Con la rutina tengo una relación que no sé muy bien cómo definir. Tampoco estoy seguro de querer definirla. Pero lleva tiempo rondándome y al final uno escribe sobre lo que le ronda.
Me desanima con una facilidad que a veces me hace gracia. No hace falta un mal día ni una crisis. Basta con que todo transcurra demasiado igual durante un tiempo para que algo empiece a perder color despacio, sin avisar. No es tristeza, que la tristeza al menos se identifica. Es algo más sordo. Como cuando llevas semanas escuchando la misma música y un día te das cuenta de que ya no la estás oyendo de verdad, solo suena de fondo mientras piensas en otra cosa.
Y luego está la culpa, que con la rutina aparece siempre. Cuando la cumples y te parece vacía. Cuando no la cumples y te pesa. Llegas al final del día, repasas mentalmente lo que tocaba y no hiciste, lo que ibas a empezar y volviste a aplazar, y ahí está, puntual. La rutina rota tiene esa habilidad particular de convertirse en espejo en el peor momento.
Lo más tramposo es cuando deja de ser un orden y se vuelve una especie de rendición silenciosa. Uno sigue moviéndose, cumpliendo, apareciendo donde tiene que aparecer, pero por dentro ya ha dejado de esperar que el día traiga algo que no estaba previsto. Sigue el guión porque el guión está ahí, no porque lo haya elegido esa mañana. Y eso, aunque desde fuera parezca igual, es completamente distinto.
Pero también es verdad lo otro, y lo otro merece su sitio.
Cuando la rutina es tuya de verdad, cuando la has elegido tú y no te la han ido colocando encima sin preguntarte, da algo que tiene más valor del que parece: te quita la negociación de encima. No tienes que decidir cada mañana si hoy tienes ganas, si merece la pena, si podrías dejarlo para después. Ya está resuelto. Y eso en según qué días es exactamente lo que uno necesita.
La rutina sana, creo, es la que puedes romper un día sin que eso te genere una espiral. A veces lo decides tú, te saltas algo, cambias el orden. Y a veces no decides nada, es la vida la que aparece con algo que no estaba previsto y la rutina tiene que hacerse a un lado sin que le pregunten. En los dos casos el día sigue adelante. Y a veces hasta mejor.
El problema casi nunca es la rutina en sí. Es no haberla elegido. Cargar con hábitos que nadie te preguntó si querías, estructuras que quizá tuvieron sentido en otro momento y que sigues ejecutando porque llevan tanto tiempo ahí que ya nadie recuerda de dónde vinieron. Eso cansa de una manera que cuesta nombrar.
La rutina tiene un problema con los imprevistos. No los soporta. Aparece una llamada que no esperabas, un plan que surge de la nada, algo que simplemente no estaba en el calendario, y ella se queda ahí plantada sin saber qué hacer. Y tú, en cambio, te vas tan tranquilo. Que para eso eres el jefe.
Y si un día te saltas alguna rutina, no creo que el mundo se acabe por eso. Todos necesitamos algún día sin guión. Yo el primero.
A veces basta volver a salir para notar que la vida seguía esperándonos.
Creo, que lo que hay que hacer,
ResponderEliminares aceptarla, porque siempre,
está ahí, en el trabajo, y lo que
no lo es, hay dias que dices que
estás hasta el gorro, sin embargo,
te la saltas un día, y luego, o bien
te sientes mal, o vacío, que no sé,
que molesta más, buena tarde,
un saludo.
Hay que aprender de la experiencia de cada uno y llevar a la práctica lo que considere que le ayuda más. Gracias Orlando por la visita y comentario. Un abrazo
EliminarQuè bueno Angel! Que interesante reflexion.
ResponderEliminarLa rutina es esa compañera de vida que algunas veces bendices y otras maldices. Cuando lo que haces a diario se hace con agrado, con pasión, con gusto, poniendo todo el amor que se pueda…. Bendita rutina! Y al contrario cuando nos dejamos llevar por la queja, el desaliento, el cansancio, sin disfrutar y sin poner amor, entonces,.. Maldita rutina!.
La actitud ante la vida cuenta mucho y vivir en clave de agradecimiento, lo cambia todo, la rutina entonces se vuelve tu mejor compañera y hasta deseas no perderla de vista. Es más, cuando aparcas esa rutina cotidiana cambiándola por un tiempo de desorden de horarios, actividades diferentes, vacaciones agotadoras…. Lo disfrutas si, pero pasado un tiempo estás deseando volver a tu rutina de siempre, más ordenada.
De vez en cuando hay que romperla, estoy de acuerdo, pero también para aprender a valorarla y a disfrutarla y siempre a agradecerla.
Muchas gracias Angel. Un fuerte y rutinario abrazo!
Lo de las vacaciones agotadoras lo has clavado, Paula. Esa sensación de volver con ganas de tu propio horario, del café a la misma hora, de saber qué toca sin darle vueltas. Te vas buscando romper la rutina y acabas echándola de menos a los cuatro días. Mira tú por dónde, creo que me acabas de inspirar una futura entrada sobre ese agotamiento.
EliminarLa actitud también cuenta, sí, pero yo ahí matizaría una cosa. Es más fácil agradecer la rutina cuando es tuya, cuando la elegiste tú. La que te cae encima sin preguntarte cuesta horrores cogerle cariño, por mucha buena voluntad que le pongas. En lo de disfrutarla cuando la haces a gusto, contigo del todo.
Un abrazo, rutinario y sin imprevistos.
