¿Te consideras sociable?
Siempre digo que cuando entras en el mundo de internet te encuentras con una auténtica marabunta de datos. Estudios, cifras, porcentajes, rankings que aparecen y desaparecen en segundos. La mayoría los lees y siguen su camino. Pero de vez en cuando aparece uno que se te queda rondando más de la cuenta. Y ese es el que me ha hecho escribir hoy.
Decía así, casi de pasada, que el círculo social medio de una persona está formado por unas 150 personas. Ciento cincuenta. Lo lees rápido… hasta que algo dentro empieza a hacer números.
¿Te consideras sociable? Es una pregunta con trampa. De esas que uno responde con cierta seguridad y que, dos segundos después, te obliga a matizar mentalmente la respuesta.
Porque claro, 150 exactamente qué. ¿Personas a las que saludas? ¿A las que conoces bien? ¿A las que llamarías si tienes un problema serio? ¿O simplemente a las que sabes ubicar y sabes cómo se llaman? Dependiendo de la definición, la cifra cambia bastante.
Empiezas bien. Familia cercana, amigos de verdad, compañeros de trabajo. Todo encaja. Pero el número se queda corto enseguida. Entonces empiezas a sumar: el del gimnasio al que ves más veces que a algunos amigos, el compañero de aquella etapa de tu vida con el que solo intercambias un “a ver si nos vemos” cada seis meses, el que coincidió contigo durante años en algún entorno común y con el que mantienes una relación cordial hecha de saludos y frases breves.
Y cuando te das cuenta, la lista crece sola. Gente que está ahí. Que no forma parte de tu intimidad, pero tampoco es completamente ajena. Relaciones en pausa. Vínculos que no son profundos, pero tampoco indiferentes.
El problema no es la cifra. El problema es la palabra “círculo”. Porque uno imagina algo compacto, casi íntimo. Y lo que aparece es más bien una red irregular. Personas muy cerca, otras a media distancia y algunas que reaparecen de vez en cuando como si el tiempo no hubiera pasado demasiado.
Ser sociable tampoco significa lo mismo para todos. Hay quien habla con cualquiera y se mueve con soltura en cualquier grupo. Y hay quien escucha más de lo que habla y prefiere conversaciones tranquilas. Ambos pueden ser sociables. Solo que de maneras distintas.
Luego está la prueba definitiva: cuántas de esas 150 personas podrían llamarte un domingo por la tarde sin que te pareciera extraño. Ahí el número empieza a reducirse con rapidez. Y no pasa nada. No es un fracaso social. Es simplemente una medida más real de la cercanía.
Al final, uno puede ser sociable a su manera. Con etapas más abiertas y otras más recogidas. Con ganas de conversación algunos días y con necesidad de silencio otros. Quizá no se trate de cuántas personas hay en el círculo, sino de cuántas te permiten estar dentro del tuyo sin actuar, sin justificarte y sin hacer malabares.
Para cerrar el finde con algo que toca la idea de pertenecer (y no pertenecer), aquí va No Encajo de Macaco — una forma musical de decirnos que, a veces, lo que importa es estar con quien sí nos entiende.
💬 Los comentarios están justo debajo.
Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.
Yo soy sociable con
ResponderEliminarel que lo merece, y
de manera presencial,
me he llevado algún
desengaño que otro,
parece, que desde la
pantalla del ordenador,
es otra cosa, aunque
en realidad no conozcas
a nadie, el sencillo hecho
de la cordialidad, y el
que no te agobien con
preguntas (yo, que no
me gusta hablar mucho de
mi), es un montón, saludo.
Gracias Orlando por tu fiel comentario. No todo el mundo merece el mismo grado de cercanía y eso no te hace menos sociable, te hace más consciente.Las decepciones enseñan, aunque no apetezcan. Y lo que dices de la pantalla es verdad. Aquí, cuando hay respeto y nadie invade, se está cómodo. No hace falta contar la vida para que haya trato.Un saludo
EliminarA veces no es cuestión de números, sino de verdad.
