Reflexiones que nacen de vivir, pensar y seguir preguntando

11/06/2026

Hipocondría digital

Hombre estresado cubriéndose la cara con las manos, hipocondría digital

Tres días con un runrún en la nuca y ya tienes tres enfermedades raras. Bienvenido al síndrome del hipocondríaco digital.

Hay una epidemia silenciosa que ningún ministerio de sanidad ha declarado todavía pero que yo llevo años diagnosticando en mi entorno. Se llama el síndrome de Google médico. Y tiene víctimas en todas las familias.

Lo reconoces enseguida. Aparece alguien con cara de haber visto a la Parca, voz de velatorio, y te suelta: "no sé, llevo tres días con un runrún aquí en la nuca y lo he mirado en internet." Y tú ya sabes que esa persona no ha dormido, que ha pasado la noche entre foros y que lo que viene ahora no tiene cura. Ni para él ni para ti, que vas a tener que escuchar todo el diagnóstico.

Porque Google es un tremendista. No tiene término medio. Uno entra con un dolor de cabeza por haber dormido mal y sale con meningitis galopante, un tumor en el lóbulo frontal y una enfermedad rarísima que solo han tenido cuatro personas en la historia, tres de las cuales vivían en una isla del Pacífico comiendo raíces. Todo con la misma tipografía. Para el buscador, un estornudo y el apocalipsis tienen el mismo nivel de urgencia. Y claro, a las dos de la madrugada, con la luz del móvil dándote en la cara, te crees más a un señor de un foro de Albacete que a seis años de carrera de medicina.

He conocido al Gaseoso. Llega a urgencias convencido de que su corazón va a explotar. Cinco minutos de exploración. El médico levanta la vista y le dice: menos legumbres y más caminar. Sale de allí con el orgullo más herido que el intestino.

He conocido al Celiaco de madrugada. Tras una sesión intensa de búsquedas nocturnas decide que el gluten, la lactosa y el azúcar son sus enemigos mortales. Sin análisis. Sin médico. Sin nada. Solo él, el móvil y tres horas de foros a la una de la madrugada. Pasa de comerse un chuletón a vivir de aire porque lo leyó en un blog que tenía muchas fotos de flores.

He conocido al Catedrático. Llega a la consulta y le explica al médico el protocolo a seguir porque lo ha leído en una revista de Hollywood North. El médico escucha, parpadea tres veces y sentencia: lo que usted tiene es estrés. Descanse y suelte el móvil. Fin de la consulta. Unos euros de copago y a casa.

He conocido al de la Articulación Musical. Se levanta del sofá, le cruje una rodilla o el cuello con el sonido de una rama seca y se asusta. Teclea en Google: "¿por qué me crujen los huesos al levantarme?". El buscador, en lugar de decirle que tiene treinta y tantos años y que necesita estirar, le sugiere que sus niveles de líquido sinovial se han evaporado o que tiene un desgaste óseo digno de una momia egipcia. A partir de ese momento, camina por la casa rígido como un playmobil, conteniendo la respiración para no sonar, convencido de que si da un paso en falso se va a desmontar por completo. Llega al traumatólogo y este, tras pedirle que doble la pierna dos veces, le dice: es aire en la articulación, muévase más y use las escaleras.

He conocido al de los Efectos Secundarios. Sale de la consulta con la receta, pero comete el error de meter el nombre del medicamento en Google antes de ir a la farmacia. Allí descubre un efecto secundario que aparece en uno de cada diez millones de casos. Da igual cuál sea. A partir de ese momento está convencido de que le va a tocar. Se toma la primera pastilla y se pasa la tarde observándose. Si el prospecto menciona visión borrosa, empieza a ver peor. Si habla de mareos, se levanta despacio. Si menciona picor, ya le pica algo. Al final termina teniendo más miedo de la medicación que de la enfermedad que iba a curar.

Yo también lo he hecho, no voy a mentir. Aquí nadie está libre de pecado. Pero he aprendido una cosa: cuando algo duele de verdad, internet empeora el dolor antes de que llegues al médico. Y el médico luego tiene que curarte dos cosas: lo que tienes y la película de ciencia ficción que te has montado tú solo en la cabeza. Empezamos buscando por qué nos pica un ojo y terminamos haciendo testamento y cancelando las vacaciones de verano.

Cierre perfecto para un post sobre gente que se monta tragedias con un dolor de cabeza. El antídoto en tres palabras.

10 comentarios

  1. Una pequeña cosa...


    He dejado al final del post anterior un pequeño compendio de comentarios. Entre recuerdos, experiencias personales y puntos de vista distintos, ha quedado una conversación muy interesante. Por si os apetece pasaros.

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  2. I am a herbalist, I believe in the power of herbs, living in harmony with nature, listening to your natural body mechanisms, so I always trust my instinct over Google LOL but I do ever so know lots of people who will buy tons of medicines and stuff recommended by Google or an ad they saw. Google hypochondriacs are the result of people being afraid of real doctors, I almost never had a positive experience with a doctor in my life, actually some of the worst people I met in life were physicians, sadly, so I am not surprised that so many people google their results. Soon we will all be treated by AI doctors who will then send us medicines or nanobots to treat us LOL

    PS do you think that doctors sometimes, unbeknownst to us, google our problems if they cannot establish them themselves? LOL

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    1. That said, if it ever happens, I just hope they don't end up on the same forums we visit at two in the morning, convinced we've only got three weeks left to live. A big hug.

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  3. Angel .lo que me e reído con tu post .
    Yo soy una de esas personas .lo tengo todo y más. Cada día una cosa nueva y ahora con la I A .estoy perdida .creo que me voy a desinstalar la aplicacion

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    1. Paqui, no la desinstales, mujer, que todavía nos queda mucho por preguntarle. El problema empieza cuando Google, la IA y nuestra imaginación deciden trabajar en equipo. Ahí ya no hay quien nos pare. Me alegra saber que te has reído un rato. Un abrazo.

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  4. Para te acalmar, eu tenho fibromialgia crónica, não há remédio, vivo com dores por todo o corpo.
    Envio um abraço e um beijo, Andreja!

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    1. Modrina, convivir con dolor cada día no debe de ser nada fácil. Te mando un abrazo y mis mejores deseos.

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  5. Un verdadero peligro, en efecto. Es cierto que casi siempre, al final de estas informaciones, dice que consultes al médico, pero, al parecer, de esa parte casi nadie hace (hacemos) caso.

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    1. Trecce, ya sabes que somos especialistas en eso. Nos dicen "no busque síntomas en internet" y es exactamente lo primero que hacemos en cuanto nos quedamos solos con el móvil. Debe de haber alguna parte de nuestro cerebro que interpreta las advertencias como invitaciones. Un abrazo.

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  6. Me autodiagnostico esceptico de la influencia digital en mi salud, bueno igual tengo el vademecum instalado en mi cel...

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