En toda comunidad de vecinos hay dos grandes grupos perfectamente definidos. No aparecen en los estatutos ni en los carteles del ascensor, pero existen. Por un lado están los buenos vecinos. Y por otro, los que convierten la convivencia en una prueba diaria de autocontrol.
Lo curioso es que todos vivimos puerta con puerta, compartimos paredes finísimas y el mismo ascensor… y aun así seguimos adelante como si esto fuera lo más normal del mundo. Que quizá lo sea. O quizá ya estamos curados de espanto.
Un vecino entiende que el ruido nunca es casual. El buen vecino intenta no molestar. El otro decide pasar la aspiradora a horas creativas, mover muebles como si estuviera entrenando para una mudanza olímpica o sacar el taladro justo cuando te sientas en el sofá y piensas: “qué bien, un rato de paz”.
Un vecino entiende que el ascensor es territorio neutral. El buen vecino entra, saluda y mira al frente. Profesional. El otro aprovecha esos veinte segundos para comentar el tiempo, la política, tu cara de cansancio o el motivo por el que hoy llevas prisa. Sin conocerte de nada.
Un vecino entiende que la basura se baja. El buen vecino la baja. El otro la deja apoyada con cuidado al lado del contenedor, como si estuviera reservando sitio para volver más tarde. Ese “más tarde” suele durar días y genera un ambiente que nadie reconoce como suyo.
Un vecino entiende que las reuniones de comunidad son un trámite. El buen vecino escucha, asiente y vota rápido. El otro convierte el cambio de una bombilla en un repaso exhaustivo de todos los agravios sufridos desde que se construyó el edificio.
Un vecino entiende que convivir es ceder un poco. El buen vecino cede. El otro considera que el problema siempre es del resto y lo expone con gran convicción.
Con el tiempo uno descubre que una comunidad funciona gracias a una minoría silenciosa: los buenos vecinos. Los que no destacan, no protestan y no dan titulares. Los que entienden que vivir juntos consiste, básicamente, en no complicar la vida al de al lado.
Y también descubre algo importante: sin el otro grupo, sin los ruidos, las rarezas y las situaciones absurdas, no tendríamos anécdotas que contar.
Porque, siendo sinceros, todos hemos sido alguna vez el buen vecino… y alguna otra vez el que molesta sin querer. Así que convivimos, aguantamos y aprendemos.
Y al final, entre taladros, ascensores incómodos, reuniones eternas y bolsas de basura sospechosas, el edificio sigue en pie. Que, visto lo visto, ya es bastante.
Esta canción pone palabras a lo que a veces olvidamos: nadie puede solo con todo. En lo pequeño, en lo cotidiano, ayudarnos sigue siendo lo que nos sostiene.
💬 Los comentarios están justo debajo. Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.
En mi comunidad somos tres vecinos nada más que llevamos más de veinte años de relación más o menos conflictiva a tenor de la suerte económica de alguno de los miembros que pasó de la abundancia a la crisis más absoluta. Conflictos por los pagos, compasión a veces, llegada de los perros a la comunidad con ladridos continuamente cuando los vecinos morosos están ausentes, discusiones abiertas a través del whatsspp de los vecinos, discrepancias, reconciliaciones emotivas, recogida de paquetes de Amazon para los vecinos porque no están en casa. Se podría escribir una nueva Historia de una escalera como la de Buero. Aun así, quiero a mis vecinos. Un abrazo.
ResponderEliminarJoselu, lo que me admira es que siendo solo tres vecinos se pueda liar tanto. Cuando yo vivía con mis padres éramos más de cuarenta en la escalera y prefiero ni imaginar la que se habría montado si me hubiera tocado bajar a las reuniones; por entonces ese marrón lo llevaban ellos.
