Una fe pensada y elegida
Hablar de fe no siempre es cómodo. A veces incomoda a otros y a veces me incomoda a mí mismo. Este texto no nace para convencer ni para discutir, sino para situarme: desde dónde escribo y con qué intención comparto lo que creo y lo que vivo.
Desde hace un tiempo están apareciendo caras nuevas por el blog. Muchas han llegado a través de ese ir y venir entre blogs, de visitas que uno hace y que otros devuelven con amabilidad. Me alegra de verdad. Muchas comentan con respeto, incluso cuando discrepan, y algunas me obligan a releer lo que he escrito. Eso siempre es sano, sobre todo cuando uno tiende a pensar que ya lo ha explicado todo bien.
Cuando el tema toca la fe ocurre algo distinto. En los comentarios suele haber diálogo. Pero por correo me llegan a veces mensajes más directos. Alguno recientemente bastante desagradable. Algunos correctos. Otros menos. No siempre amables. De vez en cuando aparece alguien convencido de que ha venido a corregirme la vida o la conciencia, como si yo estuviera esperando su veredicto para reorganizarla. No me molesta. Me confirma que hablar de Dios todavía remueve algo. Las ironías no me inquietan. Me inquieta más la indiferencia. Porque quien ironiza, al menos, todavía está mirando.
Por eso quiero dejar algo claro, sobre todo para quienes llegan ahora y no conocen la trayectoria de este blog. Aquí escribo desde mi fe en Dios. No la escondo ni la disfrazo. Tampoco la uso como bandera. Y lo voy a explicar de la forma más sencilla posible. Sin lenguaje técnico, sin rodeos. Porque si algo he aprendido es que cuando la fe es real no necesita envoltorio complicado para entenderse.
Mi fe no nació de la costumbre ni de una tradición automática. Pasé por etapas de distancia, por dudas reales, por búsquedas fuera de la Iglesia y fuera de todo. También hubo desencanto, preguntas sin respuesta, túneles muy oscuros que atravesar. Hubo momentos en los que uno se siente inteligente por cuestionarlo todo y, al mismo tiempo, profundamente vacío. Y hubo un momento en el que comprendí, parafraseando a san Agustín, que lo que buscaba no estaba fuera, sino dentro; que había pasado mucho tiempo buscándolo lejos cuando siempre había estado dentro de mí.
No fue un fogonazo sentimental. Fue un proceso lento, incómodo a veces, pero sólido. No escribo desde una fe perfecta. Escribo desde una fe trabajada. Con cicatrices. Y también desde el cansancio a veces. Me cansa que se piense que creer en Dios es sinónimo de ingenuidad. Me cansa que algunos den por hecho que hemos sido aleccionados, como si no hubiéramos pensado por nosotros mismos. Tengo carácter. Me enfado. Dudo. Me rebelo por dentro. No vivo la fe como un buenismo permanente ni como una anestesia emocional. La vivo con tensión, con preguntas y con decisiones que no siempre son cómodas.
Con el tiempo también entendí algo importante: la fe no la fabricas tú. No es un logro personal ni el resultado de haber pensado mucho. Es un regalo. Y los regalos no se producen a base de esfuerzo. Se reciben. Ahora bien, que sea un regalo no significa que te quedes de brazos cruzados. Puedes abrirte o cerrarte. Puedes pedirla o ignorarla. Hay una oración muy sencilla que he escuchado muchas veces: “Señor, si existes, dame la fe”. No es sofisticada. No es teórica. Es honesta. Y a veces la fe empieza justo ahí, en alguien que quiere creer y no puede solo. A veces nace en una crisis. En una pérdida. En una pregunta que no desaparece. A veces irrumpe. A veces tarda años. Pero no suele nacer de la comodidad.
Creer no me ha ahorrado problemas. No me ha evitado noches largas ni decisiones difíciles. Y tampoco me ha vuelto blando ni frágil. Tampoco ha hecho que las dudas desaparezcan para siempre ni que yo deje de equivocarme. La fe no me ha blindado la vida. Lo único que ha cambiado es que ahora camino esas etapas con una certeza que antes no tenía.
Sé que muchos cuentan su abandono de la fe como una liberación. Algunos lo hacen después de experiencias dolorosas. Y esas heridas existen. No las niego. Cuando alguien ha sido herido dentro de la Iglesia, no hay discurso que lo arregle. Es una injusticia grave. Y es pecado. Y duele mirarlo de frente.
Reducir la fe a ignorancia es una forma demasiado cómoda de no tomársela en serio. Creer no nace de la ignorancia, ni del miedo, ni de la falta de pensamiento crítico. Tampoco hoy encaja con la realidad. En pleno siglo XXI, muchos intelectuales y científicos reconocen que la fe no es incompatible con la razón. Algunos llegan a ella después de procesos largos y exigentes. No por falta de pensamiento, sino precisamente después de pensar mucho. Creer no es apagar la razón. En mi caso, fue tomarla en serio hasta el final. Cuando uno ha encontrado la fe, deja de preguntarse por qué cree y empieza a mirar qué es lo que esa fe le ha permitido encontrar.
