Reflexiones que nacen de vivir, pensar y seguir preguntando

10/05/2026

Nadie está tan lejos como cree

Nadie está tan lejos como cree
Hombre joven apoyado en una pared blanca con la cabeza inclinada y la mano en el cuello, rodeado de sombras diagonales proyectadas por la luz del sol, transmitiendo peso interior y fragilidad humana.

Creemos que ciertas caídas son imposibles para nosotros. San Agustín pensaba que esa certeza es exactamente el problema.

Hay una frase de San Agustín que desarma cualquier intento de superioridad moral: "No hay pecado que otro haya cometido que yo no pueda cometer, si Dios no me sostiene". Es una afirmación que va en contra de lo que intentamos creer sobre nosotros mismos. Cuando vemos a alguien hundirse en una traición, en una infidelidad o en un engaño que destroza su entorno, nuestra primera reacción es marcar una distancia física y mental. Decimos "yo nunca haría eso" para convencernos de que estamos a salvo de nosotros mismos. Necesitamos creer que estamos hechos de otra materia y que las caídas ajenas son solo de los otros.

Pero Agustín no hablaba por hablar. Él conocía bien esa contradicción interna que te lleva a querer lo que te daña. No era un santo de mármol; era un hombre que se sabía vulnerable. Entendía que la diferencia entre una vida íntegra y una vida rota no es una cuestión de voluntad de hierro, sino de un apoyo que él llamaba Gracia. Al decir que él mismo podría ser el más ruin, estaba admitiendo que, en las condiciones adecuadas de soledad o confusión, la misma sombra que vemos fuera habita dentro.

Esta idea no encaja bien con la imagen que nos gusta mantener. Nos gusta sentenciar. Nos sentimos seguros señalando el error ajeno porque así no tenemos que mirar el nuestro. Observamos la debilidad del que ha fallado como si nosotros tuviéramos garantizada la firmeza para siempre. Y es aquí donde encaja la confesión de San Pablo: "No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago". No es una exageración. Es bastante exacto. Hay momentos en los que uno sabe lo que debería hacer y, aun así, se inclina hacia lo contrario.

No ocurre siempre de forma brusca ni evidente. Muchas veces empieza antes, en decisiones pequeñas que uno va justificando, en límites que se mueven  en la forma en que se va rebajando la exigencia propia mientras se mantiene intacta la que se aplica a los demás. Cuando llega lo serio, casi nunca aparece de golpe. Suele encontrar un terreno ya preparado.

Si soy capaz de reconocer que mis propias manos podrían ser las que ocultan una infidelidad, las que firman un engaño o las que traicionan a quien confía en mí, el juicio se detiene. No es que el mal sea menos malo, es que yo dejo de ser el verdugo. Reconocer que mi limpieza moral es, en parte, fruto de no haber sido empujado al límite, obliga a mirarlo todo de otra manera. La dureza con la que juzgamos a los demás suele ser una forma de no admitir hasta dónde podríamos llegar.

Pero esta visión no busca hundirnos, sino colocarnos en nuestro sitio. Algo cambia cuando uno deja de verse fuera de ese mapa. Si estos hombres se sabían capaces de lo peor, entonces ninguna caída te convierte en un caso extraño ni te coloca en otra categoría.

Al final todo queda más cerca de lo que uno querría reconocer. No hay una línea fija que garantice nada. Pero tampoco hay una caída que te deje fuera de lo que eres. Lo que te ha llevado a fallar es lo mismo que, con tiempo, también te permite recolocarte.

No cambia lo que eres ni te aparta de los demás. Simplemente deja al descubierto algo que siempre ha estado ahí. Y desde ahí, aunque no sea inmediato ni fácil, también se puede seguir.

Una canción que dice en música lo mismo que Agustín decía en palabras. Lo que te sostiene no eres tú.

