Reflexiones que nacen de vivir, pensar y seguir preguntando

09/04/2026

Me hablan en alemán… y no saben dónde se meten

Por qué me hablan en alemán en España | Historia real desde Córdoba
Un grupo de personas de mediana edad conversa en una plaza mediterránea mientras un hombre, sentado en un banco de piedra, observa un mapa con gesto concentrado, ajeno al ambiente distendido que le rodea.

A veces no hace falta hablar para notar quién no encaja del todo. Basta mirar cómo está, cómo mira… y cómo se queda un paso fuera sin saber por qué.

Hace más de diez años hablé de mis orígenes por aquí, pero hoy me apetecía contarlo de otra manera.

Yo en verano no me pongo moreno, me pongo malo.Y con una pinta que ha despistado a más de uno a lo largo de mi vida.

Me ha pasado muchas veces. Entro en una tienda de recuerdos, pido algo en un aeropuerto o me acerco a cualquier mostrador de zona turística en España, y la persona que tengo delante, tras mirarme un segundo, suelta con toda naturalidad: "¿Deutsch o English?". Ya casi lo espero.  Y respondo lo mismo de siempre: ‘Cordobés’. Y ahí ya se les cae el guion. A veces también un silencio breve, como si les hubiera dado un vahío y se quedan descolocaos.

No soy precisamente el retrato que muchos imaginan al pensar en un cordobés. Pero la explicación existe, y viene de lejos. Nací en San Sebastián de los Ballesteros, un pequeño pueblo de Córdoba al que mucha gente llama directamente los alemanes. Y no es un apodo con ironía, es una descripción. Su historia arranca con aquellos colonos centroeuropeos que llegaron en tiempos de Carlos III, se instalaron en la campiña y, por lo que se ve, se encontraron a gusto.

Basta con pasear por el pueblo para notarlo. Cuando yo era pequeño la cosa era bastante evidente: rubio no era raro, era lo normal. Pero con los años, los cruces y las bodas con gente de otras regiones, todo se ha ido mezclando. Mi mujer es morena morena, y aun así la mayoría de mis hijos han salido con ojos verdes y rubios. Con los nietos ya la genética empieza a negociar: solo alguno sigue la tradición. Dos siglos y medio aguantando, pero todo tiene un límite.

También quedaron apellidos, aunque muchos han mutado con los siglos como si los hubieran pasado por un traductor automático: Camer, Sag, Finque, Mayer, Rider, Berni, Legrán, Gimber... Mi padre llevaba RIDER, y con él se apagó el último apellido claramente alemán de nuestra casa. A mí me quedó la cara. Que tampoco es poca herencia.

La cara, de hecho, tiene su propio historial. Cuando nació nuestro primer hijo salió casi como copito de nieve. Hasta a mí me sorprendió, y eso que yo soy la referencia. Mi madre, al verlo, lo dijo tranquila: "Igual de blanco que cuando tú naciste". La enfermera no compartía esa calma y fue a buscar al médico, preocupada por la palidez. El médico entró, saludó, miró al niño, y sin tocarlo, sin aparatos, sin más diagnóstico que sus propios ojos, se volvió hacia la enfermera y le dijo: "¿Pero no ves cómo es su padre?". Y se fue. La enfermera se quedó ojiplática. Claramente el día que explicaron genética no fue a clase.

El idioma no sobrevivió. Con el tiempo se perdió por completo y hoy no queda rastro de aquel alemán en la vida diaria del pueblo. Como mucho, algún eco. Un buen amigo contaba que su abuela, ya muy mayor, llamaba a las gallinas diciendo "Komm, komm, komm" en vez del clásico "pitas, pitas". Y ahí se quedó todo lo que sobrevivió del alemán.

Así que mi herencia lingüística alemana queda resumida entre esas gallinas y aquella tonadilla absurda de "suban, empujen, estrujen, bajen", que es lo más cerca que he estado de mantener una conversación en alemán. Con eso, con la cara, y con mi fama de metódico y cuadriculado, la comedia ya está servida.

A estas alturas ni me molesta ni me sorprende. Al contrario, me hace gracia. A veces la historia familiar aparece donde menos te lo esperas: en un control de embarque, en la cara de un recién nacido, en unas gallinas que entienden el alemán.

