Ganar un argumento y quedarte solo en la habitación son dos cosas que a veces van juntas. No siempre. Pero más de lo que parece.
Hay días en que tener razón pesa más que perderla. No porque dudes de lo que piensas, sino porque sostenerlo te obliga a vivir con el casco puesto. Escuchando para encontrar el fallo. Preparando la réplica antes de que el otro termine la frase. Y hay días en que uno ya no quiere vivir así.
La escena la conoces. WhatsApp abierto. Escribes un mensaje redondo, lo relees, te convence. Ya anticipas la respuesta: un audio largo, una captura de hace tres meses, un "pero es que tú dijiste…". Sabes que no va a terminar ahí. Que cada frase abrirá otra. Entonces borras. Cierras el móvil. Y sigues con tu día como si nada, aunque algo por dentro proteste un poco.
Porque el orgullo protesta, claro que sí. Hay una parte de ti que quiere dejar claro que no te equivocas, que no te callas por falta de argumentos. Callarte cuando podrías desmontar lo que acaban de decir no es cómodo. Rasca. Pero también te permite elegir dónde gastas tu energía, que no es poca cosa.
No todo intercambio es un diálogo. A veces es una carrera por ver quién se impone. Y cuando empieza esa carrera, ya has perdido aunque ganes. Porque lo que se lleva el ganador no es la razón sino el cansancio del otro. Y el cansancio no convence a nadie.
Lo que más me llama la atención es que casi siempre sabemos de antemano cómo va a terminar. Antes de escribir la primera frase ya sabemos que no vamos a cambiar nada. Que el otro no va a decir "tienes razón, me equivoqué". Que cada argumento va a generar otro argumento. Y aun así seguimos, como si esta vez fuera a ser distinto. Como si la vigésima vez que explicamos lo mismo fuera a producir el efecto que no produjeron las diecinueve anteriores.
Por eso hay momentos en que decides no seguir. Cambias de tema, dices "puede ser", te levantas a por un café. El otro quizá piense que ha ganado. Puede ser. Tú, mientras tanto, has recuperado algo más útil que el aplauso: la calma. Y la calma, cuando uno ya tiene cierta edad, vale más de lo que cotizaba antes.
Hay una sensación rara justo después. Un segundo en que parece que te has quedado a medias, como si hubieras dejado una frase sin terminar. Pero pasa. El mundo no se desmorona porque no hayas enviado ese último mensaje. Y tú no te haces más pequeño por elegir no seguir, aunque el orgullo tarde un rato en creérselo.
Esto no significa tragar con todo ni aceptar lo inaceptable. Significa distinguir. Saber cuándo una conversación merece profundidad y cuándo solo promete desgaste. Hay discusiones que ayudan a entenderse y otras que solo alimentan el ego. Confundirlas es lo que suele dejarnos secos.
Al final no se trata de coleccionar victorias verbales. Se trata de acostarte sin repasar mentalmente lo que deberías haber dicho mejor. De entender que no todo desacuerdo necesita resolverse. Y que, a veces, lo más sensato es no seguir.
Un momento de pausa, de calma interior, de escuchar antes de responder.
Angelo, qué bien describes ese momento en que uno entiende que ganar una discusión no siempre significa ganar nada. A veces la razón pesa demasiado, exige una energía que ya no compensa y nos deja más cansados que satisfechos. Hay un punto de madurez en reconocer que no todas las conversaciones llevan a un encuentro y que algunas solo alimentan el desgaste.
ResponderEliminarEs muy cierto eso que dices de anticipar el final antes de empezar. Todos hemos vivido ese instante en el que escribimos un mensaje perfecto y, aun así, lo borramos porque sabemos que no cambiará nada. Elegir la calma en lugar del choque no es rendirse, es cuidar un poco de uno mismo.
Tu reflexión invita a distinguir entre los diálogos que construyen y los que solo buscan imponerse. Y en esa distinción, como bien señalas, está la posibilidad de vivir con más ligereza y menos ruido.
Un fuerte abrazo, Angelo.
Muchas gracias Enrique en responder tan pronto. Es una práctica dificil de conseguir y sinceramente creo que necesitas años para dominar ese silencio que nos ayuda a no perder energias. Un abrazo
EliminarEstoy de acuerdo Angel, discutir, a veces sin llegar a eso, simplemente conversar con personas que siempre buscan llevar la razón, que no saben escuchar porque están tan seguros de sus argumentos que no les interesa escuchar al contrario… no me compensa nunca, soy de las que cierro rápido la conversación con un punto final.
