Ante el Cristo muerto de Holbein
Un día, revisando el correo, me llegó una de esas páginas de Pinterest con imágenes que, en teoría, podrían interesarme. Iba pasando sin demasiada atención hasta que una de ellas me detuvo. No porque me atrajera, sino justo por lo contrario. Era El Cristo muerto de Hans Holbein el Joven. Una pintura que muestra a Jesús después de la crucifixión, tendido en la tumba, con el cuerpo rígido y herido, sin ningún intento de embellecer la escena. Lo primero que sentí fue rechazo. Un rechazo casi físico. De los que no te gustan nada. Y, aun así, me quedé mirándola.
Aquel rechazo era incomodidad. Como cuando algo señala un punto al que uno no quiere mirar. No había en ese cuerpo nada que tranquilizara. Nada que suavizara lo que estaba viendo. Nada que facilitara una oración cómoda. Solo un muerto. Y ese muerto, sin decir nada, me llevaba a la cruz.
Al quedarme un rato más ante esa imagen, entendí que no estaba mirando solo una muerte. Aquello me hablaba de la cruz. Y fue ahí donde apareció una incomodidad más honda, más personal.
Hans Holbein el Joven, El Cristo muerto en la tumba.
Lo reconozco sin rodeos: muchas veces reduzco la cruz a algo que no moleste. A una cruz pequeña, ligera, de las que se llevan al cuello sin notarla, incluso cuidando que sea bonita, que quede bien, que combine con la ropa. Una cruz que termina siendo casi un complemento. Cuando me doy cuenta de eso, no me gusta lo que veo. Porque ahí no estoy dejando que esa imagen me afecte de verdad. Me quedo solo con una versión cómoda, recortada, que no me obliga a mirar demasiado lejos.
Y eso aparece en lo de cada día. En lo fácil que resulta seguir adelante cuando el dolor no me toca de cerca. En los silencios que dejo pasar. En las veces que miro hacia otro lado para no implicarme. No es negar la fe. Es algo más incómodo: apartarme de lo que podría pedirme demasiado.
Hay días en los que esa constatación duele más. No porque ocurra nada especial, sino precisamente porque no ocurre nada. Porque todo sigue funcionando, todo está en su sitio, y aun así algo no encaja. Como si por dentro quedara una grieta pequeña, casi invisible, pero constante. Y uno aprende a convivir con ella sin nombrarla demasiado.
Con el tiempo me doy cuenta de que no es la cruz lo que rechazo, sino lo que pone al descubierto. Mis comodidades. Mis silencios. Mis excusas. Mis límites muy bien colocados. Y eso duele más que cualquier imagen. Porque obliga a reconocer que muchas veces he aprendido a convivir con la cruz sin dejar que me afecte de verdad.
Y entonces surge otra pregunta, más incómoda todavía: ¿de qué nos sirve a los cristianos el Viernes Santo?
Canto ante la cruz que permanece mientras el hombre aparta la mirada.
💬 Los comentarios están justo debajo. Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.
Querido amigo, siempre te leo, todos tus post. Aunque no escriba siempre. Que DIOS te bendiga.
ResponderEliminarGracias Ramón, miro atrás y madre mia, ¡son ya muchos años de seguimiento y fidelidad bloguera! Bendiciones a tí también y un fuerte abrazo.
EliminarHola Angelo con tu relación con la cruz me has hecho acordar a este viejo cuento de un monje argentino llamado Mamerto Menapace...
ResponderEliminarGracias Juan Ignacio. Conozco el cuento y la evrdad es que me ha alegrado que lo sacaras a la luz de este blog por si alguien no lo conoce. Es muy bueno. Feliz día y mi abrazo
EliminarNadie queremos llevar la cruz pero hay que hacerlo. Un beso
ResponderEliminarSi alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Es muy importante el matiz "niéguese a sí mismo" . Gracias Susana. Un abrazo
EliminarAyyy amigo mío, cuando tocamos el tema de la Cruz, madre mía cómo escuece, cómo incomoda, cómo duele… humanamente sientes rechazo, esto no me puede pasar a mí, no quiero vivir con esto, no soporto este dolor… pero cuando este paso lo trasciendes porque yo sola no puedo y entonces te paras ante Cristo crucificado y contemplas su sacrificio, su dolor, su entrega, su AMOR… todo empieza a cambiar, tu sufrimiento ya es compartido, no cargas tu cruz sola, tenemos crineos, Jesús y María, mi mirada cambia, ya no cargo la cruz… empiezo a abrazar porque sé que no camino sola, sé de quien me fío y sé quien me sostiene.
