Nos hemos acostumbrado a escuchar las palabras "tolerancia" y "respeto" juntas, como si fueran un pack indivisible que viene de serie con la buena educación. Queda genial en cualquier artículo o conversación de compromiso. Alguien se llena la boca diciendo que "tolera y respeta" las opiniones ajenas y automáticamente se cuelga la medalla de la madurez intelectual. Pero si observas cómo se aplican en el día a día, te das cuenta de que estamos ante una manipulación del lenguaje bastante común: se usan para quedar bien, pero se vacían de significado a la hora de la verdad.
La tolerancia es, sin duda, un gran logro. Es el suelo mínimo, el pacto social básico que nos permite convivir en una comunidad sin tirarnos los trastos a la cabeza con quien piensa diferente. Pero la tolerancia se limita a eso: a soportar, a no agredir. Tolerancia viene del latín tolerare, que significa literalmente aguantar un peso o soportar una carga. Y ahí es donde se esconde una sutil línea de soberbia. Cuando alguien dice que "tolera" al que es diferente, en realidad se está colocando un peldaño por encima. Le está perdonando la vida. Le está diciendo: "Me molesta lo que piensas, pero te concedo el permiso de existir siempre que no molestes mucho". Es una tregua fría y cargada de superioridad.
El respeto es otra cosa mucho más profunda y exigente. Respetar es, sencillamente, asumir que la persona que tienes enfrente posee la misma dignidad que tú, aunque lo que piense choque frontalmente con tus propias convicciones. Exige mirar en horizontal. No consiste en perdonarle la vida al otro ni en concederle el derecho a existir desde una posición de ventaja, sino en tratarlo como a un igual. El problema actual es que la palabra "respeto" se ha convertido en un mero adorno cosmético, en una especie de muletilla social que soltamos de forma automática para suavizar la diferencia de ideas de cara a la galería. Es el maquillaje perfecto: la usas para salvar las formas en una conversación, pero en la realidad no la aplicas.
Aquí es donde entra en juego una figura perfecta para entender la trampa: el caballo de Troya. Hoy en día, la gente utiliza las palabras "yo respeto" como ese artefacto de madera. Entran en el debate con la bandera de la moderación por delante. Se presentan como seres civilizados, dialogantes y abiertos de mente. Te desarman con esa introducción impecable que la sociedad premia. Pero es solo una estrategia de infiltración. En cuanto te han convencido de su supuesto respeto y bajas la guardia, el caballo de Troya se abre y de su interior sale la cruda realidad: puyas cargadas de veneno, burlas mal disimuladas y un deseo enorme de ridiculizarte.
Esta manipulación del lenguaje es peligrosa porque busca la impunidad del que ataca. El razonamiento de estas personas es tan cínico como efectivo: "Como ya he dejado claro al principio que te respeto, ahora tengo barra libre para decir que lo que crees es una soberana tontería, y tú no puedes enfadarte ni llamarme intolerante". Utilizan el idioma como un chaleco antibalas para camuflar la mala educación más flagrante.
Y el territorio donde este caballo de Troya funciona de forma más descarada es, sin duda, el de la fe. Bajo esa apariencia facilona del "cada uno que crea lo que quiera", las creencias religiosas se han convertido en un escenario donde la humillación y el menosprecio siguen saliendo gratis.
No hace falta irse muy lejos para comprobarlo; esto pasa en las distancias cortas del entorno digital. Ya lo he comentado aquí alguna vez: a mí mismo me pasa con lo que escribo en este blog. De vez en cuando me llegan mensajes privados de personas que se toman la molestia de escribirme para atacarme por mis escritos de fe. Esos ataques siempre vienen envueltos en ese mismo celofán. Empiezan con un "yo respeto tus creencias y tolero tu postura, pero..." para, a continuación, soltar una parrafada que destila una soberbia intelectual asombrosa.
Te tratan, literalmente, como si fueras un tonto. Un necio. Un pobre infeliz que necesita creer en cuentos de hadas porque no le da la cabeza para más. Hay una mirada de superioridad brutal, una condescendencia de "pobrecito, que se cree cualquier cosa". Te pintan como a un ridículo que vive fuera de la realidad, como si tener fe anulara automáticamente tus neuronas o tu inteligencia. Esas personas necesitan teclear la palabra "respeto" al principio no porque lo sientan, sino para salvar su propia autoimagen. Necesitan creer que son tolerantes mientras te tratan como a un idiota por privado.