No menciono esto para ganar un debate. Solo para recordar que la fe no es una caricatura. Hay abandonos y regresos. Hay heridas y búsquedas honestas. Hay quien duda toda la vida. En mi caso, podría intentar explicar mi fe con argumentos, lecturas o razonamientos. Y los hay.
Defino este blog como católico con total naturalidad. Amo a esta Iglesia concreta, imperfecta y herida, porque formo parte de ella. Y precisamente por eso no cierro los ojos ante sus escándalos. Los condeno sin matices. Conozco personas profundamente dañadas por miembros de la Iglesia y cuesta mirarlas a los ojos. No tiene excusa posible. Nada puede justificarlo.
Pero sería injusto reducirla solo a eso. También existen muchísimas personas que viven el seguimiento de Jesús con una entrega silenciosa, gastando su vida por los demás con una coherencia que rara vez aparece en los titulares. Esa realidad también forma parte de la Iglesia. Y también creo que se equivoca quien abandona la Iglesia pensando que seguía a personas concretas. Los cristianos no seguimos a los miembros. Seguimos a Jesús. Si alguien traiciona lo que ha recibido, el problema no está en el origen, sino en quien no ha sido fiel a él. Sería como culpar a unos padres por las fechorías de un hijo adulto que ha decidido actuar por su cuenta.
Hace poco, pensando en todo esto, leí una carta del papa León XIV que me hizo pensar. Era la respuesta que había escrito a Rocco, un hombre que se definía como no creyente pero que, al mismo tiempo, confesaba sentirse inquieto por Dios. El Papa señalaba algo que me parece decisivo: la frontera más profunda no está entre creyentes y no creyentes, sino entre quienes buscan y quienes se han instalado.
Eso nos alcanza a todos. A quienes nos llamamos creyentes, porque podemos llevar años usando esa palabra sin que implique ya una búsqueda real. Sin dejarnos cuestionar. Sin permitir que Dios nos incomode. La etiqueta se mantiene, pero el deseo se apaga. Y una fe sin deseo termina siendo costumbre social, algo que se defiende más por identidad que por amor. Y una fe vivida así difícilmente puede atraer a nadie. También alcanza, a veces, a quienes dicen no creer pero siguen mirando con atención lo que hacen los creyentes. A veces detrás de esa atención hay una herida. O una pregunta que no terminó de cerrarse. Porque cuando algo nos resulta completamente ajeno, normalmente deja de interesarnos.
Escribo desde alguien que ha buscado, que se ha ido, que ha dudado y que ha vuelto. Por eso esta reflexión no pretende señalar a nadie desde arriba, sino recordarme a mí mismo que la fe viva implica movimiento. Si no hay búsqueda, algo se ha detenido. Al final, todos buscamos algo que nos trascienda, algo que dé sentido y no se rompa a la primera dificultad. Yo, en mi camino, lo llamo Amor con mayúscula. Y cuando alguien lo busca con honestidad, aunque no tenga todas las respuestas, algo verdadero ya está en marcha.
No pretendo que nadie piense como yo. Solo quería dejar claro cuál es mi posición, sobre todo para quien llega nuevo y no conoce el recorrido de este blog. Si tú hiciste tu camino y llegaste a otras conclusiones, lo respeto. La vida me ha enseñado que siempre puedo comprender más, crecer más, mirar más hondo, sin que eso borre la certeza que ya tengo.
Cuando alguien entra en este blog no me pregunto en qué cree. No paso lista. No miro etiquetas. Me basta con que esté aquí. Lo demás pertenece a la conciencia de cada uno. Solo hay algo claro desde el principio: este es el lugar desde el que escribo.
Aquí seguimos. Con una convicción pensada y elegida. Por eso, sí: creo en Dios.
La alegría de creer, compartida por personas muy distintas.
💬 Los comentarios están justo debajo. Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.
Querido Angelo:
ResponderEliminarHe leído con atención tu texto y me ha parecido de una honestidad y una hondura poco frecuentes. Me conmueve, sobre todo, cómo desmontas con calma la caricatura del creyente ingenuo y cómo muestras la fe como un camino trabajado, con dudas, heridas, cansancio y también con una certeza elegida y sostenida. Ese esfuerzo por situarte, por decir “desde dónde hablo” sin ánimo de convencer ni de pontificar, me parece una forma muy hermosa de respeto hacia quienes te leen, crean o no crean como tú.
Me resulta especialmente valiosa tu insistencia en que la fe no es algo fabricado por uno mismo, ni un autoengaño, ni una comodidad, sino un don que se recibe y al que uno puede abrirse o cerrarse. Esa imagen del regalo que llega tras túneles oscuros, crisis y vacíos interiores me parece profundamente verdadera, incluso para quienes no compartimos tu fe en el mismo sentido. También me toca tu rechazo frontal a cualquier forma de abuso o injusticia dentro de la Iglesia y tu decisión de no esconder ni justificar esas heridas, al tiempo que reconoces la entrega silenciosa de tantas personas que viven su seguimiento de Jesús con coherencia.