ResponderEliminarUna vez escuché a un sacerdote una frase que la llevo muy dentro grabada a fuego… “EL SUFRIMIENTO O ES UNA CRUZ QUE ME SALVA O ES UNA LOSA QUE ME APLASTA”
Sè que no es fácil y hasta aceptarla lleva un recorrido lleno de luces y sombras pero yo sí tengo la certeza que quien me levanta cuando ya no puedo más…
Muchísimas gracias Angel, tus reflexiones son muy valiosas para mí. Un fuerte abrazo
Feliz y consolador Viernes Santo.
Gracias Paula por tu aportación que encuentro muy enriquecedora. Cuanta verdad experimentada de foma personal en las palabras que el sacerdote proclamó.
EliminarHay que entrar en lo que es la cruz, empezando por lo que significaba en esa época que ejecutaran a alguien de esa forma.
Desconocía esa pintura y realmente impacta contemplarla.
ResponderEliminarAhí hay un cuerpo castigado y malherido.
Hay muchas representaciones de su muerte, y realmente esta pintura no deja indiferente.
En relación a tus reflexiones el "no implicarse" es un fuerte seguro porque ahí no ocurre nada malo pero tampoco nada bueno. También es cierto que si uno se implica en según qué asuntos puede salir malparado.
El sistema tiene antenas en todas partes y ataca sin piedad a los que pueden incomodarlo, desde multas inconcebibles hasta policías infiltrados que son capaces de mentir en atestados con tal de asegurarse una buena promoción o incluso medallas con pensión vitalicia... y no digo más no sea que a los esbirros del sistema les salte la alarma y me introduzcan en su radar.
Saludos.
Como digo en el post, no me inspira ninguna devoción; más bien, sigue produciéndome rechazo mirarla. Pero es lo que hoy conmemoramos. Y ya en el Cántico del Siervo sufriente, en el libro de Isaías, se anticipaba esa escena de la pasión, en un texto escrito varios siglos antes de Jesús, en torno al siglo VI a.C.:
Eliminar“Así como muchos se espantaron de él, tan desfigurado estaba su aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana.” (Isaías 52,14)
Y el pasaje continúa en el capítulo siguiente:
“Despreciado y desechado por los hombres, varón de dolores y experimentado en sufrimiento; como uno de quien se aparta el rostro, fue despreciado, y no lo estimamos.
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores…” (Isaías 53,3-4)
Y, sin embargo, hoy nos hemos acostumbrado a ver cualquier imagen de dolor o sufrimiento sin detenernos demasiado. Quizá el problema no es lo que vemos, sino lo poco que nos paramos a mirarlo de verdad.
Gracias Toro por tu comentario. Un abrazo.
Para los cristianos, y como digo en mi última entrada, las cruces a las que el pueblo ama, en las ciudades del Sur de España, Andalucía, forma parte de nuestras vidas, sobre todo el viernes santo.
ResponderEliminarUn cordial saludo, Ángel. Me ha encantado tu reflexión, la que comparto, y la imagen de ese Cristo yacente, por su realismo, seguro que no deja indiferente a nadie.
Gracias Manuel, bienvenido. Como cordobés de nacimiento, hablar de toda la devoción popular de esa región te lleva a lugares hermosísimos donde es difícil, para un creyente, no emocionarse, y el ambiente se vive de otra manera en esos días de Semana Santa.
EliminarEn cuanto pueda, paso a conocer tu blog. Un abrazo.
Que tal?, no es el mismo
ResponderEliminarque vi, en en blog de Joselu?,
buen finde, un saludo.
Sí, es el mismo, se lo dije en su blog cuando la ví. Le comenté que la imagen me sirvió de inspiración para el post de hoy. Un saludo también para tí
EliminarBuenos días Ángel. Sin palabras ante tu reflexión . Yo solo se que en los momentos más difíciles de mi vida y en los más hermosos esta conmigo.
