Iba con una sola misión. Bajar a la carnicería, pedir cuatro filetes finos de pechuga de pollo y volver a casa. Tres minutos. No podía ser más fácil.
Yo no sé cómo lo hacen los demás, pero a mí me pasa siempre lo mismo. Entro a por una sola cosa pensando que tengo el control y salgo arruinado.
Los hombres tenemos fama de comprar con los ojos y me temo que nos la hemos ganado. Mi esposa, que ya me conoce, antes de salir siempre me dice que respete lo que pone en la lista. Yo la respeto muchísimo: no la tacho, no la arrugo y vuelvo con ella en perfecto estado. Lo he comentado con varios amigos y sus esposas se quejan de lo mismo. Debe de ser cosa de hombres: ellas hacen una lista de la compra y nosotros vemos una lista de sugerencias.
Lo peor es que ninguno sale de casa pensando en hacer lo que le dé la gana. Cogemos la lista convencidos de que esta vez vamos a cumplirla al pie de la letra. El problema empieza al entrar. Cualquier cosa que no estaba prevista encuentra enseguida una explicación. Si algo tiene buena pinta, pensamos que vendrá bien. Si además nos lo recomiendan, lo añadimos sin discutir, como si figurara en la lista. A lo apuntado, en cambio, no hace falta prestarle atención porque uno está seguro de que no se le puede olvidar. Esa confianza sale carísima.
Ahí no hay pasillos. Hay un mostrador de cristal impecable, una luz que da de lleno al género y dos carniceras despachando que conocen al barrio entero. Saben perfectamente por dónde flaqueamos.
Llegué mentalizado: cuatro filetes finos de pechuga de pollo y para casa. Pero mientras esperaba turno cometí el error fatal de ponerme a mirar la vitrina de la carne.
Primer impacto: las hamburguesas de angus. No las tenía previstas, pero tenían una pinta increíble. Le pedí dos a la carnicera para probar. Craso error, porque desde ese maldito día son las que pido siempre.
La carnicera sonrió al ponérmelas, limpió la tabla y me señaló la bandeja de al lado. Dijo que le había entrado un secreto ibérico espectacular y me enseñó la pieza. ¿Cómo le vas a decir que no cuando te lo enseñan con ese orgullo? Terminé pidiéndole medio kilo.
Antes de que terminara de envolverlo, mis ojos se fueron a la bandeja del fondo. Albóndigas caseras ya rebozadas. Pregunté si eran del día y me dijo que las habían hecho esa misma mañana, listas para freír. Le pedí una docena para tener resuelta la comida del día siguiente.
Ahí tendría que haber parado la cosa, pero para pagar hay que pasar por el mostrador de los embutidos y la otra carnicera estaba cortando una paleta ibérica que olía desde la puerta. Es una trampa en dos fases.
En cuanto me acerqué me ofreció probar una loncha finita. Caí de lleno. Le pedí doscientos gramos de ese jamón y, ya puestos, me quedé mirando la zona de los quesos. Vi un queso de oveja curado con muy buena pinta y le pedí un trozo generoso y un paquete de picos para acompañar.
Salí de allí con dos bolsas pesadas y cincuenta euros menos en la cartera. Al llegar a casa solté todo sobre la encimera. Fui sacando el secreto ibérico, las hamburguesas de angus, las albóndigas, el jamón y el queso. Guardé cada paquete en la nevera haciendo sitio como si jugara al Tetris.
Fue al cerrar la puerta cuando me quedé congelado mirando las bolsas vacías. Se me había olvidado pedir los cuatro filetes de pechuga de pollo.
A ver si nos concentramos, que solo eran cuatro filetes.
Qué gracia tienes!!! Si ya me había reído con los “abre fácil” ahora vienes con la compra “improvisada”😂
ResponderEliminarPero tengo que decirte que no eres el único. Aquí tengo a mi esposo que cuando compra él al llegar lo primero que le digo “a ver todo lo que has traído que no te pedí “ jajajajaja
Qué buenas personas sois, generosas y espléndidas!!!
Un fuerte abrazo Angelo.
Gracias por esa manera tan cariñosa de disculparnos. Voy a contarle a mi esposa que no compré de más, sino que estaba pensando en alimentar bien a la familia. No sé si colará, pero pienso intentarlo. Un fuerte abrazo.
