Reflexiones que nacen de vivir, pensar y seguir preguntando

30/08/2026

Las vacaciones no hacen milagros

Hombre de mediana edad en la terraza de un apartamento vacacional, sosteniendo una taza mientras contempla el mar Mediterráneo en una tranquila mañana de verano.

Llegamos a agosto convencidos de que unas semanas de descanso van a poner en orden todo lo que el resto del año ha ido descolocando. La realidad suele ser bastante más interesante.

He empezado a relacionarme otra vez con los que se marcharon de vacaciones y creo que ninguno me ha hablado de optimismo. Todos me ponen más o menos la misma cara y recurren a las frases de cada septiembre: "Qué poco ha durado", "Se acabó lo bueno", "Otra vez a la rutina" y la más repetida: "Ya hasta Navidad". Lo dicen con un desánimo que parece que septiembre tuviera la culpa de algo.

Puedo entender que la vuelta cueste. Deshaces la maleta y, a los dos días, ya andas otra vez con la mosca detrás de la oreja, como si aquellas semanas las hubiera vivido otro. Miras el calendario, ves septiembre entero por delante y se te cae el alma a los pies. Pero una cosa es echar de menos las vacaciones y otra dar por terminado todo lo bueno del año.

Me pregunto por qué a algunos les pesa tanto la vuelta. Sospecho que septiembre tiene poca culpa y que el lío está en lo que le han echado encima a agosto. Le piden demasiado. Ahí meten el descanso, que es lo suyo, pero también todas las ganas de disfrutar que han ido aparcando durante el año. Como si la vida buena empezara al hacer la maleta y se terminara al deshacerla.

Creo que ahí está buena parte del problema. Hay quien va apartando lo bueno para ciertas fechas señaladas. El viaje, la escapada, la comida del domingo en familia, esas dos semanas de verano que se esperan durante meses. Los otros días se pasan mirando el calendario, aguardando a que llegue lo que merece la pena. Es lógico volver hundido si uno piensa que ya ha gastado su ración de buenos ratos y ahora toca esperar doce meses hasta la siguiente.

Tal vez pedimos a las vacaciones más de lo que pueden darnos. Queremos descansar, olvidarnos de las preocupaciones y regresar como nuevos. Todo en dos o tres semanas. Luego volvemos y descubrimos que seguimos siendo los mismos. Uno se lleva de viaje su propia cabeza. Las preocupaciones que dejas en casa te esperan con una paciencia de santo, y el que discute en enero puede discutir también en agosto, aunque sea por dónde aparcar el coche.

También hay quien organiza el descanso con una agenda tan apretada que regresa necesitando otras vacaciones. Queremos aprovechar cada minuto, verlo todo, probarlo todo y hacer fotografías que demuestren lo bien que lo hemos pasado. Después, cuando recordamos aquellos días, resulta que lo mejor fue una conversación sin prisa, una cena que acabó en carcajadas o una tarde en la que no hicimos nada especial.

Ahí puede estar la pista. Esos buenos ratos no pertenecen al lugar donde hemos veraneado. Una conversación larga, un paseo, una comida tranquila o el gusto de leer sin mirar el reloj también caben en septiembre. No tendremos todo el día por delante, pero no desaparecen porque hayamos vuelto a casa.

Incluso la vuelta tiene cosas buenas. Recuperamos conversaciones que quedaron a medias, volvemos a encontrarnos con personas a las que echábamos de menos y retomamos planes que habíamos dejado aparcados. A veces también apetece recuperar ciertas costumbres de casa. No hace falta recibir al despertador con una sonrisa, que tampoco vamos a exagerar, pero entre eso y declarar terminado el año hay bastante distancia.

Pienso también en quienes este verano no han podido marcharse o no han tenido demasiados motivos para celebrarlo. Para ellos eso de "se acabó lo bueno" debe de sonar todavía más extraño. Lo bueno no siempre coincide con un viaje. Puede aparecer una tarde cualquiera, en una visita, una llamada que llega a tiempo o un rato de calma. Los problemas siguen ahí, pero ese rato se agradece.

Por eso no quiero mirar septiembre como el comienzo de una condena. Habrá rutina, obligaciones y días que se hagan largos, por supuesto. Pero también habrá comidas con amigos, paseos, películas, conversaciones y días que salgan mejor de lo esperado.

Yo, por lo menos, no pienso pasarme estos meses esperando la Navidad. Bastante deprisa va ya el tiempo como para empujarlo. Prefiero ver qué traen estos días.

Pues eso... vacaciones de verano.

2 comentarios

  1. Pues si Angel, me quedo con tu última frase “bastante deprisa pasa ya el tiempo, como para empujarlo” …
    Cada día es un regalo y cada día trae su propio afán (como dice el Evangelio)
    El verano está muy bien para hacer planes distintos y romper la rutina del invierno, pero que llegue septiembre para volver a ella también está muy bien.
    Vivamos el presente y disfrutemos el hoy, que mañana Dios dirá.

    Muchas gracias Angel! Un fuerte abrazo!

    ResponderEliminar
  2. I have never in my life been on a vacation, but I imagine it is exactly as you described - you wish it lasted longer. Sometimes when I work I wish I would have a break, but when I am on a break between books, I miss work and wish it would start again LOL School starts here September 1st and I think many kids wish it was still July, while the parents cannot wait to send them off to school LOL Teachers, meanwhile, are taking pills for the upcoming headaches....

    ResponderEliminar

Los comentarios son la mejor parte de esto. Si algo te ha movido, te ha irritado o simplemente quieres añadir algo, este es tu sitio. Solo te pido lo mismo que yo me comprometo a darte: respeto, buena fe y ganas de entenderse.

Blogger Template Created by pipdig