Mi nieta tiene cinco años y la habilidad de hacer preguntas incómodas cuando menos te lo esperas. Íbamos paseando tan tranquilos cuando, desde el patinete y sin mirar siquiera hacia atrás, me preguntó qué haría yo si volviera a ser joven. Yo, que para ciertas cosas sigo improvisando fatal, reaccioné hablando de juguetes. Le dije que me compraría el Scalextric grande, el de verdad, no el circuito pequeño y medio triste que me trajeron a mí. También un Madelman con jeep y tienda de campaña y un Exin Castillos enorme, que necesitaba más metros cuadrados que algunas viviendas de hoy. Ella me escuchaba seria. Luego preguntó: "Abuelo, ¿eso existe?". Le dije que sí. Bueno, que existió. Después siguió calle abajo con el patinete, como si no hubiera pasado nada.
Esa noche tardé en dormirme. Cuando la casa se quedó en silencio, volvió la pregunta, pero los juguetes ya no tenían ninguna importancia. Empecé a pensar en cómo era yo entonces y en todo lo que haría de otra manera si pudiera regresar a aquellos años sabiendo lo que sé ahora. Sí cambiaría unas cuantas cosas. Lo digo sin problema. Negarlo quedaría muy bien, pero no sería verdad.
Habría escuchado mucho más. Sin duda. Durante años confundí tener personalidad con no hacer caso a nadie. Escuchaba un consejo, asentía y luego hacía lo que ya había decidido desde el principio. Me creía más listo de lo que era y muchísimo más preparado para la vida de lo que estaba en realidad. Algunas personas veían perfectamente dónde me estaba metiendo. Intentaban avisarme y yo pensaba que exageraban, que no entendían o que hablaban desde una época que ya no era la mía.
Ahora puedo reconocerlo sin buscar excusas. Muchos tenían razón. No en todo, claro, porque los mayores también se equivocan. Pero hubo muchísimas veces en las que debería haberme parado a escuchar. No me faltaron advertencias. Llegaron de personas que conocían bien la vida y me conocían a mí. Intentaban evitarme golpes que ya veían venir. Hoy recuerdo algunos consejos casi palabra por palabra y me sorprenden las vueltas que di para no aceptar algo que otros veían con bastante facilidad.
Algunas decisiones trajeron consecuencias que tardaron bastante en arreglarse. También me metí en sitios donde sabía perfectamente que no tenía que meterme. Nadie me llevó engañado. Entré convencido de que controlaba la situación, de que podría salir cuando quisiera y de que conmigo sería distinto. Esa seguridad me salió cara más de una vez.
Lo peor era comprobar después que alguien ya me lo había dicho. Entonces tampoco corría a darle la razón. Me callaba, buscaba alguna explicación y procuraba que no se notara demasiado que había metido la pata. Cuando llegaron las consecuencias, mi orgullo ya no tenía ninguna explicación buena. De muchas cosas salí, claro. Otras se quedaron conmigo más tiempo del que imaginaba. Las consecuencias de algunas decisiones las he arrastrado hasta hoy, sin haber conseguido soltarlas del todo.
Ahora veo algo parecido en los jóvenes de hoy y también lo he visto en mis propios hijos. Les das un consejo con la mejor intención y parece que les sobra antes de que termines la frase. Esto viene de lejos. Nosotros hicimos lo mismo. Cada generación quiere descubrir por su cuenta lo que otros ya intentaron contarle. Hay cosas que no aprendemos cuando nos las explican. Las aprendemos después, cayendo, pegándonos una buena torta, equivocándonos y sufriendo las consecuencias. A los padres nos cuesta verlo sin intervenir, aunque sabemos que tampoco podemos vivir por ellos.
Por eso, si pudiera sentarme un rato con aquel joven, no perdería el tiempo hablándole del Scalextric. Tampoco le daría un discurso, porque sé que a los veinte años yo desconectaba en cuanto alguien empezaba a ponerse solemne. Le diría que escuchara. Que no todos los consejos eran una intromisión ni todos los límites un intento de fastidiarle. Le pediría que hiciera caso, sobre todo, a las personas que lo querían y no ganaban nada llevándole la contraria.
Seguramente no conseguiría evitar todos los errores. Puede que ni siquiera me hiciera caso. Pero insistiría. Ahora sé que algunas decisiones que defendí con más empeño fueron las que más me perjudicaron.
Esta canción habla desde un sitio que conozco bastante bien: el orgullo, las dudas y todas esas tonterías que uno tarda años en entender.
I bet it is lovely having more experienced people giving you advice and directions in life. I have never had it, but I can imagine how it could change people's lives having a wise help.