EliminarHola Angelo. Me ha hecho mucha gracia porque a mi esposo también le ha pasado más de una vez. Sale de casa con la intención de comprar una sola cosa y vuelve con una bolsa llena de cosas que no estaban en la lista… y, por supuesto, alguna vez también se ha olvidado precisamente de aquello que iba a comprar. Creo que esa lista que llevais tan convencidos de respetar tiene vida propia. ¡Muy divertida la historia y muy bien contada!
ResponderEliminarTu esposo y yo no deberíamos ir juntos a comprar. Podríamos regresar cargados hasta arriba y todavía discutir cuál de los dos había seguido mejor el encargo. Me consuela saber que no soy el único. Un saludo.
EliminarUuuuuy...cuánto me suena lo que nos cuentas, je,je...Y es que es así, nosotras hacemos la lista y después la lista se alarga más de lo debido cuando ellos van a comprar...Y le digo: cúanta hambre tenías cuando has ido al mercado...!! Y es que os gusta mucho comprar comida, porque cuando vamos a comprar ropa es distinto...la cara de aburrimiento es un poema...je,je.
ResponderEliminarDe nuevo das en el clavo, Angelo...Os conquistan rápido en el mercado...!!
Mi abrazo, compañero.
Ahí no tengo defensa. Para unas compras somos capaces de mirar y comparar con toda la calma; para otras, a los cinco minutos ya estamos buscando una silla. Un abrazo.
Eliminar:) Divertida anécdota.
ResponderEliminarUn abrazo.
Con haberte sacado una sonrisa me doy por satisfecho. Otro abrazo.
Eliminarjajaja, hago mío este relato.
ResponderEliminarSalgo a comprar algo que me hace falta y siempre llego a casa con dos bolsas de peso jaja
Me has sacado sonrisas.
Un abrazo
Bueno, pues ya no podrán decirme que es cosa de hombres. Te agradezco que hayas venido a equilibrar un poco las estadísticas de estos comentarios. Un abrazo.
EliminarNot even that hot hunk could stop me from vomiting at that photo, sadly.
ResponderEliminarI am mucho glad I do not have to spend money on any of that meat and cheese, but then again even the prices of veggies and fruit are so high these days that even buying potatoes seems like a luxury.
Far be it from me to damage your eyesight and upset your stomach. Next time I will use a picture of aubergines and tomatoes, although at today’s prices I may have to settle for photographing them through the shop window LOL.
EliminarJajaaaa que bueno Angel, tal cual.
ResponderEliminarYo hace años que delegué las compras en los supermercados a mi marido, los odio profundamente y a él le divierten muchísimo, es capaz de pasearse por varios en una misma mañana, y a mí me tienen que arrastrar para meterme en uno, incluso a veces me quedo en el coche esperando…. Pero todo esto tiene un riesgo, que la compra sale muchísimo más cara no solo por los capricheos que compra sino por lo que cae entre medias, productos innecesarios que, incluso a veces, lo termina devolviendo por absurdos que son. Con todo y con eso, me compensa con tal no hacerlo yo, hago la vista gorda y punto.
Gracias Angel, un fuerte abrazo y feliz finde.
Te entiendo perfectamente. Si él disfruta y tú te libras de algo que detestas, bienvenidos sean algunos caprichos de más. Además, lo cuentas con tanto cariño que hasta las compras más absurdas terminan haciendo gracia. Un fuerte abrazo y feliz fin de semana.
EliminarQuerido Angelo:
ResponderEliminarQué bien retratas esas pequeñas escenas cotidianas que, aparentemente, hablan de cuatro filetes y dos bolsas, pero que en realidad nos hablan de generosidad, convivencia y cariño. A veces son los gestos más sencillos los que dejan las huellas más profundas.
Me ha encantado leerte.
Un fuerte abrazo, Angelo.
Le has encontrado más fondo del que yo pretendía ponerle. Yo solo quería reírme de mi despiste, aunque reconozco que en casa hace falta bastante paciencia para aguantarme estas cosas. Un fuerte abrazo.
EliminarDicen que a la compra no s puede ir con hambre, yo añado que hay que ir con gafas de sol para no ver todo lo que gusta. Un abrazo
ResponderEliminarConmigo haría falta algo más drástico: salir con el dinero justo y dejar la tarjeta en casa. Así ya no podría pasarme, por mucho que mirara. Un abrazo.
EliminarEl segundo problema es que hay que comerlo y, sobre todo con la fruta, más complicada de congelar, puede uno tener tanto excedente que acabe estropeándose una parte, pero cuando eres así, que entra todo por los ojos, no hay remedio.
