisando momentos concretos como si todavía pudiera encontrar el punto exacto donde algo empezó a desviarse. Durante mucho tiempo pensé que, si lograba identificar ese instante con claridad, algo dentro de mí acabaría colocándose por fin en su sitio. Pero el problema es que cuando uno cree haber encontrado el origen de todo, enseguida aparece otro momento anterior que también podría haber cambiado muchas cosas.
Durante bastante tiempo confundí aceptar mi vida con resignarme a ella. Pensaba que aceptar el pasado era algo parecido a rendirse. Como decir: “Bueno, pues ya está”. Con los años he empezado a verlo de otra manera. Pelearse continuamente con lo que ya pasó no cambia absolutamente nada, aunque uno tenga la sensación de que darle vueltas mantiene viva la posibilidad de arreglarlo.
Y lo curioso es que esos recuerdos no suelen aparecer en grandes momentos dramáticos. Vuelven en situaciones normales. A veces basta una conversación cualquiera, una canción sonando en una tienda o pasar por una calle concreta para que regresen las mismas preguntas de siempre: qué habría pasado si hubiera hecho otra cosa, por qué tomé aquella decisión tan convencido o cómo no vi entonces algo que ahora parece tan evidente.
Claro que cuando miramos atrás lo hacemos con la cabeza que tenemos hoy. Con años encima, con errores ya vistos y con una experiencia que entonces todavía no existía. Por eso es tan fácil juzgar al que fuimos hace veinte o treinta años. Pero aquella persona no sabía lo que sabemos ahora. Estaba viviendo como podía, con la madurez de aquel momento y con bastante menos claridad de la que hoy creemos que tenía que haber tenido.
A mí me ha pasado más de una vez. Defender decisiones que hoy no volvería a tomar. Hablar convencido de cosas que poco después demostraron estar equivocadas. El tiempo tiene una forma bastante eficaz de bajarnos un poco los humos. Y menos mal, porque si uno pudiera escuchar algunas de las seguridades con las que hablaba hace años, probablemente le daría bastante vergüenza ajena.
A veces recuerdo algunas de aquellas convicciones y no puedo evitar sonreír un poco. En su momento me parecían ideas impecables, casi irrefutables. Con los años uno descubre que aquella seguridad no siempre era sabiduría. Muchas veces era simplemente falta de perspectiva… y bastante entusiasmo.
Algunas decisiones dejaron marcas reales. Hay errores que pesan más que otros y etapas que uno recuerda con menos cariño del que le gustaría. Pero con el tiempo también empiezas a entender que tu vida no queda resumida únicamente en esos momentos. También está todo lo demás: lo que salió bien, la gente que permaneció, lo que aprendiste y las cosas que siguieron avanzando incluso cuando tú pensabas que todo estaba detenido.
Con los años también aparece la comparación con la vida de otros. A veces miro alrededor y tengo la sensación de que mucha gente tuvo las cosas más claras, tomó mejores decisiones o encontró antes su sitio. Pero luego pienso que de la vida ajena solo vemos una parte muy pequeña. Nadie enseña demasiado sus dudas mientras las está viviendo.
Quizá por eso llega un momento en que uno deja de reclamarle al pasado lo que ya no puede dar. No porque deje de doler algunas veces, sino porque llega un punto en el que seguir revisándolo todo termina agotando más que ayudando. El pasado sigue ahí y seguirá siempre, claro. Pero tampoco puede ocupar cada conversación con uno mismo.
No es la primera vez que hablo de esto en el blog. Con los años uno vuelve a los mismos temas y se da cuenta de que algunas cosas sí han cambiado. No todo, pero lo suficiente como para mirarlas con menos dureza que antes.
Últimamente tengo la sensación de que reconciliarse con la propia vida no tiene nada de espectacular. Se parece más a algo pequeño y cotidiano. Hay días en los que consigo tratarme con cierta paz y otros en los que vuelve esa vieja costumbre de pasarme factura por todo.
Y aun así la vida sigue moviéndose. Aparecen conversaciones nuevas, decisiones nuevas, días que uno no esperaba y personas que llegan cuando pensabas que ya todo estaba más o menos escrito. A veces seguimos mirando atrás más de la cuenta, sí, pero incluso haciendo eso la vida sigue empujándonos un poco hacia delante.