ResponderEliminarI was lucky, Dezmond, although at the time I often saw those people as a nuisance. They warned me, argued with me and told me things I did not want to hear. I thought I knew better. Today I am almost ashamed of how little I valued what I had. You had to find your own way, and there must have been moments when a few honest words from someone older would have saved you a lot of pain. I wish that person had been there for you. You deserved it. You have become someone I admire, and knowing that you did it without that support makes me value you even more.
EliminarMuchos aprendemos a base de golpes pero piensa que algunos no aprenden nunca. Un beso
ResponderEliminarCon algunos no hay manera, Susana. Pase lo que pase, siempre encuentran a otro al que cargarle la culpa. Yo he tardado mucho en algunas cosas, pero por lo menos ya no puedo decir que nadie me avisó.
EliminarAceptar que no se sabe algo abre espacio a la escucha, suspende la arrogancia y nos devuelve a una dimensión humana donde la duda es, en realidad, la única puerta hacia el aprendizaje auténtico y la dignidad personal.
ResponderEliminarA muchas personas les cuesta reconocer que no tienen una respuesta porque sienten que eso las hace parecer ignorantes, débiles o menos capaces. Otras prefieren dar una opinión, aunque no tengan suficiente información, antes que admitir una duda.
Y, sin embargo, decir «no lo sé» puede ser una de las respuestas más honestas y maduras que existen. Significa que no necesitas aparentar, que sabes reconocer tus límites y que estás dispuesto a aprender.
Lo verdaderamente preocupante no es no saber.
Lo preocupante es hablar con seguridad de aquello que no se sabe.
Abrazo... sin tonterías!!
A mí me ha costado reconocer delante de otros que estaba perdido. Durante mucho tiempo prefería improvisar una explicación antes que quedarme callado. Ahora desconfío bastante de quien contesta a todo sin pensarlo, incluido yo cuando me da por ahí. Con la seguridad que tenía a los veinte, podría haber dado una conferencia sobre cualquier cosa.
EliminarQué bonita reflexión Angel, es tan importante saber reconocer los errores del pasado y del presente, què también los hay y muchos….casi siempre parten de la incapacidad de escuchar a las personas que nos quieren
ResponderEliminarHay un principio psicológico muy certero que dice que los adolescentes reafirman su personalidad en contra de la de sus padres, que por norma general, son las personas que más nos quieren y más buscan nuestro bien.
Esto es así, lo vemos continuamente, por más que cambien las épocas, la esencia de ser humano no cambia.
Muchas gracias Angel, me gusta que escribas cosas que me interpelen y me dejen pensando.
Un fuerte abrazo.
Lo incómodo, Paula, es admitir que esto no terminó al cumplir años. Todavía hoy puedo cerrarme cuando alguien cercano me dice algo que no me apetece oír. Uno mejora en algunas cosas, pero sigue teniendo sus días tontos. Un fuerte abrazo
EliminarI think it is important to be open to learning. We don't know everything and there is so much to learn! Thank you for sharing this post.
ResponderEliminarI hope I never reach the point where I believe nobody can teach me anything, Linda. I have already been wrong too many times to make that mistake again.
EliminarMe gustó mucho tu entrada, intimista, sincera, reflexiva.
ResponderEliminarGracias por mostrarnos esa parte de ti.
Saludos con afecto.
No quería proteger al joven que fui. Si hablaba de él, tenía que hacerlo sin echar balones fuera ni buscar una versión más amable. Gracias por recibir el texto con tanto cariño.
EliminarConozco bien lo que comentas. Los niños con su inocencia nos hacen preguntas "simples" que nos quedan dando vueltas en la cabeza por buen rato.
ResponderEliminarDe jóvenes solemos ser así, nos creemos dueños de la verdad y pensamos que podemos jugar con fuego sin quemarnos y aprendemos cuando ya nos quemamos. Pero la experiencia suele ser el mejor maestro.
Abrazos!
Los niños sueltan la pregunta y siguen a lo suyo. El adulto es quien se queda rumiándola. Yo tenía mucha más seguridad que criterio, y algunos consejos solo los entendí cuando ya era tarde.
EliminarBuenos días Ángel, gracias por ser tan sincero. Creo sinceramente que asi es la vida por desgracia, yo recuerdo unas palabras de mi abuela que me decía que tropezando se aprende pero que no siempre tropezamos bien, por supuesto yo no sabía bien que quería decir pero la vida te enseña y como tu bien dices algunas decisiones nos acompañaran siempre. Yo encuentro consuelo en que tuvo que ser así pues para eso Dios nos dio libertad para elegir. Gracias de corazón por escribir siempre siendo tan sincero. Que pases un buen día.
ResponderEliminarMe ayuda pensar que Dios nos dio libertad, Brigi. Lo ocurrido sigue ahí. Aun así, todavía puedo decidir qué hago hoy con ello. Las palabras de tu abuela son de las que uno entiende muchos años después.