ResponderEliminarTu reflexión muestra que ser sociable es, sobre todo, sentirse en paz con quienes nos permiten ser nosotros mismos, sin máscaras ni malabares.
Gracias por recordarnos que la cercanía no se mide en cantidad, sino en autenticidad.
Enrique, gracias de verdad.
EliminarMe alegra que lo hayas entendido por ahí. Al final no va de acumular nombres, va de poder estar tranquilo con quien tienes delante. Yo creo que cada uno sabe cual es su grado de sociabilidad y no siempre se corresponde con la opinión que otros tienen sobre ella, pero bueno, muchas veces hacemos más de lo que nos apetece sociabilizar. Un abrazo
Depende mucho del medio en el que te muevas. En un barrio que viví hace años era costumbre entre los hombres juntarse y echar una partida de fútbol los domingos para después comentar cosas en el bar, pagando una ronda cada uno y llegando a casa a la hora de comer medio borrachos. Las mujeres del barrio solían reunirse en grupo y comer pipas mientras sus niños jugaban en el parque. Bueno, pues ni mi mujer se quedaba a cotillear con la vecina ni yo me juntaba con los vecinos para jugar al fútbol, deporte que detesto. Un vecino que comentó que mi mujerbybyo éramos considerados entre el vecindario como poco sociables.
ResponderEliminarUyyy Cayetano tu comentario, me da para un post sobre el vecindario, voy a pensarlo. Lo del futbol no lo digo muy alto porque estoy como tú, pero mi hijo pequeño es todo lo opuesto asi que hablo bajito sobre el tema. Ahora en serio, creo que ser sociable no es hacer "horas extras " en muchas cosas y aún menos si tiene que dedicarse a cosas que no te dicen nada. Y cuando se colocan etiquetas ya sabemos que a veces la categoría depende más de quien observa que de quien vive. Un saludo
EliminarNo, no soy sociable, es algo que he aprendido a lo largo de mi vida. Las personas que son importantes para mí, aparte de mi familia nuclear, caben en los dedos de la mano y me sobran dedos. No soy buen conversador ni dicharachero, condiciones que facilitan la relación. Soy más bien introvertido y poco expresivo. Mis amigos tienen que ser muy íntimos para que sean amigos. No me va la conversación burbujeante y sin densidad. Es una forma de ser.
ResponderEliminarTe contaré una anécdota. Cuando me iba a jubilar de la enseñanza, era el único que se jubilaba ese año y yo temía una sorpresa fiesta por ese motivo. Y esas fiestas sorpresa me producían urticaria. Yo no iba a cenas ni celebraciones. Pedí explicitamente a dirección que no quería nada y nada es nada. Ni yo les caía bien ni ellos me caían a mí bien en general. Había alguna compañera con quien la relación era profunda. Así fue, yo quería despedirme de mis alumnos a mi manera y quería irme como un día más sin ninguna mención especial no celebración de ningún tipo. Pude lograrlo a medias porque la 'simpática' de la directora se empeño en darme la despedida en el claustro en medio de todos los profesores que se vieron obligados a aplaudir. Ese aplauso me arruinó el día y aún lo recuerdo con aversión. No, no soy sociable porque todo el mundo disfruta con las mamarrachadas que se hacen en una despedida de jubilados. ¿Me entiendes? Un abrazo.
Joselu, no creas que ando muy lejos de lo que cuentas.
EliminarNo todo el mundo necesita escenario ni aplausos para cerrar etapas. Algunos preferimos pasar de puntillas y ya está. Que el círculo sea pequeño no lo convierte en pobre. A veces pesa más una conversación con fondo que cien charlas de trámite.
En mi etapa de trabajador tampoco tenía fama de sociable. Más bien lo contrario. Muchas dinámicas me parecían auténticas tonterías y no me apetecía fingir entusiasmo. Luego, en el trato personal, más de uno se llevaba sorpresa. No era falta de trato, era cuestión de afinidad.