44 comentarios

  1. Uy Angel que belleza de reflexión, es tan real, tan verdad y tan posible todo lo que dices.
    Nos creemos muchas veces por encima del bien y del mal y señalamos con el dedo las caídas o errores de los otros cuando, lo cierto, es que todos estamos hechos de la misma pasta y esa fragilidad y vulnerabilidad esta impresa en nuestro ADN.
    Nuestra naturaleza humana esta herida por el pecado y como dice nuestro sabio refranero “No digas nunca de este agua no beberé”.
    Necesitamos una buena dosis de humildad y sencillez de corazón para reconocer como bien dices en tu texto que “La dureza con la que juzgamos a los demás suele ser una forma de no admitir hasta dónde podríamos llegar”… y a partir de ahí la Gracia de Dios se derramará a raudales si nos dejamos sostener y guiar por El.
    El propósito lo ponemos nosotros, la misericordia la pone Dios, que esta siempre deseando perdonarnos y ayudarnos a levantarnos.

    De verdad, muchas gracias Angel por estos ratitos que a mi me hacen mucho bien.

    Por cierto, la canción preciosa… Gracias Señor, si no fuera por Ti… ¿Qué sería de mi?

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    1. Paula, gracias de corazón por este comentario. Creo que has entendido perfectamente el fondo del post. A veces hablamos de las caídas ajenas como si nosotros estuviéramos hechos de otro material y la realidad es bastante más incómoda. Basta que la vida te apriete por el sitio adecuado para darte cuenta de lo frágil que puede llegar a ser uno.
      Y es verdad eso que dices de la humildad. Cuesta muchísimo mirarse sin disfraz y aceptar que también llevamos dentro cosas que preferimos ver solo en los demás.
      Me alegra mucho saber que estos textos te acompañan un poquito. Y la canción… tenía que ir con este post sí o sí. Un fuerte abrazo.🙂

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  2. Sadly, modern culture is all about judging and especially the younger generations are very judgemental and ready to fault and blame without really having enough life experience, information nor knowledge to do so, and especially not the humility.

    What do you do for a living, Angelo, haven't asked you before? You sound like a teacher :)

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    1. I think nowadays a lot of people feel the need to have an opinion about everything, and to express it very quickly too. And the fewer doubts people show, the more certain everything seems, when many times it’s actually the opposite.
      As the years go by, life also knocks down quite a few certainties. That’s usually where a bit of humility begins.
      And about the other thing… people have guessed many things about my profession 😄 but teacher is a new one. Not a bad guess, although I never really had the vocation for it.
      You deserve a calmer reply, so as soon as I can, I’ll answer you properly in private. Sending you a hug.

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  3. Maravillosa reflexión!! Mientras más humildes son las personas, más expresan sus fracasos. Y los demás a parte de juzgarlos y pensar que somos diferentes intentamos disimularlos y disfrazarnos.

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    1. Supongo que también tiene que ver con que cuando uno ya ha pasado por ciertas cosas, pierde bastante necesidad de aparentar perfección. Y ahí empieza algo más real.
      Muchas veces el problema no son solo los errores, sino el esfuerzo constante por sostener una imagen de nosotros mismos que tampoco existe tanto como creemos. Ahí acabamos agotados todos. 🙂 Un beso fuerte

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  4. España no cumple con
    el requisito de la humildad,
    todo se arregla con ego, hoy,
    lamentablemente, nadie se
    disculpa, porque se entiende,
    como un rebaje, saludo.

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    1. Cuesta un montón encontrar a alguien que baje la guardia, Orlando. Parece que ahora reconocer que uno se ha equivocado se ve como una derrota, cuando en realidad lo que cansa es esa pose de perfección que nadie se cree. Al final, por no querer "rebajarse", nos estamos quedando cada vez más aislados. Gracias por tu visita.Un abrazo.

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  5. Beautiful thoughts, Angelo. The image is very powerful.

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    1. Dear Linda, thank you so much for your kind words. I'm glad the post resonated with you, and I truly hope you’re feeling a bit better today. Sending you a very warm hug.

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  6. Vivimos en una sociedad cada vez más polarizada. Los continuos mensajes de los interesados en la desunión, calan en cada uno de nosotros y llevan las posiciones enfrentadas a todos los ámbitos, también a los religiosos. Nos dejamos arrastrar por esa necesidad de tener razón, de marcar distancias con lo que es distinto, aunque solo lo sea en lo más superficial, de reafirmarnos menospreciando lo del otro.