A veces viene bien parar un momento y dejar que algo sencillo nos acompañe.
ResponderEliminarUna pequeña novedad...
Voy a empezar a hacer una pequeña cosa al final de algunos posts. Antes de pasar al siguiente tema dejaré un comentario recogiendo ideas, recuerdos o cosas curiosas que hayan ido apareciendo entre todos. Muchas veces los comentarios acaban llevando los temas por caminos que ni yo mismo esperaba y creo que merece la pena conservar un poco ese ambiente.
Podéis ver a lo que me refiero al final de los comentarios del post anterior.
Tienes razón. Además muchas veces mirar atrás solo sirve para darle otra vuelta más a cosas que ya no puedes cambiar. Y claro, ahora vemos clarísimas decisiones que en aquel momento no lo eran tanto.
EliminarUn abrazo
Buenas tardes Ángel, pues claro que con el paso del tiempo nos damos cuenta de muchas cosas que podíamos haber hecho mejor. Pero no hay nadie perfecto. Actuamos como mejor sabemos y podemos. En la medida de lo posible hay que pasar página y vivir el presente. Sinceramente yo miro lo menos posible el pasado porque lo único que consigues es un desgaste psicológico innecesario.
ResponderEliminarWe are all bound to make mistakes in life, work, relationships, I always say everyone should be forgiven if the mistake was not intentional and done out of tardiness or some evil reasons, if you made a mistake while doing something with honesty and genuine heart, what can you do, we are all human.
ResponderEliminarMaybe you should collect all your ruminations and thinkings into a book, as a collection of short meditations and reflections? That would definitely give your life a new boost :)
A hug from our secret spy headquarters....
I suppose many of us spend years punishing ourselves for decisions we actually made with good intentions. Then time changes the way we look at things, and we end up seeing those stages of life differently.
EliminarI already did the book thing in my previous chapter, and honestly, it was a really beautiful experience.
A big hug, Dezmond.
Oh, how exciting, and to have five stars over at Amazon from readers must be a thrill :)
Eliminarhay un refrán que dice: que agua pasada no mueve molino, aunque veo natural que se piense en ello e incluso de que la forma de actuar no fuera en su momento la correcta, pero como es evidente, y a toro pasado, hoy lo vemos desde otra ventajosa (experiencia de lo vivido) perspectiva... y aunque se suele decir que el tiempo da y quita la razón, no siempre tiene porqué ser así ya que simplemente fueros decisiones que se tomaron, y que siendo persona de bién seguro estoy de que no se intentaba dañar a nadie.
ResponderEliminarCreo que en otra reflexión que hiciste, te comenté lo bien que me siento desde que hace ya casi veinte años solté el lastre que no me dejaba vivir feliz. (No es ningún consejo, es una experiencia propia).
Un abrazo, amigo Ángelo.
Ese refrán lo decía muchísimo mi abuelo y al final se queda ahí para siempre. Veinte años son muchos años, Manuel. Hay gente que tarda media vida en conseguir algo así y otra que no lo consigue nunca.
EliminarUn abrazo, amigo. Gracias por tu comentario.
Soy uno , que últimamente está,
ResponderEliminarcon el "y si hubiera", y si hubiera
hecho esto, o lo contrario, y si no
hubiera hecho lo otro, desde hace
un tiempo, tengo la impresión, de
que me tengo que arrepentir, de
todo mi pasado, porque no tengo
claro, que es lo que hice bien
entonces, le debo un mail a Joselu,
nuestro querido bloguero, si por un
casual, sabe que me
pasa, el ha hablado en su blog,
ResponderEliminarde los estados de ánimo, quizá
sepa algo, lo que se, es que esto
se me está exagerado, me produce
una angustia tremenda, he llorado
en tres meses, lo que no lloré a los
tres años, me pasa, sobre todo, por
la mañana, gracias Ángel, no sabes
lo que me alegra tú blog, aunque
no tengamos la misma opinión sobre
la religión, un gran saludo.
Orlando, siento mucho que estés pasando una etapa así. Y además las mañanas, cuando uno está removido por dentro, pueden hacerse larguísimas.
