En el funeral de mi abuelo, hace ya muchos años, nos enteramos de algo que nadie en la familia esperaba. Uno suele ir a un funeral preparado para las sorpresas, porque la muerte siempre tiene esa capacidad de alterar el guion, pero lo que reveló el sacerdote durante la homilía nos dejó mudos. Resulta que mi abuelo llevaba años yendo a misa a diario; era el primero en llegar y, muchas mañanas, cuando el párroco abría la iglesia, él ya estaba fuera esperando pacientemente a que girara la llave.
Un murmullo de asombro recorrió los bancos. Hijos, nietos y mi abuela nos miramos con la misma cara de póker que se te pone cuando la realidad decide que ya es hora de que te enteres de la verdad. Mi abuela estaba convencida de que su marido simplemente salía a caminar para mantenerse activo. Nadie lo sabía. En una familia tan grande, donde todo acaba sabiéndose tarde o temprano, él había logrado mantener una parcela de su vida en absoluto secreto, sin buscar testigos, aprobación ni conversación al respecto.
Era un hombre excepcional, sabio de la vida aunque era analfabeto, lleno de historias que sabía de memoria y que encandilaban a todo aquel que las escuchaba; un hombre de gran humor y extrovertido. Era mi abuelo de siempre, el mismo de toda la vida, pero esa parte de su existencia la había guardado para él con una intimidad difícil de explicar. No recuerdo haberlo visto rezar ni haberlo escuchado nunca hablar de Dios, aunque quizá no presté atención, porque tampoco era un tema que a mí me interesara por entonces, con esa magnífica indiferencia que tienen los jóvenes hacia todo lo que no les afecta.
El sacerdote añadió una anécdota que se me quedó grabada para siempre. Contó que un día mi abuelo le confesó su sencillo ritual: al entrar, nada más cruzar la puerta, se paraba ante el Cristo crucificado que preside la entrada y le decía: "Ya estoy aquí". Luego se sentaba en silencio y pensaba, uno por uno, en cada hijo, en sus cónyuges y en sus nietos, pidiendo para cada uno lo mejor que pudiera darles para ser felices.
A veces me pregunto si intuía que se acercaba el final o si fue una necesidad que no sabía nombrar de otra manera. Nadie le habló de fe ni le formó en ello y, sin embargo, un día empezó y siguió solo, cada mañana, sin contárselo ni siquiera a la mujer con la que había compartido toda una vida.
Quizá no se trata de llegar a una conclusión clara ni de tener una postura definida sobre lo que hay o no hay más allá de lo que vemos. Se trata, tal vez, de no cerrar demasiado pronto ciertas preguntas y de reconocer que hay partes de la vida que se nos escapan. Mi abuelo, que nunca había tenido ocasión de aprender a seguir una misa, lo vivió de una forma que muchos no llegan.
Y durante años, sin que nadie lo supiera, fue diciendo eso también por nosotros.
Volver no siempre es fácil, pero hay momentos en los que uno reconoce que se ha alejado.
Y entonces nace una petición sencilla: empezar de nuevo, con verdad.
Quizá sintió, que era el
ResponderEliminarúnico sitio, donde no se
se sentido importunado,
el hecho, es ese ,"estoy
aquí", no se que lectura
hacer, saludo Ángel.
Hola Orlando, puede que tengas razón, y quizá eso y mucho más a la vez. Lo del 'estoy aquí' hoy que puedo hacerlo con una lectura diferente, sé que fue su mejor oración que sería recibida como muy valiosa porque salía del corazón. Gracias por tu presencia. Feliz semana
EliminarEs muy bonito que asombroso la parte más bonita lo que lo tenia ir aser su visita al Seño???
ResponderEliminarMuchas gracias, seas quien seas, me alegra te haya gustado.
EliminarAngelo, de nuevo te felicito por la sencillez, claridad y forma tan amena con que te explicas y compartes tus posts...Tu abuelo era sin duda una persona sabia, era consciente de que tenemos parte humana y parte divina...Y esa parte divina lo llamaba, lo atraía a la iglesia. Estoy segura que allí se sentía escuchado, su espíritu lo agradecía y él mostraba su amor por todos vosotros, pidiéndole al Cristo que os amparara a todos...Permíteme que te diga que, él sigue pendiente de todos vosotros allá donde esté...y tu ahora también recibes su hermoso mensaje...
ResponderEliminarMi abrazo y feliz domingo, Angelo.
