Me alegra estrenar la vuelta con uno de humor. Este verano, un día que salí a cenar, volví a ver una escena que ya había pillado más veces. Cuantos más años cumplo, más me la voy encontrando. O a lo mejor es que ahora me fijo más de la cuenta. Sea como sea, a mí me hace gracia siempre que aparece, así que aquí la traigo.
A mí me pone nervioso ver al camarero acercarse con la botella de vino envuelta en su trapo blanco. Es el examen final de la asignatura de aparentar que uno tiene paladar. Yo, para escaquearme, siempre hago lo mismo: en cuanto asoma la dichosa carta por la esquina del restaurante, se la planto en las manos al de al lado con un "elige tú, que de esto entiendes" que suena a cumplido y es pura cobardía. Y me quedo tan ancho, viendo cómo le cae el marrón a otro.
Antes de nada te enseña la botella, con la etiqueta hacia ti, para que confirmes que es la que pediste. Uno asiente como si distinguiera una cosecha de otra, cuando solo comprueba que no le han cambiado el tinto por gaseosa.
Pero a veces no hay escapatoria y el camarero te planta el corcho delante. Te lo deja ahí, encima del mantel, como una prueba judicial. Y tú lo miras. No sabes qué mirar, pero lo miras con intensidad, como si el corcho te fuera a confesar sus pecados. Hay gente que lo huele, lo cual a mí me parece una costumbre de lo más extraña. Otros lo aprietan con el pulgar para ver si está blando. Yo opto por el silencio místico. Es la primera regla de oro: si no hablas, no metes la pata.
Luego llega el momento del chorrito en la copa. Aquí empieza el teatro de verdad. Lo primero es agarrar la copa por el tallo, nunca por el cáliz, que parece que estás sujetando un cubata en la feria. Después toca marearlo. Dale vueltas con la muñeca como si batieras un huevo, pero con elegancia. Si alguna gota sale volando y le da al de la mesa de al lado, mantén la mirada. Eso es que el vino tiene "nervio".
Acercas la nariz. No digas "huele a uva", que eso es de principiantes. En el mundo del vino, cuanto más rara sea la comparación, más nivel tienes. Di que notas "cuero viejo", "tierra mojada" o "madera noble". Una vez solté que olía a "despensa de casa antigua en septiembre" y el sumiller casi me da un abrazo.
Y el trago. No bebas, succiona un poco de aire haciendo un ruidito, como si apuraras el último sorbo de un granizado. Pon cara de estar recordando un trauma infantil y suelta la frase definitiva: "Tiene una estructura interesante, aunque quizás un pelín corto en el postgusto". Nadie sabe qué es el postgusto, pero suena a que tienes tres másteres en Burdeos.
Entonces el camarero te mira esperando. Y ahí es donde se gana o se pierde todo. Asientes una vez, despacio y muy serio, y sueltas un "está bien" que no admite réplica. Breve. Contundente. Como un juez. El secreto es que nunca digas "rico" ni "bueno". Eso es de bocadillo de calamares. Tú dices "está bien" y punto, que para eso llevas veinte minutos mareando la copa.
Y que conste que esto es solo el nivel de restaurante. Menos mal que lo de escupir el vino solo está reservado para las catas de profesionales, que ahí ya me apeo yo. Porque, vamos a ver, ¿quién en su sano juicio paga por un buen tinto para luego soltarlo en un cubo? Eso, en mi tierra, se llama tirar el dinero, y encima con alevosía.
La verdad es que todos estamos fingiendo. El que jura que percibe notas de regaliz negro y el que solo quiere que le traigan la chuleta de una vez.
Para quien quiera fingir con algo de fundamento, hay una serie que vi hace un par de años y que está muy bien: Las gotas de Dios, en la plataforma de Apple TV. Va de vino, de catas y de una herencia que se disputa a base de olfato, y enseña más de enología que veinte comidas como la mía. La recomiendo de corazón. Eso sí, quedáis avisados: después de verla, a lo mejor sois vosotros a quienes les plantan la carta de vinos en las manos con un "elige tú, que de esto sabes".
