Tengo una adicción peligrosa: cada vez que busco un hotel para una escapada o pasar unos días fuera, me meto en internet, veo fotos y me transformo instantáneamente en una persona ridículamente ingenua. Veo esa piscina cristalina sin un alma, esas habitaciones que huelen a lino pulcro a través de la pantalla y ese desayuno que parece preparado por un estrella Michelin, y me digo: "Esta vez sí. He encontrado el paraíso a precio de ganga".
Metes los datos, confirmas la reserva convencido de haber descubierto un chollo que a nadie más se le ha ocurrido y te pones a preparar el equipaje. Luego llegas allí y compruebas que el único ingenuo de la historia eras tú.
El primer bofetón de realidad te lo das al asomarte a la piscina. En la web era un santuario donde una pareja madura leía un libro en perfecto silencio. En la vida real, la piscina mide cuatro metros menos de lo que prometía la foto y está custodiada por doscientos huéspedes, seis flamencos gigantes de plástico que obstruyen el tráfico marítimo y un torneo clandestino de saltos de bomba. ¿Las dos hamacas con vistas al atardecer del catálogo? Tienen dueño desde las seis y media de la mañana. Hay toallas allí puestas que parecen llevar cotizando en el hotel desde la época del Imperio Romano.
Llegas a la habitación y te das cuenta de que el fotógrafo no era un profesional: era un mago del gran angular y un maestro de la ilusión óptica. En la pantalla parecía un espacio amplio donde podrías organizar una cena de amigos sin agobios. Al cruzar la puerta, notas que los metros cuadrados han encogido misteriosamente en el trayecto. La cama está bien, sí, pero el balcón con "zona de relax" exige que metas la barriga, saludes al vecino de frente y negocies cada movimiento en diagonal si se os ocurre salir a dos personas a la vez.
Las vistas al jardín merecen punto aparte. El jardín existe, claro que sí, pero el fotógrafo olvidó encuadrar que está flanqueado por tres motores de aire acondicionado del tamaño de un autobús, la zona donde descargan los camiones del pescado y un señor en bata fumando junto a los contenedores de basura a las ocho de la mañana.
El plato fuerte, sin duda, es el desayuno buffet. La web muestra sonrisas, luz natural y zumo de naranja recién exprimido. La realidad es una multitud educada pero en tensión constante. Hay cola para la tostadora (que tarda cuatro minutos por rebanada o te la carboniza en dos segundos), una vigilancia disimulada sobre la puerta de la cocina para cazar la bandeja de cruasanes calientes y miradas de reojo entre dos señores que disputan la última loncha de salmón ahumado. Todo se mantiene dentro de los buenos modales, pero el instinto de supervivencia fluye por el comedor.
Por si fuera poco, el "gimnasio de última generación" resulta ser una bicicleta estática que chirría y dos mancuernas desparejadas en un sótano sin ventilación. Y el "centro de spa y bienestar" son seis desconocidos metidos en un jacuzzi minúsculo, evitando el contacto visual a toda costa para no morir de vergüenza ajena mientras todos fingen que aquello es extremadamente relajante.
Es cierto que hay bastante exageración en todo esto para ponerle la nota de humor habitual a los jueves, pero seamos sinceros: más de una vez, la realidad no se ha alejado tanto de lo escrito. Aun así, la próxima vez que necesite reservar un hotel para pasar unos días fuera, volveré a caer en la trampa. Sacaremos cincuenta fotos hasta conseguir una donde no salga nadie de fondo, le pondremos un filtro bonito y la enseñaremos a los amigos para que piensen que realmente estuvimos en el paraíso.
Una canción que huele a verano.
La vida es así. Está lo que vemos, el mundo real, y lo que nos quieren hacer que veamos, el mundo irreal y diría que golfo. Así sucede también en la política, cuando nos dicen: "No creas en lo que estás viendo. Cree en lo que yo te digo..."
ResponderEliminarUn abrazo, amigo
Lo peor es que a veces uno sabe perfectamente lo que tiene delante y todavía intentan convencerlo de que se equivoca. Con un hotel, al menos, haces la maleta y no vuelves. En otros asuntos no resulta tan fácil. Otro abrazo
EliminarJaja muy cierto lo del gimnasio
ResponderEliminarEs que poner gimnasio en la web viste mucho. Luego llegas y haces más ejercicio buscando la sala que utilizando lo que hay dentro.
EliminarNo hay mucha exageración.
ResponderEliminarRecuerdo una estancia en Praga... cuando vi la habitación que me dieron en relación a la que yo había reservado viendo las fotos en su web... la que lié... al final me dieron otra para que me callara.
Algo parecido en Londres y en Copenhague... bah, no sigo porque me da rabia hablar sobre esas estafas publicitarias.