ResponderEliminarBueno hoy es un día donde las palabras sobran, es día de gran contemplación, interorización y súplica. Te deseo que puedas entrar en cada una de ellas. Gracias una vez más por tu presencia. Abrazo
EliminarTu post de hoy me resulta muy familiar. En 1992 el escultor José Carmona, realizó una nueva talla del Cristo que lleva en los brazos la Amargura de Dos Hermanas. Cuando el antiguo fue llevado en vía Crucis al convento de las Carmelitas, donde es venerado, muchas gente decía que les gustaba más el antiguo. Èste es una talla de Pineda Calderón del año 1952, y a pesar de representar un hombre muerto, es una imagen fácil de ver. No así la nueva representación. Recuerdo el día que fui a verlo por primera vez. Me impactó su tamaño y el realismo, pero más aún el color verdoso de su aspecto. La cara como torcida y deformada. Y me pregunté por qué no sé representaba la realidad como debería de ser. Muchos años después Mel Gibson nos trajo a las pantallas La Pasión y recuerdo ver de reojo a mí madre sentada a mi lado con los ojos cerrados en muchos tramos de la película. Al salir me dijo que no volvería a ver esa película, que había sufrido muchísimo, que era demasiado realista para su corazón. Realmente mi madre tenía el corazón mal. Cuando murió en aquella operación recordé aquella sesión de cine. Hay cosas para las que el ser humano necesita madurar. El Viernes Santo y su realidad es un peso pesado. La muerte es lo que es. Y vamos a pasar por ella. Y luego están los que yo llamo complementos del Viernes Santo, saber reconocerlos y no mirar a otro lado. El mundo necesita Cirineos, a veces impuestos y otros que salgan libremente del voluntariado, reconocer los signos es lo importante y pedir la Gracia para ser capaces de hacer las cosas de modo que sea justo para todos debería de ser nuestra meta del Viernes Santo. Solo haciendo el bien por los demás podemos hacer de la muerte algo entendible. Así al menos lo siento yo.
ResponderEliminarUn abrazo.
Pues gracias, Mento, por traer este dato, porque me sirve para añadir algo más. Primero, me has hecho buscar la escultura; y segundo, mencionas cómo lo representó Mel Gibson en La Pasión de Cristo, que ya fue bastante lograda. Aun así, como él mismo dijo, se quedó corto… y seguramente es así.
EliminarAlgún día escribiré un post sobre esto. Hay muchos médicos que han estudiado, y siguen estudiando, la muerte de Jesús desde el punto de vista clínico. Precisamente ayer leía a uno que afirmaba que la flagelación pudo ser incluso más brutal que la propia crucifixión, hasta el punto de provocar la muerte por sí sola.
Yo he visto algunas de esas reconstrucciones médicas y son más duras todavía de lo que solemos imaginar. Muy duras. Son representaciones hechas a partir de los efectos reales que esos castigos producían en el cuerpo humano.
En fin, hoy no me detengo en los detalles, pero tampoco los ignoro. Porque ayudan a entender que el amor que allí se clavó no fue ninguna tontería.
Un abrazo.
El amor de un Dios en un cuerpo mortal. De haber sido un simple hombre habría muerto desangrado durante la flagelación. Pero estos son milagros que la gente prefiere no pararse a mirar y es que no hay verdad más cierta que aquella que afirma que no hay mayor ciego que el que no desea ver. 😉
EliminarImpacta cómo esta imagen nos obliga a mirar sin adornos aquello que tantas veces suavizamos. Tu reflexión abre un espacio necesario: dejar que la cruz nos incomode, nos cuestione y nos devuelva a lo esencial. Gracias por poner palabras a esa verdad que tantas veces evitamos.
ResponderEliminarUn abrazo, Ángelo.
Hola Enrique. Yo creo que debemos aprovechar todas las cosas que en esta vida se nos presenta para mejorar. 2026 años después, los que hemos decidido seguir a Jesús de Nazaret, tenemos una cosigna que Él mismo nos dejó y que he mencionado más arriba a Susana. El que quiera seguirme tome su cruz, niéguese a sí mismo, cada día y sígame. ¡Cada día! con todo lo que implica llevarla en su realidad y en su peso y de eso tú sabes mejor que muchos lo que supone. Un abrazo
EliminarHoy es Viernes Santo.
ResponderEliminarEl día en que el amor se queda… cuando todo se rompe.
San Juan de la Cruz lo comprendió: hay una noche en la que todo se apaga —las seguridades, las respuestas, incluso el consuelo—. Y, sin embargo, es ahí donde el amor se vuelve más verdadero.
En la cruz no queda nada.
Y, sin embargo, ahí está todo.
No es día de explicar.
Es día de permanecer.
Porque el amor, cuando es verdadero, no se retira… se entrega hasta el final.
Un abrazo, estimado Ángel.
Toñi, gracias por estar hoy también compartiendo en este día tan especial. Me encanta que hayas traido a San Juan de la Cruz, que bonito texto suyo has elegido. Me ha gustado mucho tu reflexión. Un abrazo
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