Yo recorro otros caminos espirituales, más cercanos a vertientes orientales y al budismo, y no creo en ese Jesús de Nazaret tal como lo plantea la fe cristiana. Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que las corrientes más místicas de todas las tradiciones se rozan en un fondo común de experiencia: pienso en el maestro Eckhart y su desposesión radical, tan próxima a ciertas intuiciones budistas, o en Spinoza y ese Deus sive natura, en el que Dios y la naturaleza se abrazan como una misma realidad. Comparto contigo la sospecha de que la grandeza del universo no es un puro producto del azar ni del caos, y que hay una dimensión de sentido que se oculta a los ojos de una razón convertida en única medida de lo real.
Leo tu texto desde una posición distinta pero con un respeto absoluto hacia tu fe, precisamente porque es una fe pensada, probada, cicatrizada, y no una consigna heredada o un refugio cómodo. Te agradezco también tu modo de escribir: matizado, sereno, abierto, capaz de dialogar sin necesidad de etiquetar ni pasar lista, como tú mismo dices de tu blog. Para mí es un lujo tenerte como lector y como comentarista, alguien que no sólo expone lo que cree, sino que escucha, relee, se deja interpelar y sigue buscando.
Tal vez ahí, en esa búsqueda que no se detiene, es donde nuestros caminos —el tuyo cristiano, el mío más próximo al taoísmo y al budismo— se encuentran de verdad. Más allá de las diferencias de lenguaje y de doctrina, hay algo que ambos reconocemos: que la vida nos excede, que el misterio nos llama y que, cuando alguien lo busca con honestidad, como tú escribes, “algo verdadero ya está en marcha”. En ese territorio común, hecho de preguntas y de respeto, es donde me gusta encontrarte.
Querido amigo:
EliminarGracias por el tiempo que has dedicado a leer mi extenso post y por responder con tanta elegancia, respeto y sinceridad. Me alegra que hayas hablado con libertad de tu propio camino, como ya has hecho en otras ocasiones. El propósito de mi texto era sencillo: dejar clara mi posición. A veces llegan visitantes a nuestros blogs sin tener en cuenta la línea desde la que uno escribe y, cuando las ideas no coinciden, entran en burla o ataque. Confieso que el último mensaje que recibí por correo me dolió por su violencia verbal, y eso que después de casi diecisiete años de blog uno ya ha recibido unos cuantos.
También quería decirte que me alegra mucho haberte descubierto. Encuentro tus textos muy interesantes y se nota el cuidado con el que los preparas. Tu etapa como profesor sigue viva en la forma en que ordenas las ideas y en el respeto con el que abordas los temas. Sobre Jesús, yo intento conocer al que aparece en el Evangelio; entrar en sus palabras y después cada uno decide cómo acogerlas.
Creo que en el fondo compartimos algo muy importante. San Juan de la Cruz decía que al atardecer de la vida nos examinarán sobre el amor, y san Pablo recordaba que permanecen la fe, la esperanza y el amor, pero que la mayor de las tres es el amor. En lo que escribes se percibe que, aunque recorramos caminos distintos, la meta es la misma. Al final lo que realmente importa es aprender a amar y sentirse amado. Los blogs nos limitan mucho y obligan a decir en pocas líneas lo que daría para una conversación larga. Estoy seguro de que una conversación tranquila, sin la mediación de una pantalla, daría para mucho, y eso que no estamos tan lejos geográficamente hablando. Un abrazo.
La mejor definicion que podrias poner de lo que representa la Iglesia, como colofon a tu post de creer en Dios y en lo que debe ser, creer y formar parte de ella como una sola voz, es la cancion que has puesto al final y que me ha emocionado porque es una preciosa oracion, donde se comparte una felicidad, que el mundo NO TE PUEDE DAR.
ResponderEliminarQuerido Javier:
EliminarGracias por tu comentario. Me alegra que la canción del final te haya emocionado. No encuentro palabras mejores: más que una canción parece una oración compartida, una alegría que nace de la fe y que se reconoce enseguida cuando uno la escucha. Sabemos que esa felicidad de la que hablas es difícil de explicar con palabras. Y cuando uno no vive solo esa fe, sino que la ve también en otros, esa alegría se vuelve todavía más real.
Gracias también por fijarte en ese final del post. Un abrazo.
Bravo, bravo, bravo 👏🏼👏🏼👏🏼….
ResponderEliminarGracias Angel por esta reflexión tan auténtica, sincera y honesta. Te conozco hace muchos años y he podido conocer muchas de tus luchas, de tu búsqueda incesante, de tu inquietud por formar tu fe y seguir creciendo espiritualmente. Jamás te he visto parado, esperando que la tormenta pase, al contrario, sin botas de agua, ni chubasquero, te lanzas a buscar respuestas, a bucear en lo hondo con la certeza de que la fuerza te viene del Cielo, porque además, para ti, rendirse nunca ha sido una opción.
