Hay algo que me cansa profundamente. No el error, ni la caída, ni la incoherencia puntual. Eso lo entiendo porque lo practico con bastante regularidad. Lo que me cansa es ese momento en el que todos nos ponemos estupendos. Ese en el que hablamos como si nunca hubiéramos hecho justo lo que estamos criticando cinco minutos antes. La hipocresía moral no llega de puntillas. Llega dando portazos. Y aun así hacemos como que no la oímos.
La escena es casi siempre la misma. Da igual si es una comida, una charla o un grupo de WhatsApp: alguien se coloca en el sitio del que sabe, del que tiene claro cómo deberían hacerse las cosas. Todo muy firme, muy seguro, muy digno. Lo curioso es que hace no tanto esa misma persona hizo justo lo contrario, pero esa parte del recuerdo se ha evaporado. La memoria moral es muy selectiva, sobre todo cuando se trata de nosotros.
Yo mismo me he visto ahí más de una vez. Dando lecciones sobre coherencia mientras por dentro buscaba excusas para mí. Nada que presumir. Detalles pequeños, de los que no salen en ningún lado. Llegar tarde y criticar al que llega tarde. Pedir sinceridad mientras esquivo una conversación incómoda. Defender principios muy firmes… hasta que empiezan a incomodar de verdad.
Luego está la indignación teatral, que da para función completa. Esa que se activa con temas lejanos, seguros, abstractos. Ahí todos somos valientes. Pero cuando el asunto tiene nombre, cara y consecuencias, de repente aparece el contexto, la comprensión, la empatía bien colocada. “No es lo mismo”. Esa frase debería encender una luz roja cada vez que la decimos.
Hay frases que deberían venir con subtítulos, porque todos sabemos lo que significan. “Yo no juzgo, pero…”. Traducción: agárrate. “A mí que cada uno haga lo que quiera, eh”. Justo antes de explicar lo que debería hacer cada uno. “No es por criticar”. Es por criticar. Y punto.
En los grupos de WhatsApp pasa algo parecido, pero con más emoticonos. Indignación colectiva, frases rotundas, silencios estratégicos cuando alguien pregunta algo incómodo. Mucho “totalmente de acuerdo” hasta que el tema se acerca demasiado. Ahí empiezan los vistos sin respuesta o las salidas discretas del grupo.
Y luego está el gran clásico: “yo soy así”. Frase definitiva. No admite réplica. Sirve para no cambiar, no pedir perdón y no revisar nada. Se suelta como quien enseña un carné oficial. Yo soy así y, por tanto, el problema eres tú por señalarlo. Curiosamente, casi nunca se usa para decir “yo soy generoso” o “yo soy paciente”. Siempre cae del mismo lado.
También aparece el “a estas alturas ya no voy a cambiar”, como si la coherencia tuviera fecha de caducidad. Como si crecer fuera solo cosa de juventud y luego ya tocara instalarse en la versión cómoda de uno mismo. A partir de ahí, cualquier crítica se vive como un ataque personal. Mucho mejor atrincherarse.
El “yo soy así”, el “no me voy a meter”, el “eso es muy fácil decirlo”… Todas juntas forman un escudo perfecto. Sirve justo para lo que sirve: no cambiar nada. Protege de mirarse, de moverse y, sobre todo, de admitir que igual no somos tan distintos de aquello que criticamos. La hipocresía moral se nota más en el tono que en lo que se dice.
No hace falta señalar demasiado para saber que nadie sale limpio de aquí. La coherencia funciona muchas veces como el cinturón de seguridad: exigimos que todos lo lleven bien puesto… hasta que a nosotros nos molesta. Y quizá por eso lo que de verdad cansa no es la incoherencia humana, sino la pose. Esa necesidad de parecer impecables cuando en realidad vamos tirando como podemos.
Y aun así seguimos hablando, opinando, sentenciando. Como si el problema estuviera siempre fuera. Como si mirarse un poco más y señalar un poco menos no fuera ya un buen comienzo. No para ser mejores, que eso suena grande, sino al menos para ser un poco más honestos. Aunque solo sea en voz baja. Aunque solo sea alguna vez.
Suena “The Logical Song”, de Supertramp. Y vuelve esa pregunta incómoda sobre lo que decimos y lo que hacemos.
💬 Los comentarios están justo debajo. Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.
A thought comes to mind...when we point a finger at someone, the remainder of our fingers are pointing back at ourselves. Something to consider.
ResponderEliminarThank you very much, Linda. Pointing at others is very easy. Looking at ourselves, not so much. Have a lovely week and a hug.