EliminarNunca es tarde si la dicha es buena...También yo recuerdo los consejos de mi madre, que no seguí...La reflexión es la mejor forma de madurar y encontrarnos con nosotros mismos.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y feliz mes de septiembre, Angel
Yo me conformo con que lo aprendido tarde me sirva para no repetir exactamente lo mismo. Lo anterior no cambia, pero algo hace. Desde luego, ahora escucho con mucha más atención cuando alguien cercano intenta decirme algo. Gracias por tu aportación.
EliminarGracias por tu comentario, te echaba de menos...os valoro mucho a todos, Angel.
EliminarMi abrazo siempre, amigo.
Hola, Angelo. Me ha parecido un reflexión sincera contigo mismo, y muy madura... je Saber mirarse dentro con calma y sabiduría aprendida es un regalo que te haces a ti mismo y no todos pueden y se permiten hacerlo. También es valeroso y sobre todo humilde. Es lo que más me gusta de tu conclusión "a vida vivida". Eso me dice que de cierta forma, tú has sabido crecer desde el error y lo convertiste en aprovechamiento. Se llama aprendizaje.
ResponderEliminarTu manera pausada de explicar las cosas, es estupenda. Da gusto leerte.
Abrazo.
Hasta pronto.
Me lees con mucha generosidad. He necesitado muchos años para admitir cosas que otros vieron enseguida. Ahora puedo contarlas sin buscar una disculpa para cada una. Ya es bastante más de lo que habría hecho aquel joven.
EliminarAlgunas veces no he escuchado y más valdría haberlo hecho, con mis hijos pasa lo mismo, cada uno quiere hacer su propia experiencia, esta es la vida Ángel, un abrazo!
ResponderEliminarCon mis hijos he tenido que morderme la lengua más de una vez. Cuesta saber cuándo conviene insistir y cuándo toca apartarse. Yo todavía no estoy seguro de haber acertado siempre.
EliminarAngelo, qué reflexión tan honesta y tan bien hilada nace de esa pregunta sencilla de tu nieta, que desde el patinete te soltó sin mirar atrás “qué harías si volvieras a ser joven” . Me ha gustado cómo el recuerdo de los juguetes —el Scalextric grande, el Madelman con jeep, el Exin Castillos que ocupaba más metros que una casa de hoy — se va desvaneciendo cuando llega la noche y aparece la pregunta verdadera: qué decisiones cambiarías si pudieras volver sabiendo lo que sabes ahora . Hay una sinceridad enorme en reconocer que confundías personalidad con no escuchar a nadie, que asentías y luego hacías lo que ya habías decidido desde el principio , y que muchas advertencias venían de personas que te querían y no ganaban nada llevándote la contraria . También es valiente admitir que algunas decisiones se quedaron contigo más tiempo del que imaginabas, que no todas se arreglaron rápido y que algunas consecuencias aún hoy pesan un poco . Me ha parecido precioso ese gesto final: si pudieras sentarte con aquel joven, no le hablarías de juguetes ni le darías un discurso solemne, solo le pedirías que escuchara, que entendiera que no todos los límites eran un fastidio y que prestara atención, sobre todo, a quienes lo querían de verdad . Una reflexión madura, serena y escrita desde la vida vivida, que deja pensando y que toca porque todos hemos sido ese joven que creía saber más de lo que sabía.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
No sé si los años me han vuelto más sabio o más maduro. Lo que sí han conseguido es que ya no necesite fingir que siempre tuve razón ni buscar una explicación para cada error. Al recordar algunas cosas todavía pienso cómo pude estar tan seguro de mí mismo. Has leído el post con mucha atención y me alegra que haya llegado justo como quería contarlo. Abrazo
EliminarTípica pregunta de un
ResponderEliminarniño,(en este caso niña),
de esa edad, buena noche
un saludo.
Pues a mí me dejo KO. Saludos
EliminarLos niños saben sorprender donde no hace falta:))
ResponderEliminar¡Me gusta el video, saludos para ti!
Cada día me sorprenden más, parece que ya nazcan aprendidos. Un saludo
EliminarA veces es bueno escuchar, asi vamos
ResponderEliminaraprendiendo, como los ninos de ahora,
saben mas que nosotros.
Besitos dulces
Siby
Creo que siempre es fructífero el escuchar. Muchas gracias por la aportación y visita. Un saludo
EliminarEsa es la gran tragedia entre cada generación.
ResponderEliminarSe dilapida la experiencia de los padres o de los abuelos como si no importara nada.
Y claro... se estrellan muchas veces, alguna vez ya les va bien pero las otras se las podrían haber ahorrado.
