Reflexiones que nacen de vivir, pensar y seguir preguntando

12/04/2026

Compararse pasa factura

Compararse con los demás: por qué nos desgasta más de lo que creemos
Hombre pensativo frente a un tablero de ajedrez iluminado con luces rojas y azules, simbolizando la comparación interior y la tensión mental

Una conversación, una felicitación, una decisión ajena. Basta poco para empezar a medirse por dentro sin decir nada.

¿Cuándo fue la última vez que celebraste algo tuyo sin que apareciera, casi de inmediato, el nombre de alguien que lo hizo mejor, antes, o con menos esfuerzo? Si tardas en recordarlo, sigue leyendo.

A mí me pasa más de lo que me gustaría reconocer. Y no me pasa en momentos de crisis existencial a las tres de la mañana, que también, sino en situaciones de lo más banales. Una comida tranquila, un café con amigos, un grupo de WhatsApp que abro sin motivo aparente. Todo normal. Todo bien. Hasta que alguien cuenta algo con esa seguridad que a mí todavía se me resiste, y sin que nadie me haya invitado a participar, ya estoy compitiendo. En silencio, eso sí. Por fuera sonrío, asiento, digo "qué bien" con una convicción razonable. Por dentro he abierto una especie de marcador mental que, curiosamente, nunca juega a mi favor.

Lo gracioso, si es que tiene gracia, es que nunca me comparo con alguien que está igual que yo. Eso sería demasiado fácil, demasiado poco estimulante para el cerebro. No. Yo voy directo a quien parece haberlo resuelto todo. El que habla de sus decisiones sin rastro de duda. El que publica el proyecto, el viaje, el logro, con la ligereza de quien no conoce el síndrome del impostor. Y yo ahí, tomando nota, como si llevara el partido perdido de antemano y nadie me hubiera avisado de que había partido.

El problema es que esa comparación es tramposa desde el principio, y lo sé, y la hago igual. De mi vida conozco absolutamente todo: las dudas que no cuento, los miedos que gestiono en privado, las veces que tardé semanas en tomar una decisión que luego resultó obvia, las contradicciones que cargo y que no saldrían bien en ninguna foto. Del otro solo veo el escaparate. No sé qué hay en el almacén. No sé cuánto le ha costado llegar hasta ahí ni qué conversaciones difíciles ha tenido consigo mismo. Y aun así coloco ambas historias en la misma balanza como si fueran equivalentes, y me sorprendo de que no salgan iguales. Con esa lógica, cualquiera pierde siempre.

Y cuando uno lleva un rato instalado en esa dinámica, el terreno se vuelve resbaladizo. Porque de la comparación a la envidia hay menos distancia de la que parece. No la envidia de película, dramática y con villano. La envidia pequeña, la cotidiana, la de no alegrarse del todo limpio cuando a otro le va bien. Esa que no verbalizas pero que está ahí, incómoda, haciéndote ver que algo no va bien por dentro. La comparación constante nos pone en la rampa de entrada a ese sitio, y muchas veces ni nos damos cuenta de que ya estamos dentro.

La comparación no da lo que promete. No trae claridad, ni ayuda a tomar mejores decisiones, ni motiva de verdad. Solo quita paz. Y encima consigue algo todavía más molesto: empequeñecer lo que sí tienes. Un logro que antes te alegraba de repente parece poca cosa porque alguien llegó más lejos. Una decisión de la que estabas razonablemente orgulloso pierde peso en cuanto aparece una referencia externa que la deja en evidencia. Es agotador, y lo peor es que el cansancio es completamente autoinfligido.

No tengo una fórmula para que desaparezca, porque no desaparece. Vuelve. Pero sí noto la diferencia entre los momentos en que la dejo correr y los momentos en que la freno antes de que marque el rumbo. El problema no es mirar alrededor. Es convertir cada mirada en un examen donde siempre salgo suspendido, y encima yo mismo he puesto las preguntas.

Videoclip musical con letra sobre tomar las riendas, vencer el miedo y vivir con calma sin dejarse arrastrar

💬 Los comentarios están justo debajo.
Me encantará leer tu sentir; siempre enriquecen este espacio.

28 comentarios

  1. Muy entretenido. No suelo compararme con los demás, solo a veces cuando voy con mis amigos a hacer gimnasia y más que nada para motivarme. Besos.

    ResponderEliminar
  2. Me gustaría que blogger me avisará de tus actualizaciones, pero en este formato no encuentro dónde hacerme seguidora. Buena semana.