Ahora bien, para ser justos, hay que decir claro que esta falta de tolerancia y respeto no viaja en una sola dirección. Ocurre exactamente igual desde el lado de algunos creyentes hacia los ateos o no creyentes. Existen creyentes que saltan al ruedo con el mismo caballo de Troya de la falsa piedad y la condescendencia, tratando al que no cree como a un ser vacío, inmoral o como a alguien que está ciego y no ha visto la luz. Se asignan una superioridad moral ligada a sus dogmas y, bajo la fachada de "yo respeto tu ateísmo", lanzan puyas que ridiculizan la postura del otro, tratándolo como a un ciudadano de segunda. Es exactamente la misma soberbia y el mismo desprecio, pero envuelto en buenas palabras religiosas. El cinismo se da en todos los bandos.
Existe una asimetría muy curiosa en nuestra sociedad con este tema. Si alguien habla públicamente de abrazar ciertas espiritualidades orientales alternativas o filosofías de autor, se le suele escuchar con respeto y curiosidad. Pero si se trata de la fe tradicional, de la gente que reza, que va a misa o que intenta vivir su vida según los valores del Evangelio, el chip cambia por completo. Se activa automáticamente un interruptor que te etiqueta como alguien manipulable, antiguo o directamente corto de luces.
Cuando la discusión se encona, la empatía desaparece. Los mismos que exigen comprensión absoluta para sus posturas particulares no tienen el más mínimo reparo en triturar lo que el vecino considera sagrado, ya sea su fe o su legítima ausencia de ella, en una cena de amigos o en una red social. El ataque se disfraza de "humor inteligente" o de "pensamiento crítico", cuando en realidad es simple y llanamente una falta de educación y unas ganas enormes de ridiculizar al prójimo para sentirse más listos.
Decir "yo respeto" es gratis y queda impecable de cara a la galería. Lo difícil, lo que de verdad demuestra la calidad humana de alguien, es sostener la mirada en horizontal cuando lo que el otro piensa o siente choca de frente con tu propia estructura mental. Respetar la postura ajena no significa que te tengas que convertir, ni que tengas que aplaudir todo lo que hace un colectivo, ni que dejes de debatir. Significa, simplemente, entender que lo que para ti es indiferente o absurdo, para la persona que tienes enfrente es su verdad o el pilar de su vida, y que no tienes ningún derecho a tratarlo como a un necio o un ignorante.
Menos golpes en el pecho con lo modernos, tolerantes y respetuosos que somos sobre el papel, un poco más de coherencia real en la práctica. La diferencia entre tener una verdadera altura moral o ser un cínico con un vocabulario bien ensayado se nota en los detalles ocultos: cuando decides morderte la lengua y callarte esa puya fácil que solo busca ridiculizar al otro, ya sea en un debate público o en la intimidad de un mensaje privado. Y en ese examen, viendo el panorama actual, seguimos suspendiendo demasiados.
Una canción que recuerda que pensar diferente nunca debería impedirnos reconocer el valor de quien tenemos delante.
El que respeta , no dice que lo
ResponderEliminarhace, por otro lado, de la manera
más lamentable, apenas se respeta,
de la misma manera que disculparse,
se entiende como "oh, he perdido",
saludo.
Hola, Orlando.
EliminarMe quedo con esa idea. Hay gestos que pierden fuerza cuando necesitan ir anunciándose continuamente. Lo complicado es encontrarlos cuando nadie está mirando. Un saludo.
Me ha gustado mucho Angel.
ResponderEliminarLa perversión del lenguaje tan extendida hoy día es algo a lo que no termino de acostumbrarme. ¿Por qué utilizar palabras “bonitas” presumiendo de lo que no somos solo para quedar bien y que no se note tanto la realidad que queremos ocultar?
Se habla mucho de tolerancia, pero en cuanto discrepas o expresas tus pensamientos con libertad, te saltan a la yugular porque no piensas como ellos, los autollamados “tolerantes” que resultan ser siempre, los más intolerantes.
Y en cuanto al respeto, estoy de acuerdo, tiene matices muy distintos, el respeto es una palabra de mayor hondura.
El tolerante no siempre manifiesta respeto por el otro, sin embargo el respetuoso siempre tolera, es correcto, educado y práctica la caridad.
Gracias Angel. Un abrazo!