Nos une el mismo amor a Cristo y a la Iglesia y en esa conexión seguiremos caminando juntos porque tus reflexiones en este blog han sido para mi, siempre, un bálsamo para el alma.
Gracias Angel, sigue aportando luz desde la fe, necesitamos vivir con amor y esperanza que son virtudes unidas a la vida de Gracia, la vida que Dios comparte con nosotros.
La canción perfecta… “Jesucristo mi único Rey, mi único Señor, al que voy a alabar, hoy levantó el corazón al que lo conquistó, simplemente porque Tú eres Dios”.❤️🔥
Paula, leerte siempre es un placer.
EliminarTú has visto partes de ese camino que a veces hemos recorrido juntos. Por eso tu comentario tiene un peso especial para mí. Sabes bien que muchas veces uno camina con más preguntas que respuestas, y aun así sigue adelante. No por valentía, sino porque el Señor tira de uno.
Gracias por recordar ese caminar compartido. Cuando alguien te ha estado acompañando cerca durante tantos años, uno siente compañía de verdad. Y eso en la fe vale muchísimo.
Me alegra saber que alguna reflexión del blog te haya servido como bálsamo. Ese es el único sentido de escribir aquí. Y sí, seguimos caminando. Con ese mismo amor a Cristo y a la Iglesia que nos unió desde el principio, de la forma menos esperada.
Gracias de corazón, Paula.
Lo único es, se
ResponderEliminarpuede creer en
alguien que uno
no ha visto nunca?,
como se sabe si es
o no? , de niño no
lo entendía, ahora
tampoco, saludo.
Orlando, gracias por volver por aquí y por dejar siempre tu granito de arena en los comentarios. Ya te has convertido en uno de los habituales y te lo agradezco.
EliminarLa pregunta que haces es muy humana. Todos, antes o después, nos la hemos hecho. En realidad vivimos rodeados de cosas en las que confiamos sin haberlas visto nunca. No hemos conocido a muchos personajes de la historia y, sin embargo, nadie duda de que existieron cuando vemos lo que dejaron detrás.
Con la fe pasa algo parecido. No es ver con los ojos. Es confiar, creer en lo que no vemos, porque vamos descubriendo sus huellas en la vida, en las personas, en lo que ocurre dentro de nosotros. Ojalá un día tú también la experimentes en tu interior.
Gracias de verdad por estar aquí, Orlando. Tus preguntas también forman parte del camino. Un abrazo
Hola Orlando, permíteme que comparta contigo algo muy sencillo pero que me parece gráfico para entender cómo podemos creer en lo que no vemos, con mis alumnos utilizaba estas cuestiones… Les preguntaba, por ejemplo, ¿que es el calor? ¿cómo podemos saber que tienes calor? Las respuestas te las puedes imaginar… sudar, ponerte colorado, quitarte ropa, beber agua, darte un chapuzón… yo les decía eso no es el calor, esos son los efectos que produce.
EliminarNosotros el calor no lo vemos, ni vemos el viento, ni vemos la alegría… lo que vemos son los efectos que producen en nosotros…
Esto te puede parecer una bobada muy infantil (mis alumnos eran pequeños, los ejemplos tenían que ser muy sencillos) pero en esa sencillez, hay una certeza… estamos habitados por una realidad invisible, un Ser Superior (Dios) al que no vemos con nuestros ojos físicos, pero si podemos verlo por los efectos que produce en nosotros.
Perdona mi atrevimiento, pero al leerte, me vino a la cabeza esto y aunque sea un ejemplo muy sencillo, creo que es muy gráfico.
Que tengas un buen día.
Saludos.
Hello Angelo, this is such a lovely post and profound reflection. Paula's comment really touched my heart, as did your post. Thank you so much for sharing.
ResponderEliminarLinda, thank you very much for your kind words and for taking the time to read the post so thoughtfully. I’m glad to know that Paula’s comment also touched you; it moved me as well when I read it. Sometimes the comments from those who come here end up completing what I tried to share.
EliminarThank you for continuing to accompany this small space. Your visits and your words are always received with affection.
And I want you to know something else: I always keep you in my prayers.
A warm hug.
La fe forma parte de mi. Creo que no la he elegido. Se me ha dado. También me ha traído algunos comentarios odiosos pero forma parte del regalo. Un beso
ResponderEliminarSusana, qué bonito leer lo que dices. A muchos nos pasa algo parecido: más que elegir la fe, sentimos que un día estaba ya dentro, y ese día no se olvida nunca. Y sí, a veces ese camino trae comentarios duros o incomprensión, pero no le quitan ni un poco de verdad a lo que uno lleva en el corazón. Gracias por compartirlo. Un abrazo
EliminarUn día te comenté que en este tema voy perdido.
ResponderEliminarNo tengo fe pero cuando han venido muy mal dadas buscas ayuda hasta en lo que no crees.
Esa contradicción me ha acompañado siempre y creo que lo hará hasta mi último día.