Nací en Córdoba, en San Sebastián de los Ballesteros. Esa es mi cuna y la quiero como tal. La vida me trajo pronto a Barcelona, con apenas cinco meses mis padres se vinieron aquí, y aquí ha transcurrido la mayor parte de mi vida.

Puedo despistar de lejos. Pero en cuanto abro la boca, se acabó el misterio. El acento cordobés solo asoma de vez en cuando, según con quién hable. Ni rastro de alemán, ni de nada que justifique tanta expectativa. Castellano y catalán, y además el italiano que me costó cuatro años viviendo allí. Lo justo para que al conocerme alguien suelte un "anda, hubiese jurado que eras alemán", la frase que más veces me han dicho en toda mi vida.

Un pueblo cordobés donde muchos siguen teniendo ese aire que despista

💬 Los comentarios están justo debajo.
Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.

33 comentarios

  1. Che meraviglia quando la storia familiare riaffiora nei dettagli più inattesi: un volto, un accento, perfino un ‘komm’ tra le galline.
    Un caro saluto

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eh, già! È proprio così che funziona la storia: non nei libri, ma nelle galline della nonna e nella faccia di un neonato che spaventa l'infermiera . Grazie mille per il commento, un abbraccio!

      Eliminar
  2. Ah, creia, que eras
    madrileño, no está
    mal esto que cuentas,
    es una manera de
    vacilar con cualquiera,
    además, creo, al menos
    cuando escribes, que no
    solo dominas el español,
    en Sevilla, hay un pueblo,
    donde muchos, se apellidan
    Japón, saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Orlando, ¡madrileño! Con lo que yo quiero a Madrid... hasta me pasé tres años allí, uno de mili. Oye, lo del pueblo de Sevilla con los Japón no lo sabía, me has picado la curiosidad, habrá que tirar del hilo. La historia de España está llena de estos rincones con apellidos que no encajan y que esconden una historia detrás. Gracias por el dato y por pasarte por aquí. Abrazo

      Eliminar
  3. Hola Ángel , muy buena y graciosa tus anécdotas 🤗 decirte que mi madre es cordobesa de Aguilar de la Frontera 🤗 buena tierra y buena gente

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Anda, no me lo has comentado nunca. Gracias por tus palabras. Un beso

      Eliminar
  4. Jajaja, suele pasar a menudo con la gente de San Sebastián. Somos inconfundibles. ¡Eballense cien por cien! Para mí son los mejores orígenes, lo que pasa que en mi caso no llevo apellido alemán, ni rasgos físicos. La más alemana de la familia mi bisabuela que se apellidaba Costa. Siempre cuenta mi madre que mi tatarabuela nació en el camino de Alemania a España.😘😘

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Se me olvidó el gentilicio, Hace ya muchos años que no voy por allí, y estaba todo muy cambiado pero recuerdo que la última vez que estuve, me encantaba encontrarme con amigos de mis padres porque realmente tenían pinta de alemanes total. Un beso a todos

      Eliminar
  5. Qué bonito Angel, lo que cuentas y cómo lo cuentas… realmente tu físico y tu manera de ser… muy cordobés, como que no, yo creo que por tus venas corre más sangre alemana que española jajaja. Me encanta tu sentido del humor al ir narrando lo.

    Yo, que también soy del sur (Cádiz), rubia, pecosa y de ojos claros, tampoco soy prototipo de andaluza, es más, una hermana mía mucho más rubia que yo, más pecosa y también de ojos claros se hizo pasar un verano por alemana y la pobre mía tenía que estar con la boquita cerrada porque su acento le delataba - fue una broma que quisieron gastar sus amigos a otros que llegaron nuevos a veranear - y oye coló, se lo creyeron a pies juntillas.

