Cristo vive… ¿y nosotros?
Hace veintiún siglos una tumba amaneció vacía. Esa es la afirmación más audaz del cristianismo. Y, sin embargo, uno puede caminar hoy por cualquier calle un domingo de Pascua y nadie diría que sus protagonistas acaban de celebrar semejante noticia. No se nos nota demasiado. Ni en la cara, ni en la manera de hablar, ni en la forma de vivir.
Hace tiempo leí una pregunta que se me quedó clavada: ¿qué hemos hecho de nuestra alegría por el Resucitado? Porque si Cristo vive de verdad, algo debería cambiar. Y si no cambia nada, el problema no está en la Resurrección.
La fe cristiana no se apoya en una idea bonita ni en una ética admirable. Se apoya en un hecho: Cristo está vivo. Si eso no fuera cierto, lo nuestro sería memoria respetable y poco más. Pero si es cierto, entonces estamos diciendo que la muerte perdió. Y eso no es un detalle de catecismo. Es un vuelco total.
Jesús no habló de aguantar. Habló de gozo. “Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea pleno”. Y añadió que nadie podría arrebatarnos esa alegría. Nadie. Si creemos eso, ¿por qué cualquier contratiempo nos roba la paz? ¿Por qué vivimos con esa preocupación constante como si todo dependiera únicamente de nosotros?
En muchas eucaristías todo está en su sitio… menos la alegría. Las respuestas son correctas, los gestos precisos, pero a veces salimos igual que entramos. No hablo del dolor, que todos lo conocemos. Hablo de esa falta de vibración interior que hace que la Pascua no pase de ser una celebración más.
Y aquí viene lo incómodo: hay cristianos que se aburren de serlo. Que hablan de Dios sin entusiasmo. Que se toman muy en serio detalles secundarios y apenas transmiten vida cuando pronuncian el nombre de Jesús. Si uno puede aburrirse creyendo en un Resucitado, algo no encaja.
Quizá hemos convertido la fe en trámite. Sabemos hacer lo que toca, pero no siempre sabemos disfrutar lo que creemos. Buscamos a Dios cuando algo se rompe, pero no siempre lo reconocemos como la raíz profunda de nuestra alegría. Y así el asombro se nos va apagando.
Si proclamamos que la muerte fue vencida y vivimos permanentemente preocupados como si todo dependiera solo de nosotros, algo no cuadra. Si decimos que seguimos a un Viviente y nuestra fe apenas se nota en el día a día, quizá la Pascua se nos ha quedado en teoría.
Y lo peor es que nos hemos acostumbrado a esa incoherencia. Hasta la justificamos. “Es que la vida está muy dura”, “es que tengo mil cosas”, “es que ya sabes cómo es el mundo”. Como si la Pascua fuese un mensaje bonito para cuando todo va bien, pero no una noticia capaz de sostenerte cuando todo se complica.
La Resurrección no elimina los problemas, pero cambia el fondo sobre el que los vivimos. No nos hace invulnerables, pero sí más confiados. No borra el dolor, pero cambia la manera de afrontarlo. Y eso debería notarse en algo concreto: en cómo perdonamos, en cómo afrontamos una enfermedad, en cómo miramos el futuro.
Χριστός Ανέστη. Cristo ha resucitado. Así se saludan los cristianos ortodoxos durante la Pascua cuando se encuentran por la calle o se cruzan en cualquier lugar. Uno lo dice y el otro responde: “Verdaderamente ha resucitado”.
Es un saludo breve, pero contiene todo. No hace falta explicarlo mucho, se vive y ya está
¡Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado! Bastaría con ver cómo vivimos para entender que lo creemos.
Os deseo a todos una Pascua llena de vida, de verdad y de alegría de la buena.
Porque quizá la Pascua no se trata solo de celebrar que Cristo vive, sino de preguntarnos si nosotros le amamos así.
Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.
Cristo ha resucitado! En verdad ha resucitado! Me lo creo y lo afirmo con seguridad….
ResponderEliminarPero mi naturaleza es débil y frágil, herida por el pecado por eso caigo y vuelvo a caer, pero sé de quién me fío y quien me sostiene y vuelvo a empezar con la alegría y la confianza de saberme amada y acompañada. Seguro q muchas veces no sé mostrar esa alegría pero no dejo de sentirla y vivirla dentro de mi.
Como dice San Pablo, si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe.
FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!! Un abrazo!