EliminarY siendo tres, las reuniones deben ser curiosas: uno propone, otro protesta… y el tercero dice que baja un momento la basura y ya si eso seguís sin él, ¿no? Por cierto, con tanto paquete de, Amazon ya casi te puedes poner como punto de recogida. Un abrazo. Y feliz fin de semana
Afortunadamente abundan los buenos vecinos, los que te socorren cuanto tienes un apuro, los que te preguntan por tu salud, los que generosos ponen la música para que la oigas sin gastar electricidad. Un abrazo y una sonrisa
ResponderEliminarAlguien que siempre comparte humor, no podía dejar un comentario sin esa salsa. Es verdad, siempre hay en las escaleras alguien que echa una mano cuando hace falta... y también ese vecino que decide que todo el edificio escuche su lista de múscia favorita, yo soy uno de ellos, hasta el chico que me trae la compra me dijo el otro día que siempre tenía música puesta. Al final cada comunidad tiene su pequeño reaprto de personajes. Un abrazo y feliz fin de semana
EliminarLa convivencia, como tantas cosas en la vida, tiene sus pros y sus contras con los que hay que convivir.
ResponderEliminarTrecce, gracias por pasarte. Al final en las escaleras pasa como en la vida: un día todo tranquilo y al siguiente aparece el taladro. Que me lo cuenten a mí cuando trabajaba de noche e intentaba dormir por el día.
EliminarFeliz fin de semana. Un abrazo.
Muy bueno Angel! Què difícil es la convivencia…. Si entre amigos y familiares lo es, imagínate entre personas desconocidas, cada una de su padre y de su madre… vamos que encontrarte hoy día personas educadas, correctas y respetuosas se está convirtiendo en algo casi inalcanzable, y cuando las encontramos hasta nos llaman la atención.
ResponderEliminarY te ha faltado tocar el tema de los animalitos (sobre todo perros) que a este paso que vamos habrá hasta que cederles el paso y hacerles la reverencia. En fin, no sigo que me caliento.
A pesar de todo somos seres sociales y sociables (algunos más que otros) y es bueno que ejercitemos la paciencia y sobre todo la buena educación, que no se pierda.
Un abrazo.
Paula, gracias por pasarte. En algunas escaleras ya no sabes si saludar primero al vecino o a los tres perritos, que vuelven de la peluquería y que pasan delante marcando el paso. Y luego están esas caras que te cruzas en el rellano que ya lo dicen todo sin abrir la boca… uno las ve y piensa: “ hoy mejor subir calladito y no preguntar nada.”
EliminarUn abrazo y feliz fin de semana.
En la mia , solo tengo trato con una,
ResponderEliminares viuda, vive con su perro,
que es viejillo, despues de que hace
un tiempo, su hija se emancipara ,
creo que llegó , hace cinco, camino
de seis años , y es estupenda, no
como otros que hace mas tiempo
que estan, saludo.
Orlando, con uno basta para salvar la comunidad. Y si además viene acompañado de un perro viejillo que ya conoce todos los rincones del edificio, mejor todavía.
EliminarUn abrazo
Hola Angel. Además de sacarme una sonrisa, comprendo que vivir en una comunidad de vecinos tiene su lado bueno y su lado menos bueno. Habrá de todo. Al final supongo que la intención de no molestar y vivir en paz con el resto debería ser la norma. Un abrazo
ResponderEliminarGil, me alegra que al menos haya salido una sonrisa de todo este pequeño “zoológico” de escalera. Al final la teoría es convivir en paz… y la práctica es esquivar taladros, puertas que se cierran solas y algún que otro concierto doméstico.
EliminarUn abrazo.
Lo que cuentas es una especie de prueba de resistencia, tolerancia, paciencia, en fin, manejo de emociones de manera muy intensiva.
ResponderEliminarUn abrazo.
Sara, tal cual: la escalera acaba siendo un pequeño gimnasio de paciencia. Cada vecino aporta su ejercicio particular… y al final depende de uno colocarse en el lado correcto para no perder la calma.
EliminarUn abrazo.
Hoy dia, en los bloques modernos en los que habitan mayoritariamente parejas jovenes, pasan años antes de que llegues a conocer, siquiera de vista, a la gente... Solo gracias a las reuniones de la Comunidad consigues conocer a los pocos que asisten.