EliminarQué piñas nos venís dando Angelo! Jaja
ResponderEliminarEstoy pensando en un nuevo modelo de examen de conciencia.
Hay quienes repasan los mandamientos, hay quienes examinan el triduo como estoy conmigo, con los demás, con Dios.
Pues bien hay que hacer un examen de conciencia haciendo un recorrido por estas frases populares.
Primero la de la entrada anterior: "todos lo hacen". Segunda: "no es lo mismo". Y así siguiendo...
Examen de conciencia Angelo lo titularé.
Muy bueno.
Creo que no, pero me gustaría que lo sea, así que arriesgo la pregunta boba: ¿Esa gelateria de la foto existe? No solo tiene buen aspecto sino que están con el mismísimo Robert Plant (proscenio a la derecha).
Buenos día Juan Ignacio. Jajaja, me alegra que lo recibas así.
EliminarSi de verdad nos tomáramos en serio revisarnos con esa honestidad, más de uno saldríamos con alguna grieta que reconocer. Y me incluyo el primero. A veces hace más bien eso que cualquier discurso brillante. Gracias por la idea. Y si lo escribes, lo leeré con gusto.
La heladería es fruto de mi atrevimiento digital y de un rato juguetón con la imaginación. Y lo de Robert Plant (que no es de mi estilo)Si algún día aparece por allí de verdad, prometo subir la foto oficial. Mientras tanto, nos conformamos con el helado virtual, que al menos no engorda.Un abrazo
Al leer este post me ha venido a la cabeza la frase ciertamente acertada de Jesús frente a la mujer adúltera… “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”….
ResponderEliminarEl que más y el que menos…. En ciertos momentos…. Calladitos estamos mejor.
Gracias Angel, un fuerte abrazo.
Gracias, Paula.
EliminarEsa frase pone a cada uno delante de su propio espejo, sin excusas. Y en más de una ocasión, lo más sensato es eso que dices: bajar el tono y quedarse quieto.
Un abrazo grande.
El que más me da por
ResponderEliminarsaco es, el ,"Es que soy
así", no socialices entonces,
así que eres dueño de una
heladería, que bien , otra
cosa que me toca las
narices, el que se hace un
selfie de perfil, lo sube a
la red social, y luego, le
mete una frase para quedar
como el chachi, o el crema,
" mirando hacia adelante",
por favor, saludo.
Buenos días Orlando. Lo del “soy así” es de las frases más cómodas que existen. Se dice una vez y ya parece que queda todo justificado. Y claro, así no hay quien avance ni un centímetro.Al final va un poco por ahí el post. Nos cuesta reconocer lo nuestro, pero para señalar lo del otro tenemos el dedo entrenado.
EliminarY sí, lo de la heladería es puro atrevimiento creativo. No tengo negocio… todavía.
Lo de los selfies con frase profunda, eso sí que daría para un post entero. No lo descartes.Un saludo.
A mí me pasó una vez, siendo muy joven, un verano en un camping con un sindicalista que me estuvo dando la tabarra con prodecimientos reivindicativo/ revolucionarios que debíamos poner en práctica cada uno en sus trabajos, para luego mandar a su mujer a que saliera de la reunión para que atendiera al niño y preparara la cena. Cuando me harté de sus consejos paternalistas le solté que la revolución había que empezarla por uno mismo.
ResponderEliminarConsejos doy que para mí no tengo
Buenos días Cayetano, esa escena que cuentas es de manual. Mucho discurso encendido… hasta que toca aplicarlo en casa. Ahí ya cambia el tono. Lo que le soltaste resume muy bien el asunto y, además, esa frase es para grabarla en algún manual revolucionario.
EliminarY sí, “consejos vendo y para mí no tengo” viene que ni pintado. Es de esos refranes que retratan en una línea. Yo lo uso bastante, para los demás… y, cuando me atrevo, también para mí.
Ángelo, qué certero este retrato de cuando “nos ponemos estupendos”, tan humano y tan incómodo como lo cuentas. Tu texto desnuda con una claridad admirable esa hipocresía moral de andar por casa, la que todos practicamos sin querer admitirlo: exigir coherencia mientras buscamos excusas, indignarnos con lo lejano y callar cuando el asunto nos roza, repetir frases‑escudo como si fueran salvoconductos para no mirarnos de verdad.
ResponderEliminarLo mejor es ese tono tuyo, firme pero compasivo, que no señala a nadie sin incluirse primero. Al final, lo que propones no es grandeza, sino algo más difícil: honestidad en voz baja, sin poses ni heroicidades. Y ahí está la fuerza del texto, en recordarnos que la coherencia no es un pedestal, sino un ejercicio cotidiano y frágil.
