Lo hemos convertido en costumbre
La fila avanzaba despacio. Gente de todas las edades. Algunos con prisa, otros sin saber muy bien dónde mirar. Delante de mí, un hombre mayor se apoyaba en el banco, le costaba avanzar, casi arrastraba los pasos. Cuando le tocó, se inclinó lo justo, recibió la comunión y volvió a su sitio despacio, con dificultad. Me llamó la atención. No sé muy bien por qué. Quizá porque yo iba más pendiente de cuándo me tocaba que de lo que estaba pasando.
Hace poco, cuando fui a comulgar, me quedé con esa escena. Y hoy me ha vuelto a venir. Porque muchas veces hacemos todo bien por fuera, pero no termino de tener claro qué pasa por dentro. Entramos, nos sentamos, nos levantamos, comulgamos… y salimos. Todo correcto. Todo en orden. Pero luego sales a la calle con la sensación de que ya has cumplido hoy.
Lo que se celebra esta noche de Jueves Santo no es un gesto más ni un recuerdo bonito. Es aquella cena en la que Jesús parte el pan y lo entrega, sabiendo lo que viene después, y deja algo muy concreto en manos de los suyos. No es solo un rito ni una costumbre repetida con los años, es algo mucho más serio de lo que a veces vivimos. Todo eso ya lo conocemos. No hace falta volver a contarlo. Pero una cosa es saberlo y otra muy distinta pararse de verdad.
Porque al final todo esto no se queda en la iglesia. Se nota luego, en cómo estás con los tuyos, en cómo miras, en cómo tratas. Y ahí es donde ya no es tan fácil. Porque lo de esa noche no va de quedar bien ni de cumplir. Va de cambiar, de romper esquemas, de abandonar las medias tintas en el amor. Y precisamente ahí está también lo que muchas veces pasamos por alto, que no se nos deja solos ante eso, que la fuerza para vivirlo está en lo mismo que recibimos, en su cuerpo y su sangre, porque por nosotros solos ya sabemos hasta dónde llegamos.
Y claro, esto no todo el mundo lo entiende. Hay quien lo ve como algo absurdo, quien lo toma a broma, quien directamente no entra ahí y lo deja pasar. Y a veces no hace falta mirar fuera, porque esa misma distancia también aparece dentro, cuando uno repite los gestos pero por dentro ya no termina de creerse del todo lo que está haciendo.
Hace años conocí a alguien que estaba justo en el lado contrario, anticlerical de los de verdad, de los que no se callan y disfrutan señalando incoherencias. Un día, mientras esperaba en casa de alguien que estaba terminando de preparar unas cosas, vio una Biblia sobre una mesa, la abrió sin buscar nada en concreto y leyó una frase que le dejó clavado: Quien no come mi carne y bebe mi sangre no tendrá vida eterna.
Me lo contó tiempo después. Decía que no sabía explicar por qué, pero aquello se le quedó clavado. No fue una lectura bonita ni reconfortante, fue como un golpe que le dejó descolocado de verdad, hasta el punto de asustarle. Se quedó allí un rato, leyendo lo mismo una y otra vez, sin entender qué le estaba pasando, y cuando llegó el dueño de la casa le encontró así, con la Biblia abierta, como si se hubiera quedado enganchado en algo que no sabía explicar. Durante días no se le fue de la cabeza. Le daba vueltas, le incomodaba, le perseguía. Y ese fue el principio de algo que él mismo no esperaba. No cuento más porque no hace falta y para no alargar el post, lo importante es ese momento, ese choque, cuando algo así se te mete dentro y no sabes cómo afrontarlo.
Y con todo esto encima de la mesa, uno no puede quedarse igual. Porque no estamos hablando de algo que se escucha y ya está, estamos hablando de algo que es verdad para los que creemos, y que lo cambia todo, y no permite seguir viviendo como si nada. Y sin embargo, muchas veces lo dejamos ahí, en lo que ya hemos hecho, en lo que ya hemos cumplido. Y para eso sirve el Jueves Santo, para recordarnos que no basta con estar, que no basta con cumplir. Esta noche es para mirarlo de frente, sin esquivar lo que implica. Porque de ahí se pasa a lo que viene, y ya no hay distancia posible. Entramos en la pasión.
A veces estamos delante y no miramos, pero Él sigue ahí.
💬 Los comentarios están justo debajo. Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.
Comentarios
Publicar un comentario
✨ Este espacio está abierto a tu opinión, reflexión o incluso a ese desacuerdo que quieras compartir, siempre con respeto, sentido común y, si se puede, con un toque de buen humor 😉. Aquí no se trata de imponer razones, sino de abrir preguntas, favorecer encuentros y, con suerte, provocar alguna sonrisa compartida. La crítica es bienvenida cuando viene acompañada de cortesía, porque un comentario puede ser también reflejo de lo mejor que llevamos dentro. Gracias por estar aquí y enriquecer este lugar con tu voz.