Empiezo a estar cansado, de verdad lo digo. Cansado y un poco resignado cada vez que me planto delante de un producto que presume en la etiqueta de ser "Abre fácil". ¿Fácil para quién, si puede saberse? Porque a mí que me lo expliquen despacio, que debo de ser el único al que se le atraviesan estas cosas. A estas alturas uno solo pide un poco de tranquilidad y no sudar la gota gorda para tomarse una galleta. Pues no hay manera. Vivimos rodeados de inventos pensados, en teoría, para hacernos la vida más cómoda, y yo me la paso batallando contra el plástico, el aluminio y la rosca traicionera.
Mi cocina, que tendría que ser un sitio de paz y de buenos olores, parece últimamente el taller de un cerrajero de guardia. Ya no se puede ir con las manos limpias a coger nada. Para abrir cualquier minucia tengo que desplegar sobre la encimera un arsenal en regla: las tijeras de cortar el pollo, el cuchillo de trinchar y hasta los alicates de presión de la caja de herramientas. Un espectáculo. Me veo con todo aquello encima y me hierve la sangre, porque más que uno preparándose el desayuno tranquilo parezco un mecánico peleado con un tornillo pasado de rosca, resoplando, sudando y a punto de mandarlo todo a paseo.
Y es que cada trasto tiene su truco y su mala idea. El brick de leche, que tiras del pico y se abre por donde le da la gana, casi siempre por un lado, y te pones la camisa perdida. El bote de mermelada, con la tapa apretada de fábrica, que no gira ni con un trapo, ni con agua caliente, ni dándole golpecitos por el borde, que dicen que eso funciona y es mentira. La lata de conservas con su anilla, que tiras con toda tu alma y te quedas con la anilla en la mano y la lata cerrada, mirándote con guasa. Y los tapones nuevos de las botellas, esos que ahora van pegados y no hay manera de apartar, con los que la mitad de lo que bebes se te escapa por la barbilla porque el dichoso tapón se te mete por medio, que ya no sé si los han puesto para reciclar mejor o para que en vez de una botella necesites dos. Y uno, que se tiene por persona tranquila, se encuentra con un enfado mayúsculo por una tontería así.
El paquete de lonchas trae impreso un "ábrase por aquí" con su flechita, y por aquí es justo por donde no se abre, así que acabas rajándolo por el otro lado con las uñas y saltando la mitad al suelo. Y no te digo nada del bote de gel en la ducha. Estás dentro, con el agua cayendo, se te acaba justo entonces, coges el bote nuevo y te topas con el precinto, que con las manos mojadas y llenas de jabón no hay forma de agarrar. Ahí te quedas, en cueros y tiritando, dándole vueltas mientras el agua se te va enfriando encima, hasta que lo terminas abriendo con los dientes como un animal.
Y luego está el pastillero de los domingos, que ya es capítulo aparte. Aprietas el blíster con el pulgar, aprietas un poco, nada, aprietas con más ganas, tampoco, y cuando por fin cede, la pastilla sale aplastada por el medio como una chufa seca, o sale disparada como un perdigón y termina rodando debajo del frigorífico, con la suerte de que descubres de paso que ya iba tocando limpiar por debajo.
Uno ya no sabe si esto es el progreso o si nos ponen a prueba la paciencia a base de aluminio y de rosca. Como siga así, cualquier día me da algo y me lo como todo con el envase puesto, que por lo menos me ahorro el disgusto de abrirlo.
Así le hablaba yo a los inventores del abrefácil.
Al menos nos has hecho reír 🤭. Yo escribí un post que se llamaba el abredifícil. Un beso
ResponderEliminarTe aseguro que el post surgió intentando abrir un bote de tomate, y es que cada día es una pelea, sobre todo las nuevas botellitas dichosas con su tapón pegado. Que les pongan un babero adjuntado a ellas.
EliminarQue gracioso Àngel. Me he reido muy a gusto. Todo es exactamente como lo describes!! Gracias por alegrarme el dia !!
ResponderEliminarYa te imagino y me parto contigo también.
EliminarNo te olvides de que algunos abrefácil de embutidos se te rajan por mitad y no los puedes cerrar de manera que no le de el aire a las lonchas y se pongan resecas. Más de una vez me he visto teniendo que sacar el rollo de papel de film o el de aluminio para envolverlo bien después.
ResponderEliminarjajaja, qué acertado todo esto, Angelo! Más de una vez me ha sucedido, hasta tomé una pinza para desenroscar la botella de leche! Ahora ya estoy avezada, frasco de mermelada, sachet, cartón con punta, de todo pueden ponerme delante, no podrán conmigo! Un abrazo solidario!
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