    En esa necesidad de lidiar con las debilidades, usamos a Dios como avalista de nuestra supuesta superioridad, No lo llevamos como sostén de nuestra fragilidad o fuente de alegría, lo ondeamos como bandera que señala nuestra virtud.

    La fe se convierte entonces en medidor de méritos y no en experiencia de encuentro. Convertimos nuestra relación con Dios en un privilegio exclusivo que marca distancia con los demás y nos pone un escalón por encima. Identificamos a Dios con nuestros ritos, nuestras prácticas y hasta con nuestras canciones.
    El camino que Jesús nos propuso es el contrario, es ver a Dios en el otro, en todos y cada uno de los que nos encontramos, Dios no se posee, se regala. Ser capaces de ver a Dios más en el otro que en nosotros mismos, nos acerca a la verdad del evangelio. Esa humildad de sentirse uno más, igual que el otro, nos coloca entre hermanos hijos del mismo Padre.

    No nos apropiemos de Dios, no lo impongamos tampoco, ni lo exijamos, Compartir a Dios como experiencia es el mayor regalo que podemos hacer al otro
    y a nosotros mismos. Dejemos salir a Dios de nuestro egoísmo y veámoslo en el rostro de los demás, en eso que no entendemos, en eso que nos duele.

    Regalar a Dios, ver a Dios en los demás nos hace sacar la mejor versión de nosotros mismos, siendo más humanos, más humildes y nos acerca más a Él.

    Cuando dudes de ti, recuerda que ya sobreviviste a días que pensaste que jamás terminarían.

    Un abrazo estimado Ángel

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    1. Gracias, Toñi. Hay muchas cosas de tu reflexión que comparto profundamente, sobre todo la idea de que cuando usamos a Dios para sentirnos por encima de alguien, algo se ha desviado dentro de nosotros.
      A veces tengo la sensación de que hemos aprendido demasiado bien a defender posiciones, pero muy poco a mirar de verdad al otro sin necesidad de etiquetarlo antes.
      Seguramente ver a Dios en quien nos incomoda, nos contradice o incluso nos hiere, debe es una de las pruebas más difíciles y más auténticas del Evangelio. Un abrazo grande.

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  7. Cualquiera puede caer con la motivación precisa. Lo importante es saber reconocerlo y arrepentirse. Un beso

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    1. Así es, Susana. Y quizá una de las cosas que más nos humaniza es precisamente no creernos nunca inmunes a nada. Porque cuando uno piensa “yo jamás haría eso”, muchas veces empieza a dejar de comprender la fragilidad humana. Un beso

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  8. No pondría la mano en el fuego por nadie.
    Ni por mí mismo.
    La mente humana y las emociones son difíciles de prever y toda nuestra vida anterior no garantiza que no podamos cometer cualquier barbaridad por muy improbable que nos parezca.
    Ser consciente de ello y admitirlo es una forma de intentar vigilarse a uno mismo y velar porque jamás perdamos el control de nuestros actos.

    Saludos.

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    1. Estoy bastante de acuerdo contigo, Xavi A veces el problema empieza cuando uno se cree incapaz de ciertas cosas, porque quizá ahí es cuando baja la vigilancia sobre sí mismo.
      La fragilidad humana es mucho más imprevisible de lo que nos gusta admitir, y reconocerlo probablemente nos hace más prudentes y también más humildes. Un abrazo

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  9. Angelo querido, vos decís "Hay momentos en los que uno sabe lo que debería hacer y, aun así, se inclina hacia lo contrario." la pregunta que cabe hacerse, porque seguramente, siempre hay una chispa en la mente antes de hacerlo, ¿y después, como seguimos? Son momentos, el ahora y el después.. Muy temprano empecé a escribir sobre eso: prudencia e insensatez, en minutos debo ir a rehabilitación con mi fisioterapeuta.. le terminaré después.. pero viene bien el ejemplo: el alma rota necesita la terapéutica de Dios, a través del otro. ¿Hay segundas oportunidades? Si hay capacidad de pedir perdón y de perdonarse, si. Un abrazo

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    1. Muchas veces el verdadero peso no está solo en lo que hacemos, sino en cómo convivimos después con ello. Porque hay decisiones que duran segundos y consecuencias que pueden quedarse años dentro de uno.
      Y quizá por eso necesitamos tanto de los demás en determinados momentos de la vida. Hay heridas interiores que uno solo no sabe ordenar ni sostener. Espero que vaya bien la rehabilitación Un fuerte abrazo.