ResponderEliminarPor desgracia sucede con más frecuencia de la que me gustaría y tengo que confesarte que calma precisamente no me deja, más bien desazón e impotencia y pocas ganas de volver a conversar, porque aunque no soy discutidora por naturaleza, tampoco me gustan que me impongan sus opiniones, ni que me den la razón como a los locos.
Pienso que vivimos un ambiente de mucha crispación y esto se extrapola a todos los ámbitos.
Gracias por tu reflexión… un abrazo!
Paula llevas razón en todo lo que dices, pero me detengo de forma especial en ese no escuchar que muchos usan para imponer, basta cualquier debate público para comprobar hasta donde hemos llegado. No importa la razón sino quien grita mas para imponerse . errar sin que quede calma sino desazón es bastante frecuente, y entiendo que sea así cuando no es una elección tuya sino una imposición. Eso es lo que más cansa, no la discusión en sí sino salir de ella con la sensación de que ni siquiera hubo conversación real. Un abrazo.
EliminarSaber dialogar, reconocer las deficiencias en los argumentos propios y reconocer los aciertos del otro, es de las cosas más complicadas, sobre todo en ciertos círculos de nuestra sociedad. Así nos va algunas veces.
ResponderEliminarGracias Trecce. Y lo que describes pasa en todos los ámbitos, en la política, en el trabajo, en la familia, en cualquier sitio donde dos personas no comparten lo mismo. Cada vez menos gente dispuesta a salir de una conversación habiendo cambiado algo. Un abrazo.
EliminarTe entiendo. Me he metido en muchas discusiones inútiles. Pero no puedo evitar recordar aquello de: si alguien y no le avisas morir por su pecado y tú por no avisarle, aproximadamente... Un beso
ResponderEliminarGracias Susana. Esa cita apunta a algo que el post no resuelve: hay momentos en que callar tiene un coste real, no solo para uno sino para el otro. La pregunta es cuándo una conversación merece ese esfuerzo y cuándo ya sabes de antemano que no va a ningún sitio. He tenido que buscarla para saber que era de Ezequiel. Un beso.
EliminarA mí me dan ganas de
ResponderEliminararrancarles la cabeza,
unos por incultos...y
otros, que también los
hay, porque leen cuatro
libros, se las dan de
chachis .
Orlando. Dicen que San Pedro tenía un carácter muy impetuoso y un corazón muy grande, así que me has recordado a él. Y lo de arrancar cabezas ya sabes, para eso siempre tienes a la Reina de Alicia en el País de las Maravillas. Un abrazo.
EliminarEs tal como dices.
ResponderEliminarYo ya me fui de ahí.
Viví en esos mundos a diario, con amigos, compañeros de trabajo, familia... y al final o das la razón o brotan conflictos y conflictos y más conflictos.
Me cansé, me fui... no quiero discutir con nadie, no me aporta nada, no me enriquece emocionalmente, todo lo contrario, me hiere, me duele... no, se acabó.
Hablo lo imprescindible para poder sobrevivir en este mundo tan conflictivo.
Eso sí, me informo, leo, busco... pero no interactúo... para qué?, muchas veces no tendré razón aunque crea tenerla y cuando la tenga a otros no les gustará y es un camino que siempre acaba mal.
Recuerdo un chiste que decía algo como esto (lo acabo de buscar en internet):
¿Cómo te mantienes tan joven? / Es que no discuto con nadie. / ¡Hombre, no será eso! / Tienes razón, no será eso...
Pues eso.
Saludos.
Ese chiste lo dice todo, y con mucha más gracia que cualquier argumento. Pero lo que cuentas antes pesa, porque llegar a ese punto no es fácil ni cómodo, es el resultado de haberse llevado demasiados golpes. Te agradezco que siempre compartas cosas tan personales, a mí me ayudan. Me identifico contigo porque asumí esa decisión hace tiempo. Y ayer mis hijos me contaron el mismo chiste al leer el post, me reí bien, pero contigo no he podido aguantarme tampoco. Feliz semana y un fuerte abrazo
EliminarHola Angelo, mi viejo, deseo estes bien, tus cosas en orden
ResponderEliminarVivimos tiempos de impaciencia, intemperancia, ánimos crispados, las discusiones pasan por las comparaciones y el doble standar.. "¡ Ah... pero ustedes!" y como hoy, tooodo pasa por mensajes de texto y si te estan gritando escriben con mayusculas, todo termina cuando, para alcanzar el equilibrio/paz que tenias antes del "rollo" como dicen ustedes, (nosotros le decimos "quilombo") te tomás un quitapenas (clonazepam 0,5) porque el té ya ni siquiera te hace efecto.
En Argentina, la pandemia del Covid y el encierro forzoso, dejó secuelas. Para dejar atrás la sociedad votó a un presidente que ama la destrucción social. Insulta a todos, groseramente, su ejercito de trolls redoblan los insultos, a los de mi generación (1951) nos dicen los "viejos meados"... ser ecuánimes es todo un desafío.