Los que tenéis fe siempre me habéis dado envidia porque pienso que la vida es menos desagradable para vosotros.
La vida para mí acabará para siempre cuando muera.
Para vosotros, no.
Y eso es un regalo de valor incalculable.
Si yo tuviera fe probablemente vería todo con otros ojos... pero no es así.
Ah, siento que hayas recibido mensajes desagradables... pero la condición humana va deteriorándose velozmente... yo he recibido también mails desagradables, amenazadores, insultantes... y no gusta, no.
Saludos.
Toro, gracias por escribir con esa sinceridad. Cuando alguien habla así de lo que lleva dentro merece que se le escuche con calma.
EliminarSiempre me ha costado aceptar la idea de que todo termine cuando morimos. Si fuera así, el bien y el mal quedarían bastante desdibujados. Daría igual haber vivido intentando hacer el bien que haber pasado por la vida sin mirar a nadie. Y tantas vidas llenas de esfuerzo, de dolor o de lucha quedarían sin ningún sentido. A mí esa explicación siempre se me ha quedado demasiado corta para lo que vemos cada día.
Entiendo también esa contradicción que cuentas. Buscar ayuda cuando las cosas se ponen muy oscuras, aunque uno no tenga claro en qué cree. Eso nos ha pasado a muchos. No es extraño. Cuando la vida aprieta de verdad, el corazón acaba mirando hacia algún sitio.
Una vez mi yerno (aún en búsqueda de esa fe) me dijo algo muy parecido a lo que tú escribes. Me soltó: “Creo que tenéis más ventajas que los que no creen a la hora de afrontar las contrariedades.” Aquella frase me hizo pensar mucho. No porque la fe quite los golpes de la vida. Los golpes siguen llegando igual. Pero es verdad que se mira todo de otra manera. De hecho esa conversación fue la chispa que me llevó a escribir un post hace un tiempo sobre ese tema.(Aquí te lo dejo por si te apatece leerlo ; https://www.sieteenfamilia.org/2025/06/con-fe-no-duele-menos-pero-se-camina.html)
Y te diré algo más. Aprecio mucho que pases por aquí y dejes tus pensamientos aunque no compartas la fe. Te he tomado cariño haciéndome sonreir muchas veces con tus originales poemas . Eso también enriquece este pequeño espacio. Que hayas querido contarlo así tiene un valor que aprecio.
Puede que para ti lo que voy a decirte no signifique gran cosa. Pero para mí, que sí creo, tiene toda la importancia. Rezaré desde hoy para que un día tú también puedas tener esa fe, que dices envidiar.
Un fuerte abrazo.
Sí que significa gran cosa, por supuesto que sí
EliminarNo es habitual encontrar gente tan educada, razonable y sería en estos tiempos.
Creo que todo lo que escribes nos mejora a los que te leemos.
Agradezco tus palabras tan generosas y reconfortantes .
He ido al link que has puesto y te he respondido allí.
Debes ser una muy buena persona y te felicito por ello.
Un fuerte abrazo.
A "sería" le sobra el acento.
EliminarDisculpa.
Gracias por tus palabras. Lo de “buena persona” siempre me deja un poco descolocado. En realidad soy como cualquiera: con secretos inconfesables, con caídas que dejaron consecuencias y con algún jardín prohibido que, mirándolo ahora, habría sido mejor no visitar. La fe no nos inmuniza de nada. No nos vuelve impecables ni nos quita las debilidades. Lo que hace es reconfortar y alentar cuando uno tropieza. Seguimos siendo gente corriente, con luchas, renuncias y dificultades. Pero, como bien se ha dicho en los comentarios, hay algo que sí tenemos claro: sabemos de QUIÉN nos hemos fiado. Un abrazo.
EliminarMil gracias Ángel por abrirte de esta manera tan hermosa de explicar como vives tú fe que en este caso es la mia. Yo no tengo la elocuencia de saber hablar ni escribir como otras personas que te mandan sus comentarios, pero te digo desde el corazón que me encanta seguirte por todo lo bueno que aportas con tus palabras. Que Dios nos de fuerzas y esperanzas para seguir a su lado
ResponderEliminarMuchas gracias querida Brigi. Es un placer ir conociéndote personalmente y en nuestros encuentros comentar esos descubrimientos que vas haciendo a través de este blog. Siempre es alentador saber que alguien se beneficia de lo que uno escribe. Llegan también esos momentos en que cualquier comentario hiriente te deja KO, gracias de nuevo por esa fidelidad y por las palabras que me dedicas siempre. Un abrazo
ResponderEliminarHola, Angelo.
ResponderEliminarPor no repetir, te cuento que estoy totalmente de acuerdo con el pensamiento de Toro.
Me dan envidia las personas que tienen fe porque siempre tendrán consuelo cuando vengan mal dadas. Siempre estará esa ventana abierta.
Un abrazo fuerte.
Espero que tengas un buen día.