    ResponderEliminar
  3. Disculpa, ya encontré el enlace a seguidores. :))

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Inma, y bienvenida al blog. Me alegra que te hayas animado a seguirlo. Lo del gimnasio tiene mucho sentido, la comparación puesta al servicio de la motivación es de las pocas versiones en las que sale ganando. Me alegra también que encontraras el gadget de seguidores. Un saludo.

      Eliminar
  4. Estoy de acuerdo en que las comparaciones en la mayoría de las ocasiones nos hacen perder el tiempo y energía.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Piscis . Eso es que al igual que yo, lo has experimentado en alguna ocasión. Un abrazo fuerte

      Eliminar
  5. Angelo, primero de todo te felicito por esa autenticidad con la que reflexionas...Es importante dialogar con uno mismo y tú lo haces, ello nos facilita aprender, tener experiencia y madurar...A todos nos suele pasar en muchas ocasiones, compararnos con alguien y eso ocurre porque todos tenemos "ego"...Y el ego es peligroso, se adueña de la mente y esta nos traiciona, nos averguenza y nos va contando los fallos y debilidades...Quizá hay que parar, mirar de frente al ego y no dejar que nos despierte "envidia, insatisfacción, o frustración...Cada uno lleva su tiempo de madurez, sus circunstancias y su vida y hasta el que parece más feliz y seguro tiene su sufrimiento y sus debilidades...!
    Te dejo mi abrazo entrañable por tu reflexión, que a todos nos llega y es importante para madurar y tomar las riendas de uno mismo, Angelo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Mª Jesús, siempre es un placer tenerte por aquí. Eso que apuntas del ego tiene mucha miga, y es verdad que cuando se pone al mando la conversación interna se complica bastante. Cada uno carga con lo suyo aunque no se vea, y recordarlo ayuda a no juzgar tan rápido, ni a los demás ni a uno mismo. Tu abrazo entrañable, devuelto.

      Eliminar
  6. Yo también sufro de envidia leve. Es inevitable. Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esa es una confesión, directa, sincera y admirable. Otro beso para ti Susana

      Eliminar
  7. Gracias Angel, está bien este “toque” que nos haga parar un rato a pensar en qué punto estamos y hasta dónde podemos sentirnos reflejados en esas ocasionales comparaciones que como dice nuestros refranero “ son odiosas”, es algo muy humano aunque no es bueno normalizarlas porque bien, no hacen…

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Paula, el refrán lo dice con una precisión que cuesta mejorar. Y tienes razón, lo humano no siempre coincide con lo conveniente, y ahí está precisamente el lío. Hay cosas que hacemos casi por inercia, sin darnos cuenta de que ya estamos dentro, y la comparación es una de ellas. Quizás no lo dejé suficientemente claro en el post, pero quería poner el acento más en la envidia que nos puede despertar si nos descuidamos que en la comparación misma. Un abrazo.

      Eliminar
  8. Ya no lo hago,hay
    que cuidar la salud
    mental , saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Llegar a ese punto no es poco, y quien lo consigue sabe perfectamente por qué merece la pena. Un saludo.

      Eliminar
  9. Pensamos que los mensajes que publicamos son “nuestros”. Pero si los miramos con calma, las ideas se parecen más a semillas que van pasando de una persona a otra. Alguien siembra, otro comparte, otro transforma… y así van creciendo.
    Por eso, cuando algo nos inspira, no hace falta copiarlo tal cual. Podemos detenernos, agradecer lo que nos despertó y luego preguntarnos: “¿Qué siento yo con esto? ¿Qué puedo crear desde mi propia experiencia?”. Ahí es donde nace algo verdadero.
    Reconocer de dónde viene una idea no nos hace menos, al contrario, habla de respeto y de honestidad. Es como decir: “Esto me ayudó, esto me tocó, y desde ahí estoy creando algo mío”.
    En el fondo, el camino no es repetir lo que ya existe, sino darle nuestra propia voz. Porque cada persona tiene una forma única de ver y sentir, y cuando se expresa desde ahí, lo que crea tiene más verdad y más sentido.
    Agradecer, reconocer y crear desde uno mismo: algo sencillo, pero muy valioso.

    ​Decirle a alguien “hay personas que están peor que tu” es invalidar su dolor. El dolor no se mide, mucho menos se compara, se respeta.

    ​Cada herida tiene su propia importancia y su propio tiempo. No se trata de quién sufre más, sino de cómo ese sentimiento impacta en la vida de quien lo padece. Respetar eso es el primer paso para ofrecer un apoyo auténtico, permitiendo que la persona encuentre su propio camino hacia la calma sin sentirse juzgada por la magnitud de su tristeza.