Creo que una de las cosas más cansinas de todo esto es que ya casi se puede adivinar cómo va a terminar una conversación antes de que empiece. Hay personas que parecen muy cómodas con la diversidad de opiniones mientras coincidan con las suyas, pero en cuanto aparece una discrepancia seria, se acabó la fiesta.Gracias por pasarte y dejar tu interesante punto de vista. Un fuerte abrazo
EliminarHope you had great time over in Murcia, Angelito, welcome back to the blogosphere!
ResponderEliminarIt is like that English phrase "with due respect" which you usually use when you will say something hurtful LOL
Your whole post reminded me a lot of the cultural and political situation around the world today where liberal people will deeply believe they are open minded and that they are the respectful part of the society but then they go and lynch people of opposing opinions almost daily demanding them be cancelled, erased, removed. The hypocrisy of it all is astounding. And I say that as a liberal myself LOL
Jajajaaa, totally agree, it goes without saying that you respect others, you just have to do it, period.
EliminarAs our proverb says, "Tell me what you boast about and I'll tell you what you lack."
A Ug!
Thank you, Dezmond. The gathering in Murcia was well worth it. Getting nineteen people together at the same time is almost a logistical miracle these days, so we had to make the most of it. And I have to admit something: the older I get, the more I distrust people who are completely convinced that the hypocrites are always on the other side. When someone is able to point out the contradictions within their own camp as well, I tend to listen much more carefully. A big hug.
EliminarVivimos en una grieta constante en temas de fe. Es cierto que, hay cristianos protestantes que se volvieron fundamentalistas. A menudo recibo visitas en mi casa de Testigos de Jehová. La rosca se arma cuando le haces saber que sos cristiano católico, porque pretenden plantar un escenario bélico que no le hace bien a nadie. "Ante el ataque del enemigo, silencio y oración" dice la Virgen María. El escenario bélico de planteo concluye en que cual es el pedazo de cielo que tiene más valor.
ResponderEliminarLa vez pasada en uno de los posteos del blog marque que la ancha avenida que separa de católicos y protestantes es la Virgen María; bien sabemos que la teología protestante, en líneas generales, no acepta la posibilidad de ninguna mediación en la obra de la salvación, excepto el mismo Jesucristo. En este sentido, para ellos María no ocupa ningún lugar como cooperadora en la redención del género humano, generando de este modo lógicas discrepancias con los católicos.
Tengo amigos judíos que conservan costumbres milenarias y no se plantan con tanta vehemencia a ver quien cobre el peaje al cielo, como si se tratara del Estrecho de Ormuz. El respeto, va un paso más allá de la tolerancia; ser tolerante es evitar el conflicto (que es lo que hago cada vez que abro la puerta para atender a un predicador de los Testigos); el respeto que les tengo pasa porque reconozco la tenacidad que tienen en salir, caminar, caminar y caminar (aunque la iglesia les pague) para tirar bajo la puerta, estampitas, invitaciones a cultos...
Probablemente, del otro lado no lo entiendan. Dominus Providebit
Abrazo bendecido
Querido Claudio, con los años cada vez valoro más a la gente que puede hablar de estos temas sin necesidad de convertir cada diferencia en un combate. Sean creyentes, judíos, ateos o cualquier otra cosa. No es tan frecuente como debería. Con los Testigos hago algo parecido a lo que comentas. Les escucho, les doy las gracias por acercarse y ahí termina todo. Nunca he sentido la necesidad de discutir con ellos ni de convencerles de nada. Al final, uno puede encontrarse personas muy respetuosas en posiciones muy distintas y otras incapaces de escuchar una opinión diferente aunque compartan casi todo contigo. Ahí es donde realmente se ve la diferencia entre tolerar a alguien y respetarlo de verdad. Un fuerte abrazo.
EliminarUna vez recogí firmas contra el aborto en la iglesia. Una mujer me dijo que ella no firmaba porque era "muy tolerante". Un beso
ResponderEliminarSusana, reconozco que la respuesta tiene su punto. Lo curioso es que, precisamente por ser tolerante, podría haber firmado o no firmado y seguir respetando a quien pensara distinto. A veces usamos palabras muy bonitas para evitar decir simplemente lo que pensamos. Un beso.
EliminarEl que respeta se calla no contesta i es educado qe oy se a perdido yo ya no se aque iglesia debo ir adonde emos llegando..un saludo 👋 Angel
ResponderEliminarHola. Entiendo lo que dices. A veces parece que hemos llegado a un punto en el que todo el mundo habla y muy pocos escuchan. Yo tampoco creo que respetar sea estar siempre de acuerdo, pero sí saber tratar con educación a quien piensa distinto, algo que cada vez se echa más en falta. Un saludo.