    Muy bueno tu post, lo fui leyendo sin perder la sonrisa.
    Gracias Angel, un abrazo… feliz finde.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que buena la anécdota de tu hermana. Pobrecilla que penitencia. Pues aprovecho y ya que busqué información cuando preparé el post te la ofrezco . Lo que cuento de mi pueblo no fue un caso aislado ni mucho menos. Carlos III montó todo un proyecto de colonización por Sierra Morena y Andalucía, trajeron alrededor de seis mil familias centroeuropeas, alemanes, flamencos, suizos, austriacos... y fundaron pueblos enteros que hoy tienen nombres como La Carolina en Jaén, La Carlota aquí en Córdoba, o La Luisiana en Sevilla. Lo curioso es que en Cádiz también hubo colonias, así que lo tuyo y lo mío igual tienen más en común de lo que parece. Y ya que lo mencionas, también hubo algo parecido en Venezuela, en la Colonia Tovar, cerca de Caracas, donde a mediados del siglo XIX se instalaron alemanes que tardaron mucho más en mezclarse porque allí sí prohibieron los matrimonios mixtos durante décadas.
      Dos siglos y pico después seguimos saliendo rubios y despistando a la gente. Gracias por pasarte, un abrazo.

      Eliminar
  6. Tu relato tiene esa mezcla tan tuya de memoria, humor y raíz. Es fascinante cómo una historia familiar puede asomar en los lugares más insospechados: en un mostrador de aeropuerto, en la cara de un recién nacido o en unas gallinas que aún entienden el komm. Lo cuentas con una naturalidad que hace sonreír y, al mismo tiempo, recuerda que la identidad es siempre un cruce de caminos, herencias y acentos que se van negociando con el tiempo.
    Me ha encantado ese hilo que une Córdoba, Alemania y Barcelona sin perder nunca la cercanía. Al final, como dices, basta abrir la boca para que todo encaje.
    Un abrazo, Ángelo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Enrique, me alegra que te haya gustado. La verdad es que cuando empecé a escribirlo no sabía muy bien adónde iba a llegar, y al final salió solo. Eso de que la identidad es un cruce de caminos me parece que lo has resumido mejor que yo. Un abrazo.

      Eliminar
  7. Es curioso. A mí también me confunden con inglesa o alemana. Pero lo mío viene de Asturias y yo hablo alemán. Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Susana, pues mira, entre tú y yo ya somos dos casos sospechosos. Asturiana con cara de alemana que encima habla alemán de verdad... eso ya es demasiado. A este paso va a resultar que nos hemos equivocado de árbol genealógico y tenemos que ir a revisarlo.Un beso

      Eliminar
  8. Uma constatação lógica que deve ocorrer noutros locais.
    Abraço de amizade.
    Juvenal Nunes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Olá Juvenal, tens razão, não é algo exclusivo da minha aldeia, a história está cheia destes cruzamentos e misturas nos lugares mais inesperados. O curioso é que dois séculos e meio depois ainda aparecem na cara das pessoas. Um abraço amigo.

      Eliminar
  9. Qué lástima que se pierda ese herencia genética. Yo también pensaba que eras aleman porque el nombre tampoco es muy común en España.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo que sí ha sobrevivido intacto es mi relación con el sol, que es ninguna. En cuanto asoma con fuerza yo desaparezco, porque el sol y yo tenemos un pacto de no agresión que él se salta cada verano. Hubo una época, cuando no había cremas protectoras ni tanta información, que acababa el verano hecho un cangrejo . Ahora al menos me defiendo mejor. Un abrazo.

      Eliminar
  10. Espero que no te pase lo que al personaje de Woody Allen, creo que en "Misterioso asesinato en Manhattan" que decía "Cuando escucho a Wagner más de media hora me dan ganas de invadir Polonia....
    A mí también me confunden con extranjero los camareros/gancho que hay en las terrazas de los restaurantes. Me hablan en inglés supongo que por mi apariencia física que no es la típica de aquí, al menos en la gente de mi edad.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Xavi, ¡que me dices, no te imaginaba con esos atractivos! Lo de Wagner y Polonia tiene gracia, aunque yo lo que me pregunto es si mi predilección por Wagner no será una señal de que vengo de su rama. Todo encaja.