EliminarNo creo tampoco que tengas que mirar todo tu pasado como si hubiera sido un desastre. A veces la cabeza se pone en un modo muy cruel con uno mismo y cuesta salir de ahí.
Siempre escribes con mucha sinceridad y abres mucho tu corazón. Ojalá todo lo que vamos exponiendo unos y otros por aquí también te ayude un poco.
Un abrazo grande, Orlando.
Pues a mi me pasa Angel que suelo mirar poco al pasado porque sé que ya no lo puedo cambiar, tampoco pienso que haya hecho cosas o vivido situaciones tan erróneas de las que tenga que vivir con ese peso en la conciencia. Si me equivoqué en alguna decisión o comentario mi intención nunca fue dañar a nadie, ni siquiera a mi misma y el momento tampoco es el actual, con lo cual analizar el hecho desde hoy, no va a cambiar nada de lo que ya fue.
ResponderEliminarMe quedo con la frase del Papa Francisco: “El pasado, pisado… el presente, de frente” y otra de mi querido santo Padre Pio de Pietrelcina: “Mi pasado, Señor lo confío a tu Misericordia, mi presente a tu Amor, mi futuro a tu Providencia”
Un abrazo Angel y muchas gracias siempre, tus reflexiones son muy valiosas.
EliminarPaula, creo que haces bien en no quedarte atrapada viviendo una y otra vez cosas que ya pasaron. Bastante complicado es a veces atravesar ciertas etapas como para seguir cargándolas eternamente después. Gacias también por seguir siempre por aquí. Después de tantos años ya formas parte del blog de una manera muy especial.
Un abrazo grande.
Everyone makes mistakes in life. I think being able to forgive (even if we cannot forget), helps both the person who offended or hurt us....and it especially helps us! Staying angry and resentful is never good for our mental or physical health. These are my thoughts.
ResponderEliminar
EliminarLinda, I think you said something very true there. Many times resentment ends up hurting the person carrying it more than the one who caused the pain.
And there’s also something you really notice with time: living permanently angry eventually wears you out inside.
A big hug, Linda.
Decís con mucha claridad « Últimamente tengo la sensación de que reconciliarse con la propia vida no tiene nada de espectacular. Se parece más a algo pequeño y cotidiano. Hay días en los que consigo tratarme con cierta paz y otros en los que vuelve esa vieja costumbre de pasarme factura por todo.»
ResponderEliminarNaty, me hija psicóloga, siempre me dice por la enorme cantidad de altibajos que tuve en la vida (sobre todo sentimental) para lograr cierto equilibrio para que ese dejo de tristeza que me acompaña diariamente no se vuelva un plomo.. Reconciliarte con la vida es un proceso profundo, casi como aprender a bailar con lo que nos toca vivir, en lugar de luchar contra eso.. No significa resignarse, sino aceptar, integrar y encontrar sentido en lo que somos y en lo que nos ocurre.
"Si pensas que la Aventura es peligrosa... probá con la rutina... es mortal" P. Coehlo.
Y si, la vida te pasa facturas en el sentido de analizar con el diario del lunes -como se dice ahora- cosas que hicimos hace años. A veces tenemos memoria selectiva, otras veces aparecen cosas alrededor y te quedás mirando un punto cualquier y la mente vuela a mil. Me reprocho de muchas cosas, en la relaciones humanas hubiera actuado de otra manera; solo que la partitura con la que nacemos a veces no te permite una nota que te arruine la pieza completa; es decir, lo que hicimos en aquel momento era lo mejor para aquel momento. Los reproches a esta altura del partido, no resuelven situaciones, generan un estado anímico que se levanta con un quitapenas
En un diario de argentina el título decía sobre un estudio de EE.UU «La psicología dice que muchos jubilados a partir de los 60 años no se sienten felices por tener más tiempo libre, sino que pierden el propósito en su día a día y el sentido de utilidad que daba forma a su vida. La jubilación no siempre se vive como descanso, alivio y plenitud. También puede implicar perder la rutina y el motivo para levantarse cada mañana
La vida es tan corta y el oficio de vivir tan dificil que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse decía Ernesto Sabato
Otro escritor uruguayo, Mario Benedetti dijo «No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento.»
Animo amigo mío, no hay peor cosa que la que no se intenta.
Un abrazo enorme Angelo.
