Reflexiones que nacen de vivir, pensar y seguir preguntando

03/09/2026

Menos mal que a mí ya no me toca

Hombre mayor tomando café en la terraza de un bar mientras observa a padres y niños con mochilas de camino al colegio.

Llega septiembre y a media ciudad le cambia la vida de un día para otro. A mí también, pero justo al revés.

Sales una mañana de principios de septiembre a por el pan, tan tranquilo como has estado todo agosto, y de repente la ciudad ha cambiado de la noche a la mañana. Donde ayer aparcabas con una mano, hoy no cabe un alfiler. Suenan los cláxones, hay coches en doble fila delante del colegio, padres y madres con cara de no haber dormido y críos cargando mochilas que pesan más que ellos. No hace falta mirar el calendario. Ha llegado la vuelta al cole, y se nota en toda la calle aunque uno ya no tenga a nadie a quien llevar.

Lo mejor es la cara de los padres, que es un poema. Durante semanas han ido diciendo por ahí, muy compungidos, aquello de qué pena, que se nos acaba el verano con los niños todo el día en casa. Pero el primer día de septiembre los ves salir del colegio con una alegría que no hay quien disimule, deseando llegar a una casa por fin en silencio. Lloran por fuera y descorchan por dentro, que ya está bien de dibujos animados a todo volumen y de tener que inventarse un plan cada tarde para entretener a la tropa.

Y no falla el ritual de la foto. En la puerta del colegio, cada primero de curso, se monta una sesión digna de alfombra roja. El niño tieso, con el uniforme sin estrenar y una mochila que le llega a las corvas, y los padres agachados buscando el mejor ángulo mientras la criatura pone cara de ir al matadero. Luego, cómo no, a subirlo todo a las redes, que si no hay foto es como si el crío no hubiera empezado el colegio. Y eso que las tiendas llevan avisando desde primeros de agosto, con el calor todavía apretando, no vaya a ser que se nos olvide sufrir a tiempo.

Después llega el peregrinaje a la papelería, que esos días parece la cola de un concierto. Listas de material que no se acaban nunca, un rotulador de una marca concreta que no hay manera de encontrar en ningún sitio, y la tortura antigua de forrar los libros. Me acuerdo de cuando los míos empezaban el curso y me tocaba pelearme con el papel de forrar, que se me arrugaba, se me pegaba donde no debía y me dejaba el libro con más burbujas que un vaso de gaseosa. Pero con cinco hijos y tantos septiembres a la espalda, uno acaba cogiéndole el tranquillo, y llegué a forrar libros que ni en la imprenta, lisitos y sin una sola arruga.

Lo gracioso es que la cosa nos arrastra a todos, tengamos niños en el cole o no. El tráfico vuelve de golpe, las terrazas se vacían, el parque se llena otra vez de gritos y pelotazos, y hasta el bar de la esquina cambia de clientela. Septiembre es en realidad el enero de los adultos, el mes de los buenos propósitos. Se llenan los gimnasios de gente con muchas ganas y ropa estrenada, que durará lo que dure el buen tiempo, y todo el mundo va jurando que ahora sí, que este curso las cosas se hacen bien.

Yo todo esto ya lo miro desde la barrera, con un café en una terraza, viendo pasar a los padres a la carrera. Y no os voy a engañar, de envidia nada. Lo que se me escapa por dentro es un uff, menos mal que ya pasó, para qué ponernos finos. Pero lo digo sin ninguna chulería, con el cariño del que también corrió lo suyo y sabe muy bien lo que pesa esa mochila. A los que volvéis otra vez al curso, mucho ánimo y mucha paciencia, que el chaparrón de septiembre es duro pero corto. Y no lo dudéis, que un día os llegará también a vosotros esta calma, y os va a saber a gloria, os lo firmo.

¡Hala, papás, a celebrarlo, que septiembre ya llegó!

3 comentarios

  1. Imagine living in USA where the school starts in mid August LOL I have never understood that, so weird to start school while it is still hell outside, not that it is not hell in September as well these days. I actually live near the local primary school, so streets are always filled with the younglings.

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  2. Los años escolares se me hicieron muy largos pero ahora los miro con nostalgia. Un beso

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  3. Bien descrito Angel, así son las vueltas al cole de los niños jajaja
    Pero mi experiencia durante más de 35 años la he vivido desde dentro, como profesora de primaria, con lo cual el sentimiento no era tanto como madre que deja a sus hijos en el cole (que también), sino como profe que recibe esas joyitas que los papás dejan a nuestro cargo, algunos con alegría como con tanto humor describes y otros no tanto, todavía hay padres que sienten pena al dejarlos jajaja…

    Lo cierto es que septiembre no es un mes fácil, necesita su rodaje y periodo de adaptación. Lo que a mi me servía era no mirar atrás con nostalgia porque lo pasado nunca se puede cambiar y tampoco ayuda dejarse llevar por la pereza y el lamento, intentaba afrontarlo con decisión y positividad, poniendo ilusión en el proyecto de un nuevo curso que comienza, sobre todo pensando que mis alumnos se merecían una profesora apasionada por su trabajo y que merecían lo mejor de mi. Reconozco que no siempre era fácil mantenerse arriba, pero si recuerdo que siempre que pasaba el umbral del aula mi transformación era total, no dejaba en mi ni un resquicio para el cansancio o la desazón, aunque por dentro me sintiera rota.
    Sin duda que no fui una profesora perfecta, pero mi lema de vida profesional era amarlos y que se sintieran queridos, que se sintieran importantes y únicos… si lo conseguí o no, Dios lo sabe. Afecto sigo recibiendo de ellos a raudales, cuando me los encuentro (muchos ya casados y con hijos) siguen acordándose de mí con cariño, me saludan, me abrazan y para mi ya es agradecimiento pleno.
    Es una profesión preciosa y doy gracias a Dios por este llamado a ejercer la vocación en el ámbito de la enseñanza.

    Perdón por la extensión en mi comentario, quizás me hay salido un poco del hilo de tu post que con tanto humor describes, yo me he puesto más seria, pero tengo tan reciente mi ejercicio profesional (me jubilé el pasado año) que me han venido montañas de recuerdos,

    Muchas gracias Angel. Un fuerte abrazo.
    .

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