ResponderEliminarEn el mundo moderno, ya no es como hace unas decadas, en que cada edificio era un pequeño pueblo en el que todos se conocían perfectamente.
Un saludo, amigo
Gracias Idelfonso por tu aportación . Pues sí, es que eso ya no solo pasa en las comunidades lamentablemente , a veces la comunidad vecinal es un reflejo de la sociedad que estamos creando. Un abrazo
EliminarYo me niego a ir a las reuniones de vecinos. El alguna casi han llegado a las manos. Un beso
ResponderEliminarJaja, Susana yo soy de esos, he convencido a mi hijo que sea él el que baje, por si acaso se levantan manos. Un abrazo
EliminarPasan los años y apenas sé nada de mis vecinos aparte de las fórmulas de cortesía y poco más.
ResponderEliminarIncluso alguno ha fallecido sin enterarme.
A veces pienso que si hubiéramos vivido en casas tendríamos mejor relación o nos conoceríamos más.
Esto de vivir en bloques de pisos no es natural aunque por necesidad urbanística no ha habido más remedio.
Hace años una prima mía que vive en un pueblo pequeño vino a Barcelona por primera vez y me dijo que no entendía cómo podíamos vivir así... unos encima de otros, como colmenas humanas y creo que no le faltaba razón.
Para sobrevivir en un bloque de pisos hay que tener mano izquierda y ser algo tolerante porque motivos para enfadarse no faltan.
Saludos.
Gracias por el comentario. En mi escalera también hay una señora sola y estamos todos un poco pendientes, con el alma en vilo, pensando que un día nos dará un susto de esos que llaman cambio de domicilio eterno.
EliminarEn lo de los bloques pienso igual que tú. Es un agobio. Tengo un amigo que vivió años en Hong Kong y cuando te cuenta cómo vive la gente allí uno ya mira su piso con otros ojos.
Yo también soy más de casa, pero claro… hoy mirar una ya es como entrar en una joyería: miras, suspiras un poco y sales andando despacito para disimular. Un fuerte abrazo.
Ángelo, qué bien retratas ese pequeño ecosistema que es una comunidad de vecinos. Leyéndote uno reconoce enseguida ese equilibrio frágil entre la paciencia, la convivencia y el arte de sobrevivir entre paredes finas. Me ha encantado cómo distingues entre “el buen vecino” y “el otro”, porque todos sabemos que no son categorías teóricas: existen, respiran y a veces taladran. Y lo cuentas con una ironía suave que no hiere, pero sí ilumina.
ResponderEliminarMe ha gustado especialmente esa idea de que una comunidad se sostiene gracias a una minoría silenciosa, esos vecinos que no hacen ruido —ni literal ni metafórico— y que mantienen el edificio en pie sin pedir aplausos. Y también ese reconocimiento final: todos hemos sido, alguna vez, el que molesta sin querer. Ahí está la verdad de tu texto, en esa mezcla de humor y humanidad que convierte lo cotidiano en algo compartido.
Gracias por este retrato tan certero. Entre taladros, ascensores diplomáticos y bolsas de basura con vocación de eternidad, nos recuerdas que convivir es, al final, un acto de buena voluntad. Y que, pese a todo, seguimos adelante.
Un abrazo.
Las comunidades dan para muchas historias… y lo curioso es que, a pesar de todo, los edificios siguen en pie y la gente sigue saludándose en el ascensor. Un abrazo.
EliminarMaravilloso y sorprendente, Ángelo.
EliminarSiempre hay un 50% de la población que aguanta al otro 50%. Vivir en comunidad en España es eso. Por eso decidí irme a vivir a una casa con buen aislamiento y dejé piso y comunidad.
ResponderEliminarUn saludo.
Una casa a mi edad ya supone demasiado trabajo. Ahora que casi todos los hijos se han ido y nos quedamos más tranquilos, mejor algo más fácil de limpiar y tener ordenadito.
ResponderEliminarMientras tanto seguiremos haciendo de mediadores entre ese famoso 50% y el otro 50%. Un saludo.
