Elegir cuando duele
El libre albedrío no es cómodo. Es una confianza arriesgada que siempre deja huella.
Elegir suena fácil cuando se dice deprisa. Elegí esto. Elegí aquello. Pero basta detenerse un poco para darse cuenta de que elegir nunca es inocente. Cada decisión compromete algo. Siempre deja rastro.
Dios nos dio el libre albedrío sin manual de instrucciones. No como un premio ni como una garantía de que todo saldría bien, sino como una confianza real. Confió en nosotros sabiendo que no siempre acertaríamos. Aun así, confió.
El libre albedrío no asegura la felicidad. Lo que asegura es la responsabilidad. Y quizá por eso incomoda tanto. Porque elegir de verdad implica aceptar que lo que venga después no se puede atribuir solo a las circunstancias, al carácter o a la mala suerte.
Elegimos casi siempre sin tenerlo todo claro. Elegimos cansados, con miedo, con prisas. A veces sin entendernos ni a nosotros mismos. Y aun así, esa decisión es nuestra. Nadie puede tomarla por nosotros. Nadie puede cargar del todo con ella.
Hay elecciones que parecen insignificantes y no lo son. Palabras dichas sin cuidado. Silencios que se alargan más de la cuenta. Pequeñas concesiones que, en el momento, no parecen graves. El libre albedrío no se juega solo en los grandes cruces de caminos. Se juega también ahí, en lo cotidiano, donde creemos que no pasa nada.
Muchas veces nos contamos que no había alternativa. Que era lo único posible. Que las circunstancias mandaban. Y es verdad que las circunstancias pesan. A veces pesan mucho. Pero rara vez anulan del todo la capacidad de elegir. Siempre queda un margen, aunque sea estrecho. Y ese margen es justo donde empieza lo serio.
Reconocerlo cuesta. Porque aceptar que podíamos haber elegido distinto nos deja sin excusas. Nos obliga a mirarnos de frente. Y eso no siempre apetece.
El libre albedrío no solo abre la puerta al bien. También permite el error, el daño, la ruptura. No porque Dios lo quiera, sino porque sin esa posibilidad la elección sería una ficción. Elegir de verdad implica riesgo. Y Dios aceptó ese riesgo desde el principio.
Y es justo ahí donde muchos miran a Dios y le lanzan la misma pregunta de siempre: “¿por qué permites esto?”. Cuando ocurre una desgracia, cuando el dolor irrumpe sin aviso, esa frase aparece casi automáticamente. Como si el libre albedrío no existiera. Como si Dios tuviera que intervenir cada vez que una decisión humana va a causar daño.
No todo el dolor nace de una mala elección. Pero muchas desgracias sí tienen detrás decisiones humanas, propias o ajenas, hechas desde la prisa, la irresponsabilidad, el egoísmo o la indiferencia. A veces preferimos no mirar demasiado ahí porque incomoda más que la pregunta.
Tal vez bastaría con hacer un ejercicio honesto. Pensar qué ocurriría si ese libre albedrío desapareciera. Si Dios retirara la mano justo antes de que pudiéramos equivocarnos. Si corrigiera de antemano cada abuso, cada injusticia, cada error grave.
Viviríamos en un mundo más seguro, sin duda. Pero también en un mundo sin responsabilidad real. Sin posibilidad de amar libremente. Sin mérito en el bien ni aprendizaje en el error. No seríamos personas que eligen, sino piezas protegidas, incapaces de hacer daño, pero también incapaces de hacer el bien por decisión propia.
No todas las malas decisiones nacen de la mala fe. Muchas surgen del miedo a la soledad, del cansancio de esperar, de la necesidad de sentirse visto. Elegimos buscando alivio inmediato y no preguntamos por el recorrido. Y el recorrido llega. A veces despacio. A veces cuando ya hemos avanzado demasiado como para volver atrás sin dolor.
Pero también existen decisiones silenciosas que sostienen una vida entera. Elecciones que no hacen ruido. Gestos de fidelidad, de coherencia, de renuncia. No dan aplausos ni titulares, pero dejan una huella profunda. El libre albedrío actúa igual ahí, sin focos, trabajando por dentro.