Qué maravilla el rato que te has tomado para desmenuzar el texto. Cuando uno escribe cosas así, que salen un poco de las tripas, da mucho gusto encontrarse con reflexiones como las tuyas.
EliminarA mí también me pasa mucho eso de mirar atrás con las respuestas del lunes en la mano y castigarme por lo que hice el viernes. Es una trampa tremenda. Como ya decía en el post, creía que lo tenía superado, pero de vez en cuando me asoma esa tentación y me cuesta un mundo asimilar que, aunque hoy lo vea clarísimo, en aquel momento hice lo mejor que supe con las herramientas y el ruido que tenía en la cabeza. Me falta esa compasión conmigo mismo para entender que no podía tocar otra nota.
Y sí, es verdad que para algunos jubilados, y me da la impresión de que para muchos, el día a día se vuelve una cuesta arriba. A veces nos descubrimos quejándonos de la rutina y deseando tener tiempo libre, pero da pánico pensar en el momento en que todo se frene en seco y nos obligue a mirarnos al espejo sin el escudo de las obligaciones diarias. Es real que ahí es donde asoman los fantasmas si uno pierde el motivo para levantarse por la mañana.
Menos mal que Benedetti siempre tiene las palabras justas para recordarnos que no hay que rendirse y que cada día es un comienzo nuevo.
Me alegra muchísimo leer tus palabras hoy y te agradezco de corazón que las hayas compartido conmigo. Te devuelvo el abrazo gigante.
Pasé unos años en que la conciencia me reconcomía pensando en diferentes decisiones que tomé que en ese momento me parecían erróneas.
ResponderEliminarY sí, ya sabía que yo ahora tenía más experiencia que en aquellos años pero aún así no acaba de reconciliarme con mi pasado.
Ha sido años más tarde cuando he comprendido que no tiene sentido alguno recriminarme a mí mismo por lo que hice en el pasado, primero por lo dicho anteriormente, segundo porque no me fío de la exactitud de los recuerdos (está científicamente demostrado que los modificamos por diferentes motivos), tercero porque es difícil revivir todo el entorno personal y emocional de aquellos tiempos y finalmente porque ese es un camino que no lleva a nada... qué voy a arreglar ahora del pasado?, nada de nada.
Creo que si algo he aprendido con el tiempo es a aceptarme... no he cometido ningún delito, ni he sido causante de ninguna desgracia... no es poco eso.
Saludos.
Tiene mucho sentido eso que dices de no fiarte de la exactitud de algunos recuerdos. A veces uno recuerda más la versión rehecha mil veces en la cabeza que lo que pasó exactamente. Pero al menos en mi caso algunas son recordadas con todo lujo de detalles.
EliminarPasa mucho eso de mirar decisiones antiguas con los ojos de ahora y pensar “cómo no vi esto” o “por qué hice aquello”. En realidad yo empecé a aplicarlo tras un retiro de Emaús. Pero claro, en aquel momento estabas dentro de la situación, no viéndola desde fuera cuarenta años después con toda la película ya vista.
Supongo que llega un momento en que uno se cansa de hacerse de juez permanente de sí mismo. Un abrazo Xavi
Estoy de acuerdo, hay que aceptarse y aceptar lo que uno es, pero reconociendo que en la vida hemos ido madurando, en ocasiones a base de errores.
ResponderEliminarMe resulta ridículo y sorprendente oír muy a menudo a gente famosa (o famosilla) diciendo aquello de que no se arrepienten de nada de lo que han hecho en su vida. Y me digo: ¡Caramba!, o yo soy muy raro o esta gente rezuma soberbia, cómo es posible que no se arrepientan de nada en absoluto. Aunque uno lo acepte yo creo que es de humanos errar como dice el aforismo latino.
Gracias Trecce por la aportación. Yo también desconfío un poco de esa gente que dice no arrepentirse de absolutamente nada. Una cosa es no vivir atrapado en el pasado y otra muy distinta pensar que todo lo hiciste perfecto.
EliminarAdemás muchas veces esas frases suenan muy bien en entrevistas, pero luego la vida real es otra. Todos hemos dicho cosas, tomado decisiones o tratado situaciones de maneras que hoy haríamos distinto. Y menos mal también, porque eso significa que algo hemos cambiado por el camino.