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  10. Esto tuyo de hoy me lleva a una situación con mi nieta cuando tenía doce años. Me estaba haciendo una encuesta con preguntas para responder y ver la personalidad. En una respuesta yo dije, Empatía. Ella enseguida me dijo, no abuela no podés apoyar eso! Uno aprende con los años, un abrazo Angelo!

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    1. Qué bueno eso, María Cristina. Y además dicho con la sinceridad tan directa que tienen los niños y adolescentes cuando todavía ven las cosas desde lugares muy absolutos.
      Es verdad que con los años uno aprende que intentar comprender a alguien no significa justificarlo. A veces simplemente significa recordar que todos somos bastante más frágiles y contradictorios de lo que creemos. Un abrazo.

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  11. Hola, me ha gustado leerte. Es una reflexión dura pero real como la vida misma. Un fuerte abrazo.

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    1. Muchísimas gracias. Te agradezco la visita y dejar tu comentario. Un abrazo

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  12. Ángelo, esta reflexión tuya desarma: recuerdas que nadie está a salvo de sí mismo, que la fragilidad humana es más amplia de lo que queremos admitir y que la gracia —ese sostén que no depende de uno— es lo único que evita ciertas caídas. Un texto honesto que baja el juicio y abre la mirada.
    Un fuerte abrazo, Ángelo.

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    1. ¿Qué tal Enrique? ¿Cómo sigues? Gracia suna vez más por tu visita, tu aportación y la serenidad que siempre me transmites. Un fuerte abrazo

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  13. Angelo, tu reflexión nos interpela y cada uno muestra qué grado de honestidad y humildad tiene cuando juzga a los demás...La educación que nos dan de pequeños, los valores humanos que recibimos en la familia y en el colegio nos enseñan a mirar al otro como igual o no...Todos llevamos en los genes el bien y el mal y todo depende de la educación recibida elegir una cosa u otra...También aprendemos que las circunstancias son determinantes y es necesario ponerse en "los zapatos del otro" para entender ciertos comportamientos...La empatía, como dice María Cristina, es fundamental...La religión también nos enseña los valores humanos, además esos "ángeles custodios" nos sostienen, como bien dice S.Agustín...Todos somos humanos, muy parecidos, y sólo nos diferenciamos en la educación y en las circunstancias, que a veces impulsan y obligan a actuar de determinada manera...Todo esto hay que tenerlo en cuenta y no juzgar a nadie, Angelo.
    Te dejo mi abrazo entrañable por tus buenos temas y te espero en mis dos últimos poemas...

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    1. Que difícil que es muchas veces mirar al otro sin colocarnos automáticamente por encima de él. Y creo que tienes razón en algo importante: la educación, el entorno y las circunstancias marcan muchísimo más de lo que solemos admitir.
      También comparto esa idea de intentar ponerse en los zapatos del otro, aunque no siempre resulte fácil. A veces opinamos sobre determinadas decisiones sin haber conocido jamás el miedo, la necesidad, la soledad o las heridas desde las que actuó esa persona.
      Y sí, seguramente la humildad empieza cuando uno deja de hablar desde la superioridad moral y comprende que la fragilidad humana nos atraviesa a todos mucho más de lo que creemos. Te mando un abrazo

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  14. Gracias, Angelo, leer tu reflexión es un alimento muy necesario y nutritivo para el alma. Nos pones frente a lo que todos podemos hacer, para bien y para mal. Somos muy rápidos para hacer juicios, pudiendo en vez de eso, hacer un escrutinio personal y mejorar. Y a la vez encontrar las cualidades de los demás, incluso tratar de imitarlos en ese sentido. Estar muy conscientes de que podemos ser capaces de todo, de equivocarnos de mil maneras, como los demás. De pedir perdón, de perdonar. Da para mucho análisis lo que nos expones, quisiera decirte muchas cosas más, pero mejor me quedo leyéndolo otra vez y los comentarios que te han hecho, para extraer toda la enseñanza que nos brindas. Es una entrada para leerla con toda su profundidad. La canción es preciosa.
    Un fuerte abrazo!