I don't go to neighbourhood meetings, but I am friendly and kind with my neighbours in my building.
ResponderEliminarLinda, you’re doing well. Sometimes a simple greeting on the landing and a bit of good manners are enough to keep the peace in the building without having to attend the residents’ meetings.
EliminarA hug.
Como entre los vecinos es como entre las personas. Decir que son buenas o malas es algo difícil.
ResponderEliminarHay una serie de normas basicas de convivencia que todos atribuiríamos a buenos vecinos: ruido a horas normales, orden y limpieza en espacios comunes...
Pero, entre vecinos como entre personas descubro que hay gente cada vez más distinta. Que ve la vida de una manera tan distinta que te pasma.
Como si un día un vecino se quejara así de otro: este tipo es un muerto, todas las noches un silencio de tumba, ni el sábado usa esa parrillita que tiene en el balcón, no soporto su silencio.
Parece exagerado? Lo hice exagetado. Pero he descubierto que hay gente cada vez más distinta al standard de convivencia que teníamos.
Creo que el camino de convivencia entre vecinos como entre personas viene por el lado de tratar de entender cuán distintos somos.
Yo siempre digo que me alegro si conozco y si puedo tratar a gente muy distinta que yo. Cuánto más logre entender a esas personas, sus motivaciones, etc. más creceré en la vida.
Sin duda que para quien no puede conocer cosas tan distintas como otras civilizaciones, los vecinos son lo más cercano a eso jajaj
Juan Ignacio, en tu comentario veo también un punto esperanzador. Mucho depende del lugar donde uno vive. Yo he viajado un poco y a veces sorprende lo distinta que puede ser la sociabilidad entre las personas según el país o incluso según la ciudad. Eso acaba influyendo también en cómo nos relacionamos con quienes tenemos más cerca.
EliminarAl final, casi sin darnos cuenta, uno aprende de esa convivencia diaria. Por eso tienes razón: los vecinos terminan siendo muchas veces el primer “curso práctico” para descubrir lo distintos que podemos llegar a ser y para aprender también a entendernos un poco mejor.
Gracias por tu reflexión, ha sido muy enriquecedora. Un abrazo.
Desde luego en la viña del señor hay de todo .. Me siento afortunada de los vecinos que tengo..llevo casi treinta años en el bloque.. No somos muchos apenas ocho pero los considero a todos muy civilizados educados y buenas personas, nos ayudamos cuando se necesita y colaboramos, en fin he tenido suerte ja ja.. El respeto prevalece a todos los niveles.
ResponderEliminarCuando tocan a mi puerta para traerme un postre por agradecimiento eso no tiene precio... Un gran abrazo querido Ángel.
Muchas gracias, Anónimo. Casi me atrevería a adivinar quién está detrás, pero mejor no arriesgar… así el pequeño misterio sigue teniendo su gracia.
EliminarY si alguien te deleita con un postre en señal de agradecimiento, seguro que algo habrás hecho bien para merecer ese detalle. Esos gestos no suelen aparecer porque sí.
Y la verdad, cada vez estoy más convencido de que, al final, dominan los buenos vecinos mucho más que los huraños. A veces hacen más ruido los segundos, pero los primeros son muchos más. Un saludo.
Creo que conforme pasa el tiempo y la tecnología se inserta, la gente es menos sociable, se aísla y no piensa en el otro. Por eso se refleja en la convivencia en comunidad. Justo ayer en otro blog hablaron algo similar .
ResponderEliminarBuen domingo!
Soñadora, puede que tengas razón. A veces parece que estamos más conectados que nunca y, sin embargo, cada uno va más a lo suyo. Luego llegas al edificio y esa forma de vivir también se nota un poco.
EliminarRecuerdo de pequeño el intercambio de cosas que unos y otros necesitábamos: “¿tienes un tomate?”, “se me olvidó comprar sal”, “me han saltado los plomos”. Quieras o no, todo eso hacía que las relaciones se enriquecieran. Ahora que lo escribo… lo echo en falta.
Gracias por tu comentario. Un abrazo.