Gracias, M. Jesús. Esa idea de la parte humana y la parte divina encaja muy bien con él, que respondía a algo que lo llamaba sin saber ponerle nombre. Basta que haya pasado el tiempo y las formas en que ahora veo las cosas para valorar esa sabiduría que no tiene nada que envidiar a nadie. El abrazo, bienvenido. Feliz domingo también para ti.
EliminarDe tanto ir acabaría aprendiendo el ritual. Un beso
ResponderEliminarYo creo que se pasaba la misa orando a su manera, de que ni siquiera era consciente, sabía que allí sucedía algo grande y él "se apuntó" pero independientemente de ir o no a misa, fue toda su vida un hombre admirable que se desvivia para que todos fueran felices, intentaba hacerlos reír a todos. Bueno de verdad. Gracias Susana. Feliz semana
EliminarQue bonita historia Angel.
ResponderEliminarMe interpela al leer tu reflexión, que nunca debemos hacer juicios sobre la vida de los demás, ni de lo que hacen y sienten, ni creernos más formados o más cercanos al Señor porque estemos más o menos comprometidos… el único que sabe y conoce lo que vibra dentro de nosotros y el amor que ponemos en todo lo que hacemos, es nuestro Padre Dios.
Las oraciones nunca se pierden, estoy segura que todo lo que silenciosamente sembró tu abuelo, está dando frutos.
Un abrazo Angel y muchas gracias por todo lo que tan honestamente compartes.
Lo que dices sobre no juzgar la vida de los demás ni creernos más cerca del Señor por estar más comprometidos es una de esas verdades que cuesta recordar y que viene bien que alguien te ponga delante. Mi abuelo no tenía formación religiosa, no sabía responder en la misa ni recitar las oraciones, y sin embargo el sacerdote lo puso como ejemplo con una seguridad que no dejaba dudas. Y lo de que las oraciones nunca se pierden… eso lo tengo muy claro, y me alegra que tú también. Gracias por leerlo siempre con tanto corazón, Paula. Un abrazo grande
EliminarThis is a beautiful story, Angelo. Prayers are never wasted, I agree with Paula. Thank you so much for all you share.
ResponderEliminarThank you, Linda, for always being here and taking the time to read and comment. Paula always finds the most beautiful way to put things, doesn't she? Wishing you a wonderful week ahead
EliminarUn gran hombre tu abuelo, cada día se ponía delante de Jesús.
ResponderEliminarSorpresa para todos , él fue feliz cada día en misa.
Nadie te prepara para cuando la misión te rompe los esquemas. Llegas con tus planes, tus seguridades, tus ideas de cómo deberían ser las cosas… y de pronto nada encaja. Pero justo ahí empieza lo real: cuando Dios te descoloca.
Aprendes que no todo depende de ti, que la fe no se mide por resultados, que servir es dejar espacio. Que la misión no consiste en “hacer mucho”, sino en dejarte enviar.
A veces nos cuesta, porque preferimos tener el control, incluso en lo espiritual. Pero el Evangelio no se vive desde el despacho del alma, sino desde el barro de la vida.
Un abrazo y una oración a tu abuelo.
Gracias, Toñi. Eso que describes, cuando Dios te descoloca y justo ahí empieza lo real, creo que mi abuelo lo vivió sin tener palabras para nombrarlo. No venía de ninguna formación ni de ningún plan, venía del barro, como dices tú, y quizá por eso lo que hacía tenía esa solidez que nosotros no supimos ver durante años. Lo del despacho del alma me quedo con ello, porque hay mucho de eso en cómo a veces nos acercamos a estas cosas. Un abrazo y gracias por la oración.
EliminarEntiendo muy bien lo que hizo tu abuelo.
ResponderEliminarHa vivido mucho, ha visto muchas cosas, muchos años intentando entender de la forma que sea el sentido de la vida, de la muerte... y no obtener respuestas.
Pasa el tiempo y uno, yo mismo, se va sintiendo más vulnerable, más poca cosa, más huérfano emocionalmente y buscas refugio.
Y qué te ofrece el mundo?... nada, todo lo contrario, a la gente mayor se la va apartando, ignorando... y aunque la familia te arrope también tienen sus propias vidas y no pueden estar 24 horas arropándote y te sigues sintiendo cada vez más solo y ves que lo material no te sirve para nada... y ves una iglesia, un silencio, una paz, un misterio, creas o no creas en un Dios... y te sientes bien, y piensas que a lo mejor allí puedes encontrar ayuda para tu decrépita esperanza, y la pides, y la pides no tanto por ti como por los que quieres, y posiblemente te emocionas, y luego vuelves a tu vida de cada día y no dices nada a nadie... total tampoco iban a comprenderte.