Gracias por tu comentario, Puedo entender lo que dices, y sé que debe ser doloroso cuando alguien no encuentra consuelo o apoyo en momentos duros, experimentamos lo mismo, pero si tengo que hablar por mi experiencia , te diré que muchas veces también es lucha, dudas y preguntas que no siempre tienen respuesta fácil. No es una especie de escudo que evita el dolor, más bien una forma de atravesarlo sin perder del todo la esperanza. Gracias por tu sinceridad. Un abrazo
EliminarPor encimas de otras consideraciones, uno debe mostrarse respetuoso.
ResponderEliminarTrecce, tienes razón. El respeto es la base de cualquier conversación; cuando se pierde, todo lo demás deja de tener valor. Breve pero sabio y contundente consejo. Gracias por compartirlo. Un saludo.
EliminarLlevo tiempo leyéndote, pero nunca me había atrevido a comentar. Hoy sentía que debía hacerlo.
ResponderEliminarNunca tuve educación religiosa. Durante muchos años fui un ateo convencido. En la universidad esa postura se reforzó todavía más. Leía bastante sobre estos temas, discutía con amigos creyentes y estaba bastante seguro de que la fe era algo que uno terminaba dejando atrás cuando empezaba a tomarse en serio el pensamiento crítico.
Con los años empecé a notar que algo no terminaba de encajar. Busqué respuestas en distintos lugares, también en ambientes de espiritualidad alternativa, sobre todo en la llamada new age. Durante un tiempo pensé que allí encontraría algo distinto, pero todo se quedaba en experiencias pasajeras que no terminaban de sostenerse.
Un día, casi por casualidad, cayó en mis manos texto en el que se hablaba de Edith Stein. No sabía quién era. Allí aparecía una frase suya que me dejó pensando durante días: “Quien busca la verdad, busca a Dios, lo sepa o no.” No sabría explicar por qué, pero algo en esas palabras me desarmó. Yo siempre había pensado que estaba buscando respuestas por mi cuenta, sin Dios, y de pronto apareció la sospecha de que quizá esa búsqueda tenía otra profundidad.
Sería largo contar todo el proceso que vino después. Solo puedo resumirlo así: sé lo que es vivir convencido de que Dios no existe y también sé lo que es vivir con Él. Y, al menos para mí, la diferencia lo cambia todo.
Ricardo, muchísimas gracias por haberte decidido a entrar y dejar tu aportación, que realmente me ha emocionado. Me encanta leer los testimonios de los demás, sea el que sea, como todos los que han ido apareciendo en este bloque de comentarios. Creo que todos nos enriquecemos escuchando cómo vive cada uno su interior, sus luchas, sus dudas, sus alegrías y también sus tristezas. Al menos a mí me ayuda muchísimo.
EliminarConozco desde hace tiempo a Edith Stein. Leí su biografía y me impresionó su historia. Me atrajo su conversión y, sobre todo, su martirio en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Es impresionante también su currículum académico antes de su conversión. Quién iba a decir que acabaría muriendo como monja carmelita de clausura y precisamente por ser judía. Hay mucho simbolismo encerrado en una vida así.Pero qué te voy a contar yo, si seguro que ahora podrías ser tú quien me enseñara cosas sobre ella.
Imagino que no habrá sido un camino fácil, pero alabo tu voluntad de seguirlo y aceptar esa invitación a conocerlo.
No sé por qué, al leerte, me vino también a la mente cómo Dios se sirve a veces de cualquier simpleza para ofrecer su regalo. Pienso, por ejemplo, en André Frossard. Su padre fue uno de los fundadores del Partido Comunista Francés, y él creció en un ambiente completamente ateo. Entró por casualidad en una capilla de adoración en París, en la rue d’Ulm, simplemente para esperar a un amigo. Al ver el Santísimo expuesto tuvo una experiencia interior que le dio la certeza inmediata de que Dios existe. Entró sin fe y salió creyente, tal como él solía decir. Después contó aquella experiencia en su libro Dios existe, yo me lo encontré.
En fin, que el entusiasmo hace que me haya extendido más de la cuenta.De nuevo, mi agradecimiento por tu testimonio. Un abrazo.
Hola Ricardo, me ha emocionado tu testimonio honesto y sincero, haces una descripción ciertamente emotiva del camino de búsqueda de la Verdad que has recorrido…. Y Justamente leyéndolo, cuando llego al momentos en el que nombras a Edith Stein, mi corazón dio un vuelco, su proceso de conversión al catolicismo comenzó así. Ella se encontraba en casa de unos amigos y en su biblioteca encontró un libro de la vida de Santa Teresa de Jesús, y al leerlo concluyó: “Esta es la verdad”…. Ahí comenzó su camino de conversión hasta que, por su ascendencia judía, fue llevada al campo de concentración de Auschwitz, donde fue asesinada… los caminos del Señor son inescrutables, solo necesitamos, apertura de espíritu, los oídos y ojos bien atentos y un corazón tierno y dócil.
EliminarGracias por compartir tu testimonio, a mi me ha hecho mucho bien.
Un saludo.