Hace tiempo que dejé de moverme por etiquetas. Con los hijos me ha tocado abrir más el abanico, eso es verdad. Pero no he cambiado lo esencial. Habrá quien me vea cercano y quien me vea soso. No pasa nada. Cada uno respira donde puede.
Como siempre, un gusto leerte. Un saludo.
Una reflexión más después de leerte... 🙈😜 Y está claro que, no va de sumar gente, va de tener a personas con las que puedas estar tal cual eres, sin forzar nada. Prefiero pocas de verdad que 150 a medias😊
ResponderEliminarPues sí, el tiempo demuestra que tus palabras son sabias y acertadas. Un beso fuerte
Eliminar150... Mmm...
ResponderEliminarEn familias numerosas puede pasar.
La mía no era de las más pero...
Si tomo 35 que eramos en Navidad y si 17 de esos con los años tuvieron pareja le sumo 17 y con sus hijos sumo 31 ya llego casi a 85...
Los 4 o 5 más amigos también se multiplicaron, seguro ya llego a 100...
Pero... Alto, a la mayoría de los mencionados con suerte los veo una vez por año...
Yo creo que en mi entorno ser sociable está sobrevalorado.
Ahora metemos a los chicos a los 2 o 3 años (o antes) en el jardín de infantes porque es bueno que "socialicen"...
Pero no creo que sea tan necesaria esa socialización...
(Lo que pasa es que si se quedan en casa estarían solos, que es lo opuesto).
Nuestros padres no fueron al jardín hasta los 4 o 5 años y nuestros abuelos hasta los 6 y muchos de ellos fueron personas supersociales...
Juan Ignacio parece que estés preparando la declaración de la renta con tanto número. Yo también hace tiempo que empiezo a hacer números y pronto a este ritmo esos 150 serán lo que formen parte del árbol genealógico. Ahora en serio. El número impresiona cuando lo ves escrito, pero al final casi todo depende de qué entendamos por estar conectados con otros. No es lo mismo coincidir una vez al año que compartir vida de verdad. Y eso no lo arregla ninguna estadística.No todo el mundo necesita el mismo nivel de exposición ni el mismo volumen de relaciones para estar bien.Quizá la pregunta no sea si es importante ser sociable hoy, sino qué tipo de relaciones nos ayudan a vivir con más serenidad. En cuanto a los peques ,hay padres que no llevan a sus hijos a la guardería por una teoría sobre la socialización, sino porque no tienen otra opción. No hay abuelos disponibles, no hay ayuda cercana y el trabajo no espera. A veces no es una decisión ideológica, es pura logística.La guardería no es un sustituto afectivo, pero tampoco es un enemigo. Es una herramienta. Si se elige bien y el niño está acompañado en casa con presencia real, cariño y tiempo de calidad, no tiene por qué ser un problema.Antes había menos servicios, sí, pero también otro modelo familiar. Más convivencia intergeneracional, más madres dedicadas exclusivamente al hogar porque no tenían opción laboral real, más red vecinal. No era solo una decisión pedagógica, era la estructura social de la época.Además, que algo se hiciera de una manera no significa automáticamente que fuera mejor en todo. Había cosas buenas y también limitaciones importantes que ahora no aceptaríamos. Cada generación cría con los recursos y las circunstancias que tiene. Idealizar el pasado no siempre ayuda demasiado. Al final, la crianza no se mueve en blancos y negros. Se mueve en contextos. Y cada familia conoce el suyo mejor que nadie. Muchas gracias por tu comentario enriquecedor. Un abrazo
EliminarExacto! Se los lleva por todas esas razones y hay que decirlas y no está mal. Lo que critico es cuando dicen que es por "sociabilidad". No me parece una razón verdadera. Me parece que lo decimos por conformarnos (o, desde adentro de una institución, conformar a los padres).