Sí, entiendo muy bien a tu abuelo.
Mucho.
Saludos.
Xavi, he leído tu comentario varias veces. No porque fuera difícil de entender, sino porque hay dentro una honestidad que no se encuentra fácilmente y que merece algo más que una respuesta rápida.
EliminarLo has descrito desde dentro, desde ese lugar que conoces bien, y eso le da a tus palabras una verdad que ningún análisis puede tener. Esa soledad que describes, esa sensación de ir siendo cada vez más invisible para el mundo mientras por dentro sigues teniendo tanto, la reconozco también porque no me es ajena. Uno aprende que las preguntas más importantes no siempre encuentran respuesta, pero que el simple hecho de seguir haciéndolas dice mucho de quien las hace.
Lo que me llama la atención es que mi abuelo no llegó a aquella iglesia con fe formada ni con respuestas. Llegó con su esperanza a medias, con sus preguntas sin resolver y con el amor que sentía por los suyos. Y lo que encontró, entre otras cosas, fue a alguien que supo verle. Un sacerdote que no le pidió que supiera rezar ni que encajara en ningún molde, sino que simplemente le acompañó. A veces no es la fe lo que abre la puerta, sino encontrar a alguien que te deja entrar tal como eres.
Tú ya sabes que te tengo presente cada día, y eso no va a cambiar. Un abrazo fuerte, Xavi
Toro, me gustan mucho tus comentarios, son honestos y sinceros, no hay postureo ni ganas de aparentar lo que no es, se nota que hablas desde el corazón y eso para mi ya lo es todo.
EliminarEl Señor se vale de muchas mediaciones para llegar a nosotros… personas, situaciones, circunstancias, enfermedades… déjate sorprender por El, está a tu lado silencioso y paciente, es presencia invisible, es soledad habitada.
Animo! te acompaño con mi oración.
Un saludo!
Un secreto que le ponía la pilas, un secreto que no compartía porque lo sentía suyo, necesitaba aferrarse a algo y encontró el antídoto.
ResponderEliminarFeliz semana.
Saludos
Carmen, 'el antídoto', qué palabra tan exacta. A veces uno encuentra algo y lo cuida precisamente porque es suyo, sin necesidad de ponerle nombre ni de compartirlo, y eso solo ya tiene un valor que no todo el mundo entiende. Me alegra que te hayas pasado y que lo hayas leído con esa mirada tan directa. Feliz semana.
EliminarQué relato tan profundo, Ángelo. Hay revelaciones que llegan tarde, pero no por ello pierden fuerza; al contrario, iluminan de golpe zonas enteras de la vida que dábamos por conocidas. Lo que cuentas de tu abuelo conmueve porque muestra esa fe silenciosa que no busca reconocimiento, esa manera de sostener a los suyos desde un rincón discreto, sin palabras grandes, solo con presencia y verdad. Qué placer leer una historia que nos recuerda que cada persona guarda un territorio íntimo que no siempre sabemos ver, y que a veces lo más valioso sucede lejos de nuestra mirada. Gracias por compartirlo con tanta claridad y respeto.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, Ángelo
Muchas gracias Enrique. También tú compartes con todos anécdotas y viviencias que tocan al corazón. Un abrazo fuerte
EliminarMe ha emocionado muchísimo, y sí, qué petición tan hermosa y sencilla. Besos y buena semana.
ResponderEliminarInma muchas gracias, me encantaria saber quién eres, si quieres en contacto en la pestaña del menú de arriba puedes hacerlo cuando quieras y te apetezca . Un abrazo
EliminarLa historia que nos narras no es inusual, sobre todo cuando la persona alcanza cierta edad. Otra cosa, es que ese rato de pensar y pedir (y agradecer) se haga en un templo, o en el propio dormitorio de cada uno, y que nadie se entere...
ResponderEliminarUn abrazo, amigo
Muchas gracias Ildefonso, creo que nunca te lo he dicho, pero tanto en tus post como en tus comentarios me transmites siempre serenidad y paz, creo que eres un hombre de grandes y profundas reflexiones. Muchas gracias por tus aportaciones. Un abrazo
EliminarAngelo querido, cuando digo que los hombres (como especie) pendulean entre la virtud y obediencia de los ángeles y el instinto de las bestias, me refiero al uso del libre albedrío que Dios entregó a cada uno en la creación. Hay quienes en su camino a Dios, se convierten (en el sentido de modificar la vida) y encuentran equilibrio y paz; hay otros que desde la cuna aprendieron y sintieron la presencia de Dios en la familia y hay otros -como tu abuelo o como mi padre- que tenian equilibrio y sentido etico en todo lo que hacían.