EliminarBuenos días Ángel que bien me siento leyendo tus textos y los de las demas personas que dan su opinión. Gracias por compartirlo contigo al reflexionar siempre me hace pensar he intentar ser mejor persona. Gracias
ResponderEliminarBrigi, muchas gracias. Me alegra especialmente que disfrutes también leyendo las opiniones de los demás, porque muchas veces los comentarios terminan aportando miradas y experiencias que enriquecen mucho más la conversación. Y si además alguna reflexión te acompaña un rato o te ayuda a mirar algo desde otro ángulo, ya merece la pena el tiempo dedicado a escribirla. Un abrazo.
EliminarMira que hay gente no sé si mala en esencia o con enfermedades mentales graves que se dedica a insultar aprovechando el anonimato.
ResponderEliminarPor diferentes motivos que los que expones yo también he recibido mails y de hecho aún recibo, así como comentarios nauseabundos, eso me obligó a poner la moderación en el blog, moderación que antes no tenía.
En cuanto al respeto y la tolerancia no puedo estar más de acuerdo con tu exposición tan clara y certera.
Y no porque yo sea tolerante y respetuoso que no lo soy porque cuando algo me irrita es difícil que me mantenga frío y ecuánime.
No respetamos, no toleramos... qué va... como bien dices se usa ese latiguillo para intentar salvar las apariencias y luego se entra a degüello.
No sé si en este país hay un plus de intolerancia en relación a otros países... como no sabemos dialogar, como gritamos en vez de hablar, como hay mucha incultura, como la envida en nuestra seña de identidad colectiva pues no me extrañaría que en intolerancia y falta de respeto estuviéramos a la cabeza del planeta.
Saludos.
Xavi, gracias por tu reflexión, porque además parte de algo que, por desgracia, los dos conocemos de primera mano. A mí también me sigue llamando la atención esa necesidad que tenemos tantas veces de demostrar que nuestra opinión es la correcta y que la del otro no puede contener ni una sola idea valiosa. Parece que admitir un acierto ajeno fuera una derrota propia. En ese momento dejamos de escuchar y empezamos simplemente a esperar nuestro turno para responder. Y cuando eso ocurre, el diálogo desaparece y solo queda el enfrentamiento. Supongo que por eso cada vez valoro más las conversaciones en las que uno puede marcharse pensando exactamente lo mismo que al llegar, pero habiendo entendido un poco mejor a quien tiene delante. Un abrazo.
EliminarHola, amigo Angelo. Totalmente de acuerdo con tu reflexión sobre la tolerancia y el respeto, ya que las personas que las utilizan habitualmente lo que demuestran es una extrema rigidez mental que los lleva a no querer escuchar lo que tienen que decir los demás, bien sea, por inseguridades propias o por falta de educación y empatía. Y esa intransigencia también nos puede decir de que son personas que no saben escuchar y que tienen el ego por las nubes, como también, establecer una barrera de protección contra las opiniones de los demás, por temor a que los convenzan, y sus teorías se vayan al trate...y eso no se lo pueden permitir personas que llevan por bandera, que: genio y figura, hasta la sepultura...Ellos se lo pierden.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Siempre te encuentras con alguien que parece afrontar cualquier conversación como si estuviera defendiendo una fortaleza y cualquier idea distinta fuera una amenaza. En esas condiciones ya no escucha para entender, escucha para encontrar el punto por donde atacar la siguiente frase. Y es una pena, porque muchas veces uno aprende más de una conversación con alguien que piensa diferente que de diez conversaciones con quien opina exactamente igual. Un fuerte abrazo.
EliminarHace algunos muchos años, la hermana de una amiga me invitó a su Iglesia Evangélica, nos sentamos en uno de los primeros bancos y apareció un pastor criticando a quienes llevaban un crucifijo colgado en su pecho, justo yo tenía uno, regalo de mi abuela. Cuando nos íbamos me preguntaron si había recibido a Jesús, si contesté, en mi bautismo. Un abrazo Angelo!
ResponderEliminarMaría Cristina, lo que tiene mérito es que no salieras de allí enfadada. Porque estar sentada escuchando una crítica a algo que llevabas puesto y que además te había regalado tu abuela tenía todos los ingredientes para acabar mal. Y sin embargo tu respuesta fue de lo más tranquila. No sé qué cara pondrían, pero imagino que no era la que esperaban. Un abrazo.