It is so difficult to leave routine behind for us routine beasts. I feel it grounds me and gives me a semblance of normalcy and balance. Because of routine I manage to do more things during a day than most people. I think that most of us hate to be out of our comfort zones. But you are right that an occasional change is refreshing, just how to fit it into your routine? LOL
ResponderEliminarThat question at the end is a tricky one, Dezmond, and I think you asked it half as a joke without realizing that's where the whole point lies. Trying to fit the unexpected into a schedule is like scheduling spontaneity. The moment you plan it, it stops being what you were looking for.
EliminarI completely agree with you about getting more done each day thanks to having a routine. That's the good side of it—it saves you from having to decide every morning whether to do something or not. As for making change part of the routine, I'm not so sure. Maybe the mistake is trying to fit it into the routine instead of simply letting it appear when it does.
A nice, cool hug... before the heat really kicks in!
Hola, Angelo. Estoy muy de acuerdo con tu reflexión sobre la rutina diaria, en lo que pienso que mucho tiene que ver el ritmo de vida y trabajo que llevamos, sus preocupaciones, y la forma de vivir en las que el azar nos implicó, y que nos lleva al punto donde dejamos de ser dueños de nuestro espacio, de nuestro tiempo, e incluso de nuestras vidas, porque las circunstancias, obligaciones y necesidades se apropiaron de ella.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, amigo.
Lo del azar que nos implicó lo dices muy bien, Manuel. A mí me pasa eso de ir tirando, cumpliendo con lo que toca, y de pronto se me va el día entero en cosas que ni me acuerdo de haber decidido hacer. Al final son las circunstancias las que mandan más que uno. Y salir de ahí no es fácil, porque casi nunca te das cuenta a tiempo. Cuando quieres reaccionar ya llevas así un montón. Un abrazo fuerte, amigo.
EliminarMe encanta como defines ese "estilo" de vida rutinario, Angelo. Hay quien disfruta de su rutina diaria como si viviera en el paraíso terrenal, y a otros les mortifica la fila del metro, la lluvia de la tarde, la algarabía de los niños. Cada cual recibe la vida de una manera diferente. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias Gil por tu visión, descubrir esa variedad de personas es lo que hace que nuestras relaciones se enriquezcan. Qué horror sería la misma rutina en todos nosotros. Un abrazo.
EliminarCon el tiempo cada vez aprecio màs la rutina. Un beso
ResponderEliminarSí, porque además cada día la vamos necesitando más. Otro beso
EliminarMi rutina, mi amiga incondicional, es fruto de toda mi experiencia vital.
ResponderEliminarEs amiga, es refugio y también es protección y seguridad.
Somos inseparables.
Saludos.
Te entiendo, Xavi. Hay veces que la rutina es lo único que se mantiene firme cuando lo demás ha fallado, y uno se agarra a ella porque ahí dentro sabe a qué atenerse. Es tuya, la mandas tú y no te falla. Al menos a mí me ha servido. Ojalá la vida te traiga cosas buenas de las que no estaban previstas. Un abrazo grande, amigo.
EliminarBuenas tardes Ángel, la rutina es nuestra compañera de vida para la mayoría de nosotros, a mi hay temparadas que la Bendigo y otras estampas me hace falta como también explicas esa chispita
ResponderEliminarMuchas gracias Brigi. Creo que por lo que te conozco a tu la rutina te sienta muy bien. Un beso
EliminarAngelo, la rutina diaria la llevamos bien o mal y todo depende de cómo estamos de ánimo...Hay días que disfrutamos organizando, limpiando y cumpliendo con las obligaciones, otros días puede resultar una carga, es cierto...Quizá hay que cuidar el interior y darnos cuenta de que cuando ponemos la mente y el corazón en algo, disfrutamos, como tú disfrutas escribiendo distintos temas y yo escribiendo poesía...Hay que ser consciente de cada momento, poner el alma en ello, aunque cueste; hacer las cosas bien y darnos cuenta de que estamos dando pasos para mejorar cada día, evitar estar distraídos o hacer las cosas por costumbre, porque ello nos cansa, nos mata por dentro...
ResponderEliminarComo siempre profundizas, te enfrentas a todos los temas y nos muestras tu voluntad y sabiduría, por eso estamos aquí, porque te mereces nuestras letras, compañero...Asi que también yo te espero en mi blog, porque eres muy capaz y necesario...entendido?
Mi abrazo entrañable y admirado por tu buen hacer, Angelo...!!
Si no ponemos el alma en lo que hacemos no hay rutina ni acto que sobreviva. Quien escribe poesía tiene una manera de ver las cosas que no todo el mundo tiene, y eso siempre se agradece. Un saludo
EliminarElegir nuestra rutina aunque a veces nos pese! Al fin y al cabo ningún día es igual al otro aunque lo parezcan! Siempre hay algo diferente que nos sorprende, un abrazo Angelo!
ResponderEliminarA veces lo diferente es tan pequeño que casi no lo ves, pero está ahí y cambia el día sin que te des cuenta. Un abrazo, María Cristina.
EliminarÁngelo, qué placer leerte en esta reflexión tan precisa sobre la rutina. Esa música que suena de fondo —la misma que llevamos semanas escuchando sin darnos cuenta— encaja perfectamente con lo que cuentas: un ritmo que acompaña, sostiene y a veces se vuelve tan repetido que deja de escucharse de verdad. Pero también es cierto que, cuando la rutina es elegida, esa melodía diaria se convierte en refugio, en orden, en un pequeño lugar donde la vida se siente más amable.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, Ángelo.
La música de fondo la has pillado al vuelo, Enrique. Y encima la has rematado mejor que yo. Un fuerte abrazo.
EliminarLa rutina es eso que tanto se echa de menos cuando te viene un contratiempo.
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