ResponderEliminarMi padre, odontólogo (lo señalo porque al ser de la rama de la medicina, le cabe lo que decía un médico argentino «el sacerdote y el médico son elegidos por Dios, para la obra de Dios»), tenia eso que tienen los hombres donde Dios está siempre presente: la sencillez de corazón y transparencia en todos sus actos. No lo he visto jamás en una misa. No hacia falta. Como tu abuelo.
Quizás porque estamos grandes y como mucho tiempo (como todo jubilado) pensamos en como estarán nuestros hijos, lejos de casa y solo tenemos el camino (único diría) de pedirle a Dios, que cuide todos sus procesos de vida, que saque las piedras de sus caminos, que los allane. Es simple la cosa.. ¿Tenemos consuelo? Tenemos paz, porque solo podemos orar por ellos.
El libro al que hice referencia, es un libro de aforismo con título simple: "El hombre, el médico y Dios" de Isidoro Ricardo Steinberg. En uno de esos aforismos se pregunta: «¿Que es la muerte? Una palabra, cuando en la vida has vivido para tu conciencia y para Dios.»
Te mando un abrazo
Cada vez que escribes un comentario me llena de alegría. Haces reflexiones muy hermosas, que estoy seguro nacen de esa presencia de Dios que debe reinar en nuestras vidas. Qué bonita también la anécdota de tu padre. Y qué preciosa oración la de pedirle a Dios que allane el camino de los que amamos, cuando ya no podemos caminar nosotros por ellos. Eso es la forma más alta de amor. Gracias por lo que aportas siempre de tan personal. Un abrazo.
EliminarHay algo profundamente hermoso en descubrir que alguien que creías conocer por completo guardaba un gesto tan silencioso y tan grande. Me golpea esa imagen de “ya estoy aquí”, sin ruido, sin necesidad de demostrar nada… solo estar.
ResponderEliminarA veces pensamos que la fe, el amor o el cuidado tienen que decirse en voz alta, y resulta que lo más verdadero ocurre en secreto, sin espectadores. Tu abuelo no lo contaba, lo hacía. Y eso pesa más que cualquier discurso.
Me deja pensando en cuántas cosas importantes pasan desapercibidas… y en quién, sin saberlo, estará diciendo hoy “ya estoy aquí” por nosotros.
Bienvenido, me alegra tu visita y la manera tan bonita de recibir la entrada. Me he sentido bien compartiéndola, y eso que son muchísimos años ya los que mi abuelo dejó de acompañarnos en esta vida... nunca pensé que pudiera inspirarme un post, pero fue hace pocos días cuando alguien me contó algo similar, y eso me hizo pensar. Gracias por tus palabras . Espero que sigamos con este intercambio de riqueza bloguera. Un abrazo.
EliminarGracias por la visita a mi blog, el tuyo tambien esta espectacular.
ResponderEliminarGracias, pero estoy con algún problemilla de plantilla en el mobil, a ver si lo soluciono pronto.
EliminarCuánta vida silenciosa hay en cada persona!
ResponderEliminarPero lo que cuentas de tu abuelo tiene hondura y entrega.
Una persona que dando lo mejor de sí mismo os envolvía a todos en su grandeza.
Seguro que ese sentir y generosidad, llegó hasta vosotros para quedarse.
Un abrazo Ángelo y gracias por tu visita.
Fue un hombre muy especial, de los que en este mundo derramaba bondad y dulzura a cualquiera que se encontrara. Gracias
EliminarMe encanta la manera tan sencilla y fácil de acercarse a Dios. Lo más importante es que pedía más por su familia que por él.
ResponderEliminarUn hombre que supo sorprender hasta el final. Besos
ResponderEliminarQue simple y a la vez profunda su relación con Dios, confianza plena en El. Emociona un testimonio así.
ResponderEliminarAbrazos, voy poniendome al día :))
Gracias soñadora. Es que su frase y saludo tiene mucha profundidad, es una oración que pocos sabrían manifestar con esa certeza de fe. Hoy yo la valoro muchísimo. Un abrazo.
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