Lo raro casi sería llegar a cierta edad pensando que siempre acertaste en todo.Un abrazo
Me he visto bastante reflejado en esa parte de volver mentalmente a ciertas escenas creyendo que, si las repasas otra vez, quizá esta vez encuentres una explicación distinta. Y al final acabas cansándote de dar vueltas al mismo sitio. También pienso que muchas veces somos muchísimo más comprensivos con los errores de los demás que con los nuestros. A otra persona le diríamos “hiciste lo que pudiste”, pero luego cuesta aplicárselo a uno mismo. Hy recuerdos que siguen muy vivos aunque pasen los años. Algunos detalles se quedan ahí clavados de una forma increíble. Un abrazo
ResponderEliminarSí, y además muchas veces esos recuerdos vuelven con una precisión increíble. A lo mejor no recuerdas qué hiciste la semana pasada un martes cualquiera y en cambio hay una frase de hace veinte años que la tienes intacta.
EliminarTambién creo que somos bastante más duros con nosotros mismos de lo que solemos ser con los demás. A otro le perdonas enseguida ciertas cosas porque entiendes el contexto, la edad o el momento que estaba viviendo. Con uno mismo cuesta muchísimo más hacer ese ejercicio. Un abrazo Ricardo.
Cuántas veces nos sucede esto! Los años ayudan a poner las cosas en su lugar, a mirar hacia adelante y valorar lo que tenemos, gracias por el video, no conocía este tema ni al cantante, muy buenos, un abrazo Angelo!
ResponderEliminar
ResponderEliminarMª Jesús, creo que eso que dices de que nadie nos enseña realmente a enfrentarnos a nosotros mismos es muy verdad. Uno va aprendiendo sobre la marcha, mezclando lo que trae de casa, lo que vive, los golpes, la gente que aparece y también muchas veces los propios errores.
Entiendo también lo que cuentas de la escritura. Hay personas a las que escribir les ayuda muchísimo a ordenar lo que llevan dentro. A veces incluso a entender cosas que mientras las estás viviendo ni sabes explicar. Que empezaras tan joven seguramente también ha marcado mucho tu forma de mirar la vida. El pasado al final siempre sigue ahí de alguna manera, aunque cambie la forma de mirarlo con los años.
Lo de ir cerrando el tema con un pequeño resumen me salió un poco por necesidad de ordenar tantas ideas distintas que habéis ido dejando entre todos estos días. A lo mejor funciona y es interesante. Al menos a mí me sirve para recapitular un poco todo lo hablado. Un abrazo.
Llega un momento en que uno empieza a mirar ciertas cosas con menos necesidad de encontrar culpables o explicaciones perfectas. No porque deje de recordar, sino porque ya no tiene la misma fuerza aquella obsesión de querer cambiar mentalmente lo que ya pasó.
ResponderEliminarY es verdad que los años ayudan bastante a recolocar muchas cosas. Algunas incluso tardas décadas en entenderlas un poco.
Un abrazo María Cristina.
Agradecer y apreciar nuestro valor actual. Agradecer todo lo bueno, pero más lo malo, porque allí es donde recibimos las más grandes enseñanzas. Aprender a vivir cuesta reponernos de muchos intentos fallidos. Cada vez que regresamos al pasado en nuestros pensamientos, agradecer y más agradecer.
ResponderEliminarUn abrazo.
Lo difícil muchas veces no es solo pasar página, sino dejar de volver mentalmente una y otra vez al mismo sitio. Y ahí creo que tienes razón en algo importante: con los años uno acaba entendiendo que incluso de etapas muy malas terminó sacando cosas que entonces era incapaz de ver.
EliminarEso no quita que algunas hayan dolido mucho, claro. Pero vistas con distancia, muchas veces fueron las que más acabaron moviéndonos por dentro. Un abrazo Sara.
El pasado puede enseñarnos, pero no tiene el poder de condenarnos. Cada experiencia vivida, incluso aquellas que nos avergüenzan o nos duelen, forma parte de un proceso de crecimiento. Los errores son señales de humanidad. Todos caemos, todos dudamos, todos atravesamos momentos donde sentimos que hemos perdido el rumbo. Sin embargo, lo verdaderamente importante no es cuántas veces fallamos, sino la decisión de volver a intentarlo. El cambio no ocurre de manera repentina ni milagrosa. El futuro se construye lentamente, a través de pequeñas decisiones cotidianas.