Dios no nos vigila para castigarnos cuando elegimos mal. Tampoco nos premia automáticamente cuando acertamos. Acompaña. Respeta. Espera. Y vuelve a colocarnos cada día delante la misma posibilidad, sin reproches ni atajos: decidir de nuevo.
Y el libre albedrío vuelve cada día. No con respuestas, sino con una pregunta incómoda que nadie puede contestar por ti. Ni siquiera Dios.
Las decisiones, una vez tomadas, ya no te dejan en el mismo sitio.
🌿 Si esta reflexión te ayudó, compártela con alguien que lo necesite.
💬 Me encantará leer tu sentir en los comentarios, siempre enriquecen este espacio.
Los que sois creyentes ( mira que me gusta poco esa palabra, pues yo también creo, pero en otras cosas) metéis a Dios en el asunto, pero para exculparle de los desastres y desgracias, pues existe el libre albedrío, etc. Yo, que me considero agnóstico, llego a la misma conclusión: el hombre tiene casi toda la culpa de los grandes desastres, pues los terremotos y las inundaciones, por poner dos ejemplos, tendrían menos impacto si se construyeran las viviendas en sitios seguros y con buenos materiales.
ResponderEliminarSobre los reparos a equivocarnos por ejercer el libre albedrío y otras cosas trata el clásico de Erich Fromm, El miedo a la libertad. Un libro muy interesante.
Saludos.
Gracias Cayetano.Entiendo que desde fuera pueda percibirse así, pero no se trata de “meter a Dios” para exculpar nada. Al menos no era esa la intención. Hablo desde una reflexión personal, no como explicación universal ni como argumento para imponer nada.
EliminarMis reflexiones no pretenden pontificar ni ofrecer explicaciones cerradas, solo compartir una mirada concreta sobre lo que nos pasa como personas y como sociedad.
Como ocurre también con El miedo a la libertad, se trata de una interpretación valiosa e interesante sobre la libertad, pero no de una explicación única ni definitiva.
La responsabilidad humana, en lo esencial, la compartimos.
Gracias por expresarlo con respeto y por aportar tu punto de vista, que enriquece la reflexión aunque partamos de lugares distintos. Feliz semana
Escribí sobre este tema en un post de mi blog. Te lo enlazo para que conozcas mi punto de vista, en la línea de algunas corrientes de la neurociencia que sostienen que el libre albedrío es una ilusión del cristianismo, del humanismo y la Ilustración pero que no se sostiene a la luz de la neurociencia. Te dejo el enlace EL MITO DE LA LIBERTAD. He pensado mucho este tema y me doy cuenta de que los momentos trascendentales de mi vida como la carrera que cursé o la persona que me ha acompañado a lo largo de mi vida, no fueron elecciones como tales sino azares del destino en que no elegí propiamente. La elecciòn entre ir a ver una película u otra, o tomar cerveza o vino, no tienen el alcance de ser decisiones en el sentido que tú expresas. El ser humano no elige, las cosas se le imponen por una especie de misterio que no niega la dimensión espiritual. Hay una dimensión del destino que me atrae poderosamente. Comprenderlo es la tarea de toda una vida. No creo en el libre albedrío. Me parece una ilusión tranquilizadora que no explica el enigma de los seres humanos. No creo en una dimensión de premio o castigo que es a lo que llevan tus consideraciones de libertad moral. Pienso que no soy libre, pienso que hay algo que me arrastra y mi trabajo es comprenderlo. Un fuerte abrazo.
ResponderEliminarGracias, Joselu, por tomarte el tiempo de compartir tu reflexión y hacerlo con esa hondura, como haces siempre en tus escritos.
EliminarEntiendo bien lo que planteas sobre el azar, el destino y esa sensación de que muchas de las decisiones importantes no se eligen del todo, sino que se nos dan. En el fondo, esa experiencia es bastante común y no me resulta ajena. Mi texto no pretendía negar ese misterio ni reducir la vida a un esquema simple de elección consciente y control absoluto.