Es de justicia decir que en otros sitios se correspondía a lo publicitado pero son los mínimos.
Me habría gustado verte en aquella recepción de Praga. Hiciste bien, porque muchas veces cuentan con que lleguemos cansados y aceptemos cualquier cosa por no discutir. A mí también me fastidia tener que empezar unos días fuera reclamando algo que ya estaba pagado, pero peor es callarse y pasar toda la estancia enfadado. Con ese historial, para la próxima mete un abogado en la maleta.
EliminarAngelo, qué bien retratas esa ingenuidad viajera que casi todos llevamos dentro. Uno ve la piscina perfecta, la habitación de revista y el desayuno de anuncio, y reserva convencido de haber encontrado el paraíso escondido. Luego llega la realidad con sus flamencos hinchables, sus hamacas ocupadas desde el amanecer y esos balcones donde dos personas tienen que negociar cada movimiento.
ResponderEliminarMe he reído especialmente con el fotógrafo convertido en mago del gran angular y con ese buffet donde la educación convive con un instinto de supervivencia digno de un documental. Lo mejor es que, detrás del humor, hay una verdad reconocible para cualquiera que haya viajado alguna vez.
Y lo más gracioso es que tienes razón: volveremos a caer. Veremos otras fotos perfectas, creeremos haber descubierto un chollo irrepetible y empezaremos a hacer la maleta con la misma ilusión de siempre.
Un fuerte abrazo, Angelo.
Me alegra haberte hecho reír, porque cuando uno ya ha pasado por situaciones así solo queda tomárselo con humor. Yo ya doy por perdida la batalla. Puedo jurarme que la próxima vez miraré todo con desconfianza, pero basta una oferta por tiempo limitado para que vuelva a sacar la tarjeta. Después protestaré, claro, como si nadie me hubiera avisado.
EliminarHe llegado hasta aquí a través del blog de ETF. Tus escritos me parecen muy interesantes, sobre todo eso, la importancia que le das a las cosas cotidianas de la vida. Me quedo por aquí para conocer más de lo que escribes.
ResponderEliminarSaludos
Encantado de recibirte en este lugar. Que hayas llegado a través de ETF y quieras quedarte me hace mucha ilusión. Espero que te sientas cómoda cada vez que pases por aquí.
EliminarA mí me pasa también,
ResponderEliminary con otras cosas,
coches, etc, luego, la
realidad es otra, buen
finde, un saludo.
Yo he aprendido a desconfiar de cualquier anuncio que lo presente todo demasiado perfecto. El problema es que luego aparece una buena oferta y se me olvida lo aprendido.
EliminarHiciste una buena crítica de esta realidad...Hoy reina el materialismo y la apariencia y los hoteles son claro ejemplo de ello...Qué pena que las apariencias engañan "casi siempre" y hay que estar alerta; todo esto es consecuencia de la falta de valores en todas partes.
ResponderEliminarGracias por ese punto de humor e ironía, que nos hace sonreír a todos...y gracias por tu comentario.
Mi abrazo entrañable y sigamos siendo constantes y luchando por nuestra blogosfera, que hemos mantenido tantos años, Angel
A mí también me preocupa que todo se prepare pensando más en la fotografía que en quien va a disfrutarlo. En los blogs, por suerte, todavía podemos hablar sin convertir cada frase en un anuncio. Yo pienso seguir escribiendo, aunque Blogger parezca empeñado en echarnos.
EliminarEste verano intentaré una nueva estrategia, buscare el peor lugar para vacacionar, mala atencion, mala comida, habitaciones horribles... La idea de que el resto del año me parezca estar de vacaciones en casa...
ResponderEliminarTu estrategia tiene un fallo: como encuentres exactamente lo que buscas, necesitarás otras vacaciones para recuperarte. Eso sí, al volver a casa hasta el sofá te parecerá un hotel de cinco estrellas.
EliminarTu relato me despierta carcajadas por lo bueno! ´Pero en la vida real suceden estas cosas y no dan risa. Recuerdo hace muchos años, aún no había internet, llegamos a una pequeña ciudad balnearia con mi marido y mi hijo más chico, habíamos visto un anuncio de un pequeño bungalow. Ya al llegar vimos una gran extensión de terreno y una minúscula edificación al fondo. Allí nos esperaba el dueño. Para entrar, de a uno, a la derecha mesa y sillas, a la izquierda habitación uno por uno, girando para acomodarse. Ni llegamos a ver al baño. Directamente le dije al buen señor, tanto campo para tan poca vivienda? Y salimos disparados, un abrazo Angelo!
ResponderEliminarYo también me habría marchado sin llegar al baño. Bastante complicado parecía ya entrar; si os quedáis unos días, volvéis convertidos en expertos contorsionistas. Un abrazo
EliminarMe ha pasado todo eso. 😀 Un beso
ResponderEliminarEntonces ya somos dos. La próxima vez meteré una cinta métrica en la maleta antes de creerme una sola fotografía.