      Eliminar
  11. Gran placer de lectura, Angelo. Memoria, humor, raíces. Y ese estímulo que provocas con cada frase hecha, que es como entrar en un jardín donde crecen flores y espinas. Idas y venidas. La raíz, profunda y silenciosa, sostiene todo lo que parece ser seguro y, en cambio, es aparente: los recuerdos dulces, los amargos y aquellos que preferimos contar con gracejo para que duelan menos, envuelven tu relato. Al final, vivir es eso: cuidar la raíz, regar la memoria y dejar que el humor florezca, para que tanto el pasado u origen no sea una carga, sino un árbol bajo cuya sombra podamos continuar el viaje y sonreírle a la vida. Espléndido, amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Teo, con un comentario así casi me obligas a escribir mejor. Lo del jardín con flores y espinas me ha llegado especialmente, porque resulta que de jardines y plantas sí que entiendo algo, tengo fama de ello. Oye, y lo de cuidar la raíz, pues mira, la mía lleva dos siglos y medio solita y aquí seguimos. Muchas gracias por tu presencia y aportación. Un abrazo, amigo.

      Eliminar
  12. Es la primera vez que visito tu espacio y me encantó la naturalidad, la sencillez y la gracia con que escribes...Me alegro que te gusten las letras, ellas nos curan, nos impulsan y nos inspiran en este mundo materialista y confuso, Angelo...Hay que seguir escribiendo, creando y recreando la vida cada día...Te diré que tengo un hijo casado en Alemania y conozco un poco a los alemanes, son muy tranquilos y respetuosos.
    Mi felicitación y mi abrazo entrañable.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Mª Jesús, bienvenida, me encanta cuando entra gente nueva y le gusta. Los que llevan desde los inicios, y ya van 17 años, saben que aquí siempre encontrarán escritos sencillos sobre las realidades de esta vida que nos toca vivir, siempre desde mi propia experiencia, sin florituras, y me funciona. En cuanto pueda paso a visitarte, que intuyo que tu blog será sobre letras. Un abrazo entrañable. Y mi gratirus por tu aportación

      Eliminar
  13. Me hace gracia. Yo también nací en Córdoba pero soy rubilla, con ojos claros... A mi padre siempre le decían: Puedes decir que tu hija ha nacido en Nueva York :)) :))
    SAludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Manuela, bienvenida al blog. Mira que tiene gracia, está saliendo gente del sur con rasgos de todos lados menos del lugar donde nacimos. Tu padre tenía razón, aunque Nueva York se queda corta, que allí llevan apenas unos siglos mezclándose y nosotros los andaluces llevamos ventaja.Encantado por tu aportación. Un saludo.

      Eliminar
  14. Una historia de lo más curiosa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Uyyy Trecce y otras anécdotas que ni te cuento. De película total.

      Eliminar
  15. En mis amigos algunos proceden de zonas como La Carlota o Fuente Palmera donde también se instalaron los colonos alemanes, a los que la Inquisición, por cierto, estudiaba con detalle sus antecedentes. Uno de esos amigos, fallecido hace pocos años, se apellidaba Rider, precisamente.
    Y los hijos de esos amigos suelen ser rubios y siguen hablando en sus gestos y portes de esa ascendencia alemana, a pesar de que alemanes y andaluces se han ido mezclando con el paso del tiempo transcurrido.
    Un abrazo, amigo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Conocía esa información, sobre todo en La Carlota que también hay algún que otro familiar, asi que ese Rider con toda probabilidad familiar de mi padre. Bueno así nos vamos conociendo mejor, me apetecía después de tanto texto reflexivo estos últimos días algo mas relajante, por decirlo de alguna manera. Un abrazo y gracias por tu aportación

      Eliminar
  16. I am Canadian and born in Montreal, and I am fluent in French. Sometimes when I speak French, a French individual thinks I am from England. :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Although my parents and I were all born here in Montreal, my paternal grandparents were born in England. LOL!

      Eliminar
    2. Hi Linda, well, another one in the club of those who confuse people with their face or accent. A Canadian from Montreal who sounds English when speaking French, with grandparents from England on top of that... no wonder!

      Eliminar

Los comentarios son la mejor parte de esto. Si algo te ha movido, te ha irritado o simplemente quieres añadir algo, este es tu sitio. Solo te pido lo mismo que yo me comprometo a darte: respeto, buena fe y ganas de entenderse.

Blogger Template Created by pipdig