Cuando hablo de libre albedrío no lo hago en clave de premio o castigo. Personalmente no creo en un Dios que funcione así, ni me he quedado en esa imagen. Hablo desde mi experiencia, como una forma de asumir responsabilidad en ese margen, a veces pequeño, que queda incluso dentro de lo que no controlamos. Tú pones el acento en comprender lo que nos arrastra; yo, en cómo respondemos a eso que nos viene dado.
Gracias por el tono, por el enlace y por compartir tu mirada con tanta honestidad. Me parece una aportación valiosa a la reflexión. Feliz semana y un abrazo
Me gusta mucho el aspecto del tema que trae Joselu.
EliminarEscribí rapidito pues no soy ni científico ni teólogo ni nada:
No se necesitan quizás nuevas filosofías ni neurociencias para sentir el conflicto del libre albedrío. El mismo "concepto" de Dios y los límites de nuestro entendimiento ya cuestionan al libre albedrío cuando pensamos en la paradoja de que si Dios todo lo sabe, incluyendo lo que haremos, entonces estamos predestinados.
Podría haber no comentado aquí, pero decidí hacerlo. ¿Decidí hacerlo o fui movido por alguna especie de reacción emocional a lo que leí, sumando a que percibí que tenía tiempo para hacerlo o huía de un trabajo que se me hacía pesado, etc.?
¿Existe un yo que "procesa" todo eso a un nivel superior y decide o somos animales de instintos sofisticados?
Más aún, ¿hay alguna diferencia entre esas dos cosas?
¿Existe la conciencia como ese espacio del yo? ¿O ella es solo un conjunto de interacciones biológicas de la que no tenemos control?
(Para algunos siempre habrá un espacio llamado alma, que puede aceptarse por la fe).
O más aún: si pudiéramos tener el control de nosotros (puesto que no existiera el libre albedrío) con pastillas e inyecciones, ¿deberíamos hacerlo nosotros o someternos a que alguien nos controle biológicamente para el bien común? (Bien común que alguien a su vez determinó cuál es, pero lo hizo sin pensar libremente sino guiado por su propia determinación).
U otro caso: si pudiéramos conocer todos los factores que nos determinan (puesto que no existiera el libre albedrío) y pudiéramos predecir la conducta de una persona, ¿podríamos prohibirle hacer tal o cuál cosa porque eso a lo largo de una cadena de eventos será lo peor para él?
No podríamos, me parece.
Si buscamos algo que nos rija eso debe estar arriba de todos. Precedernos. Estar antes en el lugar en donde nosotros aparecimos (donde aparecimos y no por nuestra voluntad).
Algo como Dios. Pero no es tan fácil ponernos de acuerdo en lo que dice Dios, no?
Ha habido unas cuantas "discusiones" al respecto, no?
Aún así el camino sigue siendo hacia fuera de nosotros, arriba, antes.
Entre los problemas de la supuesta falta de libre albedrío queda el tema de la culpa. ¿La culpa seguiría existiendo?
La culpa existe por la fe. El pecado original.
Si hay Dios puede haber culpa frente a él.
Lo que a veces parece contradictorio es que si pensamos que el hombre es "todo biología", descartemos cosas como el libre albedrío o al mismo Dios, por ser ilusiones. Incluso si somos "todo biología", esas "ilusiones" podrian ser tan válidas como el hambre, la sed o las ganas de compañía (se trata en realidad del "sentido religioso").
Juan Ignacio, me alegra que al final te decidieras a escribir. Se nota que aquí hay tiempo y vueltas detrás. Perdona que haya tardado en responderte, pero no era un comentario para leer de pasada; he tenido que leerlo con calma, porque vas lanzando muchas preguntas seguidas y todas piden su espacio. Lo que planteas sobre si realmente decidimos o si muchas veces reaccionamos a lo que se nos cruza, al momento o al contexto, da que pensar; al menos a mí me ha hecho pararme un rato más de lo habitual. También esa idea de hasta qué punto somos biología, impulso o algo más que no controlamos del todo, junto con la cuestión de la culpa, del control y de quién decide qué es el bien común. Son preguntas incómodas, pero necesarias, y no se despachan con una respuesta rápida. Gracias por dedicarle ese tiempo y por compartirlo aquí. Una exposición muy interesante digna de un largo debate que un blog suele limitar. Un abrazo
EliminarExpresiones como ,
ResponderEliminar"si dios quiere" "dios
está arriba", "dios
aprieta pero no ahoga",
nunca las entendí,y no
entiendo, sencillamente
sobran, saludo.