EliminarJajajaaaa qué bueno Angel, muy divertida tu exposición por el sentido del humor irónico que pones en lo que escribes, qué gracioso.
ResponderEliminarTengo q darte la razón que hay mucha verdad detrás, igual que cuando estás buscando casa para comprar o alquilar en esos portales donde se publicitan… nada que ver cuando vas a visitarlas.
Se cumple el refrán “ver para creer”.
Gracias Angel, feliz finde,, un abrazo.
Las fotos de los portales inmobiliarios también hacen milagros: estiran los metros sin necesidad de obras. Espero que estés disfrutando mucho de ese lugar y que el hotel haya respondido a tus expectativas. Un abrazo fuerte a todos
EliminarBueno Ángel!!! Si es verdad que salir es bueno ,pero es tanta la decepción a no ser que vallas a sitios de lujo , que es preferible quedarse en casa a solas ,comer de lujo , saborear esos ratos ,pasear y sentarte y tomar donde veas que te gusta,y volver a tu cama ..estoy es un lujo . Cuanto más mayores ,vemos que lo que ofrecen ,no es tanto . Tenemos que apreciar ,que como en casa no hay nada . Nos decepcionan .
ResponderEliminarYo cada vez valoro más la comodidad de mi casa, aunque todavía me gusta salir y conocer sitios nuevos. Lo que me fastidia es pagar por unas condiciones y encontrarme otras. Después de una mala experiencia, abro la puerta de casa y me pregunto para qué salí.
EliminarI have never been to a hotel so I do not have a personal experience, but there are so many stories of or tourists going down to Greece and finding ratholes of apartments instead of hotel suits that were promised to them, or sometimes even being left without a room at all with luggage and little kids around you. Or when there are wildfires in Greece, which is regular for their summer, they will leave Serbian tourists suffocating at the beach and their ships will only come close to the beach to save only Greeks and Western visitors, not Serbs. We are used to such behaviour. I remember during Arab Spring when there were bloody riots in the streets down in Egypt, only Serbian tourists refused to leave their premises, hotels and beaches, saying they were used to war and gunfire, they will not leave their paid holidays because of it. The Egyptians could not believe it as all the people from UK, France, Italy, Germany were screaming and trying to run away homes, but outs were enjoying their pools while Egyptians were chasing each other with guns at the streets LOL
ResponderEliminarYour comment made me feel sad and angry. I almost feel embarrassed for having posted something so trivial after reading what you shared. I admire your ability to speak about such painful things without losing your humour, but I hope you are all right. I wish I could give you a real hug right now, and you can have as many as you need. A big hug.
EliminarNo creas que exageras tanto. Y lo del buffet, es cierto que la gente en general es educada, pero hay momentos en que parece que van a aparecer las navajas y que va a correr la sangre.
ResponderEliminarTienes razón y es que al menos yo lo veo siempre en todos ellos, parece que el bufet es la atracción del hotel y que no hemos comido en varios días
EliminarHola Angelo, debo admitir que he reído mucho leyendo tu reseña. Tienes mucha chispa para narrar, aunque lo triste es que todo lo que cuentas cae en lo real. Hay que tener suerte para que lo que uno encuentra coincida con lo que viste en fotos .
ResponderEliminarBuen fin de semana!
Me alegra mucho haberte hecho reír, porque esa era la intención. Lo malo es que tuve que inventar bastante menos de lo que parece. Cuando un alojamiento coincide con sus fotografías, casi dan ganas de felicitarlo por cumplir simplemente con lo prometido.
EliminarAngelo, déjame mencionarte, cuando todavía iba a los balnearios, yo estaba aún peor que tú... fui simplemente por curiosidad y siempre quedaba positivamente sorprendida, claro, un hotel de 5 estrellas, solo que una vez me encontré con otra escena, pero esa misma noche cambié de hotel y de ubicación, que para mi alegría estaba muy cerca... ¡qué suerte! :))) Te deseo un lindo domingo, ¡Andreja!
ResponderEliminarwuau uno de 5, menudo tratamiento tendrías . Espero que el cambio te dejara relajada del todo. Feliz domingo también para ti.
EliminarMuy entretenido Angelo.Besos
ResponderEliminarGracias por pasar a manifestármelo, te lo agradezco, siempre es alentador comprobar que leen lo que escribes. Besos
EliminarHay que ir huyendo de los sitios de moda e irse a algún monasterio románico a descansar, como mucho compartes los paseos por el claustro con el espíritu de algún fraile muerto hace siglos. El beneficio para la sociedad sería una nueva ola de novelas góticas muy interesantes de leer.
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