ResponderEliminarEso sí que me daría rabia. Gastar de más fastidia, pero tener que tirar comida por haber comprado sin cabeza me parece mucho peor. Ahí ya no podría defenderme con ninguna broma.
Eliminar¡Qué buen artículo! Me he reído mucho porque no se puede definir mejor el papel de los padres o, como mínimo, el de mi padre, jajajaja. Sale con la mejor intención del mundo, convencido de que van a seguir el encargo al pie de la letra, pero siempre acaba haciendo lo que él considera más oportuno… Todo sea por "innovar" un poco.
ResponderEliminarEs como cuando les pides que compren una marca concreta y vuelven con otra distinta porque "esta parecía mejor" o "estaba de oferta". Eso sí, después de llenar dos bolsas con sus grandes descubrimientos, se olvidan precisamente de lo único que necesitabas. Muy divertido y, sobre todo, demasiado real. ¡Me ha encantado! Gracias una vez más por compartirlo, Ángel.
Ese afán nuestro por mejorar el encargo es peligroso. Salimos convencidos de haber tenido una idea estupenda y volvemos sin entender por qué nadie nos la agradece. Un abrazo.
EliminarSuele ocurrir. A las mujeres también. Un beso
ResponderEliminarMenos mal, porque ya empezaba a pensar que venía de fábrica. Otro beso.
EliminarJa, ja, ja. Mi marido y yo solemos hacer la compra de la semana juntos, con una lista hecha desde casa, así no hay problemas.
ResponderEliminarUn abrazo
A mí me vendría bien ir acompañado. En cuanto empezara a desviarme, mi esposa podría recordarme a qué habíamos ido antes de que fuera demasiado tarde. Un abrazo.
EliminarJajajaja! Que tentadora esa visita a la carnicería, donde todo provoca. Imagino tu cara al descubrir que habías comprado de todo excepto lo de la lista, habrás tenido que volver a bajar y espero que en esa segunda visita no volvieras a despistarte.
ResponderEliminarAbrazos
Mi cara fue de no dar crédito. Después de todo el despliegue, seguía faltando precisamente lo único necesario. Pero no te lo vas a creer pero estuvo a punto de volver a ocurrir porque volví a por huevos que se me había olvidado también y casi me dejo las pechugas de nuevo. Mi mujer va a tener que encargarle la compra a la vecina.
EliminarNo disimules.
ResponderEliminarNo te gusta ir a comprar y por eso has ideado una estrategia insuperable.
Dos o tres compras más así y quedas exento de por vida, jajajajaa
Ya decía yo que tú no ibas a tragarte lo del despiste. Lo malo es que esta estrategia me ha costado cincuenta euros y todavía tuve que volver a por lo que faltaba. Como plan para librarme de la compra, no sé si me compensa repetirla dos veces más, jajajaja. Un abrazo.
EliminarBuenos días Ángel gracias por ese toque de humor que pones siempre, que bueno es reir un ratito imaginando la situación mil gracias por tu tiempo y tu simpatía
ResponderEliminarMil gracias a ti por leerme siempre con tanto cariño. Me alegra podar sacar sonrisas los jueves . Agradezco el despiste viendo el buen rato que nos está dando. Un abrazo.
EliminarÚltimamente olvido, temo que un día incluso me olvide de mí mismo en algún lugar :))
ResponderEliminar¡Saludos de viernes para ti!
Eso sí superaría lo mío. Yo volví sin los filetes, pero al menos volví yo :)) Buen viernes para ti también.
EliminarMe hiciste reir mucho con ese final incomparable! No quiero saber la cara de tu esposa al darse cuenta, imagino que habrás corrido a remediar el olvido y ya tener la billetera vacía! Un abrazo Angelo!
ResponderEliminarSoy un caso irrecuperable a la hora de comprar. Me pierdo.Otro abrazo
EliminarHola Angelo, gracias por tus narraciones, me encantan y lo paso muy bien. Un abrazo
ResponderEliminarYo que me alegro de ello, gracias a ti por decírmelo. un abrazo
EliminarA mi me pasaba lo mismo hace unos años,
ResponderEliminardesde que me llevo el papel apuntado, ahora
no, buen finde, un saludo.
Es que a mi se me olvida sacer el papel o me lo dejo en casa, así que improviso. Un abrazo
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