Reflexiones que nacen de vivir, pensar y seguir preguntando

08/11/2026

Ni una palabra

Hombre de espaldas en el escenario de un auditorio vacío, frente a cientos de butacas rojas y una mesa preparada

Creí que contestarían, aunque solo fuera con dos palabras. Habían preguntado desde el principio, pero después no dijeron nada.

Cuando el proyecto era poco más que una idea, sobraron los ánimos. Me dijeron que siguiera, que merecía la pena y que estaban deseando ver cómo quedaba. Tiempo después pude darles la noticia que tanto había esperado: ya estaba disponible. Esta vez no hubo entusiasmo. Tampoco una respuesta. No hubo nada.

Se lo había contado porque eran personas cercanas. Conocían mis dudas y sabían que no tenía claro si llegaría hasta el final. Sus palabras me ayudaron en aquel momento. La decisión era mía, naturalmente, pero escuchar que confiaban en la idea hizo que me resultara un poco más fácil seguir.

No tomé aquellos ánimos como una fórmula de cortesía. Hubo preguntas y comentarios que me hicieron pensar que existía un interés de verdad. Por eso di por hecho que quienes habían conocido el comienzo también querrían que les avisara cuando estuviera terminado. Me bastaba con que recordaran aquella conversación. No pretendía que sintieran lo mismo que yo.

Luego tuve que ponerme a trabajar en serio. Corregí y rehíce más de una parte, y más de una vez pensé que me había metido en un proyecto demasiado grande. Habría sido más fácil dejarlo. Seguí adelante pensando que aquellas personas querrían conocer el resultado.

Cuando por fin pude darles la noticia, lo hice con la alegría de haber conseguido algo que me había costado mucho. Esperaba una respuesta sencilla. Me habría bastado un simple "gracias" o incluso un emoticono como respuesta. No pedía una valoración ni una felicitación especial. Solo alguna señal de que habían leído el mensaje y sabían que por fin lo había conseguido.

No era un mensaje aislado. Cerraba una conversación que había empezado mucho antes, cuando todavía dudaba si seguir. Quizá por eso esperaba que la respuesta llegara casi de forma natural.

Al principio no le di mayor importancia. Pensé que estarían ocupados y que contestarían más tarde. Todos dejamos mensajes pendientes y algunas veces se nos pasan. Esperé. Después comprendí que quizá no llegaría ninguna respuesta y empecé a sentirme un poco ridículo por haber contado con ella.

Me dolió recordar el entusiasmo anterior. Habían preguntado por la idea y habían dicho que estaban deseando verla terminada. Ahora que ya estaba terminada, callaban. Eran personas de las que me sentía cerca. Por eso me costó más aceptar ese silencio. Con cualquier otra persona lo habría entendido sin darle más vueltas.

No sé por qué no respondieron. Puede que lo olvidaran o que el resultado ya no les interesara. Si digo por qué callaron, estaría suponiendo. Podría quedarme con la explicación más dolorosa, pero no sería justo convertirla en verdad sin saberlo.

Durante unos días pensé en preguntar si habían recibido la noticia. No lo hice. Habría parecido que reclamaba una felicitación y eso era precisamente lo que no quería. Si tenía que pedir una respuesta, ya no significaba lo mismo. Así que yo también guardé silencio.

Quizá di demasiado valor a las palabras del principio. Llegaron en un momento de dudas y las tomé en serio. Quizá quienes las dijeron solo pretendían animarme durante aquella conversación. Yo las recordaba porque me habían ayudado a seguir. Puedo entender que no tuvieran el mismo peso para ellos. Todavía me cuesta comprender cómo se pasó de aquel interés al silencio.

También me he preguntado si alguna vez habré hecho lo mismo. Es posible que alguien me contara un proyecto, yo lo animara y luego no volviera a interesarme. Tal vez regresó para darme una noticia que esperaba compartir conmigo y encontró una respuesta fría, o ninguna. Pensarlo me incomoda porque no puedo asegurar que siempre haya estado a la altura de mis propias palabras.

Esa duda no borra mi decepción, pero me obliga a ser prudente. Si alguna vez actué así, seguramente tampoco fue por hacer daño. Quizá dejé una respuesta para después y acabé olvidándola. Es posible que a ellos les ocurriera lo mismo. No lo sé.

Sigo satisfecho de haber llegado hasta el final. Su silencio no borra la alegría de haberlo terminado, aunque sí dejó una pequeña distancia que antes no estaba. No he pedido explicaciones ni voy a hacerlo. Tampoco necesito un elogio tardío. En aquel momento me habría bastado un simple "gracias". No llegó.

Lo que más duele del silencio es recordar todo lo que se dijo antes.

1 comentario

  1. Una riflessione delicata sulla delusione che può nascere quando l'entusiasmo iniziale degli altri lascia spazio al silenzio. Colpisce la capacità di interrogarsi anche sul proprio comportamento, senza trasformare un'assenza di risposta in un giudizio definitivo.
    Buon inizio settimana

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