Reflexiones que nacen de vivir, pensar y seguir preguntando

30/04/2026

La asamblea de las dos de la mañana

La asamblea de las dos de la mañana | Siete en Familia
Hombre tumbado de lado en la cama, despierto por la noche, con expresión de insomnio y una nube de pensamiento con una oveja saltando una valla.

Apagas la luz convencido de que el día ha terminado, pero justo cuando todo queda en silencio empieza la reunión que nadie ha convocado.

Te metes en la cama reventado. Has cumplido con el día. Has hablado, has trabajado, has contestado mensajes. No pides nada especial. Solo dormir. Cerrar los ojos y desaparecer. Y justo cuando todo está en silencio, tu cabeza decide empezar la asamblea.

Primero: la puerta. Sabes que está cerrada. La has cerrado tú. Pero ya estás imaginando que hiciste el gesto en automático y no giraste bien la llave. Te levantas otra vez. Compruebas. Cierras. Vuelves. Con esa sensación absurda de "ahora sí". Y sabes que en cinco minutos volverás a dudar.

Segundo: ese correo que enviaste por la tarde. Era correcto. Normal. Pero ahora, en la oscuridad, te suena frío. Encuentras un tono que no estaba. Imaginas al otro leyéndolo mal. Y ya estás corrigiendo algo que nadie ha señalado.

Tercero: esa llamada que no devolviste. La viste entrar. La dejaste para después. Han pasado días. Ahora tu cabeza ha decidido que el silencio ya ha hecho su trabajo. Que el otro ha entendido desinterés. Todo por no devolver una llamada.

Cuarto: planificación nocturna. En la cama te vuelves estratega. Mañana te levantas temprano, haces ejercicio, organizas papeles, respondes todo, ordenas la vida entera. A las dos de la mañana todo parece posible.

Quinto: el ruido mínimo. Un crujido que siempre ha estado ahí. El mismo de todas las noches. Pero ahora suena distinto. Más cerca. Más raro. Sabes que no es nada. Y aun así escuchas mejor.

Sexto: cuentas mentales. Empiezas con una cifra pequeña y acabas proyectando meses que todavía no existen. Sumando, restando, anticipando problemas que ahora mismo solo viven en tu cabeza.

Séptimo: culpa difusa. No recuerdas nada concreto. Ningún gesto claro. Pero te preguntas si hoy fuiste áspero con alguien. Si dijiste algo de más. No hay prueba. Solo la sospecha.

Octavo: el chequeo corporal. Te notas algo en el cuello. Luego en el hombro. Luego en un lunar que lleva contigo media vida. Y decides que justo ahora es buen momento para analizarlo.

Noveno: conversaciones imaginarias. Respondes mejor que en la realidad. Argumentas perfecto. Sales victorioso. Lástima que todo sea dentro de tu cabeza y con público invisible.

Décimo: el momento en que dices "ya está, ahora duermo". Te acomodas. Respiras. Y justo entonces aparece una idea mínima. Una tontería. Pero lo bastante insistente para que el sueño, que ya venía de camino, se quede esperando en la puerta.

Y mientras tanto aplicas la respiración del vídeo de YouTube, ese método del ejército que en teoría funciona siempre y en la práctica solo funciona a los soldados, la relajación guiada y esa playlist de Spotify con ruidos blancos, lluvia, olas, bosque nocturno y hasta un tren lejano que no sabes ni de dónde sale. Todo muy profesional. Todo muy zen.

Pero al final, al menos en mi caso, el sueño llega cuando el cerebro ya está tan cansado de dar vueltas que se rinde por agotamiento puro. No por disciplina. No por método. Por cansancio.

La asamblea se levanta sin conclusiones. Mañana habrá otra.

¿Cuál es el pensamiento que siempre aparece cuando apagas la luz? Ese que no falla. Si te apetece, cuéntalo. Aquí estamos entre insomnes.

Si después de la asamblea nocturna no hay manera de dormir, siempre queda el método tradicional. Una buena nana, cerrar los ojos… y que el cerebro firme la paz por agotamiento.

1 comentario

  1. Ha ha ha the constantly worrying mind of a responsible person. Don't you sometimes with that you did not have a conscience?
    I can happily say that I work so much (translating books from nine AM to seven or eight PM, plus all the daily chores in the house and kitchen) that I am never sleepless, I fall asleep the moment my head hits the pillow, no time for thinking and probably for the best.
    I can have busy mind in the bed only if I travelled somewhere by work that day and my head is filled with impressions.

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