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    1. Gracias de corazón, Sara. Y te confieso una cosa: conforme he ido leyendo algunos comentarios, he sentido que la entrada ya no me pertenecía del todo, porque cada persona la ha llevado hacia lugares muy distintos y muy personales. Eso para mí siempre es lo más valioso cuando uno escribe.
      Además, hay temas que no se terminan cuando se publica un post. Se quedan rondando dentro varios días y creo que este ha sido uno de ellos. Así que gracias también por detenerte y dedicarle tiempo. Un fuerte abrazo.

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  15. Hermosa reflexión, la humildad se ha perdido y no sé si la recuperaremos.
    Saludos

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    1. Todo depende de cada uno de nosotros, no solo la humildad , si no todo lo que en esta vida no funciona . Si nos empeñamos otros nos seguirán. Gracias . Saludos

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  16. Como dice el refrán, Angelo. Buscando la paja en el ojo ajeno. Excelente tu reflexión. Un abrazo

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    1. Bueno más que buscar es la sensación que se te queda cuando descubres la propia fragilidad, esa que acabas de criticar ferozmente. Un abrazo Gil

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    2. Sí, nos dejas en reflexión y cada lector percibe algo distinto, y eso es positivo, demuestra que lo que plasmas llega a todo corazón, y reflexionamos cada cual de distinta manera porque somos distintos.
      Un placer siempre venir a leerte.
      Un fuerte abrazo Angelo

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  17. Gracias Carmen. Es bonito comprobar esa diversidad de comentarios ante una misma reflexión , abriendo nuevos caminos que siempre enriquecen. Es una forma de ampliar lo que uno escribe. Otro abrazo para ti

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  18. Todos arrastramos una dualidad: el bien y el mal... Y nadie está libre de cualquiera de ellas.
    Por eso no debemos ponernos o quitarnos del espacio del otro. Nadie esta libre.
    Un abrazo, amigo

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    1. Gracias Ildefonso. Siempre tienes sabias palabras en tus comentarios. Un abrazo

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  19. A veces somos bastante hipócritas y, en ocasiones, los más escandalizados, son los que cargan con más culpa.

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  20. Riconoscere la propria ombra è l’inizio della misericordia:
    solo chi sa di poter cadere impara davvero a non ferire.
    Un caro saluto

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    1. Grazie, Silvia. E forse solo chi conosce la propria fragilità finisce per guardare gli altri con meno durezza e più comprensione. Un caro saluto.

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  21. Si no respetamos a los demás y le damos lo mejor de nosotros mismos, estamos condenado a recibir lo mismo, de ahí la importancia de predicar con el ejemplo.
    Por eso San Agustín exploraba en si mismo la búsqueda de la verdad, el amor y la gracia divina.
    Gracias Angelo, por tan interesante artículo.

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    1. Creo que San Agustín entendió muy bien algo que cuesta aceptar, que antes de mirar tanto fuera conviene mirarse bastante por dentro. Y ahí no solemos salir tan impecables como pensamos.
      Predicar con el ejemplo suena sencillo, pero mantenerlo cada día ya es otra historia. Gracias, Manuel, un abrazo

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  22. No hay nada que agrade mas nuestro cerebro que escuchar que tenemos razón, que estamos haciendo las cosas bien, el fastidioso y nocivo sesgo de confirmación, pero de vez en cuando y si nos bajamos del pedestal y miramos no hacia abajo sino al lado y descubrimos tristemente que no somos diferentes a quienes nos rodean y cometemos una y otra vez los mismos errores, es cuando realmente empieza nuestro camino...

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    1. Muchas veces no somos conscientes de que estamos equivocados hasta que pasan años. En ese momento miras atrás y te preguntas cómo no pudiste verlo antes, cuando para los demás quizá era evidente desde el principio.

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