Entiendo lo que dices y que ese tipo de expresiones no conecten contigo. En el texto no las uso como fórmulas ni como explicaciones fáciles, sino como parte de un lenguaje que nace de la fe y de la experiencia personal. No pretenden explicarlo todo ni dar respuestas definitivas. Feliz semana Orlando
EliminarThings such as global warming and other things that are not good for the environment are not caused by God, but by the choices people make. I am copying and pasting what is the cause (or causes) of global warming, found on Google. greenhouse effect, intensified by human activities like burning fossil fuels (coal, oil, gas) for energy, transport, and industry.
ResponderEliminarThank you so much for sharing this, I would say more but I prefer not to, as I do not wish to get into an argument with other commenters.
Thank you, Linda, for your comment and for expressing it with such clarity and respect. I agree with you that many of these realities have much more to do with human choices than with God.
EliminarI especially appreciate the care with which you share your thoughts and the attitude from which you do so, without seeking confrontation. That says a lot.
Thank you for being here and for contributing from that place. A big hug.
Una riflessione intensa che ricorda come il libero arbitrio non sia un privilegio comodo, ma una responsabilità profonda che ci definisce ogni giorno nelle scelte più piccole e in quelle decisive.
ResponderEliminarBuona settimana
Grazie, Silvia, per la sensibilità con cui hai letto il post. Il libero arbitrio, così come lo viviamo nella vita reale, pesa proprio perché ci coinvolge ogni giorno, spesso in silenzio, senza gesti eroici ma con decisioni concrete.Buona settimana, un abbraccio.
EliminarEl libre albedrío es inherente al ser humano.
ResponderEliminarY yo doy por hecho que me he equivocado muchísimas veces en mi vida.
Que he tomado decisiones equivocadas. Seguro que sí.
Además con el paso del tiempo me recrimino muchas de ellas pero cuando medito sobre ello no sé si soy justo conmigo mismo o demasiado exigente.
Me explico. Analizar decisiones que tomé hace años con los ojos de ahora puede llevar a conclusiones equivocadas porque yo era diferente al que ahora soy. No tenía tanta experiencia, mi entorno era diferente y lo peor... no estoy seguro de que los recuerdos sean fieles en su totalidad.
Que los recuerdos evolucionan con nosotros está demostrado científicamente... y lo hacen muchas veces para proteger nuestro ahora.
Pero vaya... da igual, seguro que me he equivocado y lo único que deseo es equivocarme lo menos posible en el futuro.
Saludos.
Gracias por compartir una reflexión tan honesta. Me parece muy valioso cómo hablas de la dificultad de juzgarnos con justicia cuando miramos decisiones pasadas desde lo que somos hoy. La libertad forma parte de lo que somos, pero rara vez la ejercemos en estado puro: siempre está atravesada por la experiencia, por los límites y por el momento vital en el que nos encontramos. Ese deseo que expresas de equivocarse menos, sin machacarse por lo ya vivido, me parece una actitud muy humana. Feliz semana
EliminarEs curioso que hoy al leer tu post, que como siempre hace reflexionar mucho, me he leido los comentarios tan variados e incluso en difentes idiomas que ya estaban editados.