Gracias por esta sacudida tan bien escrita
Buenos día Enrique, gracias de verdad por tu comentario.Yo lo escribí sin tanta intención literaria. Me salió porque lo veo alrededor y porque me reconozco ahí más veces de las que me gustaría. No quería señalar a nadie desde fuera. Si no me meto yo primero en el saco, el texto pierde sentido y se vuelve cómodo.Esto no va de dar lecciones, va de quitar un poco de pose, empezando por la mía.Lo demás ya es trabajo diario, sin focos y sin discursos largos.Que alguien lo lea y se vea reflejado dice más del lector que del que escribe.De nuevo mi gratitud por tus palabras. Un abrazo
EliminarHasta què punto se puede dejar de pontifical sin renunciar a tus valores. Un beso
ResponderEliminarSusana, gracias por la pregunta y por estar tan presente estos días. Me alegra mucho verte comentando en los últimos posts.Yo creo que se puede mantener lo que uno cree sin ponerse por encima de nadie. Al final, la mayoría de los humanos tropezamos más o menos en las mismas cosas. No somos tan distintos como a veces pensamos.Quizá recordarlo ayuda a hablar con más sencillez y menos gesto.Feliz semana
EliminarÁngel, lo primero es llegar a conocernos y lo mejor admitir lo que somos, cada instante es descubrinos, sin juzgarnos sin condenas previas
ResponderEliminarAma tu vida. No desde la perfección, sino desde la conciencia de que es irrepetible.
No estás aquí para pasar desapercibido. Estás aquí para vivir con los ojos abiertos.
Toma fotos. No solo con el teléfono, sino con la memoria. Guarda atardeceres, risas inesperadas, mesas desordenadas después de una buena conversación. Un día entenderás que esos instantes eran la vida misma ocurriendo.
Dile a la gente lo que sientes. No guardes afecto por miedo a parecer intenso. El cariño no expresado se convierte en distancia. Y la distancia, con el tiempo, se vuelve silencio.
Habla con extraños. Viaja. Cambia de ruta. Siéntate donde nunca te sentarías. Haz eso que te da miedo, no porque seas imprudente, sino porque el miedo no siempre es advertencia… a veces es puerta.
Y cuando alguien critique, juzgue o cuestione tu forma de vivir, recuerda algo esencial: la mayoría de las opiniones vienen de personas que tampoco se atrevieron.
La vida no es un ensayo. No hay borrador. No hay versión final corregida.
Sí, un día estaremos muertos. Y tal vez nadie recuerde cada detalle. Pero lo importante no es el recuerdo de otros. Es que tú puedas decir: viví. Sentí. Me arriesgué. Amé. Intenté.
No desperdicies tu existencia intentando encajar en un molde que no te queda.
No la postergues esperando el momento perfecto.
No la reduzcas por miedo al qué dirán.
Haz de tu vida una historia que, cuando la recuerdes, te haga sonreír por dentro.
No perfecto.
No impecable.
Pero intensamente tuyo.
Un abrazo inmenso!!
Buenos días Toñi. Hay algo muy cierto en eso de empezar por conocerse y admitir lo que uno es, sin tanto látigo. A veces somos más duros con nosotros que con nadie, y así es difícil avanzar. Es muy buena esa invitación a vivir con los ojos abiertos. No como eslogan, sino como algo concreto: estar presentes, decir lo que sentimos, no dejar para mañana lo que sabemos que importa. Y lo del miedo… cuántas veces nos frena más el qué dirán que el riesgo real. Muchas decisiones no se arruinan por intentarlas, sino por no dar el paso. Gracias por traer tanta vida siempre en tus comentarios.
EliminarUn abrazo grande.
Estamos tan pagados de nosotros mismos.
ResponderEliminarOpinamos de todo y casi no sabemos de nada.
Nuestras contradicciones las eliminamos de un plumazo con cualquier excusa barata.
Defendemos lo que nos conviene y criticamos lo que nos deja en evidencia.
Y oye, tan orgullosos de nosotros mismos que da vergüenza.
Saludos.