Yo vivo en una ciudad chica, ponele 15 mil habitantes, y estamos -hasta ahora- exentos de ls violencia de ciudades grandes, del robo a luz del día en la calle, de los motochorros, de los atracos en la zona de bancos.. porque tenemos una sociedad marcada por la desigualdad, la falta de trabajo, el cierre de oportunidades..
El tango "Cambalache" fue escrito por Enrique Santos Discépolo en 1934 y tiene plena vigencia.
Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé En el quinientos diez, y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, Contentos y amargaos, valores y dobles, pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad insolente, ya no hay quien lo niegue, vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo, todos manoseaos
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, pretencioso o estafador, todo es igual, nada es mejor.. ¡Lo mismo un burro que un gran profesor!
No hay aplazaos, qué va a haber, ni escalafón, los inmorales nos han igualao
Si uno vive en la impostura y otro afana en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos caradura o polizón
Qué falta de respeto, qué atropello a la razón, cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón
Mezclao con Toscanini, va Scarface y Napoleón, Don Bosco Y "La Mignón", Carnera y San Martín
Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida y herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia junto a un calefón (1)
Siglo veinte, cambalache, problemático y febril, el que no llora, no mama; y el que no afana, es un gil
Dale nomá, dale que va, que allá en el horno se vamo a encontrar
No pienses más, séntate a un lao que a nadie importa si naciste honrao. si es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey que el que vive de las minas, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley
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(1) las familias pobres, robaban las biblias de los hoteles y las colgaban junto al calefón que estaba en el baño por lo general y utilizaban las hojas como papel higiénico... si, leiste bien.
Abrazo
Muchas gracias Claudio ,por este comentario tan generoso y tan trabajado. Se agradece que alguien dedique tanto tiempo a compartir una reflexión así. Un abrazo.
EliminarMaria Rosa 🌹
ResponderEliminarMuchas gracias por esa rosa.
EliminarAngelo, de nuevo profundizas en un tema muy importante para las relaciones, que es el tema de tener o no razón, cómo lo defendemos...Hay dos frases, que escribes al final y sirven para resumir y dar respuesta a todo tu planteamiento: " Hay discusiones que ayudan a entenderse y otras, que sólo alimentan el ego" Cuando hay respeto y generosidad todo fluye, porque hay entendimiento, se aceptan las ideas del otro y se amplían perspectivas, sin ánimo de quedar encima, como el aceite...Pero, cuando el "ego-ismo" interviene, no hay respeto, ni generosidad, sólo testarudez y ceguera...Hay que estar alerta para no perder energía con tales "egos"...
ResponderEliminarEl ego lo tenemos todos, pero hay que saber dominarlo y no perder de vista los valores del respeto y la generosidad con el otro.
Mi felicitación por tu buena y reflesiva exposición, Angelo.
Mi abrazo y feliz última semana de abril.
Gracias Mª Jesús. Eso de estar alerta para no perder energía con los egos ajenos es el paso práctico que el post no daba, y lo has puesto tú. Me quedo también con esa distinción entre el ego que todos tenemos y el que te conduce a ti sin que te des cuenta, porque ahí está la diferencia real. Hay personas que llevan años sin perder de vista eso y se nota en cómo escuchan y cómo tratan al otro.De nuevo mi agradecimiento por tus generosas palabras. Feliz semana
ResponderEliminarHi Angelo, I closed my Facebook account a year ago because I got fed up reading posts where people were getting into petty arguments over nonsense. (well, in my opinion it was nonsense).
ResponderEliminarI cannot stand arguments or seeing people being belittled or abused be it physical, mental or verbal. I honestly don't miss Facebook.
Unfortunately, that’s how it is, dear Linda. Forums and social media have, in many cases, become a rather unpleasant and quite crude spectacle. Fortunately, there are also spaces where respect, good manners, and mutual enrichment still have a place. You just have to learn to separate the wheat from the chaff, and when I understood that, I returned to Facebook and got rid of everything that clouded the experience. Thank you for sharing your reflection. A warm hug!
EliminarNo es fácil mantener un dialogo, sobre todo de temas políticos, tampoco es fácil dialogar con alguien que escuche con atención sin interrupciones.
ResponderEliminarEs importante escuchar y dejar terminar a quien te habla.
Saludos.
Creo que si no lo implatan en un plan de educación nacional y se lo toman en serio, o de lo contrario estamos abocados a un mundo donde escuchar será virtud de pocos. Muchas gracias por tu aportación Matías. Saludos
EliminarYou described the whole process so well, Angelo, and the worst is when you know you listed all the wining arguments and they just ignore them sticking to their agenda, that is the moment I leave any discussion because you cannot argue with people who do not use arguments and logic.