Yo mismo pienso en mis padres muchas veces... en lo que debieron sentir por cosas que yo hice, lo que debieron padecer y yo jamás me enteré.
Si pudiera volver atrás haría caso de muchos consejos que me dieron y que yo ignoré.
Me pasa exactamente igual. Ahora entiendo mucho mejor lo que debieron sentir mis padres ante algunas decisiones mías que entonces me parecían estupendas. Quizá por eso hoy procuro escuchar a todos y dar pocos consejos. Solo doy aquellos en los que otros me ayudaron a mí.
EliminarMuchas veces, la experiencia que tenemos la hemos adquirido a base de hacer cosas que ahora ni siquiera se nos pasarían por la cabeza.
ResponderEliminarYo he pagado unas cuantas de esas lecciones a precio de lujo. Lo peor es que muchas veces alguien ya me había dado la respuesta gratis.
EliminarEn general, las experiencias de cada uno no sirven para los demás... "Ca uno es ca uno", como dicen por estas tierras de María Santísima. Pretender que otro siga lo que le aconsejamos por nuestras vivencias, sobre todo los hijos, es tarea imposible. Y la cosa es recíproca, tampoco hacemos casos nosotros a "los otros". "Ca uno es ca uno"...
ResponderEliminarUn abrazo, amigo
A estas alturas he comprobado que suele funcionar mejor estar cerca y dejar espacio. Lo difícil es morderse la lengua cuando ves venir el tropiezo, porque ahí sale el padre que llevamos dentro y quiere colocar la señal de peligro antes de que nadie la pida.
EliminarDebo confezar y no sin vergüenza que si pudiera acercarme al joven que fui y lo aconsejara, se que no me escucharía, cabezota que soy, no sé, veré si se hacerca mi yo del futuro y me aconseja y lo escucho sabré que he madurado.
ResponderEliminarNo sé si con los años aprendemos a hacer más caso. Yo todavía tropiezo con cosas que creía tener más que aprendidas; lo único que ha mejorado es que ahora me doy cuenta antes.
EliminarEvening greetings and thanks for every visit, Andreja!
ResponderEliminarGracias a ti por tus aportaciones
EliminarParte de tu andadura expresada aquí. Gracias.
ResponderEliminarVamos comprendiendo que cada uno tiene que recorrer su propio camino, sus propios retos, su propia vida…
Y es posible que se aprenda tarde, pero se aprende para siempre.
Un abrazo Angelo.
Todas las generaciones pasan por lo mismo, lo importante es que sepamos reconocer que todos necesitamos unos de otros en algún momento de nuestra vida y los consejos oportunos siempre son de una enorme ayuda, nunca son en vano.
EliminarElla le estaba contando la vida a su hija, advirtiendo de lo que ocurriría si... avisando de lo que podría pasar si... metáforas, ejemplos o consejos.
ResponderEliminarÉl le dijo está bien que le cuentes la pelicula pero igualmente irá a verla pero tropezara y se dará contra un muro, sacará sus propias conclusiones. Sólo dile que si quiere algo si necesita algo que venga. Un abrazo
Genial exposición. Me ha gustado.
EliminarCuesta, cuesta mucho aprender de los errores del pasado, Angelo; supongo que tienen su importancia, su qué en el desarrollo humano, aunque nos cueste verlo; hemos de darnos contra la pared para lograr reaccionar según a qué cosas molestas para nuestro desarrollo. Lo que cuentas es sintomático de aquello que necesita tiempo para lograr aceptar que no somos tanto como creemos ni valemos tanto como pretendemos, cabezones. Toda una lección tu interesante propuesta de hoy.
ResponderEliminarUn abrazo grande y a seguir intentando lograr tener la sencillez deseable que nos aparte de orgullos que nos perjudican.
Yo he tardado demasiado en reconocer algunas equivocaciones y todavía sigo cayendo en cosas que creía superadas. Por lo menos, ahora me cuesta menos admitirlo. Con la sencillez avanzo despacio; debo de ser de aprendizaje lento. Otro abrazo
EliminarUna interesante reflexión con la que muchos a nuestra edad coincidimos, si la vida la pudiéramos repetir. no cometeríamos tantos errores.
ResponderEliminarA mi también me hubiera gustado un scalextric como el que montaron en los 60 en mi ciudad, solo los niños y jóvenes mas pudientes lo utilizaban, los demás mirábamos.
Un abrazo.
Hola, Angelo. Qué razón tienes¡ se nota que la vida te ha enseñado al igual que a mi o a las personas de una edad . Y con esto no quiero decir que seamos más viejos o más mayores , simplemente que al haber vivido más hemos tropezado y levantado más veces. Muy bien escrito y muy sincero. Un fuerte abrazo.
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