    Un abrazo Ángel sin comparaciones... jejeje

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. GraciasToñi. Hay algo que describes que pasa constantemente y casi nadie nombra, que lo que creemos propio tiene muchas manos detrás, y que la honestidad está precisamente en reconocerlo en lugar de esconderlo. Y luego das en algo que cuesta mucho que la gente entienda, que cuando alguien está mal lo último que necesita es que le pongan a otro al lado para medir. Eso no consuela, desconecta. Cada uno lleva lo suyo como puede y desde donde puede, y acompañar de verdad empieza por respetar eso sin más. Un abrazo.

      Eliminar
  10. Es inevitable compararse un poco, pero por salud mental, mejor no hacerlo. Siempre habrá alguien mejor y alguien peor que uno.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Eugenia, y así de claro y directo queda todo. Eso de que siempre habrá los dos extremos es una de esas verdades que sabemos pero que cuesta aplicar en el momento justo, cuando ya estás comparando sin darte cuenta. Saludos.

      Eliminar
  11. Eso me ha ocurrido siempre.
    De pequeño y de joven fue un horror.
    Con el tiempo he aprendido a sobrellevarlo e incluso a quitarle importancia o que casi no me afecte o que me afecte en positivo cuando descubro la impostura del "comparado".
    Durante muchos años esa comparación inevitable me acompañaba a todas partes.
    Después descubrí que generalmente eran comparaciones tramposas porque la gente miente mucho... pero mucho....
    Y ahora casi que me da igual porque de lo que explica la gente y sobre todo los que alardean no suelo creerme casi nada.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Xavi, me gustan tus comentarios por la sinceridad que siempre manifiestas con todos los sentimientos que conllevan. Asusta que hayas usado la palabra horror porque eso es experiencia de la fuerte. El tiempo va colocando cada cosa en su lugar y uno aprende a llevar mejor ese peso. Un abrazo.

      Eliminar
  12. Qué bien señalas ese mecanismo silencioso que todos conocemos: la comparación que se cuela sin permiso y empieza a restar en lugar de sumar. Tu texto muestra con mucha lucidez cómo ese “marcador interno” nunca juega a favor y cómo termina robándonos paz sin darnos nada a cambio.
    Me gusta especialmente cómo recuerdas que solo vemos el escaparate ajeno, nunca el almacén. Esa idea, tan sencilla y tan cierta, ayuda a poner cada cosa en su sitio y a mirarnos con un poco más de compasión.
    Un fuerte abrazo, Angelo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Enrique. Mi reflexión fue a raíz de un debate con unos cuantos amigos y todos sin excepción, incluyéndome a mí, reconocimos que compararnos con otros nos había hecho daño alguna vez. Y no se ven las cosas igual unos cuantos años después. Un abrazo.

      Eliminar
  13. Peligroso y engañoso, lo de compararse.
    Recuerdo mi época de estudiante y luego de opositor, cuando salías del examen y siempre había alguien que con absoluta rotundidad y seguridad en sí mismo, explicaba cómo había resuelto tal o cual pregunta y se te caía el alma a los píes al darte cuenta de que tú lo habías enfocado de otra manera.
    Cuantas veces, al tener en la manos el examen corregido, comprobabas que tú y no el otro, estabas en lo cierto.
    Así que mejor confiar en ti mismo y no querer emular a otros, o estarán equivocados o siempre lo harán mejor que tú. Cosa muy distinta es tratar de aprender del que sabe.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Trecce. Da una visión real de cuál debería ser nuestra actitud, la cantidad de peso y pérdida de tiempo que nos quitamos de encima cuando sabemos valorar lo que sale de nuestro propio esfuerzo. Y el matiz del aprendizaje tiene mucha importancia. Un abrazo.

      Eliminar
  14. Pues, ciertamente, no creo que mi vida esté muy afectada por esto que nos cuentas. Al menos yo no soy consciente de ello. Quizás sea un bicho raro. No sé. Me quedo un poco desconcertado.
    Un abrazo, amigo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Ildefonso, y ojalá fuera así para todos. Hay quien convive con esto tan de cerca que ya no lo distingue, y hay quien simplemente no lo necesita. Me alegro que seas de los que no le afecta. Un abrazo.

      Eliminar
  15. Un tema sin dudas para reflexionar, Angelo. Muy acertada tu entrada. Un abrazo

    ResponderEliminar

Los comentarios son la mejor parte de esto. Si algo te ha movido, te ha irritado o simplemente quieres añadir algo, este es tu sitio. Solo te pido lo mismo que yo me comprometo a darte: respeto, buena fe y ganas de entenderse.

Blogger Template Created by pipdig