Pero oye, que nos quiten lo bailao y lo bebío.
Pues eso… otra de vino
I live in a country too poor so we never really go to restaurants nor drink wine LOL but all of your tips are ingenious! In other news, being so cleansed due to my diet, my palate can sense any fake non natural ingredients in food. Which wine is your favourite?
ResponderEliminarI hardly ever drink alcohol, Dezmond. Once in a while I’ll have a glass of red, but if I had to choose, I’d go for the sweet ones, especially Pedro Ximénez. A big hug, my friend, which luckily never gives anyone a hangover LOL.
EliminarYo no distingo un vino de la casa de un reserva. Un beso
ResponderEliminarYo ando también por ahí, es más alguna vez que he probado esos que llaman peleón y lo he encontrado mejor que otros gran reserva. Un beso
EliminarI do not drink alcohol. Thank you so much for sharing this, Angelo.
ResponderEliminarThen all that nonsense passes you by completely! A big hug, guaranteed hangover-free.
EliminarYo que de vinos se tanto como mecánica cuántica, agradezco los consejos
ResponderEliminarYo tampoco estoy para dar una clase magistral, así que estamos en buena compañía. Si al menos el post te sirve para disfrutar un poco más la próxima copa, me doy por satisfecho. Un abrazo.
EliminarI don't drink alcohol, nor do I go to restaurants, nor is there an occasion... But I do greet you... you reminded me of a song, which I'll post next time, Bitter Wine :))
ResponderEliminarHug, Andreja
Now you’ve made me curious, Andreja. I’ll have to visit again to find out why it came to mind. A big hug, with zero calories and no hangover :))
EliminarCuando pienso en esas comedias, que se representan a diario en muchos restaurantes, me imagino a los camareros riendo sin parar en la cocina mientras repiten con voz gangosa o aflautada lo que haya dicho el incauto que probó el vino, en fin...
ResponderEliminarQué teatro.
A saber lo que dicen y hacen tras esas puertas, Xavi. Casi mejor no enterarse, que seguro que más de uno no vuelve. Un abrazo grande.
EliminarYo, sencillamente, me
ResponderEliminarniego, y luego doy las
gracias, no me gusta,
saludo.
Bueno también es una buena treta, la probaré. Un abrazo Orlando
EliminarEn estos de los vinos yo tengo un Master! Mis hijos varones siempre traen uno de los buenos. Queda algo y lo guardo en la heladera y lo utilizo para carnes y guisos. Ellos se espantan, es de marca! Mejor así, les digo, la comida lo agradece jajaja! Muy buena tu anécdota, Angelo, todo sea por parecer! Un abrazo!
ResponderEliminarP.D. El muchacho del video no tiene estirpe, lo toma y luego lo agita!
Yo habría pagado por verles la cara al descubrir dónde había acabado aquello. En tu casa manda el sentido práctico y los entendidos solo pueden resignarse. Un abrazo, María Cristina.
EliminarÁngelo, mi lindo amigo, estoy muy feliz de que regreses a mi Azul del cielo, ¡bésame de vuelta!
ResponderEliminarEl mundo de las apariencias.
ResponderEliminarEncantado de verte de nuevo por aquí, ese mundo abarca muchas escenas. Un abrazo
EliminarJajaaaa que bueno cómo lo has contado.
ResponderEliminarYo si alguna vez me ha pasado, no hago ningún paripé, directamente voy al grano y digo: “no entiendo de vinos, a mí que me guste o no me guste” … lo pruebo y si está bueno…perfecto!
Mis preferidos son los tintos Rivera del Duero y sin dudas los dulces como Moscatel, Cream, Pedro Ximenez…
Anda has puesto los dulces como a mi, se lo decía a Dezmond, siempre me apetecen y sobre todo cuando bajo al Sur y tomado en un puerto muy especial. Un fuerte abrazo
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