ResponderEliminarThanks for visiting the spy's headquarters, hope to see your lovely face there often!
Thank you so much for your words. You can tell you’ve lived it, because it’s exactly like that. There comes a point where it doesn’t matter what you say, they’re not there to listen… and at that point, there’s no real conversation anymore.
EliminarThe same thing happens to me, I just leave it there. It’s not worth spending energy where there’s no intention to understand.
Thanks for the invitation, I’ll definitely be back at the spies’ headquarters… how could I resist?
ResponderEliminarHay cosas en este mundo
que simplemente existen
sin compararse,
sin apresurarse,
sin necesitar aprobación.
No se cuestionan si son suficientes,
no esperan validación,
no dependen de miradas externas para brillar.
Y tú
vienes de ese mismo origen.
Pero en el camino
aprendiste a dudar,
a medirte,
a buscar tu valor en lugares
donde nunca iba a estar.
Olvidaste que lo que eres
no se construye desde afuera,
se reconoce desde adentro.
Porque no necesitas que alguien te confirme
lo que ya habita en ti.
Eres más que lo que otros ven,
más que lo que opinan,
más que lo que aprueban.
Eres historia, experiencia, vida
una suma de todo lo que ha resistido y sigue aquí.
Así que la próxima vez
que te mires a través de otros,
detente.
Y recuerda:
tu valor no se negocia,
no se pide,
no se mendiga
se reconoce.
Sé que no puedo caerle bien a todo el mundo, además sé muy bien quién me mira mal.
Pero, si he de ser sincera, me importa un bledo.
Y no lo digo desde la arrogancia, sino desde el cansancio de intentar encajar donde nunca me han querido aceptar del todo. He pasado demasiado tiempo interpretando gestos, midiendo palabras y ajustando mi forma de ser para no incomodar. Y al final he entendido que, haga lo que haga, siempre habrá quien encuentre un motivo para juzgarme.
Hoy elijo no negociar con eso.
He aprendido que la necesidad de agradar es una forma sutil de renuncia a una misma. Y yo ya no quiero renunciarme. No quiero reducirme para caber en expectativas ajenas ni vivir pendiente de miradas que no construyen nada en mí.
No necesito gustar, necesito ser coherente conmigo. Y eso, aunque a algunos les incomode, es lo único que me sostiene en paz.
Un abrazo, querido Ángel
Toñi, lo que describes es uno de los procesos más liberadores que puede vivir una persona, aunque cueste llegar hasta ahí. Eso de medir palabras y ajustar la forma de ser para no incomodar agota muchísimo, y lo peor es que ni siquiera funciona. Yo he pagado caro no haberlo aplicado antes .Siempre hay quien encuentra el motivo. La coherencia con una misma no es arrogancia, es supervivencia. Gracias por compartirlo . Un abrazo
EliminarAngelo, la parra de mi poema la sembró mi padre hace 6O años y cada primavera, cuando brota, lo recuerdo...Y la última estrofa es para todos vosotros. Gracias por tu comentario.
ResponderEliminarPues me alegra mucho que me comentes ese detalle tan enternecedor y valioso. Gracias por el regalo
EliminarHola Angelo! Creí que ya te visitaba pero no, ahora soy tu seguidora. Y esto que planteás lleva mucha razón. Afortunadamente he decidido desde hace un tiempo tomar este ejemplo, cuando veo que la cosa no se resuelve, digo algo similar, cambio la conversación y todo arreglado. Si al final de cuentas uno sabe lo que pasa, para qué titularlo? Un abrazo!
ResponderEliminarMuchas gracias María Cristina Bienvenida y encantado de recibirte. Seguro que tus aportaciones enriquecerán más este lugar. Un abrazo
EliminarHace un tiempo aprendí que muchas veces aunque tenga la certeza que llevo razón es mejor dejarla pasar de largo si con ello evito un conflicto mayor. Al final nadie nos conoce mejor que nosotros mismos. Un abrazo, Angelo
ResponderEliminarGracias Gil, desde que te conozco en tus comentarios siempre me has dado la impresión de alguien con el que debe ser un placer hablar. Gracias por tu aportación. Otro abrazo para ti.
EliminarMuchas veces es mas sabio mantenerse callado que mantener discusiones que a la larga desgastan.
ResponderEliminarOtra vez gracias por haber dejado tu huella en mis últimos post. Da gusto comprobar que los seguidores no lo son de palabra. Y más alguien como tú que te mantienes fiel desde hace ya tantos años, cosa que valoro enormemente. Otro abrazo
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