Lo que a mi me pasa con Marzo

Lo que a mí me pasa con marzo | Siete en Familia
Hombre sentado en escalera, bajo un almendro en flor, contemplando la primavera con calma

Marzo siempre me ha hecho sentir algo que no sé explicar del todo.

Entre plantas, almendros, recuerdos y alguna que otra risa, este mes aparece cada año y a mí me cambia el ánimo casi sin darme cuenta. No tengo una teoría elaborada ni una razón profunda. Me gusta y punto. Desde siempre.

No sé si será la luz o ese aire distinto que empieza a notarse, pero algo cambia. Las plantas espabilan, las flores aparecen donde antes solo había ramas secas y uno se descubre mirando árboles como si no tuviera nada más urgente que hacer. Y lo curioso es que, durante un rato, de verdad no lo hay. El ánimo mejora solo, sin que tengas que proponértelo. Podría quedarme un buen rato mirando cómo asoman los brotes y cómo el verde vuelve poco a poco, hasta que alguien recuerda que también hay que arrancar el día, que los recibos siguen llegando y que la vida no se detiene porque haya sol.

Las plantas y las flores siempre me han tirado. En marzo las miro más, las cuido más. Me fijo en detalles que el resto del año pasan desapercibidos. Y luego están los almendros. Mis hijos se ríen de mí desde pequeños porque cada temporada, cuando empiezan a florecer, digo exactamente la misma frase. La misma, sin variar una palabra: “Qué gusto, ya empieza a verse la primavera, los almendros ya florecen”. Ellos ya lo saben, se adelantan, sonríen y me dejan cumplir con el ritual. Yo, por si acaso, no falto nunca. No vaya a ser que un año me calle y los almendros se despisten.

Algún día dirán eso de “mi padre decía…” y repetirán la frase casi sin darse cuenta. No es nada extraordinario, pero esas pequeñas costumbres acaban formando parte de lo que uno deja.

Marzo también trae sus fechas. El Día del Padre, el 19 de marzo, ligado a San José, como ha sido siempre. Yo siempre le he encomendado mi paternidad, con más intención algunos años y con más torpeza otros. Uno mira a los hijos y se da cuenta de que el tiempo ha pasado más deprisa de lo que parecía. Y además descubre que ahora son ellos los que te explican cómo funciona el móvil o por qué has tocado donde no era. Eso también entra en el lote.

Y luego está el Día de la Tortilla de Patatas, el 9 de marzo. Porque sí, por primera vez me entero de que existe oficialmente el Día de la Tortilla de Patatas. Yo que pensaba que la tortilla no necesitaba calendario para aparecer en una mesa. A mí me hace gracia que haya un día para algo tan nuestro. Al menos este día se entiende bien: se celebra comiendo. No sé quién lo decidió, pero estuvo acertado. Con cebolla o sin cebolla ya no entro, que uno quiere llegar a viejo en paz.

Marzo tiene eso. Puedes estar pensando en tus hijos por la mañana y por la tarde estar discutiendo si la tortilla lleva cebolla o no, y todo forma parte del mismo mes sin necesidad de darle más vueltas.

Yo ya sé lo que me gusta de marzo. ¿Y a ti, qué te gusta de marzo?

Y ahora, para equilibrar tanta flor y tanta reflexión, una verdad universal explicada por Eugenio.

💬 Los comentarios están justo debajo. Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.

Comentarios

  1. Marzo ha quel modo discreto di cambiare l’umore senza chiedere permesso, tra mandorli in fiore e piccoli rituali che restano nel cuore. È un mese di risvegli semplici e sorrisi silenziosi, dove anche l’omelette diventa celebrazione.
    Un caro saluto

    ResponderEliminar
  2. Yo soy de otoño, me gusta cuando la luz se desvanece y las tardes se hacen cada vez más cortas. La primavera me resulta impúdica en su exuberancia y me da la puntilla porque me doy cuenta de que el invierno se ha acabado, que los días son cada vez más largos y ya no tengo dónde esconderme. Todo se acelera y la naturaleza, cuando puede, se estiliza y se perpetúa. Está el día de la mujer trabajadora sobre el que prefiero no opinar. Los alumnos hacen huelga por enésima vez en el año por cualquier motivo, el día del Padre en que me felicitan por ser padre y ser José, el día de la tortilla de patatas -que ignoraba-. Se me acaba lo bueno y comienza la cuesta de la primavera para culminar en el verano. Yo soy de otoño e invierno, espacios de recogimiento y no de emulsión luminosa y tortillera. Ay. Saludos.

    ResponderEliminar
  3. De marzo me gusta esa velada promesa de invierno arrinconado, esa alegría que dan los días que estiran su luz anunciando la primavera. No me gusta el día en que cambian la hora.
    Salud.

    ResponderEliminar
  4. De marzo me gusta el día de mi Cumpleaños y sobre todo el día de mi Santo. Siempre lo celebré con mi abuela y primas tocayas. Me encanta el comienzo de la primavera y pasear en bici por el campo y no solo contemplar el paisaje, sino ese olor fresco acompañado del sol con más luminosidad y una temperatura más alta. Puro relax para mí mente.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario


✨ Este espacio está abierto a tu opinión, reflexión o incluso a ese desacuerdo que quieras compartir, siempre con respeto, sentido común y, si se puede, con un toque de buen humor 😉. Aquí no se trata de imponer razones, sino de abrir preguntas, favorecer encuentros y, con suerte, provocar alguna sonrisa compartida. La crítica es bienvenida cuando viene acompañada de cortesía, porque un comentario puede ser también reflejo de lo mejor que llevamos dentro. Gracias por estar aquí y enriquecer este lugar con tu voz.