ResponderEliminarMe hace gracia lo de que se dice "Sí Diis quiere", por ejemplo cuando te despides de alguien que vas a ver al dia siguiente. Yo tengo muy claro una cosa y es que el Amor de Dios es infinito por lo cual El siempre quiere. Esta claro que ahi esta la verdadera libertad, porque que yo este al dia siguiente no es porque El lo quiera si no porque El lo sabe, pero lo que me pueda o no ocurrir esta en esa verdadera libertad, esa libertad que es mia y es de la naturaleza, es decir de Todo lo creado. Por supuesto que todo influye en todo y ahi esta la grandeza de la creacion y ahi es donde entra la Fe, porque se puede o no creer en los milagros, pero si existen sera porque nosotros los pedimos y El actua. Ademas y si crees existe la Comunion de los Santos, que enlaza el mundode tu realidad que es la Iglesia que peregrina queriendo merecer el Cielo, con la Iglesia purgante, que son los que murieron, pero que estan queriendo lavar sus pecados y miserias dejadas en su vida, porque no se ven dignos de estar en Su presencia, pero que nosotros podemos ayudarles a su limpieza rezando por ellos y por ultimo la Iglesia triunfante que esta en la presencia de Dios y que interceden por todos. Y aqui precisamente esta la grandeza de que eres libre para creer o no creer y el libre albedrio por tanto existe.
Gracias, Javier, por compartir tu reflexión con tanta profundidad y desde una fe tan pensada y vivida. Se nota el recorrido personal que hay detrás de tus palabras, una fe que no es solo heredada, sino trabajada y asentada con los años, desde dentro. Valoro mucho esa manera tuya de unir convicción, experiencia y serenidad, sin estridencias, dejando que lo que crees se exprese con naturalidad. Aporta mucho leer a alguien que ha ido creciendo en la fe a través del tiempo, de la vida y de una conversión interior cada vez más consciente. Gracias de verdad por estar y dejar tu aportación. Un fuerte abrazo
EliminarQué sería de mí si no me hubiera equivocado tanto? Me hago esa pregunta demasiadas veces a modo de castigo. Qué fácil sería que alguien eligiera por mí, personalmente adaptarme se me da mejor que decidirme. Y generalmente, bajo presión, por impulsos o por mal autocontrol de la pasiones....he elegido fatal una buena parte de las decisiones de la vida. Pero aquí estoy y seguramente he aprendido más de esos errores y posiblemente eso conlleve a que cada vez elija mejor (aunque vuelva a equivocarme).
ResponderEliminarYa lo dijo alguien más sabio: somos el resultado de nuestras decisiones. Y ojalá tengamos siempre muchas opciones que barajar.
Gracias, Aina, por decirlo así. Creo que muchos nos reconocemos en lo que cuentas, en ese cansancio de equivocarnos y en la tentación de que alguien decida por nosotros.
EliminarLos errores pesan, pero también dejan aprendizaje. No porque nos arreglen por dentro, sino porque con el tiempo nos ayudan a elegir con algo más de cuidado, aunque volvamos a fallar.
Estar aquí, con todo lo vivido, también forma parte de ese camino. Feliz semana
Hola Ángel. Curioso todo lo que se comenta en lo publicado, pero sin darnos cuenta todos venimos a decir lo mismo el que cree y el que no. Todos decidimos en nuestras vidas para bien o para mal , se cruce el destino o no y por lo tanto tenemos nuestras consecuencias positivas y negativas. Creo que yo soy la persona que soy ahora por todo el cumulo de decisiones buenas y malas y la verdad me quedo con todas ellas y con su aprendizaje. Muchisimas gracias por hacernos pensar en ello. Un abrazo
ResponderEliminarGracias Brigi por leerlo así. Al final, más allá de cómo cada uno lo nombre o lo entienda, todos vivimos atravesados por decisiones que nos van haciendo. Algunas salen bien, otras no tanto, pero todas dejan huella.
EliminarQuedarse con el aprendizaje, sin renegar del camino recorrido, dice mucho. Gracias por compartirlo . Un abrazo.
Tu texto, Ángel, toca un punto que a menudo evitamos mirar de frente: que elegir duele porque nos expone, porque nos deja sin excusas y porque nos recuerda que incluso en lo pequeño dejamos huella. Me ha gustado especialmente cómo distingues entre el gran cruce de caminos y esas decisiones mínimas que parecen inocuas y, sin embargo, también nos construyen. Y es cierto: a veces elegimos desde el cansancio, desde el miedo o desde la necesidad de alivio inmediato, y aun así la responsabilidad sigue siendo nuestra. Tu reflexión no impone, acompaña; no cierra, abre preguntas. Y eso, en un tema tan complejo, es un regalo.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias, Enrique.