EliminarJuan Ignacio, me ha gustado que volvieras para precisar lo que querías decir, porque se nota que el tema te importa de verdad. Entiendo ese cansancio cuando se usan argumentos que no convencen del todo. Tu matiz no es un detalle menor, entendí tu exposición anterior que comparto totalmente. Gracias
EliminarHola Ángel yo no tengo circulo por las redes como tú sabés pero me gusta el trato directo con las personas y me encanta escuchar creo que soy muy afortunada por contar con un circulo de personas a las que aprecio pero eso si mirando a los ojos que son la expresión del Alma. Gracias por tus reflexiones se agradecen mucho
ResponderEliminarBrigi,no todo pasa por las redes ni por sumar contactos. El trato directo tiene algo que no se puede copiar ni simular. Y escuchar, como haces tú, es un regalo que no todo el mundo sabe ofrecer.
EliminarÈ interessante come il post mostri che la vera misura della socialità non è il numero di persone intorno a noi, ma la qualità dei legami e il comfort che ci danno. Riflette sul fatto che stare bene con pochi può valere più di un grande cerchio superficiale.
ResponderEliminarBuon fine settimana
Silvia, grazie.
EliminarMi fa piacere che tu abbia colto proprio quel punto. Alla fine non è una questione di quantità, ma di come ci si sente dentro le relazioni che abbiamo. Stare bene, senza sforzo, senza dover recitare.
A volte pochi legami veri bastano e avanzano. Il resto è contorno.
Buon fine settimana anche a te. Un abbraccio.
No me hace falta ningún estudio.
ResponderEliminarNo soy sociable.
Y lo fui, y mucho... en mi juventud era el nexo de unión entre muchos grupos: universidad, trabajo, baloncesto, barrio....
Tiempos en que mi agenda, Finocam jajajaa, tenía más de 200 teléfonos y los sabía casi todos de memoria... aún recuerdo bastantes.
Ahora no lo soy.
Y no me quejo. Vivo mucho mejor así.
Más tranquilo.
Todo tiene su tiempo, el mío, el de ahora es este, y generalmente lo llevo bien.
No puedo evitar la nostalgia, pero claro, yo no soy el que era ni los otros doscientos tampoco lo son.
Saludos.
Toro, lo de la Finocam ... aquí otro consumidor nostálgico de ella. Eso sí que era memoria muscular y no lo de ahora con el móvil que nos hace todo el trabajo, bueno no sigo sin aclararme con él, ahora la agenda está en el calendario de la nevera y si no llevo el móvil de encima ya no me sé ni el número de mis hijos.
EliminarLo que cuentas tiene mucha lógica. Hay etapas en las que uno está en todas partes y otras en las que empieza a elegir mejor dónde estar. Vuestros comentarios me están sugiriendo otro post para ir por esas elecciones que los años nos hacen tomar. A ver que sale.
La nostalgia es inevitable. Nos pasa a todos cuando miramos atrás y recordamos quiénes éramos. Pero también es verdad lo que dices: ni somos los mismos ni esos 200 seguro que tampoco. La vida mueve las piezas y cambia el tablero.
Yo soy muy sociable, amable, tierna, dulce, cariñosa, hago sentir muy bien a las personas con quienes interactuo, pero no tengo amistad con cualquiera, soy muy selectiva, porque no lo era y con las experiencias comprendí que no debemos confiar en casi nadie.
ResponderEliminarEn los blogs, curiosamente, pienso que tengo magníficos amigos, de quienes soy amiga, sin ilusiones, incondicionales. Sin muchos años de tratar a muchos de ellos.
Gracias por llegar. Espero que nos frecuentemos por siempre.
Un abrazo.
Hola Sara. Qué gusto empezar el día leyendo un comentario con tanta luz. De verdad se agradece esa energía.