EliminarEso me recuerda una pequeña historia sobre unos cuerpoespines en una noche fría se acercaron para darse calor, pero se pinchaban asi que se alejaron, entonces sintieron frío y se acercaron nuevamente para volver a pincharse y alejarse hicieron esto hasta que encontraron la distancia justa para darse calor son pincharse, a esta distancia se le conoce como decencia y urbanidad.
ResponderEliminarNo conocía esa historia y me ha parecido una buena imagen de muchas relaciones humanas. Ni pegados unos a otros ni viviendo como si el resto no existiera. Encontrar ese punto intermedio parece más fácil de decir que de conseguir. Gracias
EliminarLa razón no es una verdad absoluta, sino una forma de ponernos de acuerdo. Es un lenguaje que construimos para poder entendernos y convivir. Ser racional no significa tener acceso a toda la verdad, sino aceptar ciertas reglas comunes para poder hablar sin perdernos en el desacuerdo constante.
ResponderEliminarPor eso, la razón no siempre dice lo que cada uno siente o percibe, sino lo que puede compartirse y discutirse con otros. Lo que no encaja en ese marco muchas veces queda fuera, no porque sea falso, sino porque no se puede poner fácilmente en común.
La verdad, en cambio, no siempre es compartida. A veces es algo que cada persona vive de forma directa, desde su experiencia. Pero esa verdad vivida no siempre puede explicarse o hacerse entendible para los demás sin perder parte de lo que es.
Tal vez la razón no esté en contra de la verdad, sino que sea una forma de acercarnos entre verdades distintas. Una herramienta para convivir con lo que no es igual en todos.
Abrazo lleno de empatía
Toñi, creo que tu comentario enlaza muy bien con una de las ideas del post. Muchas veces utilizamos la razón como si fuera un martillo para demostrar que el otro está equivocado, cuando debería servir precisamente para que dos personas que piensan distinto puedan entenderse mejor. En cuanto aparece la necesidad de imponer, desaparece la escucha. Y cuando desaparece la escucha, palabras como respeto o tolerancia se quedan en pura decoración. Un abrazo.
EliminarÁngelo, este texto tuyo vuelve a poner el dedo en la llaga con una claridad que desarma: esa falsa bandera del “yo te respeto” que tantos enarbolan para, acto seguido, atacar, ridiculizar o imponer. Describes muy bien cómo la tolerancia se queda corta cuando se usa como pedestal y cómo el respeto verdadero exige mirar al otro en horizontal, sin superioridad ni disfraces. Un análisis lúcido, valiente y necesario.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, Ángelo.
Enrique, me alegra verte de nuevo por aquí. Espero que sigas recuperándote y que las cosas vayan avanzando poco a poco en la buena dirección. Ya sabes que hay temporadas que se hacen largas, así que me ha alegrado encontrar tu comentario. Un fuerte abrazo.
EliminarYo creo que hemos llegado a un punto curioso. Hay personas que aceptan sin problemas que otro tenga gustos distintos, aficiones distintas, incluso formas de vida distintas, pero en cuanto aparece una idea que les incomoda, la palabra respeto empieza a tambalearse. Ahí es donde se ve si era algo real o simplemente una etiqueta bonita. También creo que las redes sociales nos han hecho daño en este aspecto. Nos hemos acostumbrado a responder demasiado rápido, a clasificar a la gente en bandos y a atribuir intenciones sin conocer a quien tenemos delante. A veces basta una frase para decidir que alguien es ignorante, fanático o mala persona. Luego nos preguntamos por qué cada vez cuesta más dialogar.
ResponderEliminarPor eso me quedo con una idea sencilla: no necesito compartir las creencias, las opiniones políticas o la forma de ver la vida de otra persona para tratarla con consideración. De hecho, el respeto solo tiene valor cuando existe precisamente ahí, en la diferencia. Cuando todos pensamos igual no hace falta ponerlo a prueba. Un abrazo Ángel
Mateo, lo del público que mencionas me parece importante. No es lo mismo hablar con una persona que hablar delante de cien. En cuanto aparecen los espectadores, muchos dejan de conversar y empiezan a defender una posición. Dar un paso atrás, reconocer un matiz o admitir una duda se vuelve mucho más difícil cuando uno siente que tiene que mantener una imagen ante los demás. Un abrazo.
