Cada año me pasa lo mismo con este día. Llega el Sábado Santo y no lo vivo como los demás. No hay celebraciones, no hay nada durante el día, y sin embargo es cuando más dentro me quedo. Me cuesta explicarlo, pero es un silencio distinto, como el que uno ha vivido alguna vez en un tanatorio, cuando vas a acompañar, a estar cerca, a sostener como puedes, cuando las palabras no bastan y ofrecemos el consuelo del acompañamiento.
Y me refiero a que, casi sin darme cuenta, acabo metido en ese silencio. Ni siquiera me nace poner música de fondo, que es algo que suelo hacer casi siempre. Hoy no. Hoy todo va más despacio. Es un día raro también en la liturgia. Podría decirse que no hay nada. Y, sin querer faltar al respeto, hoy todo está como cerrado. Hoy es día de atención, de una reflexión donde uno piensa en todo lo que la pasión de Cristo supone; basta encontrar un momento, sentarse, cerrar los ojos y empezar en ese Domingo de Ramos y ver dónde ha acabado todo.
Ese vacío y ese silencio me llevan a los que le seguían. Todo roto. Con miedo. Con la sensación de que todo había terminado mal. Pensando incluso que se habían equivocado. Y ahí también me veo yo muchas veces, en los momentos de mi vida en los que parece que todo fracasa, se hunde, se oscurece, donde la fe y la esperanza las dejo arrinconadas.
Vuelvo a ese cuerpo en el sepulcro, destrozado, con apariencia de fracaso, y me quedo en una madre que lo ha visto todo, que sabe quién es su hijo y por qué ha pasado todo, y aun así lo tiene delante. ¿Y cómo se puede sostener algo así? No se trata de entender ni de explicar, sino de quedarse ante esa escena, intentando apenas asomarse a lo que pudo haber en ese momento.
En medio de todo esto, hay algo que no se apaga, y es la fe de una persona, María. En ella permanece lo que en todos los demás parece haberse venido abajo. Es el único punto de luz en un día en el que todo se ha oscurecido. El único hilo que todavía mantiene algo en pie. Y por eso hoy también es día para mirarla, para acercarse a ella, porque sabe lo que es sostener el dolor sin dejar caer la esperanza, y ahí también podemos encontrar consuelo.
Hoy toca callar.
Esta noche todo se detiene. Solo queda una súplica: Señor, ten piedad.
💬 Los comentarios están justo debajo. Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.
Hay días en los que el silencio no pesa: sostiene.
ResponderEliminarMientras te leía, sentí ese recogimiento que no se impone, sino que llega solo, como cuando uno se sienta a acompañar sin necesidad de palabras. Ese Sábado Santo que describes tiene algo de umbral, de pausa que no huye, de quedarse frente al misterio aun cuando todo parece roto.
Me ha conmovido cómo enlazas ese vacío con nuestros propios momentos de oscuridad, cuando la esperanza se arrincona y uno casi cree haberse equivocado de camino. Y, sin embargo, ahí aparece María, discreta y firme, sosteniendo lo que a los demás se les cae. Ese hilo de fe que no hace ruido, pero no se apaga.
Gracias por recordarnos que también el silencio puede ser oración, compañía y consuelo.
Un fuerte abrazo.
Enrique, muchas gracias por tu aportación a estas horas, tiene mérito pasarse por aquí tan tarde. Pues sí, hoy es día de serenidad y calma, mira que hasta me parece que así está la calle también. Ayer, entre el oficio del Viernes Santo y el viacrucis, me fui a la cama con esa sensación de que era tiempo de silencio, me salió de dentro. Para esto sirven estos días, recordar lo que ocurrió y vivirlo como si hubiéramos estado allí. Que tengas un día lleno de paz.
EliminarEs el día de la soledad de María. Un beso
ResponderEliminarLa gran olvidada en este día, y lo digo con conciencia a pesar de que es el momento de la historia en la que Jesús nos la entrega como Madre. Es la Reina del silencio y la aceptación. Gracias por decirlo. Feliz día Susana y gracias por tu aportación.
EliminarMe he quedado pensando en lo q escribes ,mientras pensaba q hacer hoy ,empecé a leer tu reflexión y me hace caer en la cuenta del dolor tan grande de María en este momento !!! Y de los amigos ,si nosotros q sabemos cuál es el final sufrimos ! Cuanto más ellos q no entendían nada de lo q estaba ocurriendo ,un abrazo y gracias
ResponderEliminarPD. aleluya aleluya verdaderamente ha resucitado!!!!
Muchas gracias por entrar a dejar tu comentario. Como le decía también a Susana, hoy es día de entrar en ese corazón destrozado de una madre que, aun sabiendo que todo formaba parte del plan de Dios, no pudo evitar pasar por lo que Simeón le anunció. Qué imagen tan clara, ¿verdad?, esas espadas atravesando un corazón. Cuesta pensar algo que lo describa mejor. Gracias de nuevo y un abrazo.