Vamos, venimos y viceversa, nos movemos y mientras hacemos todas esas cosas, para quienes hemos sido agraciados con el conocimiento que da la Fe, nos es imposible no querer saber más. Buscar respuestas, seguir alimentándonos, aunque las circunstancias a veces parezcan llevarnos más bien al caos. La experiencia que garantiza la fe nos hace ir siempre hacia delante y eso nos basta. Y es muy complicado poder explicar estás cosas porque es una experiencia tan íntima y personal con Dios que... comprendo perfectamente a la gente cuando me lo cuestiona. Pero es una realidad que no podemos negar, ni disimular.
ResponderEliminarMe sigue gustando como el primer día que te leí, el modo en que tienes de evangelizar, tan humano, sencillo, preciso, capaz de tocar con respeto cualquier corazón. Por eso siempre he querido ser como Arcen y como tú en este mundo de la blogosfera.
Y si, puede que nos veamos reflejados los unos en los otros pero seguimos al Nazareno. Cirineos todos pequeñitos en nuestras pequeñas vidas, pero tocados por Él. Y esa es una verdad que se entienda o no, no podemos ocultar ni disimular, es imposible quedarse parado porque el regalo que nos han hecho no tiene devolución. No se puede ignorar aquello que ya se ha entendido 😉 Cada párrafo que has escrito lo he vivido con otros nombres y apellidos y aún así tengo que confesar que sigo creyendo. Yo también creo en Jesucristo. Porque tengo motivos y hechos suficientes en mi vida con los que puedo razonar que Él sigue estando a mí lado.
Mi oración siempre es: ya sabemos cómo soy así que por favor no me sueltes.
Un abrazo grandote !!
Querida Mento, verte hoy por aquí me ha emocionado de verdad. Tú estás en este blog prácticamente desde sus comienzos y eso para mí tiene mucho valor.
EliminarSiempre te he admirado muchísimo. Si hablamos de sinceridad, tú te llevas la palma. Has abierto tu vida muchas veces delante de todos nosotros, incluso en momentos muy duros, y lo has hecho con una valentía que yo, sinceramente, no sé si tendría. Nunca te importó lo que pensaran los demás, abrías de par en par tu corazón, dispuesta además a ofrecer ese amor a todo el mundo. Yo me he emocionado más de una vez en tus narraciones. Por eso te agradezco tanto que hoy hayas querido entrar y dejar también tu testimonio. De corazón, Mento.
Eres una bloguera estupenda y una persona muy especial en esta comunidad. Y créeme cuando te digo que la admiración es mutua, porque yo no tengo el coraje que tú has tenido tantas veces para compartir lo que has vivido. Y por si te queda alguna duda, y ante el desaliento que a veces has demostrado para seguir en la blogosfera, una vez más te digo que a mí me haces bien.
Un abrazo muy grande, querida Mento.
Querido Angelo,
ResponderEliminarhace poco escuché una frase que me llamó mucho la atención: "el que te corrige cree que está por encima de ti, lleva el mal de la soberbia".
Eso está en contra de una parte del evangelio de San Marcos que escuché hace poco, y que llevo toda mi vida desde los siete años, escuchando, desde que aprendí lo que era la fe, gracias a una tía abuela; el evangelio dice: "Llegaron a Cafarnaún y una vez en casa, les preguntó: "¿De qué discutían por el camino?" Pero ellos se quedaron callados porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: "Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos". Yo particularmente he aprendido muchísimo de ti sigue siendo como un niño, enséñanos tu fe. Un abrazo en Cristo Jesús y que la santísima virgen te bendiga.
Querido Ramón ,
EliminarGracias por tus palabras, que recibo con mucho cariño. Pero créeme que aquí no hay nadie por encima de nadie. Si algo intento es justo lo contrario: seguir aprendiendo cada día, muchas veces tropezando y volviendo a empezar. En la fe todos vamos un poco como niños, intentando entender y vivir lo que el Señor nos va mostrando por el camino.
Si algo comparto en el blog es simplemente lo que a mí me ayuda, con mis dudas, mis luchas y mis pequeñas luces. Y esta vez de forma especial con vuestros comentarios, sin duda alguna los que también me enseñáis y me hacéis pensar.
Gracias de corazón por tu cercanía siempre desde hace ya tantos años, compartiendo penas y alegrías.
Un abrazo grande.
A ti por existir.
EliminarExplicación completísima.
ResponderEliminarPonla en el perfil así le ahorras a bastantes muchas palabras, no?
Juan Ignacio,
EliminarReconozco que se me fue la mano con la extensión, sí. Pero no quería dejarme cosas en el tintero y pensé también que, si algún día tengo que volver a explicarlo, siempre puedo poner el enlace y listo. Así nos ahorramos repetir todo otra vez.
De todas formas, tu idea es buena… pero si lo pongo entero en el perfil, me temo que más de uno, nada más ver lo que ocupa, me pondrá el sello de “no aceptado” antes siquiera de empezar a leerlo.
Y gracias también a ti, que desde tu página sabes ser testimonio de fe.