EliminarThe Trojan horse metaphor is incredibly accurate. Everyone recognizes that classic online formula: "I respect your opinion, but [inserts the most insulting, condescending thing you've ever heard]." It’s a total linguistic bulletproof vest designed to let people be rude and arrogant while pretending they have good manners.
ResponderEliminarMelody, I think you've described the mechanism perfectly. What is striking is that many people who use it are genuinely convinced they are being polite. Once they have placed that "I respect your opinion" at the beginning, they seem to feel entitled to say almost anything afterwards. And yet, when someone truly respects you, they usually don't need to announce it before they start speaking. Delighted by your visit and your comment. A big hug.
EliminarProfunda reflexión. En nuestra sociedad actual cada vez es más dificil respetar aunque uno no comparta ideas y luego tratar de empatizar. Te mando un beso.
ResponderEliminarCeo que una de las cosas que más se está perdiendo es la capacidad de convivir con el desacuerdo. Parece que, si no compartimos una idea, automáticamente tenemos que colocarnos enfrente. Y, sin embargo, las personas que más me han aportado en la vida no siempre han sido las que pensaban como yo. Un beso.
EliminarVivimos tiempos en que la tolerancia y el respeto no son valores muy estimados... Y si hablamos de esa cosa de las redes sociales, mejor quedarse callado. En fin, la vida es así y uno es pesimista en estas cuestiones.
ResponderEliminarUn abrazo, amigo
Entiendo ese pesimismo porque a veces basta pasar unos minutos por ciertas redes para terminar con la sensación de que todo el mundo está enfadado con todo el mundo. Aun así, de vez en cuando aparecen conversaciones tranquilas, personas capaces de discrepar sin convertirlo en una batalla y pequeños gestos que hacen pensar que no todo está perdido. Un abrazo
EliminarNos escondemos en las palabras, pero no les damos razón, no las hacemos vivas. Respetar es muy importante , soy respetuosa con quien tenga una opinión, pero no tengo que compartirla. Un abrazo
ResponderEliminarEster, creo que muchas veces ocurre exactamente eso. Hay personas que ya escriben "te respeto" o "respeto tu opinión" por pura inercia, sin detenerse siquiera a pensar qué significa realmente. Lo compruebo a menudo leyendo comentarios en otros blogs. Da igual los argumentos que ofrezcas o el tono que utilices; al final, quien asegura tolerar y respetar suele ser el primero en enfadarse cuando encuentra una opinión que no coincide con la suya. Un abrazo.
EliminarTolerancia y respeto...Todos debemos pararnos de vez en cuando y reflexionar sobre ello. En los temas de religión y política acabamos chocando unos con otros y muchas veces evitamos estos temas para no discutir...Es importante respetar ideologías, creencias y opiniones, muy importante. El verdadero respeto va unido a la humildad: nadie es más que nadie, ni tampoco existe una única verdad, sino muchas perspectivas y formas de ver la vida...Por tanto, creo que el respeto es ser consciente de la dignidad humana de cada uno, reflexionar, profundizar y no creernos más que nadie, hacer un ejercicio de humildad. Sólo así creceremos como personas, Angelo.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable, feliz semana (y te espero en mi blog, je,je)
Mª Jesús, has mencionado una palabra que para mí también es importante en todo esto: la humildad. Muchas veces los problemas no empiezan cuando dos personas piensan distinto, sino cuando una de ellas está completamente convencida de que ya no tiene nada que aprender de la otra. En ese momento la conversación suele quedar sentenciada antes de empezar. Gracias por tu reflexión y por aportar ese matiz al debate. Un abrazo muy fuerte y feliz semana para ti también. Y sí, me pasaré por tu blog.
EliminarRespect should be mutual. That's all I have to say. Thank you so much for sharing, Angelo.
ResponderEliminarLinda, I think that's exactly where the heart of the matter lies. Respect is easy to claim, but it only proves itself when it continues to exist in both directions, especially when we disagree. Thank you for your thoughtful comment. A big hug.
EliminarMuy buena entrada. Estoy muy de acuerdo con lo que expones. Mentira, hipocresía, incongruencia y muchas cosas más, son rasgos con los que hay que batallar a diario. Se desea recibir lo que no se está dispuesto a dar.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Al final la incongruencia suele ser la más difícil de detectar, porque casi siempre la vemos con claridad en los demás y muy pocas veces en nosotros mismos. Quizá por eso resulta tan frecuente. Un fuerte abrazo Sara
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