ResponderEliminarCreemos que necesitamos borrar nuestro pasado para avanzar, cuando en realidad lo que necesitamos es reconciliarnos con él y usarlo como aprendizaje.
Una persona puede reinventarse, sanar y descubrir nuevas posibilidades incluso después de haber atravesado fracasos o dificultades muy grandes. El futuro no está escrito; se moldea con la actitud y las decisiones del presente. Aunque no siempre podamos controlar lo que nos ocurre, sí podemos decidir cómo responder ante ello. Y ahí, precisamente, reside nuestra libertad: en la capacidad de elegir quién queremos ser a partir de ahora.
Un abrazo Ángel
Toñi, hay algo que me parece muy cierto en lo que dices y es esa idea de que muchas veces queremos borrar partes enteras de nuestra vida como si así pudiéramos empezar de cero. Y al final lo único que conseguimos es seguir peleándonos con algo que ya forma parte de nosotros.
EliminarTambién creo que cuesta aceptar que cambiar suele ser muchísimo más lento y más cotidiano de lo que imaginamos. Uno espera grandes giros, grandes momentos de claridad, y casi siempre todo acaba ocurriendo en cosas pequeñas, en detalles, en decisiones normales de un martes cualquiera.
Un abrazo Toñi.
De muy pocas decisiones me arrepiento, Angelo, porque un poco de cada una me trajeron al aquí y ahora. Las equivocadas, si no se pueden corregir es mejor olvidarlas y continuar la vida disfrutando de cada amanecer. Un abrazo.
ResponderEliminarPues eso ya es bastante, Gil. Hay gente que llega a cierta edad sintiendo que prácticamente todo lo hizo mal. Poder mirar atrás y pensar que, con errores y todo, la mayoría de decisiones no te pesan demasiado en la conciencia me parece una suerte enorme.
EliminarSupongo que también tiene mucho que ver con cómo ha vivido cada uno las cosas y con la intención que había detrás en cada momento.Un abrazo Gil.
Yo me llevo muy bien con el presente, Angelo; me estimula, pues la vida invita a seguir respirándola, caminándola, entenderla y mejorarla, pero también me llevo muy bien con mi pasado, pues, lógicamente, soy, con aciertos y errores, hijo de él, creación de él, historia de él. A veces reviso diarios escritos de hace diez, veinte años y no dejo de asombrarme de cómo la vida era intensa, pese a las preocupaciones, ilusiones, decisiones, aciertos y errores, además de la aparición del amor, de los hijos... Y sabes que, tras leerlo, ha servido de mejora, que todas esas vivencias han construido al hombre que hoy sigue en pie, humildemente, aprendiendo y gozando los instantes nuevos.
ResponderEliminarNos pusiste a pensar, amigo. Gracias por estos momentos y un fuerte abrazo. .
A veces releer cosas escritas hace diez o veinte años hace que vuelvas de golpe a épocas que casi parecían enterradas. Y ahí aparecen otra vez las preocupaciones de entonces, las ilusiones, los líos, las personas que estaban alrededor… incluso formas de pensar que hoy ves completamente distintas.
EliminarYo al menos, cuando me asaltan algunos fantasmas del pasado, eso intento: no pelearme constantemente con quien fui hace años. Porque al final aquel también eras tú, con la cabeza, las circunstancias y las heridas de aquel momento. Aunque ya te digo que, según me pille el día, algunos fantasmas todavía insisten en llamar a la puerta. Un abrazo fuerte,
Pues a mi me ha pasado, tener un recuerdo de algo que me hizo bastante daño, por considerar que fue muy injusto y que no merecia aquella situacion que me despreciaba, pero despues de muchos años, un dia me compare en ese sentimiento, con el sentimiento que debio tener Jesucristo durante su pasion y de que no ha existido nada en el mundo, nada mas injusto que aquello y que del MAYOR MAL QUE HA EXISTIDO EN LA HUMANIDAD, SE TRANSFORMO EN EL MAYOR BIEN CON SU RESURECCION, DANDONOS LA VIDA ETERNA....pues quien era yo para no cambiar mi recuerdo y llegar a perdonar aquello que me atormentaba ese recuerdo. Asi que mi conclusion es que podemos cambiar nuestros sentimientos de los recuerdos tanto para bien, como para no estar tan orgullosos de creer que hicimos algo muy bien y no lo era tanto.