Un abrazo.
Cada persona es un mundo. Y cada persona, en estas cuestiones, tiene sus opiniones. No veo posible generalizar. La fe es algo íntimo de cada uno, y cada uno la sentirá de un modo distinto. Uno distingue entre lo esencial, creer en algo que es Esencial, y todo lo demás, la digamos parafernalia que acompaña a cada modo de instrumentalizar la fe.
ResponderEliminarUno cree, pero siempre tiene dudas. Y solamente queda un recurso: pensar que: ojalá sea cierto que existe ese algo Esencial. Todo lo demás, en mi caso, es accesorio e incomprensible.
Un abrazo, amigo
Ildefonso, es verdad que cada persona es un mundo. En estas cosas es difícil encajar a todos en el mismo molde. Cada uno llega a la fe por caminos muy distintos y la vive también de manera muy personal.
EliminarTambién entiendo bien lo que dices de las dudas. Creo que a todos nos acompañan de una forma u otra. Muchas veces las cosas se aclaran menos desde fuera, desde lo que rodea a la fe, y más cuando uno se atreve a mirarlas por dentro, de forma más personal y sincera.
Gracias por compartir tu forma de verlo.
Un abrazo, amigo.
Yo hice un retiro de Emaús invitada por una amiga y aunque yo creía tenía fe, este retiro fue muy especial, me enseñó cosas que desconocía, me ayudó a descubrir a Dios dentro de mí, fue una experiencia inolvidable, y lo que más me sorprendió es que una de las chicas que asistieron venía bastante rebelde y escéptica y salió totalmente transformada. Fue todo muy emotivo. Desde ese día mi forma de vivir la fe ha cambiado totalmente. Me ha encantado el texto que has escrito. Un beso y gracias
ResponderEliminarMuchas gracias Clara por compartir tu experiencia. Los retiros de Emaús han ayudado a muchas personas a dar un paso más en su camino de fe, y es bonito leer cómo también en tu caso fue un momento importante. A veces uno cree que ya conoce lo esencial y, sin embargo, en un momento así descubre cosas que no había visto o vivido antes. Yo lo hice en 2018 , empujado por mis hijas que acababan de hacerlo y realmente fue una experiencia que marca. Escribí esta entrada días después https://www.sieteenfamilia.org/2018/06/48-horas-en-emaus.html por si quieres leerlo y por si alguien no los conoce y se anima a realizarlo. en mi retiro también hubo alguna conversión que dejó huella en todos. Gracias de corazón por tu testimonio.
EliminarUn beso.
Tu texto expresa una convicción pensada y trabajada con los años. A veces se habla de la fe como si fuera un refugio cómodo, y aquí se ve que muchas veces es justo lo contrario: una forma exigente de mirar la vida sin apartar las preguntas difíciles. Yo también creo que uno puede pensar, dudar, estudiar y aun así terminar inclinándose hacia algo que no cabe del todo en las categorías de la pura razón. Y tengo muy presente que cada uno de nosotros es, de algún modo, rostro de la Iglesia: según cómo vivamos, puede aparecer más luminosa o quedar más oscurecida. Por eso da gusto encontrar un espacio donde se puede hablar de estas cosas con serenidad y sin necesidad de levantar trincheras.
ResponderEliminarGracias Gonzalo. Me alegra mucho verte en los comentarios. Aprecio especialmente ese recordatorio de que cada uno de nosotros, con su vida concreta, puede ayudar a que la Iglesia se vea con más luz o, al contrario, quedar más escondida. Me parece algo fundamental para que otros puedan ver coherencia entre obras y fe. Un abrazo.
EliminarHe llegado a este blog por pura casualidad, saltando de un enlace a otro mientras buscaba otra cosa, y al final me he quedado leyendo bastante más de lo que pensaba. El texto de hoy me ha gustado y también he curioseado algunas entradas anteriores; me ha sorprendido el tono tranquilo con el que se tratan temas que normalmente acaban en discusiones. No suelo comentar en blogs y de hecho estoy probando a ver si este mensaje aparece, porque no tengo ni idea de cómo funciona lo del avatar o la imagen que sale junto al nombre. Si no aparece, tampoco pasa nada; lo importante es que me he llevado una buena impresión del sitio y del contenido.
ResponderEliminarGracias por animarte a dejar tu comentario. Siempre es una alegría cuando alguien nuevo se asoma por aquí y participa.
EliminarSi algún día te apetece poner imagen junto al nombre y no sabes cómo hacerlo, en la página principal del blog tienes arriba una pestaña del menú que pone Contacto. Si me escribes por ahí, con gusto te explico cómo hacerlo paso a paso.
Y si prefieres algo más sencillo, en la misma ventana de comentarios, en la pestaña desplegable donde ahora aparece Anónimo, también puedes elegir Nombre/URL. Ahí puedes escribir solo un nombre, solo una URL si tienes página propia, o las dos cosas; no es obligatorio completar ambos campos.
Gracias de nuevo por pasarte y participar. Un saludo.