Buenos días Toro, lo que has escrito es un “mea culpa” en toda regla. Y de los que salen de dentro.Ahí hay mucha verdad. Porque reconocerse en esas contradicciones no es lo más cómodo del mundo.Una vez más hago también mías tus palabras. Nos vemos reflejados, aunque no siempre lo digamos en voz alta.Un abrazo
EliminarAdemás de todas esas frases que has señalado que son ciertas, hay una que me causa urticaria y es la de "a mis años" seguido de "ya no tengo que dar explicaciones o justificarme", o "a mis años" "ya lo tengo hecho todo". "A mis años, para lo queda en el convento me cago dentro..." Hay muchas personas que piensan que cuando llegan a una edad ya no hay que explicarse ni justificarse, ni seguir aprendiendo porque estamos ya completos... Es una percepción de la vejez que me espanta. Uno sigue creciendo siempre, y mal que no sea así, sigue aprendiendo, sigue experimentando, sigue viviendo cosas nuevas, sigue ampliando y si es necesario dar explicaciones o justificarse bien venido sea. ¿Qué es tenerlo hecho todo si no hemos empezado a hacer nada? Me repele esa concepción de la edad que está tan extendida. Saludos.
ResponderEliminarJoselu, buenas tardes.Has traído otra muy buena. Ese “a mis años” es de las grandes. Justifica más de una omisión y más de una renuncia cómoda. Se dice con tono firme, pero muchas veces encierra cansancio o ganas de no complicarse.Es como ponerse un límite uno mismo. ¿De verdad a “mis años” ya no hay nada que aprender? ¿Nada que revisar? Yo, por lo que vivo, diría casi lo contrario. Es ahora cuando más claro veo lo que me falta y lo que aún puedo mejorar.Coincido contigo en ese rechazo a una vejez pasiva, inmóvil, instalada en el “ya está todo hecho”. Mientras uno tenga lucidez y curiosidad, queda camino. Y si toca dar explicaciones o rectificar, tampoco pasa nada.En tu caso hay apertura, interés real por seguir ampliando mirada y por no quedarte en lo sabido. Eso enriquece cualquier conversación.Gracias por traerlo aquí y por no comprar esa idea de estar ya completos.
EliminarUn abrazo.
Es que suceden, creo yo, que tampoco estoy seguro, dos cosas. De un lado, que pensamos que sabemos de todo (algo claramente falso), y de otro, que el pasado no fue como realmente fue, sino como lo recordamos. De modo, que con estas dos cuestiones podemos vivir felices, y parlanchines, mientras nos tomamos una cerveza, aunque sea 00, con alguien al que estamos dando la murga.
ResponderEliminarUn abrazo, amigo
Ildefonso, gracias por tu aportación. Entre lo que uno cree que sabe y la forma en que reconstruye lo vivido se monta un escenario bastante cómodo. Así cualquiera habla con aplomo. No siempre tenemos todas las respuestas, y es importante reconocerlo , y a menudo es cuando volcamos en los demás eso que no siempre logramos aceptar
EliminarUn abrazo, amigo.
Las relaciones humanas a veces resultan complicadas. Pienso que lo principal es que haya respeto.
ResponderEliminarTrecce que grata sorpresa verte por aquí. Encantado. Tienes toda la razón .Sin respeto, lo demás se desmorona antes o después. Podemos pensar distinto, equivocarnos, incluso molestarnos, pero si se pierde el respeto ya no queda base para nada.Las relaciones no son sencillas, nunca lo han sido. Pero cuando hay un mínimo cuidado en las formas y en el trato, todo se vuelve más llevadero.Gracias por tu aportación. Un abrazo
EliminarTemos que ter humildade suficiente para reconhecermos os nossos erros, pois de outra forma não os conseguimos ultrapassar.
ResponderEliminarA canção é belíssima e vem muito a propóosito.
Abraço de amizade.
Juvenal Nunes
Você disse bem: é uma questão de humildade, algo que nesta sociedade anda escasso. Muito obrigado pela sua visita e pelo comentário. Um abraço.
EliminarMas vale tarde que nunca. Hoy que es Jueves he leido tu post y los comentarios todos muy coherentes y constructivos y desde luego que como dice Paula a modo de resumen "el que este libre de pecado que tire la primera piedra", pues a parte de formar parte, inevitablente de este mundo, lo unico que puedo yo humildemente aportar y ojo que no es mio, pero si muy sabio, es un remedio infalible para aprenderselo y actuar en consecuencia.....HAY QUE SER DUEÑO DE TUS SILENCIOS Y NO ESCLAVO DE TUS PALABRAS.
ResponderEliminarQuerido Javier : Como no es tarde respondo a tu comentario agradeciéndote la fidelidad en tus aportaciones a mis entradas. La primera vez que te oí decir esa frase, me impactó porque la aplicaste a mí hablando de mis silencios , y la verdad es que me encantó, así que también yo la asumí como un buen lema para mi vida. Gracias. Un abrazo fuerte
ResponderEliminar