ResponderEliminarMe parece muy interesante eso que cuentas porque muchas veces un recuerdo no cambia por lo que pasó, sino por la forma en que uno termina mirándolo con los años. Y es verdad que hay heridas que durante mucho tiempo parecen imposibles de soltar hasta que algo hace clic dentro de ti y dejas de alimentarlas igual.
EliminarTambién creo que has dicho algo importante al final. A veces revisamos el pasado solo para castigarnos, pero otras veces también sirve para bajarnos un poco del pedestal y reconocer que quizá no siempre estuvimos tan acertados como pensábamos en aquel momento. Un abrazo Javier.
Hay que mirar atrás solo lo justo, si no es muy difícil avanzar. Gracias por visitar mi blog y comentar.
ResponderEliminarUn placer hacerlo , me gustó, agradezco la visita también. Un saludo cordial
EliminarDe pronto dan ganas de mirar atrás y ver que ha quedado que valga la pena rescatar, pero en general vivo el presente que como su nombre ya lo dice es un regalo
ResponderEliminarEso que dices cambia mucho las cosas. A veces mirar atrás no duele tanto por lo que uno hizo consigo mismo, sino por pensar si pudo hacer daño a otras personas sin darse cuenta o sin medir bien las consecuencias.
EliminarLos errores propios muchas veces acabas integrándolos, aprendes algo y sigues adelante. Lo que cuesta más digerir es cuando en esos recuerdos aparecen personas concretas y te preguntas si podrías haber actuado mejor con ellas.
Pero la realidad, y seguramente el mejor consejo que podemos dar y recibir, es vivir ese presente del que hablas. Al final es lo más real que tenemos en nuestra vida.
Antes del próximo post...
ResponderEliminarEn estos comentarios han salido muchísimas formas distintas de mirar atrás. Personas que todavía siguen dándole vueltas a decisiones antiguas, otras que aprendieron hace años a soltar ciertos lastres y también quienes prefieren no vivir demasiado pendientes del pasado porque saben que ya no puede cambiarse.
Han aparecido recuerdos muy concretos que siguen intactos después de décadas, diarios antiguos, frases de abuelos que todavía acompañan, canciones, escritura como refugio, fe, perdón, jubilación, sensación de vacío, angustia y mañanas especialmente difíciles en las que la cabeza parece empeñada en volver siempre al mismo sitio.
También se ha repetido bastante esa idea de que muchas veces entendemos mejor los errores ajenos que los propios. A los demás solemos concederles contexto, tiempo y comprensión, mientras que con uno mismo cuesta muchísimo más hacer ese ejercicio.
Y entre todo eso también habéis hablado de aceptar lo vivido, de seguir adelante, de no convertir la vida en un juicio permanente y de entender que casi todos tomamos decisiones con bastante menos claridad de la que hoy creemos que teníamos.
Gracias de verdad por todo lo que habéis compartido estos días. Ha habido comentarios muy sinceros, muy personales y muy humanos.
Un buen resumen de vida, si no reflexionamos, no tendremos experiencia, ni madurez...Angelo...Mi abrazo y feliz finde.
EliminarNo merece la pena para nada echar la vista atrás, rectificar, si el adversario no quiere no hay nada que hacer.
ResponderEliminarLo siguiente es mirar hacia el frente y dar la espalda a lo que no tiene solución.
Lo único que queda es el presente, a la lecciòn del pasado para aprender, que no se vuelva a repetir.
Angelo, he visto esta entrada de casualidad, por lo visto en mi blog no se ha actualizado bien.
Un placer siempre venir a tus letras siempre con reflexivas.
Un abrazo
mariarosag814@gmail.combmariarosag814
ResponderEliminarAngel quizá tendría uno que nacer dos beses para no equivocarse lo digo por mi modo de ser sufrir por todo sin necesidad
ResponderEliminarVine siguiendo tu sugerencia de volver para ver la reflexión final, gracias Angelo!
ResponderEliminar