EliminarGracias por este post. Un día para mirar por dentro
ResponderEliminarUn beso fuerte. Que recibas muchas gracias en este día
EliminarTodo vacío, todo roto....
ResponderEliminarEn una larga vida hay momentos que son así.
Acontecimientos inesperados, catástrofes emocionales, desengaños, dolor, abatimiento.
He sobrevivido a todos... me he levantado y he seguido caminando pero también reconozco que con cicatrices que nunca desaparecerán.
Saludos.
Pues es verdad, creo que todos quien más o menos hemos experimentado esa rotura, y ese salto a un vacío sin fondo . Hay algunos golpes que no se olvidan y dejan profundas marcas, pero seguimos adelante, siempre hay algo en mi caso ALGUIEN que marca un camino a seguir. Tú has dicho una frase que es una joya " me he levantado y he seguido caminando" .Las cicatrices forman parte de lo que uno es , aunque no sepamos qué hacer con ellas . Un abrazo fuerte
EliminarAL IRTE
ResponderEliminarNo nos dejas un manual de instrucciones,
sino la capacidad de aprender de mil formas.
No nos dejas soluciones claras para todas las situaciones,
sino valentía para hacernos preguntas y lucidez para buscar respuestas.
No nos dejas encadenados a un amor evidente,
sino hambrientos de amor verdadero.
No nos dejas la justicia encerrada en una Ley,
sino entrañas de misericordia para comprendernos.
No nos dejas convertidos en sombras,
sino portadores de luz.
No nos dejas sumidos en la desolación,
sino desbordados por una pasión compartida.
No nos dejas desvalidos,
sino cargados de esperanzas.
No nos dejas mirando al cielo,
sino en marcha, hasta los confines del mundo.
O quizás es que no nos dejas.
Abrazo, callado...
Precioso.Y sabemos lo que significa un abrazo callado, otro para tí y muchísimas gracias por estar.
EliminarMaria Madre, el silencio de una madre, el dolor de una madre…. No sabes lo que me ayuda a mí recurrir a Ella, y meditar su sufrimiento silencioso. En los momentos de más abatimiento me ayuda mucho resguardarme bajo su manto y sentirme abrazada, acompañada y acogida en su ternura de madre amorosa.
ResponderEliminarGracias por esta reflexión que ayuda a volver a mirar hacia dentro y a no dispersarse tanto con la locura que nos rodea.
Un abrazo y feliz noche de Pascua… después de la oscuridad y la tristeza siempre viene la Luz y la alegría…. Pronto, muy pronto.
No quiero dejar pasar la canción que acompaña el post, acertadísima, es un pedazo de canción en su música y en su letra. Emociona!
EliminarPaula, no hay nadie que pueda entender mejor ese dolor que una madre. Ya he dicho otras veces que cada Semana Santa la vivo de forma muy distinta, no porque me lo proponga, sino porque todo influye, lo de fuera, cómo está uno por dentro, y como se suele decir, según te pilla. Este año tiene un tono especial que me cuesta explicar, y este Sábado Santo en concreto todavía más. Gracias por compartir cómo lo vives tú, de verdad. Un abrazo. La canción de Hakuna preciosa
EliminarPues tu reflexion me lleva a ser el que acompaña a Cleofas, que no cita el Evangelio de San Lucas, regresando de Jerusalen a Emaus, su aldea y de su abatimiento frustrado, decepcionado y sin consuelo, y hasta sin esperanza, para, descubrir que esta todo escrito y que todo se cumple y que ya esta vivo y prente entre nosotros y que Vive resucitado, y aunque nos lo explique recordado donde y como, solo somos capaces de reconocerlo, al partir el pan que al darnoslo en aquel encuentro, siempre estara dentro de nosotros al comerlo en cada Eucaristia.
ResponderEliminarMuchas gracias Javier . Buen ejemplo el que traes. Ese camino a Emaús refleja muy bien ese desánimo y esa sensación de no entender nada de lo que está pasando. Una cosa es leerlo y otra meterse dentro como si uno estuviera allí, que seguramente no tendríamos ni ganas de hablar ni de saber nada. Eso se parece bastante a muchos días complicados de los nuestros. Me ha gustado que hayas traído ese pasaje. Un abrazo.
EliminarEstoy callado, como
ResponderEliminarte conté, son días de
silencio, saludo
Gracias Orlando al menos por entrar a saludar. Seguro que será fructífero también tu silencio.
EliminarEl vacío que se siente en los sagrarios de las iglesias el sábado santo me ha desarmado siempre. Pensar en una madre a la que han arrebatado un hijo en semejantes formas y en la tribulación que acompaña siempre a la historia de la salvación. Hay cosas que difícilmente pueden ser explicadas, que necesitan silencios y ver para creer ... y así ha sido
ResponderEliminar