EliminarA veces lo complicado no es decidir, sino aceptar lo que cada decisión mueve por dentro, incluso en lo pequeño.
No busco dar respuestas ni marcar caminos, solo pensar en voz alta sobre cosas que todos vivimos alguna vez, cada uno a su manera.
Al final, todos cargamos con nuestras elecciones y también con lo que aprendemos de ellas.
Un abrazo.
Estupenda reflexión, pero diariamente la vida nos da a escoger y por supuesto como somos humanos pues nos equivocamos o triunfamos. Hay desgracias que ocurren por descuidos y por falta de mantenimiento. El comienzo de año para Córdoba está siendo demasiado heavy. ¡Que Dios nos ayude!
ResponderEliminarBienvenido/a por aquí Piscis, es la primera vez que te veo. Gracias por dejar tu comentario.
EliminarEl texto va precisamente de esa capacidad de elegir que tenemos, incluso sabiendo que podemos fallar, y de lo que esa libertad va haciendo con nosotros a lo largo del tiempo. Y un recuerdo muy cercano para Córdoba, mi tierra de nacimiento, y para toda Andalucía con estas lluvias y sus consecuencias, tan difíciles de entender. Un abrazo.
Gracias Angel, qué buenísima reflexión, me encanta con la honestidad y sencillez que tratas este tema del que es imposible pasar de puntillas porque forma parte de nuestra esencia humana.
ResponderEliminarEl don de la libertad es intrínsecamente propio del hombre y de la mujer, desde que tenemos uso de razón vamos conformando nuestra personalidad con elecciones más o menos acertadas, pero todas importantes, porque de todas aprendemos.
Si no tuviéramos libre albedrío seríamos marionetas manejadas por Dios y El precisamente nos creó libres, incluso para acercarnos El o para alejarnos, para aceptarlo o para rechazarlo….
Gracias porque tus reflexiones siempre me interpelan. Un abrazo.
Gracias, Paula. Este tema no es fácil de tocar sin quedarse corto o sin irse a los extremos, y quizá por eso agradezco tanto que lo hayas leído desde ahí, sin miedo y sin simplificarlo. La libertad pesa, y a veces pesa más de lo que nos gustaría, pero también es lo que nos va dando forma con los años, incluso cuando nos equivocamos.
ResponderEliminarMe quedo con esa idea de irnos construyendo poco a poco, casi sin darnos cuenta, a base de decisiones que no siempre entendemos en el momento. Con el tiempo algunas duelen menos, otras se comprenden mejor, y otras simplemente se aceptan como parte del camino. Gracias siempre por tu fidelidad al blog. Un abrazo
Ángel, elegí leerte... buena decisión!!
ResponderEliminarTe leo siempre y a veces siento la necesidad de explicar mis emociones y hoy, eligo despacio.
Somos seres naturales marcados por la vulnerabilidad y lejos de ocultar nuestras heridas bajo un manto de perfeccionismo debemos aceptar lo que somos. San Agustín nos incita a reconocer que somos barro, pero no cualquier barro sino un barro amado. Nuestra fragilidad exige una ética del cuidado porque no podemos sostener la fidelidad si violentamos nuestra naturaleza.
Hay cosas que nunca conté.
No porque no importaran, sino porque me dieron miedo. Personas que quise en silencio, momentos en los que sentí esto es, y aun así me quedé quieta. Esperando no sé qué. Me enseñé a ser fuerte, pero no a ser valiente. A aguantar, pero no a pedir. Y así dejé pasar abrazos que necesitaba, palabras que me habrían salvado, amores que quizá no eran eternos pero sí reales.
A veces me pregunto en qué momento me convencí de que sentir era un riesgo y no un regalo. Hoy lo sé: no duele tanto perder como no intentarlo. No pesa tanto un final como una historia que nunca empezó. Si pudiera volver atrás, me diría que no me calle, que no me esconda, que no negocie conmigo misma lo que el corazón ya decidió. Porque la vida no espera. Y yo tampoco quiero hacerlo más. Ahora elijo vivir sin reservas. Con miedo, sí. Pero viva.
Un abrazo inmenso!