EliminarCon el tiempo uno aprende a elegir mejor. No por desconfianza permanente, sino porque las experiencias te enseñan dónde sí y dónde no. Y todos, en algún momento, hemos estado en los dos lados.
En cuanto al mundo bloguero, a mí también me sorprende. Es un espacio silencioso pero muy real. En mi caso incluso algunas personas han pasado de la pantalla al café, y eso es una alegría que no esperaba cuando empecé.
Ayer mismo te descubrí a través de un amigo bloguero ya fallecido; leí un comentario tuyo que me llamó la atención y aquí estamos, continuando ese pequeño recorrido inesperado.
Gracias por la acogida y por tus palabras. Un abrazo.
Hola Angelo, La cifra que presentas la invertiría, jaja. Otra música suena si nos referimos a amistades de tertulias, buenos vecinos y compinches de fin de semana. En fin, ser aceptado en un grupo que coincida con nuestros valores es una bendición, porque nos da sentido de pertenencia. Ese pequeño grupo es la familia extendida, y a veces mejor que la propia.. Un abrazo, Angelo
ResponderEliminarAlgunos firmarían ahora mismo por tener menos nombres y más verdad alrededor. Al final no todo el mundo que se cruza en la vida entra en esa categoría que importa.Cuando aparece un grupo donde no tienes que explicarte demasiado, se agradece. Donde puedes decir lo que piensas sin medir cada palabra y nadie se escandaliza. Eso es lo que vale.Y sí, a veces esa familia elegida termina siendo el refugio más claro. No por competir con nadie, sino porque la afinidad pesa mucho.Al final, eso también es ser sociable. No por cantidad ni por presencia constante, sino por saber elegir bien dónde estar y con quién quedarse.
EliminarUn abrazo grande, Gil.
Hola, pues soy relativamente sociable :) Besos
ResponderEliminarMuchas gracias Inma por compartirlo. Un saludo
EliminarYo soy poco sociable. Me cuesta contactar. Un beso
ResponderEliminarHola Susana, encantado de verte por aquí. Creo que todos tenemos en algún momento esa dificultad de mostrarnos a los demás; en mi caso, el tiempo es el que ha hecho que sea más "prudente" con quién socializar.
EliminarHi Angelo, I like to spend time alone. When I go out, I am polite and sociable to the people I meet.
ResponderEliminarThank you very much, Linda. It’s clear from your blog that you are deeply appreciated, so I have no doubt that you are indeed very sociable. A hug.
EliminarHola Angelo, buen tema el que planteas hoy. Es como que hay distintos grados de cercanía con las personas. Está la familia, los amigos cercanos, los compañeros y los conocidos. Me gusta cultivar amistades, pero no soy de grupos grandes, disfruto mas de conversaciones profundas de a dos o en grupos pequeños. Me gusta conocer a las personas, y tengo esa como intuición que me permite percibir como se sienten los demás y me encanta escuchar. Me considero sociable porque disfruto al relacionarme con otros. Justo esta semana conversaba con mi nieto y le decía que de un grupo grande si uno logra hacer un amigo verdadero, afín, con quien comparte gustos y conversaciones, tiene un tesoro.
ResponderEliminarUn abrazo y que tengas buen fin de semana!
No todo el mundo sabe escuchar ni tiene esa sensibilidad para percibir cómo está el otro. Eso vale mucho más que cualquier etiqueta.Me gusta cuando alguien comparte lo que ha aprendido con sus hijos y, en tu caso, con los nietos. Ahí se transmite vida de verdad.
EliminarFeliz domingo y un abrazo.
Yo si me considero una persona sociable, me gusta interactuar con la gente, ser amable, cariñosa y acogedora, otra cosa es intimar y establecer lazos amistosos.
ResponderEliminarGracias Angel. Un abrazo.
Tengo la gran suerte y el gran honor de gozar de tu sociablidad, tu amabilidad, tu cariño y tu siempre cálida acogida. Gracias
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